miércoles, 12 de octubre de 2016

Mujeres pintoras II


Dean Snow, arqueólogo de la Universidad de Pensilvania, estudió las pinturas rupestres de España y Francia, concluyendo que fueron realizadas en buena parte por mujeres. Los artistas apoyaban su mano sobre el muro y espurreaban los pigmentos desde la boca para marcar la silueta. El 75% de las manos en la Cueva del Castillo, una de las que más muestras ofrece, son femeninas. Snow se basó en el trabajo de John Manning, según el cual la longitud relativa de los dedos difiere en hombres y mujeres, y comparó la proporción entre el índice y el anular, y también frente al meñique. Aplíquenle el margen de error que prefieran y aun así seguirá siendo patente la presencia femenina en el arte desde el comienzo de los siglos.

En la antigüedad ya aparecen noticias de alguna mujer pintora. Plinio el Viejo nos habla de una artista que vivió en Roma en el siglo I a. C.: Lala de Cyzicus, retratista y tallista de marfiles cuyos encargos eran mejor pagados que los de cualquier varón. Se especializó en retratos de mujer, y también elaboraba sus propios autorretratos valiéndose de un espejo. Lala fue una mujer independiente que eligió permanecer soltera.

Otros nombres han llegado hasta nosotros, aunque no sus obras: Timarete, que pintó la estatua de Artemisa en Éfeso; Irene, hija del pintor Cratino; Aristarete, hija de Nearco…


Pero después llegó la Edad Media, y pudiera parecer que sus tinieblas anularon cualquier pretensión femenina de dedicarse a las artes. Las pinturas murales medievales suelen carecer de firma. Cuando las contemplamos solemos asumir, sin más, que fueron realizadas por hombres, puesto que las artes estaban consideradas oficios de los que la mujer quedaba excluida. Sin embargo, parece que no siempre era así. En 1955 se encontraron en el coro del Real Monasterio de Santa Clara de Toro, Zamora, varias pinturas murales hechas con una técnica llamada fresco seco. La sorpresa llegó al descubrir la firma, que dice claramente “TERESA DIEÇ ME FECIT”. 

Las obras del convento, cuya construcción fue impulsada por la reina María de Molina, finalizaron en 1316, y se estima que los murales datan de fecha poco posterior. Teresa Díez dejó también su obra en la Colegiata y la iglesia de San Pedro en Toro. Le han sido igualmente atribuidos los murales de Santa María la Nueva de Zamora y la cabecera del templo de la Hiniesta.


No han faltado especialistas que se resisten a creer que fueran pintados por una mujer, y proponen que Teresa fuera, simplemente, quien financió la obra. Pero olvidan algunas cosas:

1-La inscripción no consiste solo en un nombre, sino que añade expresamente “me fecit” (me hizo).

2- Los mecenas de la época elegían ser enterrados en alguna iglesia o monasterio al que habían favorecido. Pero no hay una tumba de Teresa Díez en ninguno de los lugares donde aparecen sus pinturas.

3-Aun adecuándose a las normas artísticas de su época, la obra es en sí misma un grito feminista. Se aprecia con claridad un predominio de mujeres; pinta 21 escenas sobre Santa Catalina de Alejandría, una mujer sabia que se dedicó desde niña al estudio de las artes, y, precisamente por ser sabia y haber recibido una instrucción que en la Edad Media se negaba a las mujeres, era la patrona de los filósofos. La artista representa también el momento en el que es a una mujer, María Magdalena, a quien primero se aparece Jesús resucitado. Pero es que, además, no es San Jorge el que está detrás matando al dragón, sino Santa Marta. 


Según la leyenda, había un dragón que habitaba en un bosque cerca de Avignon, un monstruo que aterraba a las gentes de la comarca al sumergirse en el río y matar a quienes por él navegaban. Santa Marta partió en su busca y logró amansarlo rociándolo con agua bendita y mostrándole una cruz. Así pudo atarle al cuello el cordón de su túnica y conducirlo hasta un claro del bosque en el que los hombres le dieron muerte. Pero Teresa Díez cambia la historia de modo significativo: en su obra no es ningún hombre, sino una mujer, montada a caballo y armada con lanza y espada, quien mata al dragón al que se ha enfrentado. 

La artista reivindica así el valor, la inteligencia y la formación cultural de la mujer. Diversos autores destacan la importancia de su pintura, a pesar de lo cual no falta quien ha tenido la osadía y el pobre criterio de calificarla de “modesta obra de monja”.

Lucrina Fetti

En cualquier caso, el hecho de que una religiosa se hiciera cargo de alguna obra pictórica dentro de su convento no era inusual. En siglos posteriores conocemos otros casos, como el de Lucrina Fetti, una artista nacida en Roma hacia 1590, hermana del pintor de cámara del duque de Mantua. Fue bautizada como Giustina, pero cambió su nombre por el de Lucrina cuando, contando unos 24 años, optó por ingresar en el convento de Santa Úrsula. Su vocación religiosa no le impidió continuar con la pintura, aunque fundamentalmente se dedicó a retratar a las mujeres de la familia Gonzaga y a pintar para el convento sin remuneración alguna. 

Catalogar sus obras ha sido una ardua tarea, y hasta recientemente algunas de sus pinturas habían sido atribuidas a su hermano, lo que significa que la monja era al menos tan buena como el pintor del poderoso duque de Mantua.


6 comentarios:

  1. Silenciadas, apartadas, ninguneadas... Nadie puede poner puertas al campo. Y la historia acaba poniendo en su sitio a las que fueron injustamente arrinconadas.
    Un saludo, madame.

    ResponderEliminar
  2. La inercia social y de los tiempos ha hecho poco por reconocerlas, pero como usted dice, y viendo la obra de Lucrina Fetti que nos muestra, y que se atribuyó a su hermano, también pintor, queda claro su arte. Es una obra hermosa. Sobre las manos femeninas, ¿qué le puedo decir, que usted no sepa, pues que se la beso.

    ResponderEliminar
  3. Aunque solo fuera por probabilidad estadística -somos la mitad de la población-el legado artístico, científico, técnico y cualquier otro, por lógica ha de ser más abundante de lo que consta en los registros.
    Pase usted una buena semana.

    ResponderEliminar
  4. Es de agradecer que se saque a la luz aunque me hago a la idéa que no es nada fácil, cuando las referencias son tan escasas, esperemos que tirando de un hilo vayas apareciendo más mujeres dedicadas a este bello oficio y a todas las artes.

    Bisous

    ResponderEliminar
  5. Hola Madame:

    Las mujeres siemre han jugado importante papel para la humanidad, pero ya sabe: el establisment quiere permanecer sin cambios...

    Besos. Me ha encantado este post

    ResponderEliminar
  6. Una mujer pintora en la ciudad de Toro, habrá que verlo. Información extensa y muy interesante, como siempre.
    Bisous.

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)