viernes, 4 de noviembre de 2016

Goswinta, reina visigoda


Goswintha pertenecía a la aristocracia visigoda del siglo VI. Hacia el año 545, o tal vez algo después, se casó con Atanagildo, un poderoso magnate que a la muerte de Teudiselo ya reivindicó su derecho al trono. No lo consiguió entonces, pues fue Agila el elegido. 

Al cabo de un par de años Atanagildo protagonizó una rebelión contra el rey en Sevilla, una gran ciudad habitada por muchas familias de la aristocracia hispano-romana. La rebelión desembocó en una guerra civil durante el transcurso de la cual Atanagildo solicitó ayuda al emperador Justiniano, que envió a sus tropas. La contienda duró tres años. Al cabo de ese tiempo los godos, temiendo que Justiniano aprovechara sus luchas internas para apoderarse de Hispania, decidieron ponerle fin asesinando a Agila y reconociendo como rey a Atanagildo.

El nuevo monarca eligió como capital a Toledo, y allí residía toda la corte. Tenía dos hijas de Goswinta: Galswinta y Brunegilda, que alcanzaron la edad casadera durante los últimos años del reinado de su padre. El rey Sigeberto I de Austrasia eligió por esposa a Brunegilda, a quien Gregorio de Tours describe como bella, virtuosa, juiciosa y de trato agradable. La boda se celebró en Metz, y tras el enlace la nueva reina abjuró del arrianismo para convertirse al catolicismo.


Sigeberto tenía un hermano llamado Chilperico, que era rey de Neustria. Este no se caracterizaba por su rigidez de costumbres y, además de tener varias concubinas, estaba ya casado con Audovera, con quien tenía varios hijos; pero al tener conocimiento de la boda de su hermano con una princesa de tan alto rango, quiso aspirar también él a una hija de rey y solicitó la mano de Galswinta. Logró anular su matrimonio para poder desposarla, de modo que, con Audovera en el convento y libre ya el rey del obstáculo que hubiera impedido el enlace, la hija de Atanagildo partió hacia Neustria. Su esposo la recibió en Rouen y tras la boda también ella, al igual que su hermana, abrazó la fe católica.

El matrimonio fue un fracaso desde el principio, porque Chilperico no cumplió su palabra de alejar a sus concubinas y continuaba siendo el amante de Fredegunda, una aldeana franca que servía en palacio. Galswinta, descontenta, quiere regresar a Hispania, pero, aunque se muestra dispuesta a entregar la dote y abandonar incluso las ricas joyas que ha traído consigo, el rey la retiene con engaños y la hace estrangular en su lecho. Poco después Chilperico se casaba con Fredegunda.

No habría de transcurrir mucho tiempo entre la muerte de la reina de Neustria y la de su padre. Atanagildo fallecía en el año 568, dejando vacante el trono durante cinco meses, hasta la designación de Liuva, duque de la Narbonense. Este asoció al trono a su hermano Leovigildo, quien se hizo cargo de las provincias de Hispania mientras Liuva gobernaba el territorio al norte de los Pirineos. Leovigildo decide reforzar su poder aliándose con la familia del rey difunto, y para ello se casa con la viuda.


Goswinta era mujer inteligente y con gran sentido político, pero también una arriana fanática y, según Gregorio de Tours, la principal instigadora de las persecuciones contra los católicos en tiempos de Leovigildo. Este tenía dos hijos de su primer matrimonio: Hermenegildo y Recaredo, ambos asociados al trono desde muy jóvenes. Goswinta maniobró para que el mayor, Hermenegildo, se prometiera con Ingunda, la hija de Brunegilda y Sigeberto.

Ingunda, apenas una niña, llegaba a su destino en el año 579, pero la felicidad de Goswinta pronto se troca en decepción: la fe católica de su nieta era sólida, y no aceptaba convertirse al arrianismo. Viendo que la persuasión no daba frutos, la reina probó métodos más drásticos y llegó a maltratarla: la agarró del cabello con fuerza, la derribó y comenzó a cubrirla de golpes y patadas que la dejaron ensangrentada. A continuación ordenó que fuese arrojada a la piscina bautismal arriana, pero ni siquiera bajo tan graves circunstancias cedió un ápice Ingunda.

Así las cosas, el ambiente era irrespirable y la convivencia entre ambas un imposible. Leovigildo había confiado a su hijo el gobierno de la Bética y, para aliviar la tensión, se ocupó de el joven matrimonio abandonase cuanto antes la corte para residir en Sevilla. Una vez allí, fue Hermenegildo quien abrazó el catolicismo, por influencia de la esposa y del obispo San Leandro. Ese mismo año se rebela contra su padre y se proclama rey en los territorios que gobernaba, comenzando así una guerra de cinco años. Finalmente el príncipe fue hecho prisionero y moría a manos del carcelero Sisberto.


Ingunda huye con su hijo Atanagildo e intenta buscar refugio en Constantinopla, pero fallece durante la travesía. El rastro del niño se pierde al llegar a Bizancio, donde reinaba el emperador Mauricio.

El triste destino de la princesa no fue lamentado por Goswinta, que por razones de Estado tampoco tuvo empacho en negociar el matrimonio de Recaredo con la hija de Chilperico y Fredegunda. No se detuvo ante la consideración de que Chilperico era el asesino de su hija Galswinta, y si la boda no llegó a celebrarse fue tan solo porque el rey de Neustria moría cuando la novia ya estaba a punto de cruzar la frontera.

En el año 586 fallecía también Leovigildo, pero ello no supuso para la viuda su retirada de la vida pública. Por el contrario, Recaredo hubo de alcanzar un acuerdo con ella en virtud del cual la reconocía como su propia madre. El joven siguió sus consejos y fue un continuador de la política que ella había impulsado. Se trató de nuevo el asunto del matrimonio con una princesa franca, esta vez hermana de Ingunda, pero, dadas las malas experiencias de aquella princesa en la corte de Toledo y su trágico final, en Austrasia no aceptaron la propuesta.

Para entonces Goswinta ya era anciana y una catarata blanca velaba uno de sus ojos, pero sus energías no se hallaban mermadas. Ni siquiera logró fulminarla el peor de los golpes que se le podía asestar: la conversión de Recaredo al catolicismo cuando aún no llevaba un año de reinado. La anciana reina guardó silencio, pero cuando en dos ocasiones los arrianos trataron de sublevarse, ella se lanzó con vigor a las conspiraciones. Junto con el antiguo obispo de su fe, urdió una conjura contra Recaredo. Descubiertos ambos, el obispo fue exiliado mientras que el destino de Goswinta resulta incierto en las crónicas, que nos cuentan, de forma muy ambigua, que “llegó al fin de su vida”, algo que sugiere que tal vez la muerte no se produjo de modo natural.


14 comentarios:

  1. Tenaz, tozuda y tremenda, la mujer de las tres "tes", así se podría denominar a la tal Goswinta.
    Por cierto que vaya nombrecitos que se gastaban los visigodos. Una de las razones de la dificultad para memorizar la famosa lista.
    Feliz tarde.
    Saludos.

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    1. Sí, la verdad es que son horrorosos los nombres. Y se las traen para memorizar. Menos mal que se pasaron de moda. Sería tremendo hoy día ponerle a una niña Goswinta. Pobrecilla.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  2. La imagen de la reina anciana, tuerta ya, pero fuerte y determinada a la acción, pese a la edad, impresiona.
    Aún, aún, aunque en franco desuso, quedan nombre de pila, sobre todo en personas provenientes del medio rural, en algunas zonas de España, con reminiscencias de aquellos tiempos.
    Pues ya que ha nombrado a Leandro, el hermano de San Isidoro de Sevilla, le recuerdo que en esta ciudad existen unos pastelitos de yema, con el nombre del aquél. Habrá que probarlos.
    Beso su mano.

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    1. Ay, sí, es verdad! Muchas gracias por el recordatorio. Cuando vaya a Sevilla a finales de este mes no dejaré de probarlos.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  3. Gracias por el artículo. Siempre me gusta aprender más sobre esta época oscura.

    Una pregunta ¿De quién son los cuadros?

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    1. Muchas gracias por su atención. Los cuadros, comenzando por abajo, son:

      “En tiempos de peligro”, Edmund Blair Leighton, 1897.

      “La educación de los hijos de Clovis”, Sir Lawrence Alma-Tadema, 1861.

      “My fair lady”, Edmund Blair Leighton, 1914.

      “El bautismo de Santa Olga”, Sergey Kirillov, 1993.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  4. Una mujer de armas tomar, como las que siempre trae por aquí Madame.

    Coincido con Cayetano. Esos nombres, complican su memorización. En Toledo hay una cafetería que lleva el nombre de un rey visigodo: Wamba, que es posterior a la historia que nos trae. Es el único rey que recuerdo :D

    Besos Madame

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    1. Casi es un milagro que alguno se llamara Rodrigo. Pero todavía queda por ahí algún Ataúlfo. En cualquier caso, en el artículo hay unas cuantas buenas propuestas para aquellas personas que buscan poner a su bebé un nombre diferente :)

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  5. La anciana reina de este basto imperio era una buena creyente pero con unos métodos poco ortodoxos.

    Que organigrama para poder organizar estos nombres: que por cierto en mi familia materna les encanta; pues varios hermanos de mi abuelo llevan nombres de estos pobladores.

    Las guerras por poder, por fanatismo religioso, por ambiciones descontroladas:que barbaridad.Aun en estos tiempos poco hemos aprendido.

    Feliz día bisous.

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    1. Sí, en esas generaciones aún había nombres godos, pero se van extinguiendo. Las modas cambian, aunque los nombres godos aguantaron muchos siglos.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  6. Deberían obligar a estudiar todo esto en los institutos, en vez de tanto nombre y fecha que los críos olvidan en cuanto aprueban el examen.

    Enseñar a la gente lo que ocurre cuando radicalizas tu postura con ejemplos reales, evitaría llegar a situaciones tan lamentables como las que seguimos viviendo hoy en día, tanto en la escena política como en el día a día de cualquier hijo de vecino.

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    1. Pues sí, debería estudiarse la historia de otra manera, desde luego. Sin embargo, considero consustancial a la naturaleza humana caer una y otra vez en el mismo error, conozca o no el pasado. Parece tratarse de una atracción irresistible para el hombre, lamentablemente.

      Muchas gracias y buenas noches.

      Bisous

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  7. Toda esta historia me resulta familiar, no porque lo haya estudiado en su momento, sino porque hace poco leí una novela, de la que no recuerdo ni el título ni el autor, todos estos sucesos, tanto de Hermenegildo como de Recaredo. De todas formas, era una mujer con agallas y sin ningún tipo de escrúpulo con tal de conseguir lo que quería. Ya está, san google me lo ha buscado: "Trilogía el Sol del reino Godo" de María Gudín.
    Bisous.

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    1. Pues me parece una interesante propuesta de lectura la que nos hace. Desconocía esa trilogía.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)