sábado, 24 de septiembre de 2016

LOS PICTOS


Los pictos fueron un pueblo que habitó las tierras de Escocia desde la antigüedad hasta el siglo X. Se conoce poco acerca de ellos debido, en parte, a que no dejaron registros escritos. Sin embargo, a veces encontramos en las crónicas que se habla de “in veteribus Pictorum libris” (“en los antiguos libros de los pictos"), lo que indica que no eran completamente iletrados. 

"Pictos" era el nombre que dieron los romanos a esta confederación de tribus, un nombre que aparece por primera vez en las obras de Eumenio, un orador del siglo III. Se cree que el término procede del latín “pingere” (pintar), lo que sugiere que pintaban sus cuerpos para la batalla, o los tatuaban. Pero desconocemos cómo se llamaban a sí mismos. Se ha propuesto también que “pictos” podría ser la adaptación latina del nombre que ellos se daban.

Su lenguaje es un misterio, y el significado de los símbolos grabados en piedra sigue siendo desconocido.

A pesar de haberse encontrado varios ejemplos de casas en Orkney, solo podemos especular acerca de su vida cotidiana, religión y estructura social. Las construían de madera, aunque eran muy expertos tallando la piedra.

Se sabe que se establecían en pequeñas comunidades compuestas por familias que pertenecían a un clan, presidido por un jefe tribal. Estos clanes, llamados “kin”, se conocían como Caerini, Cornavii, Lugi, Smertae, Decantae, Carnonacae, Caledonii, Selgovae y Votadini. Actuaban en su propio interés, y a menudo se atacaban para robarse el Ganado, pero se unían cuando los amenazaba un enemigo común y elegían a un jefe para liderar la coalición. 



El reino picto se componía así de varias federaciones, cada una con su propio jefe local que rendía vasallaje a un rey central con derechos de propiedad sobre la tierra y el ganado. Todo le pertenecía y si entablaba batalla tenían que apoyarlo. 

Elaboraron listas de sus reyes, pero no son constatables con anterioridad al año 550, y además apenas consisten en una lista de nombres con algunas notas añadidas de vez en cuando. A partir del 550 los nombres que aparecen en las listas son auténticos, puesto que puede comprobarse cotejándolos con los anales irlandeses y otras obras históricas.

Los hombres eran todos guerreros, pero cuando no tenían que defender sus tierras o a su clan, eran granjeros y pescadores, y las mujeres también pescaban, trabajaban la tierra y criaban a los niños. Aunque a veces se peleaba una tribu contra otra por el ganado, parecen haber vivido casi siempre en paz excepto cuando resultaban amenazados por invasores.

Los pictos se convirtieron al cristianismo hacia el siglo VIII. Los misioneros cristianos habían comenzado a evangelizar esos territories a finales del siglo IV. Con anterioridad, este pueblo practicaba un paganismo tribal que incluía devoción por la naturaleza y por lugares específicos a los que se suponía un poder sobrenatural por ser donde habitaba su diosa, o donde había realizado algún milagro. 


A pesar de haber sido considerados como unos simples salvajes que luchaban contra los romanos, tribus que se negaban a sacrificar su libertad y su modo de vida para entrar en la civilización que ofrecía el invasor, los pictos no eran en realidad esos guerreros tan primitivos. Por el contrario, construyeron una sociedad con un alto grado de sofisticación en el norte de Escocia, sobrepasando en muchos aspectos a sus rivales anglosajones. Así lo demuestra el descubrimiento de las ruinas de un monasterio picto en Portmahomack, que revelan que este pueblo era hábil con las artes y capaz de una arquitectura compleja. El monasterio tenía capacidad para albergar a 150 monjes y trabajadores que elaboraron libros y objetos religiosos que suministraban a otros monasterios.

El lugar fue incendiado en el siglo IX y varias esculturas fueron destrozadas, lo que sugiere que resultó saqueado por una fuerza invasora, probablemente por los vikingos, que intentaban extender sus territorios. 

La unión final de los escotos con los pictos, que culminó con lo que hoy son las Highlands escocesas, se supone que fue la conclusión de un proceso gradual de uniones matrimoniales entre ambos pueblos. Las mujeres estaban consideradas iguales a los hombres, y la sucesión entre los pictos era por línea femenina. El jefe podia ser sucedido por su hermano, o incluso por un sobrino, pero no por vía paterna. Hay razones para creer que el novio era habitualmente un príncipe de visita, y que el matrimonio no se consideraba permanente. La historia irlandesa de Corc, que lleva a Munster a su novia picta probablemente describe un acontecimiento común, lo que explicaría que los reyes irlandeses tuvieran a menudo nombres pictos a partir de finales del siglo VIII, sin que haya indicios de una conquista por parte de aquel pueblo. 


El Venerable Beda escribió en el año 731 que los pictos habían llegado desde el continente, seguramente desde Escandinavia, al norte de Irlanda pidiendo tierras, y que los irlandeses los habían enviado a Escocia. De ahí el mito que cuenta que les dieron esposas escocesas a condición de que su linaje se convirtiera en matrilineal. Sin embargo, algunos estudios apuntan a que los pictos eran en realidad los descendientes de los indígenas de la Edad del Hierro en el norte de Escocia.

Son muchas las leyendas que la imaginación popular ha urdido sobre los pictos. En algunas historias aparecen como pigmeos de piel oscura que por la tarde se ocultaban en agujeros excavados en la tierra, y que de noche tenían poderes mágicos.

El hecho de que escotos y pictos compartieran una misma religion puede haber ayudado a unirse frente a un enemigo común, una union que llevaría a crear el reino de Escocia. Pero aquellos pictos legendarios no desaparecieron, ni tampoco fueron conquistados. Sus descendientes siguen allí, en el norte de Escocia.


“Confío ciegamente en que este día, y esta unión vuestra, será el comienzo de la libertad de toda Britania. La esclavitud nos resulta desconocida; no hay tierra ni mar seguro, amenazados como estamos por una flota romana. Y así en la guerra y en la batalla, donde los valientes encuentran la gloria, hasta el cobarde encontrará la salvación […] No hay tribus más allá, nada excepto olas y rocas, y los aún más terribles romanos, […] ladrones del mundo, que habiendo agotado la tierra con su saqueo universal, depredan los mares. Si el enemigo es rico, son rapaces; si es pobre, ansían el poder; ni el este ni el oeste han sido capaces de satisfacerlos […]. Al robo, la masacre, el saqueo, le dan el nombre de Imperio; dejan desolación y lo llaman paz.”

(Discurso que Tácito atribuye a Calgaco, jefe picto)


Inolvidable presentación en Madrid Muchas gracias a Francisco Legaz por una presentación de quitarse el sombrero, a Vera Kújareva y a Miguel Ángel de Rus por su apoyo siempre y a todos a cuantos os acercasteis ayer a la librería Burma para compartir con nosotros estos momentos preciosos. Fue una tarde de reencuentro con algunos amigos, como Manuel López Paz  y las maravillosas escritoras Charo Martínez y Carmen Martí Fabra. Fue también ocasión de ver por primera vez a viejos amigos blogueros con los que no había coincidido antes. Así pude al fin abrazar a Cayetano Gea Bermejo y a su esposa, a Katy y a su esposo o a José Castro del Álamo. Y a la vez fue una tarde para encontrarme con otras personas que nos acompañaron y que me encantó conocer. Estuvieron los mejores. ¡Mil gracias!




miércoles, 21 de septiembre de 2016

MADRID, MAÑANA JUEVES


Presentación en Madrid de “La leyenda del enmascarado”, el jueves 22 de septiembre a las 19:30h en la librería Burma, calle Ave María, 18, en pleno barrio de Lavapiés.

Fragmento de la obra en:


Este fin de semana continuaremos con la actividad habitual del blog.



lunes, 12 de septiembre de 2016

PRESENTACIÓN EN MADRID, jueves 22 de septiembre


Después de unas deliciosas jornadas literarias en Burela y de la publicación de mi artículo sobre la legitimidad de Luis XIV en la revista catalana Fent Història, tengo el placer de anunciar la presentación en Madrid de “La leyenda del enmascarado”, el jueves 22 de septiembre a las 19:30h en la librería Burma, calle Ave María, 18, en pleno barrio de Lavapiés. 

¡Os esperamos!

Mi artículo en la revista Fent Història

Presentando "La leyenda del enmascarado" en la feria del libro de Burela, con Miguel Ángel de Rus y Salvador Robles.