miércoles, 26 de octubre de 2016

Los romanos y las joyas


Lo que los romanos llamaban ornamenta muliebria consistía en una serie de adornos femeninos, básicamente brazaletes, collares, anillos, pendientes, broches y horquillas. A veces las joyas con las que se cubrían las romanas eran tan desmesuradas que, según Plinio, Lollia Paulina, esposa de Calígula, en una ocasión normal podía llevar encima adornos por un valor de 40 millones de sestercios. Y no hacía falta ser la esposa de un emperador para recargarse de asombrosas cantidades de costosas joyas. Las señoras apreciaban especialmente las perlas y las esmeraldas, aunque no los diamantes, pues aún no se había descubierto el modo de tallarlos y pulirlos. 

Lo primero que hacía una matrona cada mañana era ocuparse de su aseo y su atuendo. Después de peinarse y maquillarse, se ponían las joyas con ayuda de esclavas llamadas ornatrices. Utilizaban horquillas que podían tener cabezas redondas o angulares, o con ojos para sujetar los cordones de perlas. Eran populares las que tenían forma de manos humanas. 

El cuello y el pecho se adornaban con collares o cadenas de oro, con perlas y joyas imitando objetos cotidianos: tijeras, anclas, llaves, pinzas o martillos pendían como colgantes. Se han encontrado en Pompeya muchos con cuentas de cristal de esmeralda, algunos con los llamados nudos de Hércules entre las cuentas, también conocidos como nudos de matrimonio, y que eran amuletos. 


Otras cadenas se enrollaban varias veces alrededor del cuello y caían por el pecho sujetando un amuleto de forma redonda que protegía contra la enfermedad y el mal de ojo. Los hombres llevaban la llamada bulla, inicialmente reservada a los hijos de familias nobles hasta la renuncia de la toga praetexta, según una vieja costumbre etrusca, pero extendida después a los hijos legítimos de los libertos. Cuando el niño alcanzaba la edad adulta, abandonaba la bulla junto con sus viejas vestimentas. Pero, por extensión, se llegó a llamar bulla a cualquier objeto parecido. En un periodo posterior las personas adultas, especialmente los generales victoriosos en sus triunfos, solían llevar una bulla protectora.

Los brazaletes tenían frecuentemente forma de serpiente enroscada, símbolo de inmortalidad, o eran simples aros o hilos de oro trenzados. En las tumbas se han encontrado algunos hechos de bronce o metales preciosos. Los etruscos los habían usado como adornos masculinos, y en tiempos del Imperio se les daba brazaletes a los hombres como recompensa por su valor.

Las romanas también llevaban pendientes. Había perlas y joyas sujetas a la oreja mediante ganchos de hilo de oro. Los crotalia eran una variedad que se componía de varios colgantes suspendidos de una barra horizontal. Su nombre deriva del sonido que hacían las perlas al entrechochar. Como no todas las mujeres podían permitirse llevarlos, para una romana eran símbolo de status, pues ese tintineo característico delataba su elevada posición. 

“Dos perlas, una al lado de la otra con una tercera en la parte superior, ahora se llevan en un solo pendiente. Las tontas extravagantes creen probablemente que sus maridos no están lo suficientemente molestos si ellas no llevan colgadas de sus orejas dos o tres herencias”. (Séneca)


Otra moda consistía en llevar como pendiente una única perla grande. Las perlas blancas alcanzaban precios elevadísimos. César regaló a la madre de Marco Bruto una que le había costado seis millones de sestercios (unos 9 millones de euros), y la que bebió Cleopatra disuelta en vinagre valía 5 millones de sestercios. Solían combinarse con lapislázuli, jaspe o cornalina.

Las matronas también gustaban de esmeraldas y amatistas, especialmente por las cualidades que se les atribuían. Se creía que las perlas atraían la felicidad, mientras que las esmeraldas las hacían fértiles.

El precio de los pesados pendientes solía ser tan elevado, que Petronio, en el Satiricón, hace decir a Habinas:

—Si tengo una hija, haré que le corten las orejas.

Se apreciaba mucho el ámbar. Incluso establecieron una ruta para su transporte desde Gdansk. Durante el reinado de Nerón trajeron tuvo lugar una expedición que regresó con tanto ámbar que se decía que era suficiente para construir un estadio. Hacia el final del Imperio, además, llegaban de Oriente zafiros y topacios.

Las romanas únicamente no usaban muchas diademas, aunque se han encontrado algunas que siguen la moda helenística.


Los anillos adornados con joyas y camafeos también alcanzaban un alto valor. Según costumbre heredada de los etruscos, se llevaba en la mano derecha un sello de hierro, algo que las familias antiguas continuaron respetando incluso después de la introducción de anillos de oro. Al principio solo los embajadores enviados al extranjero podían llevar anillos de oro. Era símbolo de su dignidad, y se les proveía de él con dinero público. Luego se extendió a senadores y magistrados de igual categoría, y más tarde a los caballeros. El privilegio acabó tan extendido que en tiempos de los primeros emperadores se había dado el anillo a tantos libertos que la distinción perdió su valor. Después de Adriano dejó de ser un signo de categoría, y Justiniano se lo otorgaba a todos los ciudadanos nacidos libres y libertos. 

Este annulus aureus se distinguía de otros adornados con piedras o camafeos y que podían llevar hombres y mujeres de todas clases. De hecho, las romanas los usaban con profusión, y, aunque los hombres solían llevar solo uno que servía para sellar con cera caliente, también llegaron a adornarse con varios. Tenían unos pequeños cofres especiales para guardar los anillos. Plinio nos cuenta: “Al principio era costumbre llevar anillos en el dedo anular solamente; después también ocupaban el meñique y el índice; solo el dedo corazón quedaba libre. Algunas personas se ponían todos los anillos en el meñique; otros solo ponían un anillo en él para distinguir que lo utilizaban para sellar”.

Los más adinerados tenían juegos de anillos, más ligeros para el verano y más pesados para el invierno, y se exhibían en sus cofres los camafeos que se traían como botín de guerras en el extranjero. Esta exhibición podía ser privada o pública; por ejemplo, Pompeya colocó una colección de camafeos en el Capitolio como ofrenda votiva, y César ofreció seis colecciones al templo de Venus Genetrix.


Por último, se servían de hebillas y broches para sujetar sobre el brazo derecho la palla de las mujeres y los extremos de la toga masculina. Al principio eran de bronce, más tarde de plata y oro, con frecuencia adornados con joyas y camafeos. Aureliano permitió llevar hebillas de oro en vez de plata, incluso a los soldados rasos. También llegaron a usarse monedas para adornar fíbulas o como colgantes.

En el año 215 a. C., a raíz de la derrota de Roma ante Aníbal, se impuso una forzosa austeridad para tratar de paliar las desastrosas consecuencias económicas. Se votó la Lex Oppia, que debía su nombre al tribuno de la plebe Cayo Oppio, una ley que regulaba los límites a los que debía someterse el atuendo femenino: no se permitía llevar más de media onza de oro en joyas y se prohibían los tintes caros.

Cuando la situación mejoró y desapareció el motivo para tanta restricción, las romanas se echaron a la calle en una gran manifestación que reclamaba sus antiguas libertades. Entraron en el Capitolio, ocupando todas las calles y los accesos al Foro. Fueron llegando mujeres desde otras ciudades para unirse a la protesta, y la rebelión alcanzó tales proporciones que Catón hubo de ceder y derogar la ley.


Adelanto que el sábado 26 de noviembre estaré en SEVILLA para presentar mi novela "La leyenda del enmascarado" en la Fiesta del Libro de Bormujos.



13 comentarios:

  1. Creía, porque así me lo dijeron que los pendientes eran señal de esclavitud, pero ya veo que las ricas damas romanas los apreciaban mucho.
    Beso su mano.

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    1. Antes le decía a Cayetano que no se podía ser más malo, pero veo que sí se podía.
      ¿Acaso no sabe usted que la esclavitud es anterior y posterior a Roma? Ya en tiempos de la Biblia, un pendiente en la oreja de un esclavo era la marca del propietario, como hoy en el ganado. De ahí que algunas damas que no somos romanas lo encontremos poco apetecible.

      Feliz tarde

      Bisous



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  2. Por si a alguien le quedaban dudas de la procedencia de la afición femenina por las joyas y la ornamentación fina, esta entrada las disipará seguramente.
    Aunque atribuimos todo o casi todo a los romanos, creo que la tortura que se le inflige a los pies femeninos que abusan de exagerados tacones no es afortunadamente obra de aquellos.
    El amigo DLT hila fino. Jejeje.
    Saludos, madame.

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    1. Sí, los romanos no tienen la culpa de todo, al fin y al cabo. Y el amigo dlt es tan romano que no entiende que algunas damas nunca nos pongamos pendientes. Debió de nacer con la toga puesta.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. No creo que exista cultura sobre el planeta que no haga uso de ornamentación, de quita y pon, o fija como es el caso de tatuajes y escarificaciones. Es algo muy atávico, me parece.
    Pocas mujeres conozco que no exhiban alguna joya, aunque sea una simple alianza.
    Bisous y buenas tardes

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    1. En fin, de vez en cuando hay que hacer alguna pequeña concesión al atavismo.

      Buenas noches.

      Bisous

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  4. Las joyas y ornamentaciones de precio en general; aun hoy son señal de estatus.Sino que diferencia tendrían con los libertos o criados, esclavos : si eran simples mortales.

    Cuando las personas tienen un estatus les encanta mostrar su poderío a la inmensa mayoría.

    -Acerca de las perlas:en muchas culturas no se apreciaban por considerar que traían malas consecuencias adornarse con ellas y sobre todo si era oscura.

    Bisous.

    Menos mal que aunque vayamos ornamentadas





    Y

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  5. ...se ha quedado un trozo de comentario desplazado, disculpas.

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    1. Sí, además de hacer ostentación, asociaban a las piedras preciosas determinadas propiedades, y al mismo tiempo las joyas se convertían en amuletos protectores.

      Buenas noches, Bertha.

      Bisous

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  6. Hola Madame:
    En general me gusta mucho llevar esclavas (las pulseras), que en el caso, en Venezuela, estaban relacionada con la identificación de los esclavos (de ahí la denominación). Ya veo que viene de más atrás

    Besos Madame. Le debo una llamada

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  7. Vaya profusión de datos. Viendo cómo era la joyería en el mundo romano de hace 2000 años, no extraña que hoy sigan siendo los reyes del diseño.
    Espero que haya tenido usted un buen puente, madame.

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    1. Tienen una larga tradición que procuran mimar, y hacen bien. Difícil competir con tanta historia.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)