sábado, 4 de noviembre de 2017

Una impostora llamada Mary Carleton


Mary Carleton nació en Canterbury el 11 de enero de 1642. Hija de un corista de la catedral, durante su infancia y adolescencia fue voraz lectora de novelas y libros de caballería que dispararon su imaginación y sin duda acabarían influyendo en el rumbo aventurero que iba a decidir dar a su vida. Su memoria era excelente, y se complacía en repetir fragmentos de sus obras favoritas.

Se casó con un zapatero llamado Thomas Stedman, con el que tuvo dos hijos que no superaron la infancia; pero su marido le parecía bien poca cosa para el alto concepto que tenía de sí misma, de modo que, al ver que era incapaz de complacer sus extravagancias y sufragar los lujos a los que le hubiera gustado entregarse, lo abandonó para trasladarse a Dover. Allí contrajo nuevo matrimonio con un cirujano, lo cual fue motivo de su arresto y proceso por bigamia en Maidstone.

Logró ser absuelta y se dirigió a Colonia, donde mantuvo una breve relación con un anciano aristócrata que le hacía valiosos regalos. El caballero pretendía desposarla y había comenzado a hacer los preparativos para la boda cuando Mary, para no volver a ser arrestada por la misma causa, huyó de Alemania con todos los regalos y el dinero del que pudo apoderarse. Desde allí pasó a su Inglaterra natal pasando por los Países Bajos. En Amsterdam vendió una cadena de oro, algunas joyas y la medalla que el pobre anciano había recibido por sus buenos servicios contra el rey Gustavo Adolfo de Suecia.

De regreso en Londres en 1663, se hacía pasar por una tal princesa van Wolway de Colonia. Afirmaba que su padre era Enrique van Wolway, doctor en derecho que ostentaba el título de señor de Holmstein y era príncipe soberano del Imperio, no sujeto a hombre alguno excepto a Su Majestad Imperial. Decía que ella había tenido que refugiarse en Inglaterra huyendo de un amante excesivamente posesivo. Tenía la habilidad de llorar cada vez que le resultaba conveniente, y era tan buena actriz que convencía a todo el mundo. 


Bajo esa identidad aceptó la propuesta matrimonial de John Carleton, cuñado del dueño de la posada en la que solía alojarse. Se casó con él, no sin antes dejar patente lo reacia que se sentía a unir su vida a la de un plebeyo. El marido no cabía en sí de gozo al verse aceptado por tan alta princesa; el iluso se arrojaba a sus pies y hacía uso de toda su capacidad oratoria para mostrarle su gratitud por el gran honor que se le hacía. Pero de pronto algo terminó súbitamente con su transporte amoroso: una carta anónima dirigida al dueño de la posada dejaba al descubierto todas las mentiras de Mary:

“Señor, soy un completo desconocido, aunque el sentido de la justicia y la humanidad me obligan a comunicarle que la supuesta princesa […] es una impostora. Si le digo, señor, que ya se ha casado con varios hombres en nuestro condado de Kent, y después se ha fugado con todo el dinero del que pudo apoderarse, no digo más que lo que podría probarse si compareciera ante los tribunales. Puede estar seguro de que no me equivoco con la mujer […]"

Al ser juzgada por su impostura, Mary negó los cargos y se defendió diciendo que el impostor era el propio John, quien había afirmado ser un aristócrata, y que ahora la denunciaba para librarse de ella al descubrir que estaba arruinada. Su esposo trataba así de evitar un divorcio que sería deshonroso para él. 

Mary tuvo la suerte de que el tribunal la creyera y decidiera absolverla. Después, aprovechando la popularidad que había ganado con el nuevo proceso, escribió, o más bien encargó escribir, su propia historia: El Caso de la Señora Mary Carleton. Convertida en actriz, también protagonizó una obra de teatro sobre su vida que llevaba por título La Princesa Alemana y que terminaba con este epílogo:


He sido absuelta por un tribunal, pero es mi temor
Que recibiré aquí una severa sentencia:
Pensáis que soy una osada embustera, pongamos que lo sea,
¿Cuál de vosotros no lo es? Podéis jurar que lo sé.
No me censuréis, no vaya a ser que vosotros
Merezcáis peor censura que yo;
El mundo es una farsa, y quienes nos movemos en él,
En mayor o menor grado ejercitamos nuestro ingenio;
Y es mejor llevar un nombre glorioso, aunque inventado,
Que vivir una vida oscura.

Mary se hizo con un buen número de admiradores que le hacían toda clase de valiosos regalos. Ella animaba a quien le convenía, para luego, cuando ya había obtenido suficiente de ellos, rechazarlos con desprecio, diciéndoles que se admiraba de su osadía al pretender ser amados por una princesa.

Un caballero de cincuenta años, pese a no desconocer su pasado, cayó en sus redes y creía a pies juntillas todos sus argumentos. El enamorado pensaba que Mary era la mujer más virtuosa sobre la tierra, y pronto comenzaron a convivir como marido y mujer. Le hacía toda clase de regalos, algo que ella siempre recibía fingiendo sentirse avergonzada e indigna de tanto favor. Un día el hombre llegó a casa ebrio, y ella aprovechó para despojarlo de su dinero, de las llaves de cofres y escritorios y huir con el botín.

A continuación fingió ser una doncella que disfrutaba de la buena herencia que le había dejado su tío y huía de un compromiso no deseado que su padre le había arreglado. Mimando el detalle, para mejor persuadir de su historia se encargó de que alguien le enviara cartas que supuestamente contenían noticias de la familia. Eso terminó de convencer a su casera, que vio con agrado que iniciara una relación con su sobrino.


Un día, mientras ambos conversaban, llegó una carta que ella había preparado de antemano. Al comenzar a leerla ante su enamorado, su rostro se demudó.

—¡Estoy perdida! —exclamó, a punto de desvanecerse.

Después de oler el frasquito de las sales, fue capaz de comenzar a explicarse.

—Señor, puesto que ya conocéis la mayor parte de mis cuitas, no os ocultaré esta. Así que, si os place, leed esta carta y conoced la causa de mi aflicción. 

El mensaje comunicaba la muerte de su hermano, que le dejaba en herencia todos sus bienes. Pero su padre estaba más decidido que nunca a casarla con un pretendiente que ella detestaba, para lo cual ambos se disponían a viajar a Londres, donde sabían que se encontraba. 

Para protegerla, su amante la invitó a vivir con él. Mary y su doncella, que era su cómplice, se trasladaron a sus aposentos al día siguiente, pero no con intención de quedarse. Ambas se acostaron vestidas y antes de que amaneciera se apoderaron de cuanto encontraron de valor y emprendieron la huida.

Durante los siguientes diez años utilizó métodos parecidos para defraudar a varios hombres, a menudo con ayuda de su doncella. Algunos de ellos se sentían demasiado avergonzados para denunciarla, pues significaba reconocer que habían sido engañados como tontos. Otras veces fue acusada de robo, pero permaneció poco tiempo en prisión.

Una vez fue arrestada por robar una jarra de plata. La condenaron a ser deportada a Jamaica, aunque al cabo de dos años se escapó y regresó a Londres con la renovada pretensión de ser una rica heredera. Esta vez se casó con un boticario en Westminster, pero, como no se había reformado, lo abandonó tras robarle el dinero.


En diciembre de 1672 fue capturada al ser reconocida por uno de los hombres a los que había robado, un cervecero de Southwark. Al mes siguiente era juzgada y, puesto que había abandonado Jamaica sin permiso, fue condenada a muerte. 

El 22 de enero de 1673, día de la ejecución, apareció radiante, incluso alegre. Al ver a un caballero que había ido a visitarla y con el que había conversado, se volvió hacia él y le dijo en francés:

—Mon ami, le bon Dieu vous benisse.

Después, ya en el cadalso, dirigió unas palabras a la multitud antes de ser colgada hasta morir.

Su cuerpo fue introducido en un ataúd para ser enterrado en el cementerio de St Martin, donde una vez un bromista se detuvo a dejar esta inscripción, un juego de palabras con la palabra “lie”, que tiene el doble significado de “yacer” y “mentir”:

The German princess here, against her will,
Lies underneath, and yet oh, strange! lies still.

(La princesa alemana, contra su voluntad, yace aquí enterrada, y sin embargo, oh, cosa extraña, yace inmóvil/sigue mintiendo.)


19 comentarios:

  1. Leído y disfrutado, Montse. Gracias, como siempre.

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    1. Gracias, Jorge. Necesitaba sumergirme en una historia ligera y aventurera para desintoxicar un poco de tanto drama.

      Feliz finde.

      Bisous

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  2. Menudo bicho. Parece que se trastornó, como don Alonso Quijano, de tanto leer novelas de caballeros andantes, solo que a ella no le dio precisamente por hacer el bien, sino que se aficionó a pasárselo bien, que es muy distinto. Dudo que alguna vez experimentase el sentimiento noble y desprendido del amor.
    Saludos, Madame.

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    1. Seguro que no lo experimentó. Es una psicópata de manual, cosificando a sus víctimas y exprimiéndolos como limones.

      Feliz finde

      Bisous

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  3. Estas historias de mujeres -ésta es además impostora y ladrona- fatales suelen despertar mucho interés. Ya dijo Valle Inclán sobre ellas que "La mujer fatal es la que se ve una vez y se recuerda siempre. Esas mujeres son desastres de los cuales quedan siempre vestigios en el cuerpo y en el alma. Hay hombres que se matan por ellas; otros que se extravían. Aparte de este caso que hoy tan bien nos cuenta hay una buena colección de relatos sobre mujeres malas en el libro “Casa de Fieras”, una antología sobre mujeres malas. Quizás haya oído hablar de él.
    Beso su mano.

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    1. Oh, sí, magnífica antología de relatos, de lectura muy recomendable. Casi diría que imprescindible. No, ¿para qué voy a poner el casi? Imprescindible, así, directamente. Algún día será un clásico.

      Feliz finde, monsieur. Qué buen gusto tiene.

      Bisous

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  4. Hola Madame:
    Me ha delitado mucho al historia de está dama, con la que se puede hacer una serie de TV o una película. Ya ve como me gusta este tipo de relatos.

    Y quien sabe...si hay vida despuñes de la vida, seguirá en sus menesteres :D

    Besos

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    1. Sí que da para una serie. He resumido mucho, pero hay otras aventuras que se podrían contar de la dama y que resultan igualmente divertidas. Excepto para ellos!

      Feliz domingo.

      Bisous

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  5. Muy amena esta historia. Imagino la cara de los defraudados y estafados por ella - y su vergüenza y rabia al haber sido engañados- pero "como a todo cerdo le llega su San Martin esta psicópata aventurera, si bien no tuvo una vida muy gris, fue colgada.


    Abrazos desde Buenos Aires, y muchas gracias por tus felicitaciones por mis 9 años. Es una alegría haberte conocido.

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    1. Gracias, Myriam. Lo mismo digo.
      Espero que disfrutes de tu próxima escala.

      Bisous

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  6. Cuanto bien hizo la Biblia a las mujeres, Madame.
    Eso de tener que aprender a leer para rezar fue providencial, en cuanto supieron juntar letras ya fueron imparables. A ver quién sujetaba esas mentes hambrientas de aventura.
    Sobre todo si era una mujer “volag”. Ya sabe, de las de vocecita y lagrimitas…

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    1. Fue una época, por cierto, que produjo muchas aventureras. Un siglo apasionante.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  7. Desde luego, la señora era una buscavidas, no se puede negar que no tuviera cuajo y desparpajo. Tuvo un final previsible en esa época, sin embargo, no le faltó gracejo incluso de camino al cadalso.

    Bisous y buena semana.

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    1. Sí, tuvo una vida breve, pero la disfrutó a la manera que ella eligió, y se enfrentó al final con dignidad.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Menuda mujer, capaz de engañar a todo el que se pusiera en su camino.
    Bisous.

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    1. Seguro que le hubiera ido bien en la política.

      Feliz tarde

      Bisous

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  9. Una actriz que interpretó cientos de papeles en su vida con la particularidad de que los guiones los escribía ella misma o los improvisaba sobre la marcha. Lista, buena actriz y guapa, digo yo. Porque algo más tendría aquella mujer para encandilar a sus admiradores.
    Un beso

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    1. Sí, debía de serlo. Aunque a veces se lleva una grandes sorpresas.

      Feliz tarde

      Bisous

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  10. Pocas ataduras sentía la buena de Mary, Madame Montserrat. Tampoco veía frenos en las fronteras. Su lectura me ha resultado muy interesante, como es costumbre en esta casa.

    Bisous.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)