lunes, 14 de agosto de 2017

Indíbil y Mandonio


Los ilergetes eran un pueblo que habitaba la península Ibérica entre el río Ebro y los Pirineos. Tenían por capital a Atanagrum, cuya ubicación exacta se desconoce. Otra de sus principales ciudades fue Ilerda (Lleida o Lérida), y era precisamente de ella de la que tomaban su nombre. La primera vez que aparecen los ilergetes en el registro de la historia es en una mención que hace el geógrafo griego Hecateo de Mileto hacia el 500 a.C. al hablar de los iberos que habitaban en la costa oriental. 

Cuando Amílcar Barca desembarca en Gadir (Cádiz) dispuesto a la conquista y colonización definitiva de Hispania, los ilergetes y sus vecinos ausetanos fueron aliados de los cartagineses, a los que ayudaban en su pugna con Roma. Sus jefes eran Indíbil y Mandonio. En el 211 a. C. se unieron a Asdrúbal Barca y a otros pueblos indígenas para derrotar a los hermanos Publio y Cneo Escipión cerca de Linares, Jaén. Estos últimos hallaron allí la muerte, y para Roma la derrota supuso un grave revés en sus planes de conquistar Hispania.

Pero llegó un nuevo Escipión —Publio Cornelio Escipión el Africano Mayor— que en 209 a. C. asaltó y consiguió tomar Cartago Nova (Cartagena), es decir, la capital cartaginesa de la península Ibérica. Era la Segunda Guerra Púnica. 

Escipión convenció a Indíbil y Mandonio de que los cartagineses los habían traicionado. Además ambos caudillos iberos estaban descontentos porque Asdrúbal Giscón les había exigido la entrega de la mujer de Mandonio y las hijas de Indíbil como rehenes para garantizar su fidelidad. Pero con la victoria de los romanos las cosas cambiaron: Escipión las trató con deferencia y ordenó respetar las vidas y las posesiones de todos aquellos que habían permanecido como rehenes en manos de los cartagineses, entre los que se encontraban miembros de las principales familias indígenas. Todo ello impulsó a ambos líderes a cambiar de bando y unirse a Roma.


Indíbil y Mandonio ofrecieron su lealtad a Escipión mediante el ritual de la devotio ibérica, arrodillándose ante el general romano y proclamándolo rey. Después también hicieron lo mismo los millares de hispanos a los que había dejado libres sin rescate tras la batalla de Baecula, en la que Indíbil había colaborado con Asdrúbal y había sido hecho prisionero. Se trataba de la ceremonia que establecía una relación de clientela militar entre un indígena y otro personaje de alto rango. Mediante la misma, los clientes consagraban sus vidas a su líder, al que estaban obligados a proteger en combate con las armas e incluso con su propio cuerpo. Al mismo tiempo se consagraban a una divinidad para que aceptase su vida en la batalla a cambio de la de su jefe. Si este moría combatiendo, los devoti estaban obligados a suicidarse.

En el 206 a.C., Escipión expulsó definitivamente a sus enemigos. Ese mismo año fundaba la ciudad de Itálica, cerca de la actual Sevilla, lo que demostraba la voluntad de Roma de quedarse en Hispania. 

Las numerosas tribus iberas de la península, al igual que las celtas, lucharon por su independencia, y a tal fin establecían alianzas que favorecieran sus aspiraciones. Indíbil y Mandonio se habían aliado con los romanos precisamente para recuperar su libertad frente a los cartagineses, pero todo indicaba que sus nuevos aliados se proponían someterlos a su dominio igual que los anteriores, algo a lo que no estaban dispuestos.


Corrió el falso rumor de que Escipión había muerto tras una enfermedad. Ellos consideraban que habían establecido un pacto personal con él, pero no con Roma. Por tanto, una vez desaparecido el Africano, ambos quedaban liberados de la devotio.

Indíbil y Mandonio se unieron a otros pueblos para saquear el territorio de sus vecinos, aliados de Escipión. Iberos y romanos se enfrentaron en una batalla que terminó con la derrota de los primeros. Los jefes lograron huir y pidieron clemencia al general romano, que la concedió a cambio del pago de una indemnización.

Escipión el Africano abandonó Hispania en el verano del 205 a. c., dejando el ejército en manos de los procónsules Lucio Cornelio Léntulo y Lucio Manlio Acidino. Eso dio pie a una nueva sublevación. Los rebeldes lograron reunir a un gran número de pueblos indígenas de todo el valle del Ebro e incluso de la costa levantina, refuerzos con los que formaron un ejército de treinta mil soldados y cuatro mil jinetes. Combatían con sus escudos redondos o largos, el sable de hoja curvada llamado falcata y con una espada cuyo temple era de especial calidad, la gladius hispaniensis que los romanos tanto apreciaban y que comenzarían a adoptar.


Pero esa larga y dura batalla dio la victoria a los procónsules. Indíbil cayó en la batalla. Según Tito Livio, primero murieron acribillados por los dardos los guerreros que le rodeaban para protegerlo con su propio cuerpo, y después llegó la muerte para él, “clavado al suelo por una jabalina”. 

Aunque Mandonio intentó reagrupar a las tropas, se había desatado el caos. Envió mensajes para concertar la rendición, pero Acidino exigió su entrega junto con la de los demás cabecillas, amenazando con asolar el territorio de los sublevados si no se hacía así.

Todos fueron ejecutados, y Mandonio murió en la cruz tras ser torturado. En adelante se permitió a los rebeldes continuar habitando sus tierras, si bien tuvieron que entregar las armas y pagar tributos.

Roma supo aprovechar para sus fines de conquista la institución de la devotio ibérica, pues aprendieron que lo único que había que hacer era conseguir matar al líder para ganar la batalla. Siguieron, además, la misma política cartaginesa de toma de rehenes para asegurarse la lealtad de estos pueblos. A partir de entonces los ilergetes dejaron de ser un quebradero de cabeza. Con el tiempo se fueron romanizando, y en el año 90 a. C. incluso aparecen luchando junto a los romanos en suelo italiano.


18 comentarios:

  1. Tiempos tan lejanos que resulta difícil delimitar con precisión las áreas de influencia de las tribus, incluso quiénes eran sus caudillos, pues hasta de los conocidos, por usted citados, se sabe bastante poco; pero como muy bien nos cuenta, lo que sí aprendemos con su lectura de hoy es cuán bravamente los pueblos hispanos, aquí hoy nos habla de los iberos, pero igual ocurrió con los pueblos celtas del centro y noroeste, defendieron frente al invasor su tierra. Aunque al final, como siempre ocurre cuando la invasión se convierte en colonización, la fusión y adaptación a una cultura superior, no siempre es una desgracia. La romanización supuso un avance en todos los órdenes, incluso la de comenzar a forjar una identidad peninsular: Hispania.
    Beso su mano.

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    1. Pues sí, en general no estoy descontenta con los romanos. Pudo haber sido peor. A fin de cuentas nos aportaron mucho. Ya, ya sé, no todo bueno, pero puesto en la balanza, me los quedo.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Han pasado tantos años desde entonces que el legado cultural romano permite cubrir, con una fina capa de olvido, fechorías, traiciones, deslealtades, venganzas y muerte. El tiempo es lo que tiene, que todo lo cura. Y al final somos producto de las circunstancias.
    Saludos.

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    1. Tenemos que aprender a vivir en mundos imperfectos e intentar mejorarlos. Curiosamente a lo que más nos aferramos y nos empeñamos en repetir son las deslealtades, las venganzas, las corruptelas y todo aquello que deberíamos haber dejado atrás.

      Feliz martes.

      Bisous

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  3. Una buena clase de historia de la antigüedad. Gracias por compartir. Bisous

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  4. Un pueblo valiente que supo plantar cara a Roma. Imagino la complejidad de la Iberia de aquel tiempo y no puedo por menos que ponerme del lado de los habitantes amenazados por una gran potencia. La partida estaba perdida.
    Un beso

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    1. En realidad todos intentaron plantar cara a Roma, pero nadie lo consiguió. Finalmente incluso cántabros y astures hubieron de claudicar. Era un imposible.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. Una pregunta inocente, La Dame Masquée, ¿Indíbil y Mandonio son tal vez ascendientes de Carles Puigdemont?

    Bisous.

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    1. Pues no sé si sus ancestros eran ilergetes , ausetanos, layetanos, indigetes, sedetanos, ilercavones o alguna otra tribu con las que también anduvieron a guantazos de vez en cuanto los ilergetes, porque había muchas por allí. Lo que sé es que no serían edetanos, porque los edetanos eran el pueblo de la actual Valencia. Claro, eso asumiendo que los ancestros de ese señor viajaran poco. Para ser precisos, absolutamente nada en más de dos mil años.

      Feliz tarde

      Bisoue

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  6. Un momento histórico de alianzas (queridas o no) y de enfrentamientos que no son distintos a las actuales alianzas de algunos en estos últimos años. Aun así siempre el pez grande (Roma) se tragó al chico...

    Besos Madame

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    1. A veces peces no tan grandes se tragaron buenos bocados mayores que ellos, pero claro, aquí no hacía falta ser vidente para saber cómo terminaría la historia.

      Feliz tarde, Manuel.

      Bisous

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  7. ¡Qué interesante! no recordaba para nada estos pueblos íberos, en especial, de los ilderetes. (que avivados los romanos que supieron sacar provecho de la Devotio. Y Escipión era un genio militar, además). Sí, recordé leyéndote las excavaciones del Dr Negueruela en Cartagena y su descubrimiento del palacio de Asdrúval.

    Un abrazo

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    1. Era todo una ensalada con demasiados ingredientes. Qué locura, tanta cantidad de tribus en tan escaso territorio.

      Buenas noches, Myriam.

      Bisous

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  8. No falla. Cualquier episodio de la historia de Roma es una lección de sabiduría política. Qué manejo y variedad de tácticas. Halagos y decencia junto a bajezas sin nombre.

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    1. Gobernar un territorio era incluso más complejo que hoy día. Demasiado caótico todo.

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  9. Recordaba a Indíbil y Mandonio de las lecturas de la niñez, pero no los situaba. Interesante artículo sobre la romanización y la resistencia que encontraron los romanos.
    Un saludo.

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    1. Una época complicada y difícil de seguir.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)