martes, 29 de noviembre de 2016

Decio, emperador de Roma


Gayo Mesio Quinto Trajano Decio fue uno de los muchos emperadores romanos de origen ilirio. Nació en la Baja Panonia, en la actual Hungría, en el año 201. Antes de llegar al trono había acaparado importantes honores y dignidades: fue senador, cónsul, gobernador de la Hispania Tarraconense y prefecto urbano de Roma, además de comandante de las legiones en la región del Danubio en tiempos de Filipo I. Era esencialmente un soldado, y fueron precisamente las legiones las que, supuestamente en contra de su voluntad, lo proclamaron emperador aún en vida de Filipo, a cuyas tropas hubo de enfrentarse cerca de Verona. Caído este en la batalla y asesinado su hijo por la guardia pretoriana, Decio fue reconocido por el senado.

El nuevo emperador reparó el Coliseo y las calzadas en todo el Imperio, devolvió el poder al senado y restableció la censura, proponiendo como candidato a censor a Valeriano, el futuro emperador; pero este, consciente de los problemas que conllevaba el cargo, declinó el honor. Además Decio trató de asegurarse la sucesión asociando al trono como césares a los dos hijos habidos de su matrimonio con Herenia Etruscila, a la que concedió el título de Augusta.

Una de sus primeras decisiones fue recuperar los viejos cultos y fortalecer a los dioses de Roma, que representaban los valores tradicionales y el modo de mantener un Imperio unificado. Esto se tradujo en una feroz persecución contra los cristianos, a los que trató de obligar a participar en estos cultos y a adorar a su propia figura en todos los rincones del Imperio. Los cristianos ponían en cuestión la adoración al emperador, y Decio consideraba que la base principal de la unidad del Imperio era precisamente esa. Llevaba tan solo unos meses de reinado cuando, en enero del año 250, promulgó un edicto que ordenaba la supresión del cristianismo. Todos tenían que presentar un libelo, es decir, un documento que certificaba que se habían realizado los sacrificios y ofrendas requeridos y que, por tanto, eran fieles a la religión romana. El que se negara, podía ser torturado, desposeído y ejecutado, dejando el castigo a discreción del juez; aunque algunos magistrados corruptos se mostraban tolerantes con los cristianos ricos que podían comprar con oro falsos certificados.


Es en ese mismo año cuando se registra la primera acción bélica de los godos contra los romanos. Venían conducidos por Cniva, un ejército de 70.000 hombres que atravesó el Danubio, entró en Serbia y asedió Nicópolis. Decio acudió con gran cantidad de tropas y los hizo retirarse, pero solo como una estrategia de los godos, que poco después caían por sorpresa sobre los romanos y saqueaban su campamento. El emperador huyó ante los bárbaros, una humillación a la que Roma no estaba habituada.

Cniva continuó su campaña y asedió Filipópolis. Su defensor, Prisco, les abrió las puertas y se proclamó emperador con el apoyo de sus nuevos aliados, una ambición que pronto fue segada por los mismos godos, que lo asesinaban poco después. 

Decio acudió de nuevo a su encuentro y tuvo lugar una terrible y sangrienta batalla en junio del año 251 en territorio búlgaro. Los historiadores romanos dicen que los godos dejaron treinta mil cadáveres sobre el campo de batalla, pero no mencionan cuántos dejaron los romanos, que, puesto que resultaron derrotados, debieron de perder aún más hombres. Tras caer la ciudad en manos de los godos, cien mil personas fueron asesinadas, pero, entretenidos en el saqueo, no contaron con el regreso de Decio, dispuesto al desquite. Aunque Cniva trató de comprar un armisticio y ofreció abandonar la plaza sin cautivos ni botín, el humillado emperador quiso darles un escarmiento y no les permitió retirarse sin luchar. 

Decio había colocado a sus espaldas a Treboniano Galo, su mejor general, pero según el historiador Zósimo, Galo lo traicionó, y entonces fue el emperador quien se encontró atrapado en medio de unas tierras pantanosas. Sin embargo, esta versión ha sido puesta en cuestión por muchos estudiosos.


El hijo del emperador, Herenio Etrusco, cayó mientras dirigía un ataque. Decio lo supo, pero, sin dejar de luchar, se limitó a comentar:

—Uno menos.

Poco después también él perdía la vida allá en Abrito con casi todo su estado mayor. Su cadáver nunca fue recuperado.

Galo, que le sucedió en el trono, compró a los godos aquella paz que Decio no había querido venderles. El nuevo emperador adoptó a Valente Hostiliano, el hijo menor de Decio, como emperador conjunto, casó a su hijo Volusiano con una hermana de Valente y se comprometió a pagar a los godos una suma que los romanos llamaron subsidio y los godos, en cambio, tributo.

Cniva regresó a sus tierras con un buen botín y con la certeza de la debilidad de un Imperio que hasta entonces había parecido invencible. A partir de ese momento los godos ya no dejarían de codiciarlo.


Muchas gracias a cuantos compartisteis con nosotros esas maravillosas jornadas literarias en Sevilla y a cuantos asististeis a la presentación de “La leyenda del enmascarado”. Se agotaron los ejemplares y no alcanzaron para todas las personas que querían llevarse la novela. Para los sevillanos que aún sigan interesados, el domingo entré en La Casa del Libro de Sevilla y vi que lo tienen. 


Gracias a la organización de la feria por haberme invitado a participar de algo tan bonito, y en especial a Elena Marqués. Y, por supuesto, gracias a Jose Ardna y a los amigos sevillanos que me brindaron su hospitalidad.



17 comentarios:

  1. Parece que tú y yo nos pusimos de acuerdo con nuestros romanos respectivos. Ambos con una interesante labor a sus espaldas y que, según nos cuentan, acabaron traicionados.
    Besos, madame.

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    1. Da la impresión de que en Roma todo el mundo acababa traicionado. La ambición de la púrpura era muy fuerte. No sé si valía la pena sobrevivir unos días a la proclamación, en muchos casos.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Ambiciones, traiciones, abusos ... la historia se repite.
    Muchas gracias.
    Besetes.

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    1. Si es que en el fondo seguimos siendo romanos. No somos tan diferentes como imaginamos a veces.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Después de leer a estos endiosados y vanidosos porqué todo es por codicia y, que gran diplomático fue Galo compro la paz, todo tiene un precio.

    Y ya de nuevo por estos lares, se desprende que ha sido todo un éxito, que alegría de verdad.

    Bisous

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    1. Sí, gracias, Bertha. Me quedo con ganas de regresar a Sevilla, donde fui tan bien acogida.

      Buenas noches.

      Bisous

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  4. Comenzaban los tiempos difíciles para Roma con la vigilancia de los limes, y con una situación similar a la que posteriormente se daría en España y Al-Andalus. Un paralelismo entre romanos y los reyezuelos de las taifas que, para mantener la paz, pagaban sus tributos a los bárbaros aquellos y a los reyes cristianos estos, y que al final no les serviría para nada, pues no era más que una inicial muestra de debilidad, cuyo resultado fue la caída de Imperio Romano y la Reconquista.
    Mire, que casualidad, precisamente este fin de semana, de Roma, de la que habla en su entrada, he visto varios y preciosos mosaicos en el Palacio de Lebrija, sí, en la Sevilla donde ha presentado su novela.
    Beso su mano.

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    1. Ah, sí, yo también los estuve viendo este finde. Y tengo algunas fotos que me hizo un valenciano.

      Buenas noches.

      Bisous

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  5. Así es madame, estoy completamente de acuerdo con vos: básicamente los seres humanos, de nuestro hemisferio, claro, para bien y para mal, continuámos siendo como nuestros ancestros romanos.

    Por lo demás, de nuevo, gracias a ti, Montse. Ojalá la próxima vez tu estancia en Sevilla dé para mucho, mucho más. En Cualquier caso espero que vosotros distrutaseis de vuestro periplo hispalense, al menos, tanto como yo de vuestra breve pero esperada y deseada compañía.

    Que tengas una muy feliz velada. Un fuerte abrazo y besos mil.

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    1. Ya lo creo que disfrutamos. Nos hemos hecho el firme propósito de programar un tour por Andalucía con una nueva parada más prolongada en Sevilla, y así poder ver tan bella ciudad con más detenimiento.

      Buenas noches, Jose.

      Bisous

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  6. Se nota que ya los romanos no dominaban el imperio y que los pueblos bárbaros se hacían cada vez más audaces. Me llama la atención las traiciones que comenzaban a suceder, se iba intuyendo quienes iban a dominar en el futuro.
    Bisous.

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    1. Los romanos habían llegado a ser sus propios peores enemigos. Se lo pusieron demasiado fácil al resto, que apenas tenían algo más que hacer que sentarse a esperar a que el fruto estuviera maduro.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. La caída del Imperio parecía definitiva y, a pesar de los esfuerzos del emperador Decio y otros que le siguieron, la sangría de tropas ante la amenaza exterior no hacía sino aumentar.
    Enhorabuena, madame, por su nuevo éxito de convocatoria de público.
    Un beso

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  8. Hola Madame:

    Roma me recuerda tiempos actuales...No hay muertos por batallas, pero si por dialécticas y golpes bajos o incluso con golpes por todo lo alto.

    Ando disperso Madame Vi sus fotos. Me contenta que siga cosechando éxitos.

    Besos

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  9. Las victorias de godos contra Roma debieron ser aniquiladoras para sus ejércitos. Aquellos a los que consideraban bárbaros inferiores, se revelaban como fieros e inteligentes estrategas. Roma estaba tocada. Y en el horizonte, el fin de su Imperio en Occidente.

    Enhorabuena por la acogida sevillana, madame

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  10. hacía tiempo que no me pasaba por aquí. qué gran entrada. asistiendo en primera fila al punto de inflexión de la historia del imperio.
    felicidades por lo de Sevilla, madame.

    bisous!!

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)