jueves, 10 de agosto de 2017

Los maridos de Lady Falmouth


Mary Bagot, condesa de Falmouth, fue la única hija del coronel Harvey Bagot y Dorothy Arden que alcanzó la edad adulta. Nació en 1645, y en septiembre de 1660, contando apenas quince años, se convertía en una de las cuatro damas de honor de la duquesa de York, esposa del futuro Jacobo II. 

Gramont, en sus memorias, nos la describe así:

Sus facciones eran hermosas y regulares, y tenía esa clase de piel morena que, cuando carece de imperfecciones, resulta especialmente fascinante, y más aún en Inglaterra, donde no es habitual. Sus mejillas lucían un rubor involuntario casi continuo aunque no hubiera nada por lo que ruborizarse.

Pronto se sintió atraída por Charles Berkeley. Ambos procedían de familias realistas que habían apoyado hasta su último aliento la causa de los Estuardo. Charles contaba con la amistad del duque de York, junto al que había combatido, y el rey Carlos II también lo apreciaba mucho. Con la duquesa de York, en cambio, las relaciones eran tirantes: cuando se había intentado impedir su matrimonio con Jacobo, Charles colaboró declarando falsamente que él mismo había sido su amante antes. La maniobra no sirvió de nada y la boda se celebró, por lo que el caballero terminó confesando que había mentido. Fue perdonado por la duquesa, al menos en apariencia; en cambio su padre, Clarendon, siempre le guardó rencor. Él lo describía como un joven disoluto y propenso a toda clase de perversiones.

Charles Berkeley, Lord Falmouth, vizconde Fitzharding

Poco después de la Restauración, Berkeley se convertía en conde de Falmouth. Él había puesto sus ojos en Elizabeth Hamilton, pero, como la dama estaba fuera de su alcance, buscó una segunda opción. Esa fue Mary Bagot, de la que se acabó enamorando. El 18 de diciembre de 1664 se convertía en su esposa, una unión que no se concertaba por interés. Con ocasión de este matrimonio, la reina nombraba a Mary dama de honor. Otra de sus damas nos ha dejado este comentario tan poco caritativo con respecto al enlace del conde de Falmouth:

Lady Falmouth es el único caso entre las damas de honor que ha hecho un buen matrimonio sin una buena dote; y si le preguntaras a su pobre y débil marido por qué se casó con ella, estoy convencida de que no podría dar ninguna razón, como no sean sus grandes orejas coloradas y sus enormes pies.

La felicidad de la joven pareja estaba destinada a durar poco, y no por una mala relación entre ambos, sino por la fatalidad. En 1665 Charles decidía acompañar al duque de York a su campaña militar durante la segunda guerra Anglo-Holandesa. El 3 de junio, durante la batalla de Southwold Bay, se hallaba junto al duque sobre la cubierta del Royal Charles cuando un cañonazo le arrancó la cabeza. Mary esperaba un hijo por entonces. Poco después daba a luz una niña que llevaría su nombre.

La condesa era aún muy joven y bella. Pasado el periodo de luto se la relacionó con otros caballeros, entre ellos Henry Jermyn, con el que se rumoreó que planeaba un nuevo matrimonio. Esto causó un gran revuelo, porque la mitad de las damas de la corte revoloteaban en torno a Jermyn, y entre ellas, muy principalmente, Lady Castlemaine, lo que provocaba los celos del rey. Sin embargo, los rumores eran infundados y Mary permaneció viuda durante nueve años. 


Tras fallecer la duquesa de York, Lady Falmouth acarició la idea de ser elegida por Jacobo como segunda esposa. Él la encontraba muy de su agrado, pero el embajador de Francia escribía lo siguiente por entonces:

Dudo que la pasión del príncipe por ella sea tan grande que lo lleve a desposarla. Él preferiría casarse con una princesa de Francia, a la que Su Majestad podría dotar.

Parece que la dama también resultaba muy del agrado de Carlos II, pues consta que durante su viudedad Mary recibió de él elevadas sumas de dinero sin justificación aparente, lo que hace sospechar que durante algún tiempo fue una de las bellezas que adornaron el lecho del monarca.

En junio de 1674 Lady Falmouth se casaba con un caballero de más alto rango que su primer esposo y que había tomado también parte en aquel combate naval: Charles Sackville, Sexto conde de Dorset y Primero de Middlesex. 

Dorset había sido amante de Nell Gwyn hasta que el rey se fijó en ella y lo envió a Francia para despejar el camino. Las recompensas y nombramientos que recibió en esa época podrían haber sido una forma de facilitar el traspaso de Nell a los brazos del monarca. 

To all you ladies now at land - Charles Sackville, conde de Dorset

Hombre culto, Dorset no mostraba interés por la política. Sus preferencias se orientaban hacia la literatura, fue un conocido mecenas y escribió una canción considerada una obra maestra: To all you ladies now at land. El tono de sus poemas a menudo reflejaba su propio comportamiento irreverente.

Burnet lo describe como generoso y bondadoso. Era tan flemático que, hasta que se calentaba un poco con el vino, apenas hablaba; pero, bajo esa exaltación, era un hombre muy animado […] Era caritativo hasta el exceso, pues solía dar cuanto tenía a su alcance cuando algo le conmovía [….] Detestaba la corte, y despreciaba al rey cuando veía que no era generoso ni compasivo. 

Sin embargo, también compartía alguno de los excesos en los que caía el célebre Lord Rochester. Siendo adolescente, él y su hermano, junto a otros tres caballeros, fueron acusados de asaltar y asesinar a un curtidor. Su defensa alegó que perseguían a unos ladrones y que durante la persecución habían confundido al hombre con un bandido. Fue absuelto, pero al año siguiente volvió a tener problemas con la justicia por atentar gravemente contra la moral pública con un comportamiento exhibicionista en Covent Garden. Era el 16 de junio de 1663. Se había reunido a cenar con Sedley y otro amigo en la Taberna del Gallo, en Bow Street. Seis mujeres desnudas sirvieron los platos, y después alguno de ellos, o los tres según algunos cronistas, se desvistieron y se asomaron al balcón. Según Samuel Pepys, “adoptaron todas las posturas de lujuria y sodomía que se pueda imaginar”. Sedley hizo una parodia de sermón y consiguió reunir bajo al balcón a una multitud enfurecida, ofendido su sentimiento religioso con el brindis que proponía “por la salvación de Judas, y otro por el bebé de Belén”. La muchedumbre comenzó a arrojar piedras que rompieron los cristales de la primera planta e intentaron forzar la puerta de la taberna, mientras Charles y sus compañeros les lanzaban botellas en las que habían orinado previamente. Por una curiosa coincidencia, ese mismo día un rayo hizo arder parte de la iglesia de Withyham en Sussex, donde se encontraba el mausoleo de los Sackville.

A pesar de todo esto, por alguna extraña razón sus excesos no resultaban tan notorios y censurables para sus contemporáneos como los de otros conocidos libertinos. Cuentan que Rochester le dijo una vez al rey:

—No sé qué pasa, pero milord Dorset puede hacer cualquier cosa y nunca le culpan.

Charles Sackville

Claro que Dorset era más prudente que el propio Rochester, que en otra ocasión fue desterrado de la corte por tener las agallas de reprocharle a Carlos II que le interesara más el sexo que el reino.

Se casó con Mary pese a la oposición de sus padres. Estos no escuchaban con agrado los informes que recibían sobre su nuera y, debido a estas reticencias, Dorset no hizo público el enlace hasta el año siguiente.

Charles se había enamorado. Se conserva una apasionada carta que escribió a su futura esposa y que contiene un mechón de su cabello. Desde este momento os entrego todas mis pretensiones de libertad o cualquier poder sobre mí mismo, y aunque con toda justicia pueda pareceros poca cosa ser la soberana de tan pobre dominio como es mi corazón, de rodillas confío aún en poder ofrecéroslo.

Ya casado, estuvo a punto de morir a manos del desequilibrado conde de Pembroke, con quien mantenía un pleito. Este último padecía desde la infancia una enfermedad mental que se mostraba como manía homicida sin que mediara provocación, unos ataques que se agravaban con la ingestión de alcohol. Tremendo problema, puesto que era alcohólico. La enfermedad estaba presente en su familia como una herencia maldita, pues ya su abuelo, el cuarto conde, había sufrido los mismos ataques súbitos. Pembroke había estado encerrado en la Torre por haber herido de gravedad a un hombre en un duelo, pero los lores pidieron su libertad. Pocos días después de obtenerla asaltó a otro ciudadano y mató a un tercero en una pelea de taberna. Aunque fue encontrado culpable, su rango le libró del castigo. El fiscal de la causa que mantenía contra Dorset también fue hallado muerto, y en 1680 volvió a asesinar a un oficial mientras se encontraba en estado de embriaguez.

El matrimonio con Dorset tampoco iba a durar mucho tiempo, esta vez porque Mary fallecía el 12 de septiembre de 1679 al dar a luz un hijo que no pudo vivir y fue enterrado con ella en Withyam, Sussex. El viudo, que sólo tenía 34 años en ese momento, vivió hasta 1706, tiempo suficiente para casarse otras dos veces.


12 comentarios:

  1. Estupenda la versión de To all you ladies...
    Parece que algunos nacen con suerte, por más tropelías que protagonicen. Otros con menos motivo fueron apartados de esta vida.
    La muerte de parturientas era una cosa bastante común, qué riesgo parir niños, y así la pobre Mary también murió, mientras Dorset anduvo por ahí disfrutando de su buena suerte.

    Buenas tardes, Madame y bisous

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    1. El equivalente del peligro para los caballeros eran las batallas. Su primer esposo murió aún más joven que ella, en una batalla naval.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. De algún modo, Madame, quizá sea la muerte la que viene a poner las cosas en su sitio cuando la ambición es tanta y la depravación superior, y todo presidido por una escala social que en ningún caso es patrón de honestidad y ni siquiera de dicha. Como siempre, muy interesantes sus relatos.

    Bisous.

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    1. Menos dichoso era el pueblo, con tipos como estos que siempre quedaban impunes. La eterna historia, qué le voy a contar.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. He terminado el comentario y el muy pícaro se voló de mi entrada. Te decia en el, que los amores, los amantes y las orgías le han dado a esta entrada un estilo digno de una pelicula, que seguramente ya a sido filmada, porque las historias de las corte francesas han llegado muchas veces al cina.

    Un abrazo.

    mariarosa

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    1. Anda blogger un poco extraño haciendo desaparecer comentarios, en efecto. A mí hace cosa de un par de semanas me enviaba algunos comentarios a spam indebidamente.

      Buenas noches

      Bisous

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  4. Pues es primer marido de la dama sería, a ojos de su padre, disoluto y perverso, y el segundo, Sackville, perverso y disoluto a la vista de todos los que lo contemplaron en aquel balcón, pero el peligroso era Pembroke, que a punto de dejar a Mary Bagot viuda por segunda vez.
    Me encanta ver que vuelve por sus fueros últimamente.
    Sigo besando, pues, su mano, virtualmente, claro.

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    1. Sí, Pembroke hubiera sido peor elección como marido, en efecto. La corte de Carlos II estaba llena de jóvenes libertinos, pero lo de Pembroke era ya otra cosa.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  5. Algunos comportamientos de ciertos nobles, bajo les efectos del alcohol, dejan en pañales los de los gamberros del turismo barato que asolan nuestras costas y ciudades. Debe ser que ahora se ha "democratizado" lo que antes era privativo de los que se sabían impunes.
    Un saludo, madame.

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    1. Me temo que sí: lo que antes solo algunos podían hacer impunemente, ahora lo hacen todos impunemente. Es curioso.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  6. Hola Madame:

    Leyendo me he dado cuenta que el género humano no tiene nada de género...Ni de humano...Vaya con la dama y sus caballeros....

    Besos

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    1. Sí, es como para querer cambiar de especie, desde luego.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)