lunes, 7 de noviembre de 2016

Rotario, rey de los lombardos


Según la Crónica de Fredegardo, a la muerte del rey Ariolaldo sin hijos varones, la nobleza lombarda, que no se ponía de acuerdo para designar a un sucesor, invitó a su viuda a elegir otro esposo que se convertiría en el nuevo soberano, igual que había hecho su madre antes. A pesar de la oposición de muchos grandes, Gundiperga eligió a Rotario, hasta entonces duque de Brescia, y le propuso repudiar a su esposa para casarse con ella y ceñir la corona. Desde un punto de vista estratégico, la elección era oportuna: el territorio de Brescia se encontraba próximo a los controlados por Bizancio, por lo que constituía una base importante para las incursiones lombardas en un momento en el que se intensificaba la amenaza bizantina.

Aceptada por Rotario una propuesta que llevaba aparejada tan generosa recompensa, se celebró la ceremonia en Pavía, la capital del reino, y los recién casados fueron a pasar esos primeros días de su matrimonio en un castillo vecino, a orillas del río Po. Pero pronto la unión resultó ser desastrosa. El principal motivo de disensión fue religioso: ella era católica y él arriano. Al cabo de unos meses Rotario acusó a su esposa de tramar un complot, la recluyó en sus aposentos y se rodeó de una notable cantidad de concubinas. Vivía públicamente con una de ellas e incluso con su anterior esposa, a la que había permitido retener la dignidad real. 

Gundiperga permaneció prisionera durante cinco años, hasta que su pariente Clodoveo II, rey de los francos, intervino como mediador en su favor y logró su liberación. La reparación fue total, y la reina volvió a sentarse en el trono junto a su esposo, que le devolvió cuantas propiedades le había confiscado.


Rotario contaba unos treinta años al ceñir la corona lombarda. Pasó a la historia como un rey prudente y poderoso, de costumbres licenciosas y sumamente enérgico. Al comienzo de su reinado, que se prolongó entre el 636 y el 652, condenó a muerte a muchos nobles insurrectos, pero su principal acto como gobernante fue dar a su pueblo las primeras leyes escritas. Anteriormente los lombardos se regían por viejas costumbres que pasaban de forma oral de padres a hijos y que se fundamentaban en la llamada “faida” o venganza privada de tipo mafioso. Mediante la faida, un particular tenía derecho a obtener satisfacción a una ofensa o daño vengándose de su enemigo. Hacía más de 70 años que los lombardos se habían asentado en suelo italiano, y aquel código primitivo que les había servido durante su vida nómada necesitaba ser reformado. Era una condición imprescindible para alcanzar un grado de civilización aceptable. Francos, visigodos y anglosajones ya poseían sus propios códigos. Había llegado el momento de compilar las leyes lombardas.

El 22 de noviembre del 643, el rey publicó un edicto que lleva su nombre. Como no sabía leer ni escribir, hubo de dictarlo a Ansoaldo, el escriba que lo compiló en un latín que dejaba bastante que desear y que contenía abundantes palabras lombardas latinizadas. Se trataba un código de normas civiles y penales que fijaba las tarifas debidas por el ofensor a modo de reparación. Se estipulaban minuciosamente las cantidades a pagar por cada ofensa. Esta tarifa, llamada guidrigildo, sustituía a la faida. En adelante los litigios se solventaron pagando, pero, eso sí, las penas se fijaban según el rango del ofendido. 

El edicto, compuesto por 388 capítulos, fue aprobado en el gairethinx o reunión del ejército convocada por Rotario, en una ceremonia en la que los guerreros mostraban su aceptación golpeando sus escudos con las lanzas, según la vieja costumbre germánica. 


La obra está dividida en tres partes. La primera se refiere a los delitos contra el rey y contra el pueblo o personas particulares; la segunda regula las herencias y derecho de familia, y la tercera los delitos contra la propiedad y la prueba ante los tribunales. Pero estas leyes no se aplicaban a la población romana sujeta al dominio lombardo, que continuaban rigiéndose por el Digesto promulgado por Justiniano.

El edicto de Rotario protege principalmente a la aristocracia militar. Matar, golpear, desarmar a un guerrero o afeitarle la barba se consideran delitos muy graves. Y es que los lombardos eran un pueblo de carácter esencialmente militar, formado por guerreros llamados arimanes. Dentro de estos, los más importantes eran los adelingos, descendientes de antiguas tribus germánicas que constituían la nobleza. Entre ellos se encontraban los duques, los galstads o condes y el propio rey, y tenían infinidad de privilegios. Las tierras arrebatadas a los romanos eran cultivadas por los esclavos y los aldios, en cuyas manos estaba también el comercio. Los aldios eran bárbaros que los lombardos habían ido alistando antes de llegar a Italia. Al igual que los adelingos, eran libres y tenían derechos, pero solamente civiles, porque, al no formar parte del ejército, carecían de derechos políticos y quedaban excluidos de la asamblea de guerreros, que era el órgano supremo.

No se permitían los matrimonios mixtos. El edicto prohibía que una mujer soltera o viuda se casara con un hombre de condición servil, es decir, no lombardo. La desobediencia podía suponer la pena de muerte para el hombre y el destierro para la mujer, que también se arriesgaba a ser vendida o asesinada por su propia familia. El edicto aplicaba la pena capital a los esclavos que golpeaban a sus dueños, los traidores, los amotinados y los desertores, además de las mujeres que mataban o traicionaban a sus esposos. Si era el marido el que mataba a su mujer, en cambio, solo pagaba una multa; pero, eso sí, tan alta que el asesino acababa condenado a trabajos forzados por no poder abonarla.


El edicto también preveía que un padre no podía desheredar a su hijo excepto por determinados crímenes especialmente graves.

La administración de justicia no se inspiraba tanto en el derecho romano como en las antiguas ideas tribales. Los lombardos se defendían de una acusación mediante el juramento, las ordalías y el duelo. El juramento podía imponerlo tanto el acusado como el acusador, se prestaba sobre los Evangelios y contemplaba el derecho a retractarse por parte de quien previamente se había declarado culpable.

Para asuntos más graves, en lugar del simple juramento se recurría al juicio de Dios, es decir, la ordalía. El ofendido y el acusado comparecían ante un juez en el atrio de una iglesia. Después de celebrarse una misa cantada, se disponía una gran olla con agua hirviendo y el sacerdote decía:

—Señor, haced que quien meta la mano en esta olla siendo inocente, pueda retirarla sin daño. Yo te bendigo, oh agua que hierves al fuego, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.

El acusado sumergía entonces su mano en la olla y se entendía que en caso de sufrir quemaduras quedaba demostrada su culpabilidad.

En cuanto al duelo, era un procedimiento muy socorrido. Se celebraba a campo abierto, en un terrero cercado mediante cuerdas. Se leía un bando advirtiendo a los presentes de las penas que sufrirían si provocaban desórdenes o entorpecían el combate, pues estaba prohibido hablar o dar muestras de entusiasmo mientras durase. La derrota era señal de culpabilidad, y al perdedor se le amputaba la mano derecha.


Los combatientes, al igual que los que se sometían a la ordalía, no podían llevar amuletos ni ninguna clase de encantamiento orientado a favorecerlos en la lucha. Y es que los lombardos eran un pueblo muy supersticioso que creía en las brujas y adoraba a las víboras, algo que el rey trató en vano de eliminar.

Rotario murió en el 652, tras 16 años y cuatro meses de reinado. Hacía casi doce que había tomado Génova a los bizantinos, ampliando sus dominios hasta poseer toda Liguria y el valle del Po. Como conquistador, sometió a pillaje y arrasó muchas poblaciones cuyos habitantes hizo prisioneros. 

Según el historiador Pablo el Diácono, “fue fuerte y valiente y siguió el camino de la justicia; sin embargo, no mantuvo el camino recto de la fe cristiana, sino que se contaminó con la perfidia de la herejía arriana”. En efecto, Rotario restauró el antiguo apoyo al arrianismo, que se había perdido durante el reinado anterior. Para él era una forma de preservar la identidad de los lombardos y distinguirlos de la población nativa de Italia, que era católica. Sin embargo, permitió a sus súbditos total libertad para profesar la fe que estimaran mejor, y para ello se ocupó de que en sus ciudades hubiera siempre dos obispos, uno católico y otro arriano.


Le sucedió su hijo Rodoaldo, pero este solo reinó cinco meses. Al cabo de este tiempo fue apuñalado por un siervo de cuya mujer había abusado.


20 comentarios:

  1. El Derecho, aparte del legado romano, nace de la recopilación de estas leyes y rituales, a veces un tanto curiosos y hasta salvajes, como lo de meter la mano en la olla.
    Con la caída del Imperio romano, los distintos pueblos bárbaros llevaron a cabo tareas legislativas de importancia que hemos podido conocer a través de varios de sus reyes como Eurico o Alarico. Leyes con las que se pretendía poner orden en la convivencia cotidiana y regularla.
    Me has hecho recordar algunas cosillas de la LEY SALIA, la de los francos de la época de Clodoveo (siglo V), de tradición oral y aplicada por muchos pueblos germánicos, como por ejemplo los francos y visigodos…

    Asesinar al comensal de un rey se castigaba con 300 sueldos.
    Matar a una mujer en edad de procrear, 300 sueldos.
    Asesinar a una embarazada, 700 sueldos.
    Si el feto era varón, 1300.
    Matar a un niño menor de 12 años, 600.
    Si se tratara de una niña, 200.
    Castrar a una persona, 200.
    Si el castrado era miembro de la guardia del monarca, 600.

    Saludos.

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    1. Es curioso que el comensal de un rey valga menos que un feto que tal vez no hubiera tenido futuro por llevárselo cualquier peste antes de superar la infancia. A saber a qué gentuza invitaban los reyes a su mesa! :)

      Feliz tarde

      Bisous

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    2. Buena observación y con gran sentido de ese humor que algunos conocemos.

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  2. Interesante y demostrativa explicación de por qué Europa entre en ese periodo de tinieblas que conocemos como Edad Media.
    No dice nada Cayetano, pero espero que el beso de una mano no suponga condena alguna. Me vería en el peor de los sitios hasta el día del juicio final :)
    Aún así, beso su mano.

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    1. Monsieur, no sé cómo interpretar eso de verse en el peor de los sitios hasta el día del juicio final. Admita que le ha quedado ambiguo, cuando menos, dadas las circunstancias. Y no, no me apellido de Winter, eso son cosas suyas.

      Buenas noches.

      Bisous

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    2. En respuesta a la inquietud del amigo DLT sobre la posibilidad de castigo por hacer uso de ciertas costumbres de los caballeros cuando saludan a una dama, indicar que besar una mano, siempre que sea de forma limpia y comedida y los labios no dejen rastro, como esos aprovechados que usan la mano de las mujeres como servilleta tras zamparse un bocata de sardinas con tomate, no lleva consigo imposición de pena alguna, lo que matizo para tranquilidad de tan educado caballero.
      Beso también su mano, si DLT deja sitio libre para ello.

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    3. Pues si la dama se lo permite, dejo sitio; ya me ocupo yo del brazo, bueno del antebrazo, para empezar, si me autorizan a ello, claro.

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  3. Rotario "modernizó" a su pueblo, al redactar este código Madame. Quizás desde nuesta visión pudiese ser infame y salvaje, pero regló la vida de aquel pueblo.

    Muy interesante. Estuve en el reino lombardo hace dos fines de semana...Hubiese tenido un punto de conversación al respecto :D

    Besos

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    1. Un maravilloso lugar para pasar unas vacaciones. Yo echo de menos el reino lombardo. Espero regresar un día.

      Feliz semana.

      Bisous

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  4. Aunque parezcan leyes primitivas, ya el hecho de plasmarlas por escrito supuso un avance y aunque defendiera la religión arriana, tenía cierto respeto por las demás, lo que ya era bastante para la época. Interesante entrada de un rey del que había oído hablar, imagino que por su código, pero que no sabía nada más.
    Bisous.

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    1. Sí, además, como novedad, el rey se atribuía la función de protector de los débiles, y especialmente de las mujeres, lo que era muy avanzado para la época y el lugar.

      Feliz semana.

      Bisous

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  5. Me resulta fascinante la imagen de un rey analfabeto que dicta un código a un escriba, que además debía traducir su idioma al latín que apenas conocía. Pero con toda su dificultad, qué interesante esa puesta en marcha de una convivencia civilizada, madame.

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    1. Había que renovarse o morir. Con todas sus deficiencias, fue un gran avance para su época, en efecto.

      Feliz tarde

      Bisous

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  6. Tiempos oscuros de una Europa inmersa en un periodo de transición entre un imperio y otra etapa más definida llamada Edad Media. Y desconocida, por ende.
    Un beso

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    1. Sí, en esa oscuridad radica su atractivo. Invita a adentrarse en ella.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Que un iletrado comprendiera la necesidad de codificar leyes, dice mucho de su comprensión de la naturaleza social y humana y también de su inteligencia. Sin leyes, la vida humana es una feroz condena al sufrimiento y al abuso del más fuerte.
    Bisous y buenas tardes.

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    1. Reconforta encontrar aún a quien aprecia las leyes. No parece que sean hoy un valor en alza, puesto que la gente parece haber llegado a la conclusión de que solo deben cumplir aquellas que les gustan.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Conclusión: de ellos nacieron lenguas y costumbres y gracias a ellos existieron los Francos,que fueron uno de los pueblos más influyentes dentro de la Edad Media.

    -Hoy en día sigue siendo uno de los lugares más bellos que conozco la campiña Lombarda.

    Las religiones y sus seguidores:siempre generando controversia acerca de que si el arrianismo o el cristianismo: la cuestión es enzarzarse por algo.-Como poner precio a una persona...

    Bisous feliz jueves.



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    1. Siempre tiene que haber un motivo de enfrentamiento, en efecto. Lástima que muchas veces continúe siendo el religioso.

      Feliz jueves, madame.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)