domingo, 6 de agosto de 2017

Isabel de Angulema: La Helena Medieval


Isabel de Angulema, consorte de Juan sin Tierra, era única hija y heredera del conde de Angulema y de Alicia de Courtenay, nieta del rey Luis VI. Siendo aún niña sus padres la habían prometido a Hugo IX de Lusignan. Este era el primogénito del conde de La Marche, gobernador de las provincias que formaban la frontera norte de los dominios aquitanos, llamados entonces Poitou francés. La niña fue entregada a los Lusignan para ser educada en su corte, custodiada en una fortaleza en la que debía permanecer rodeada de un imponente séquito hasta alcanzar la edad del matrimonio. 

Este enlace contrariaba enormemente los intereses del rey de Inglaterra. Era una amenaza para él, pues otorgaba demasiado poder a los condes de La Marche. Cuando la boda ya estaba próxima, Juan sin Tierra vio a la novia durante el transcurso de una fiesta con la que se celebraba su reconocimiento como soberano de Aquitania y decidió convertirla él mismo en su esposa. En realidad ya estaba casado con Isabel de Gloucester desde hacía diez años, pero, aunque tenía varios bastardos, Juan no había logrado descendencia de su matrimonio. Necesitaba un heredero, y ya había iniciado contactos para procurarse una nueva esposa en Portugal. Ahora la bellísima hija del conde de Angulema, destinada a dominar unos territorios de gran interés para Inglaterra, le pareció la candidata perfecta.

Al no haber hijos de su primera unión, no le resultó difícil conseguir la anulación alegando los socorridos motivos de consanguinidad (el abuelo de Isabel de Gloucester era uno de los bastardos de Enrique I de Inglaterra). Poco después, el 24 de junio del año 1200, Juan se casaba en Burdeos con Isabel de Angulema tras un novelesco rapto por el que no ofreció ninguna compensación a los Lusignan.


El arzobispo de Burdeos y el obispo de Poitou declaraban que no había ningún impedimento para el enlace del rey. Hugo, al enterarse, montó en cólera y desafió al rey a un combate singular, algo que no podía ser, pues un soberano no debía batirse con sus vasallos ni con personas de rango inferior. 

Juan llevó a Inglaterra a su nueva esposa. Allí fue reconocida públicamente como reina y coronada junto a él en Westminster el 8 de octubre de 1200. Meses más tarde visitaban la corte de Felipe Augusto en París, y luego Isabel se reunió en Chinon con su cuñada, Berenguela de Navarra, viuda de Ricardo Corazón de León. En 1202 fallecía su padre y ella se convertía en condesa de Angulema.

Mientras tanto se acumulaban los conflictos. El joven Arturo de Bretaña reclamaba su derecho a la corona de Inglaterra como hijo del difunto Godofredo, hermano de Ricardo Corazón de León y de Juan Sin Tierra. El asunto sucesorio era complicado: aunque el rey Ricardo, al no tener descendencia, en un principio había designado como heredero a su sobrino Arturo, cambió de opinión al ver que el rey de Francia se ocupaba de educar al niño en su corte. Temiendo que el francés lo convirtiera en su instrumento, Ricardo lo desheredó y nombró a su hermano Juan como sucesor. Esto generó una gran confusión en el reino: por una parte la última voluntad de un soberano tenía fuerza de ley, y por otra Arturo podía invocar derechos dinásticos, al ser hijo de un hermano mayor que Juan. 

El rey se veía obligado a ocuparse de ese asunto mientras Lusignan y su hermano, el conde de Eu, sublevaban Poitou. El rey de Francia, aliado de Hugo, confiscaba las posesiones continentales de los ingleses y, al igual que en Troya en otro tiempo, estallaba el conflicto armado. Por eso algunos historiadores dieron en llamar a Isabel la Helena Medieval.

Llegaron noticias de que Arturo, con ayuda de Hugo, había sitiado a su abuela octogenaria, Leonor de Aquitania, en el castillo de Mirabel, en Poitou. Juan saltó sobre su caballo y se presentó por sorpresa ante las murallas del castillo. Tras derrotar a sus enemigos, hizo prisioneros a ambos. Lusignan fue paseado en un carro, atado de pies y manos, aunque el rey le perdonó la vida. Después fue trasladado al castillo de Bristol, donde no pasaría mucho tiempo antes de alcanzar la libertad.

Isabel había permanecido en Chinon tras la muerte de su padre. En enero de 1203 un destacamento de mercenarios la liberó del peligro en que se encontraba, amenazada por tropas insurgentes. En diciembre de 1203 la reina regresaba a Inglaterra y pasaba las navidades con su esposo en Canterbury.

El 1 de octubre de 1207 Isabel daba a luz en Winchester a su primer hijo, que iba a reinar como Enrique III. A él siguió un segundo, Ricardo, y tres hijas a las que llamaron Juana, Isabel y Leonor. Los cinco alcanzaron la edad adulta y concertaron espléndidas alianzas matrimoniales: Juana fue reina de Escocia, e Isabel se casó con el emperador Federico II.

A la muerte de Juan sin Tierra en 1216, Isabel no perdió un instante para hacer coronar a su hijo de nueve años en Gloucester. Reunió a sus partidarios y junto con Pembroke proclamó rey a Enrique, días antes de la ceremonia en la catedral. La corona real se había perdido con el resto del tesoro, y la reina, por no demorarse, hizo que lo coronaran con su propia diadema.

Un año después de la muerte de su esposo, regresó a Francia para hacerse cargo de su herencia. Dejaba al niño bajo la custodia del regente, Guillermo Marshal, conde de Pembroke. Aún era joven y bella, y un inmejorable partido, de modo que en 1220 contraía un segundo matrimonio. 

El novio, curiosamente, era Hugo de Lusignan. La leyenda cuenta que se trataba de aquel primer prometido suyo, pero eso no es cierto. Hugo IX había fallecido meses antes, y con quien se casaba Isabel era con su sucesor, que hasta ese momento había estado prometido a su hija Juana. De hecho, la niña estaba siendo educada en la corte de los Lusignan, igual que ella en su día. Al nuevo conde de La Marche le resultó más práctico optar por la hermosa madre que esperar a que la niña alcanzara la edad adecuada. El asunto se zanjaba celebrando el compromiso de Juana con Alejandro II de Escocia.


La boda de Isabel enfureció a Enrique III, pues se había llevado a cabo sin su consentimiento. En Inglaterra era el Consejo quien tenía el poder de decisión sobre futuros matrimonios de las reinas viudas. Como represalia, se le retiró la dote y la pensión, y el Consejo dirigió al Papa una carta firmada por el rey en la que se pedía la excomunión de Hugo e Isabel. Estos, a su vez, amenazaban con no enviar a Juana a Escocia, entorpeciendo así el sistema de alianzas. Finalmente se optó por hacer las paces antes de que el conflicto alcanzara mayores proporciones.

De esta unión nacieron nueve hijos, y, al igual que los que Isabel había tenido del rey de Inglaterra, todos sobrevivieron a la infancia en una época en la que no era tan habitual.

Acostumbrada a ser reina, se mostraba arrogante y orgullosa en exceso. Se sentía ofendida al tener que ceder la precedencia a la esposa de Alfonso de Poitou, hermano de Luis IX, al que su esposo rendía homenaje, pero cuyo rango ella consideraba inferior. Tenía un carácter difícil; era vanidosa, caprichosa y sembraba el conflicto a su paso, por lo que los franceses la llamaron “Jezabel de Angulema”. 

Cuando en 1241 ella y Hugo acudieron a la corte de Francia para jurar lealtad al conde, la reina madre, Blanca de Castilla, la desairó abiertamente. Fue la gota que colmó el vaso. Isabel ya detestaba a Blanca por haber apoyado la invasión de Inglaterra durante la Guerra de los Barones, y ahora presionó a su esposo para que renunciara a su alianza con el rey de Francia. Ambos comenzaron a conspirar con otros nobles descontentos con el objetivo de reunir las provincias del sur y el este y crear una confederación respaldada por Inglaterra. 

Tras el fracaso de sus planes, Hugo se vio obligado a hacer las paces con Francia. Pero ella no se resignaba, sino que se mostraba dispuesta a lograr sus propósitos de venganza de un modo o de otro. En 1244 Luis IX sufrió un intento de envenenamiento, a consecuencia del cual se arrestó a dos cocineros que confesaron haber recibido el encargo de Isabel. Fuera o no cierta la acusación, la condesa huyó antes de que pudieran prenderla y buscó refugio en la abadía de Fontevraud. 

Hugo fue arrestado por orden del rey para ser juzgado por su participación en los hechos. El conde negó los cargos y retó a su acusador, Alfonso de Poitou, pero este rechazó el desafío alegando que un traidor como él no era digno de enfrentarse a un caballero.

Isabel, que había tomado en velo en la abadía, moría poco después, el 4 de junio de 1246. A petición suya, fue enterrada sin pompa ni ceremonia en una humilde tumba. Cuando su hijo, el rey de Inglaterra, visitó el lugar, ordenó que fuera trasladada al interior del edificio, donde reposa junto a Enrique II y Leonor de Aquitania.

14 comentarios:

  1. Hay que ver cuánto dio de sí esta dama. Secuestrada en rapto novelesco para separarla de su prometido, hecha reina, causa de disputas, y deseada ya viuda antes que a su hija (esto empieza a ser más frecuente de lo que parece), no se conformó con ser una nueva Helena, y también como Jezabel se la comparó. Desde luego, no paso desapercibida por esta vida y parece que puede que todo lo que quiso no haría, pero mucho sí.
    Beso su mano.

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  2. Sí, pero resultaba un poco gafe para maridos y prometidos. Para ellos, más que dar de sí, dio de no.

    Buenas noches

    Bisous

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  3. Isabel de Angulema, yo te saludo en esta preciosa resurrección a la que te a llevado la docta Dame Masquée.

    Bisous.

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    1. Yo creo que mejor la dejamos en la tumba. Daba demasiados problemas.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  4. copón. nueve hijos en el segundo matrimonio. qué frenesí.
    qué gran entrada, madame. está cogiendo el tono!!

    bisous!!

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    1. El que no cojo ni a la de tres es el bronceado. Ya no sé qué hacer!

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  5. Hola Madame:
    Algunos datos tenía sobre la dama, pero esto de los 9 hijos...desconocidos para mi.

    Hoy ando algo disperso. Le debo una llamada.

    Besos

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    1. Pues una de las hijas de ese segundo matrimonio estuvo casada con Raimundo de Tolosa, también de biografía movidita.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  6. Si no me he perdido, su protagonista tuvo catorce hijos y dos maridos además de revolucionar todo su entorno, desbaratando y recreando alianzas aquí y allá.
    Diría que superó a Helena, querida Dame.

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    1. Y sin embargp no es tan famosa. No encontró a su Homero.

      Feliz día

      Bisous

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  7. Esta es una de tantas y tantas historias que no se enseñan en los colegios.

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    1. Y es una lástima. Más gente se interesaría por la historia si se enseñaran, pero la historia universal es tan enorme y las horas lectivas tan pocas que no se puede abarcar todo lo que sería deseable.

      Muchas gracias y feliz día.

      Bisous

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  8. Me alegro de haber reencontrado su blog, Madame, y ver que sigue ofreciendo la misma calidad y cantidad de información de siempre. Una duda, siempre oí que Juan sin Tierra enloqueció de pasión por Isabel y se casó con ella cuando esta tenía solo doce años. Aun en una época donde las niñas eran púberes pasada su primera década de vida, parece exagerado no el matrimonio, sino que alguien tan joven pudiera ya impresionar con su belleza.
    Bisous

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    1. Gracias, Malena.
      Ya, conozco bien la leyenda. Juan era malísimo (claro,como perdió las posesiones continentales...), y ella estaba muy enamorada del otro, y Arturo de Bretaña era un niñito indefenso, etc. Pues no. Ella realmente era una niña, y poco tenía que atraer aún, como usted bien deduce. Hasta pasados siete años de la boda no comenzó a ser madre, lo que indica que aún hubo que esperar mucho para consumar el matrimonio. Lo único atractivo en ese momento es que era una rica heredera muy conveniente para Inglaterra, y que hubiera sido desastroso que acabara en poder de los Lusignan. Tampoco se acabó casando después con aquel Hugo, que era ya un vejestorio y había fallecido poco antes. Ni Arturo de Bretaña era un pobre niñito, sino que tenía 16 años cuando murió, y en la Edad Media a esa edad eran guerreros. Arturo no fue capturado mientras jugaba con sus amiguitos, por así decir, sino mientras se ponía al frente de unas tropas con la pretensión de atacar a su abuela octogenaria, el angelito. Pero así va todo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)