martes, 30 de octubre de 2018

De húsares, duelos y batallas


Los húsares se labraron una reputación de ser los más osados de todo el ejército. Se caracterizaban por sus súbitos y rápidos ataques, para los que se requería extremado valor, rayano en la inconsciencia. Su rudeza dio origen a la expresión francesa “à la hussarde”, que podríamos traducir por “sin contemplaciones”, aplicado a una acción brusca y precipitada, llevada a cabo sin ninguna consideración. 

Esta unidad de caballería ligera surgió en Hungría en el siglo XV, cuando el rey Matías Corvino luchaba contra los jenízaros otomanos. Armados con sables, carabinas y pistolas, llevaban llamativos uniformes, diferentes para cada regimiento. Eran capaces de cargar una pistola mientras galopaban en la oscuridad o bajo una cortina de lluvia. El adiestramiento de los húsares rusos, por ejemplo, era tan duro que aquel que fuera lento al cargar su arma o que errara el blanco durante el entrenamiento se arriesgaba a recibir los más temibles castigos. Tolstoi los retrató en su magnífica obra “Dos húsares”. 

La rutina rusa era espartana: se levantaban a las 5 de la mañana y lo primero que hacían era ocuparse de sus caballos. La jornada terminaba a las seis de la tarde, cuando los trompetas señalaban la hora. Eran estos quienes daban la señal con su instrumento para cambiar las formaciones, atacar o retirarse. Había, en total, 50 señales, muy difíciles de interpretar al galope. 


Ingerían mucho alcohol, pero siempre reunidos. Beber en solitario estaba considerado una conducta inaceptable. Frecuentaban los salones de baile, y aquellos mejor posicionados socialmente o más acaudalados organizaban ellos mismos veladas en las que derrochaban grandes sumas. 

Todo húsar estimaba en mucho su honor. Desafiaban a la muerte no sólo en la batalla, sino también con frecuentes duelos con los que pretendína demostrar su valor y que entablaban con cualquier pretexto. En 1807, cuando el regimiento de Grodno se encontraba en Prusia luchando contra Napoleón, durante el transcurso de un juego de naipes un oficial prusiano ofendió a un húsar ruso. Este le propuso que libraran un duelo muy particular: se jugarían sus vidas a una carta y el vencedor daría muerte al perdedor. Ganó el ruso, y los oficiales siguieron a ambos hasta el jardín, convencido aún el prusiano de que todo era una broma. Se equivocaba: el húsar tomó un rifle y lo mató. 

—Yo no bromeo con la muerte —dijo entonces—. De haber perdido el juego, me encontraría en su lugar y lo obligaría a matarme. 

No eran muy diferentes en el resto de Europa: fanfarrones y siempre los preferidos de las damas, con reputación de bebedores, malhablados, buscando bronca en tabernas y posadas y, desde luego, temerarios hasta los mayores excesos. Fueron los húsares franceses de la época napoleónica, tan aficionados a embriagarse como el resto, quienes originaron la tradición del “sabrage” (sableado), abriendo las botellas de champán con un sable. 


Podemos hallar en Francia el prototipo de húsar en el conde de Lasalle, jefe de la llamada Brigada Infernal. Antoine de Lasalle, descendiente de un mariscal de Francia por línea materna, había nacido en Metz en 1775, en una familia perteneciente a la pequeña nobleza. Durante la Revolución Francesa, antes de haber abandonado la infancia era ya subteniente de caballería, pero con el decreto de 1792, que prohibía a los aristócratas tener algún mando militar, perdió su grado. Sin embargo, su lealtad a Francia permaneció inquebrantable. Fue voluntario en Italia, pronto elegido sargento. Posteriormente recuperó su grado y ganó gran reputación tras la batalla de Rivoli. Bonaparte llegaría a decir: 

—Fuimos Masséna, Joubert, Lasalle y yo quienes ganamos la batalla de Rivoli. 

El propio Napoleón le pidió expresamente que tomara parte en la campaña de Egipto como jefe de brigada. Allí su valor comenzó a hacerse legendario, y para recordar sus hazañas en aquellas tierras llevó en adelante los pantalones rojos de los mamelucos como parte de su uniforme. 

También Lasalle bebía sin moderación. Fundó la “Sociedad de los Sedientos”, algo que escandalizó enormemente en su tiempo. En una ocasión pidió a un amigo que contara las botellas de vino que había vaciado, y este, asombrado, le preguntó si pretendía matarse. 

—El húsar que no haya muerto antes de cumplir los 30 años es un mamarracho —replicó él. 

Era típico en los húsares franceses de la era napoleónica llevar trenzas que colgaban a ambos lados del rostro, una práctica que se prohibió posteriormente.

Lasalle mantenía una relación con Josephine d’Aiguillon, la esposa del general Berthier, jefe del Estado Mayor y Ministro de la Guerra. El matrimonio se divorció y el conde pudo así desposarla. Bonaparte le había entregado 200.000 francos, pero poco después, al encontrarse ambos en las Tullerías, Napoleón se interesó por la fecha de la boda y Lasalle respondió: 

—Señor, cuando tenga suficiente dinero para comprar los regalos y los muebles. 

—Pero la semana pasada te di 200.000 francos, ¿Qué hiciste con ellos? 

—Gasté la mitad en pagar mis deudas y el resto lo perdí en el juego. 

Napoleón, lejos de enojarse por esta respuesta, le tiró del bigote y ordenó que se le dieran otros 200.000. 

Y es que Antoine de Lasalle no era nada disciplinado fuera del campo de batalla. Una vez, airado porque el prefecto de Agen no lo había invitado a un banquete, irrumpió con sus húsares y arrasó cuanto encontró a su paso. El atribulado prefecto recibió sus azotes y las viandas no llegaron a las bocas de los comensales, porque sus hombres las arrojaron por el balcón. 


El ofendido se quejó al emperador y exigió el castigo del culpable, pero Napoleón no se mostró muy severo; por el contrario, se contentó con encerrarlo en prisión unos cuantos días. Cuando el prefecto protestó por la levedad de la pena, Bonaparte replicó: 

—Sólo se necesita una firma para crear un prefecto, pero no bastan veinte años para hacer un Lasalle. 

El húsar no carecía precisamente de imaginación. Al año siguiente de su matrimonio se encontraba al frente de la Brigada Infernal durante la campaña contra Prusia. Tenía que tomar Stetin con muy escasos recursos de artillería, y a Lasalle no se le ocurrió otra cosa que talar un montón de árboles, recortar los troncos y pintarlos de negro para hacerlos pasar por cañones. Así engañó a los habitantes, convenciéndolos de que iba a destrozarlo todo a cañonazos y luego entraría a sangre y fuego y pasaría a cuchillo a los supervivientes, si es que quedaba alguno. Claro, se rindieron, y los franceses entraron sin tener que hacer ni un disparo. 

Con el grado de comandante fue enviado a España, y su participación le valió el título de Conde del Imperio que le otorgó Napoleón. Al poco tiempo de llegar entablaba un duelo a sable. El motivo fue que un capitán de ingenieros lo atrapó en actitud demasiado comprometida con su esposa. Lasalle, consciente de que a su oponente le asistía la razón, se contentó con parar el golpe en lugar de atacar, pero lo hizo con tal contundencia que el capitán rompió la muñeca. Puesto que no quería herir a quien estaba en inferioridad por ese accidente, se limitó a contener a su rival hasta hacerse evidente que este no podía continuar. Entonces el conde se dio por satisfecho diciendo: 

—Dejemos la lucha, pues es demasiado desigual, pero por tus actos ahora sé que eres un hombre de honor. 

Húsares de Cantabria, unidad formada por el marqués de Villa Alcázar. Combatieron en la Guerra de Independencia española contra las tropas de Napoleón. Llevaban uniforme a la húngara, como era habitual entre los húsares. Wellington dijo de ellos que estaban a la altura de los mejores soldados del mundo. 

En julio de 1809 combatió en la batalla de Wagram contra los austriacos. Lassalle presintió que no sobreviviría, y así se lo dijo a su ayudante de campo. Esa mañana escribió su testamento y lo entregó a un amigo para que lo hiciera llegar al emperador. Pedía a Bonaparte que se ocupara de sus hijos si él no regresaba. Escribió también unas líneas a su esposa en las que decía: “Mi corazón es tuyo, mi sangre del emperador, mi vida es del honor”. 

Las hostilidades se desarrollaban sin que él y sus hombres hubieran recibido órdenes de entrar en combate. Al caer la noche del segundo día, Lasalle, impaciente, solicitó permiso para perseguir al enemigo. 

—¡La batalla casi ha terminado y somos los únicos que no hemos contribuido a la victoria! —exclamó— ¡Vamos! ¡Seguidme! 

Cargó contra el ejército austriaco del archiduque Carlos, pero primero recibió un disparo en el pecho y luego un granadero húngaro le acertó entre los ojos y lo mató casi en el acto. Tenía 34 años. Había rebasado por muy poco la edad que él mismo había fijado para un húsar. 

Napoleón erigió una estatua de Lasalle e hizo que fuera enterrado en Los Inválidos con todos los honores. Hoy su nombre aparece inscrito junto al de los grandes héroes de la época napoleónica en el Arco de Triunfo de París, y su busto adorna la sala de las batallas en Versalles. 




25 comentarios:

  1. Siempre hubo gente, no sé si valerosa o inconsciente o ambas cosas, capaz de arriesgar su vida y presumir de coquetear con la muerte.
    Un abrazo.

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    1. Sí, en todos los siglos. Es un poco el "live fast, die young..." de James Dean.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  2. Pues se me ha hecho corta esta entrada tan entretenida, sobre todo con las aventuras de Lasalle, que no sólo fue un soldado valeroso sino ingenioso, como demostró al tomar aquella población, en su lucha con Prusia, sin disparar un solo cañonazo.
    Beso su mano.

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    1. Y se podrían narrar muchos otros episodios sobre su vida que no tienen desperdicio.

      Buenas noches.

      Bisous

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  3. Una historia que conocía algo. Lasalle también tiene una pequeña referencia en la Plaza Francia de Caracas (mejor conocida como Plaza Altamira), luego de la remodelación que el metro hizo de la antigua plaza.

    Besos Madame

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    1. Pues sí que cruzó fronteras y océanos el húsar!

      Buenas noches, Manuel.

      Bisous

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  4. Como siempre, un placer leerte. Gracias.

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  5. Recordé la excelente película "Los duelistas", con Harvey Keitel y Keith Carradine, de Ridley Scott, que relata la seguidilla de duelos entre dos húsares del ejército napoleónico, que está inspirada en hechos reales y personajes históricos, uno de los cuales podría bien ser Pierre Dupont, el derrotado en Bailén... Saludos!

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    1. Sí, la mítica película. Hace un par de semanas volví a verla, y me inspiró esta entrada.

      Muchas gracias y feliz tarde.

      Bisous

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  6. La novela de Conrad, El duelo, que inspira la película citada por el señor Osorio, es una maravilla y refleja muy bien el ambiente que usted plasma en su escrito.
    Saludos.

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    1. No he leído la de Conrad, pero tomo nota. Gracias por el apunte.

      Feliz tarde

      Bisous

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    2. En efecto es una novela corta muy buena y está bien reflejada en la versión cinematográfica.

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  7. Me acordaba de la actuación de Lasalle durante la campaña de Napoleón en Egipto, pero no sabía de su forma de vida al límite. Si no moria por bala en guerra hubiera muerto por sirrosis hepática.

    Besos desde Sudamérica, todavia.

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    1. Vivían intensamente, desde luego. Y tuvo la muerte que eligió.

      Gracias, Mytiam. Feliz día.

      Bisous

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  8. Después de leer la entrada pienso no beberían tanto porque siempre vivían y luchaban al límite.
    Muy interesante, he conocido datos que no sabía.
    Bisous.

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    1. Se desmadraban en tiempos de paz. Aprovechaban el tiempo hasta la próxima batalla, siempre pensando que podrían ser sus últimos días.

      Feliz jueves.

      Bisous

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  9. Que era un temerario y zascandil, no hay duda. Pero, claro hay que verlo en su contexto de exaltación de lo "machote". La versión moderna de algunas estrellas del Rock: vive rápido y muere pronto.

    Bisous y buen fin de semana

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    1. Sí, ese espíritu no ha muerto en realidad. Sólo han cambiado las formas, me temo.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  10. Parece que esta semana planea por las páginas el espíritu del emperador. Buen perfil del húsar, de quien no me extraña su éxito. A ver que dama se resistía a un tipo así, con cazadora rockera "avant la lettre" colgando del hombro...

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    1. Sí, debían de resultar de lo más apuesto, con esos vistosos uniformes tan del gusto de la época.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  11. ¡Gran personaje Lasalle! Los Húsares se destacaron por su valentía,y que vida difícil sobrellevaban , pero para ellos debió ser maravillosa.

    mariarosa

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    1. Tenían vocación, desde luego. Era la forma de vivir que elegían. O la forma de morir, más bien.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  12. ya he leído que le han comentado sobre los duelistas de Conrad y la película grandísima de scott. lo que no sé es si le han dicho ya algo del cuento de pérez reverte 'el húsar'. es bueno también.

    buena entrada madame. bisous!

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    1. Ah, Tolya, no había visto su comentario, disculpe usted. No habían recomendado aún el cuento, no. Muchas gracias, monsieur.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)