lunes, 21 de agosto de 2017

Don Juan de Austria y la reina Margot

Don Juan de Austria

En el Louvre Margarita de Valois, reina de Navarra, se había convertido en uno de los principales apoyos con los que contaba su hermano menor, el duque de Alençon. Este príncipe, de ambición desmedida, había soñado con poder apoderarse de la corona de Francia a la muerte de Carlos IX mientras su otro hermano, Enrique, se encontraba ausente en su reino de Polonia. Pero Enrique se le adelantó y protagonizó una espectacular huida que lo condujo a suelo francés a tiempo de evitar los planes de Alençon, obligado ahora a volver sus ojos en busca de otra pieza a la que hincar el diente.

El rey de España había enviado como gobernador de los Países Bajos a su hermanastro, don Juan de Austria. Se trataba de un cargo extremadamente difícil y en el que ya habían fracasado grandes nombres como el duque de Alba o Luis de Requesens, incapaces de poner fin a la rebelión protestante. Para alcanzar su destino en Bruselas, don Juan cruzó Francia disfrazado de sirviente, precaución que le ordenó tomar Felipe II, el cual temía una emboscada. El príncipe hubiera preferido presentarse en la corte francesa con todo el boato que le correspondía como hijo de emperador, aunque fuera bastardo, pero las órdenes del rey de España le obligaron a oscurecer rostro y cabello y rizarlo para que se asemejara al de los moros. Así caracterizado, se introdujo entre los servidores de Octavio de Gonzaga.

La tarde de su llegada a París se enteró de que se había organizado un baile en el Louvre, pues la reina madre prodigaba las fiestas para mantener a sus cortesanos entretenidos mientras ella se ocupaba del gobierno sin ser estorbada. El pueblo, consciente de que la corona estaba más en sus manos que en la de su hijo, había hecho circular una mofa contra el rey, al que llamaban:

“Enrique, por la gracia de su madre inerte rey de Francia y rey imaginario de Polonia, Conserje del Louvre, Sacristán de Saint-Germain-l’Auxerrois, Encargado de los lazos de su mujer y rizador de sus cabellos, Mercero de palacio, Visitador de los baños turcos, Guardián de los cuatro pordioseros y Protector de las claras batidas”.


Don Juan no pudo resistir la tentación de asistir de incógnito al baile, y, valiéndose de su disfraz, tuvo ocasión de saciar su curiosidad observando a la reina de Navarra, de la que tanto había oído hablar. Esa noche, después de la fiesta, confió a sus amigos cuáles habían sido sus impresiones:

—Su belleza es más divina que humana, pero está hecha más para condenar a los hombres que para salvarlos.

En la primavera de 1577 Alençon tenía sus miras puestas precisamente en Flandes. Necesitaba enviar a alguien para contactar con los flamencos sublevados, y pensó que nadie mejor que su inteligente hermana para defender sus intereses. El plan era que Margot viajara hacia allí con el pretexto de que los médicos le habían aconsejado acudir a tomar las aguas de Spa, como hacía Madame de La Roche-sur-Yon, para curar la erisipela que padecía en un brazo.

Meses después de aquella visita de don Juan, Margot obtuvo el permiso. Enrique III, encantado de ver a su hermana alejarse de la corte e impedir así que se reuniera con su marido, solicitó y obtuvo del gobernador el salvoconducto necesario para que atravesara aquellos dominios. 

Pero la reina de Navarra no hubiera querido partir antes del 5 de mayo, fecha en la que Catalina de Médicis ofreció un banquete en los jardines del château de Chenonceau, una especie de bacanal en la que todas las licencias parecían estar permitidas. Según Pierre de l’Estoile, “en aquel gran banquete, las damas más honestas y bellas de la corte, que iban medio desnudas y con los cabellos sueltos como desposadas, fueron empleadas en todos los servicios”.

El día 28 emprendía el viaje en compañía de un séquito muy numeroso. Iba en una litera de columnas, forrada de terciopelo carmesí con bordados en oro y seda, recostada sobre cojines de satén blanco. La seguía la litera de Madame de La Roche-sur-Yon y la de Madame de Tournon. Detrás cabalgaban diez bellas jóvenes con sus ayas y diez carruajes ocupados por el resto de las damas.

En Cambrai conoció al gobernador, barón d’Inchy, en un banquete organizado por el obispo. El gobernador la acompañó en la continuación de su viaje, algo que Margot aprovechó para tratar de atraerlo a su causa, como cuenta ella misma en sus memorias. 

“El recuerdo de mi hermano no se apartaba nunca de mi espíritu, acordándome constantemente de las instrucciones que me había dado, y viendo la ocasión de hacerle un buen servicio, y puesto que esta ciudad de Cambrai y sus ciudadanos eran la llave de Flandes, no la dejé perder y empleé cuanto Dios me dio de ánimo para hacer que Monsieur d’Inchy sintiese afecto a Francia y particularmente a mi hermano. Dios permitió que lo consiguiese, tanto que el gobernador, complaciéndose en mis discursos, me suplicó poder acompañarme mientras yo estuviese en Flandes.”

En todas las ciudades donde se detenía trataba de encontrar adeptos, elogiando a Alençon y prometiendo cargos y títulos a quienes lo ayudasen a conquistar los Países Bajos. En Mons fue recibida por el conde de Lalaing, muy hostil a los españoles. Margot habló con la condesa y le dijo:

—Mi hermano, el duque de Alençon, es muy capaz con las armas y considerado uno de los mejores capitanes de esta época. Vos no podríais llamar a un príncipe en vuestro socorro que más útil os fuese, por seros tan vecino y tener un reino tan extenso como el de Francia puesto a su devoción, del cual puede obtener hombres y medios, y cuantas necesidades tiene la guerra. Y si recibiese este buen oficio del señor conde, vuestro marido, puedo aseguraros que vuestra fortuna estaría lograda. Que si mi hermano se establece aquí por vuestra mediación, podéis estar segura de que me veríais por aquí a menudo, siendo tal nuestra amistad que jamás ha habido otra igual entre hermano y hermana.

En Namur se entrevistó con el duque d’Aerschot, que fue quien le presentó a don Juan de Austria. Este acogió a Margot con suma cortesía, ya que era la hermana del rey de Francia y, oficialmente, Francia era aliada del rey de España. Acudió al encuentro de la reina de Navarra en compañía del propio Aerschot, Havré, el marqués de Varambon y el gobernador del condado de Borgoña. Estuvo también presente Luis de Gonzaga, de la Casa de Mantua. Era el 20 de julio de 1577.


A oídos de la reina de Navarra habían llegado rumores de aquella visita de incógnito que don Juan había hecho a París, y también de lo que había comentado sobre su belleza. Esperaba que fuera suficiente como punto de partida para asegurarse su neutralidad en el momento en que Alençon intentase un golpe de Estado en el país. 

Para ese encuentro Margot preparó cuidadosamente su aspecto. Sacó toda su artillería y se presentó ante él vistiendo unas ropas de brocado “que la moldeaban de manera impúdica, permitiendo adivinar el nacimiento de su seno”. Ella misma nos cuenta aquella entrevista en sus memorias:

“Echó pie a tierra para saludarme en mi litera, que estaba elevada y abierta. Yo lo saludé a la francesa […] Después de una breve conversación, él montó a caballo, sin dejar de hablarme hasta llegar a la villa […]. La casa donde me alojó estaba dispuesta para recibirme, y se había encontrado el modo de hacer una sala grande y hermosa, y un apartamento para mí con cámaras, antecámaras y gabinetes, todo amueblado con los muebles más bellos, ricos y espléndidos que creo haber visto jamás, con todas las tapicerías de terciopelo o de satén”.

Aerschot le explicó que las tapicerías que admiraba eran telas preciosas que un pacha envió a don Juan después de la batalla de Lepanto para agradecerle al vencedor que le devolviera a sus hijos, que había hecho prisioneros, sin pedir ningún rescate.

El duque de Alençon

Don Juan no cayó en el lazo que le tendía la reina de Navarra, pero desplegó toda su cortesía organizando para ella numerosos festejos. Al día siguiente de la llegada de Margot, mandó decir una misa “al estilo de España, con música de violones y cornetas”, y la invitó a un banquete en el que “cenamos los dos solos a una mesa, él haciéndose servir la bebida por Luis de Gonzaga arrodillado”. Luego hubo un baile que duró toda la noche. “Don Juan me hablaba todo el tiempo, y me decía a menudo que me encontraba un parecido con su señora la reina, que fue mi difunta hermana, a la que había honrado mucho”.

El 22 estaba previsto que Margot continuara viaje hacia Lieja, pero hubo de demorarse un día, lo que dio ocasión a don Juan para ofrecerle un nuevo banquete seguido de un baile en la isla Vas-t-y-frotte, situada en el río Mosa. La reina fue conducida hasta allí en un navío ricamente engalanado y con acompañamiento de músicos. 

Al día siguiente, cuando llegó el momento de la despedida, la acompañó hasta su barco y le proporcionó una escolta hasta Huy.

El día 24, poco después de despedir a la reina de Navarra, Don Juan de Austria, pretextando una cacería, se apoderaba por sorpresa de la fortaleza de Namur con solo una veintena de soldados. La plaza se convertía en base de partida para la reconquista de los Países Bajos contra los protestantes y la nobleza rebelde.

Margot, decepcionada, había captado el mensaje envuelto en agasajos y cortesía: el rey de los Países Bajos era Felipe II, su gobernador le representaba y la corona no se tomaba.


16 comentarios:

  1. los retratos no le hacen justicia. Isabelle Adjani sí.
    bisous madame!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nunca he entendido la belleza de Margot. Pienso que más bien debía de resultar muy sexy.

      Feliz lunes, Tolya.

      Bisous

      Eliminar
  2. Así que ella lo saludo a la francesa y en pago él le hablo de su hermana de ella y le ofreció una misa al estilo de España. Vaya.
    Supongo que a estas altura ya no sería posible adivinar el nacimiento de nada entre sus ropajes.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Supongo que no. Variaba mucho de vestuario. De todos modos no creo que se hubiera rendido. Para la cena volvería a ir más ligerita, seguramente, aprovechando que era julio.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  3. Cuanto lujo y cuanto engaño para conseguir sus propósitos. Grandes banquetes y hermosos vestidos, pero don Juan hizo de las suyas.

    mariarosa

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Don Juan no se dejaba embaucar fácilmente. La misión de Margot estaba clara, y no iba a ser tan loco.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  4. Hola Madame:
    El caballero, cumplió la orden del Rey antes de caer frente a las virtudes de la dama. Lo vió en París y a lo mejor pensó que le condenaría...

    No puedo comentar en mi blog...No sé que sucede. intenté hacerlo y ya no me deja :(

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, como condenaba a todos (a algunos bastante literalmente), pensó que esta vez también podría. Y seguro que se relamía, porque mire que era mono don Juan.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  5. En lo más elevado de la sociedad, lo más zafio y las ambiciones más desmedidas. Con el absolutismo sí, pero desde luego no con el ejemplo.

    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Quien nacía siervo no podía tener ambición; nacía con las alas cortadas. Pero estos señores podían permitirse desplegarlas.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  6. Juan de Austria demostró ser muy hábil en tan difícil empresa y la reina Margot, se dejó embaucar por causa de su propia vanidad, aunque mucho más tarde en la vida, tengo entendido después de anulado su matrimonio con Enrique IV, supo llevarse bien con su segunda esposa y el delfín.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, Myriam. Se llevó muy bien, y además mostraba cariño hacia el pequeño delfín. Tal vez lo único prudente que hizo Margot fue avenirse y adaptarse a las circunstancias.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  7. Don Juan de Austria no era tonto y, por mucho que se ha dicho sobre la rivalidad entre los dos hermanos, era un leal servidor de la corona. Además Margot era la cuñada del rey (aunque difunta ya la reina Isabel), con una inteligencia sagaz y don Juan tenía mucho mundo para dejarse atrapar en sus redes. La partida la ganó por la mano el español.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Margot estaba acostumbrada a su propia corte, claro. De todos modos, tenía que intentarlo.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  8. Muy interesante el encuentro. Todo un caballero don Juan de Austria, pero a la vez muy hábil.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, Margot estaba acostumbrada a otras cosas.
      Un placer tenerle de nuevo por aquí.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)