lunes, 1 de agosto de 2016

Occitania y los cátaros


Occitania, donde se hablaba la lengua de oc (langue d’oc), se correspondía prácticamente con la mitad sur de lo que hoy es Francia. Se oponía a la mitad norte, cuyo idioma era la lengua de oil (langue d’oïl), antepasada del actual idioma francés. Buena parte de estas tierras del sur estaban bajo el dominio o la influencia de la Corona de Aragón, pero también había poderosos señores independientes de facto, y algunos que rendían vasallaje al rey de Francia.

La Edad Media había dejado a la humanidad sumida en las tinieblas. Las invasiones de los bárbaros, el férreo sistema feudal que se fue consolidando a partir de entonces, el poder inmenso de la Iglesia fueron factores que arrinconaron la cultura atesorada por la antigüedad y favorecieron que se fuera imponiendo la superstición y la ignorancia. Es cierto que debemos a los monasterios la conservación de los viejos libros griegos y romanos mediante la labor de los monjes amanuenses que copiaban y traducían los textos, pero la Iglesia trataba de monopolizar la cultura y el arte estaba casi exclusivamente al servicio de la religión: la arquitectura expresaba sus mayores grados de refinamiento al construir catedrales, la literatura que no tuviera fines sacros era escasa y la pintura se empleaba para representar escenas de los Evangelios, puesto que en una época en la que la mayoría de la población era analfabeta, las imágenes resultaban un recurso útil para realizar la labor de adoctrinamiento. 

Sin embargo, Occitania constituía una excepción. Mientras Francia se sumía en la barbarie, allí se apreciaba la cultura y el refinamiento, se componía música y poesía, se celebraban las cortes del amor y se rendía culto a la belleza. 


Si los cantares de gesta tendían a celebrar los ideales caballerescos del valor en batalla, la lealtad y el honor, surgía otra literatura que celebraba el amor. Fueron los poetas del sur, los trovadores, quienes popularizaron el concepto de amor cortés, revolucionario en aquel tiempo. Basándose en ideas de Platón y de escritores árabes, e influenciados por el creciente culto a la Virgen María, estos poetas componían su obra en la lengua occitana. Deificaban a las mujeres, concediéndoles superioridad sobre los hombres, y establecían códigos de cortesía y conducta caballerosa. 

La amada, una figura idealizada, a menudo de alto rango e incluso casada, permanece inalcanzable para su humilde adorador, que debe rendirle homenaje y demostrarle su devoción y lealtad durante un tiempo antes de que su amor sea siquiera reconocido. En este juego la mujer siempre ostenta el liderazgo y establece el tono de la relación. Sus deseos y órdenes son absolutos, y cualquier pretendiente que no los cumpla no es merecedor del honor de obtener su amor. Había un cierto erotismo subyacente bajo estos preceptos, pues se entendía tácitamente que el que persistía llegaría a conseguir un día la recompensa que esperaba.

Los trovadores procedían de todos los estratos sociales. Los nobles occitanos fueron en ocasiones famosos trovadores que componían música y poesía, como Guillermo de Poitiers, el abuelo de Leonor de Aquitania, un personaje singular cuya vida fue tan intensa y azarosa como la de un personaje de novela. El duque de Aquitania mantuvo un prolongado pulso con la Iglesia, a la que desafió de todos los modos posibles, como cuando concibió una violenta pasión por la esposa de su vasallo el vizconde de Châtellerault. La dama, a quien él llamaba Dangerosa (la Peligrosa), llevaba 7 años casada y tenía tres hijos. Sin importarle las consecuencias de sus actos, la raptó de su alcoba y se la llevó a su castillo en Poitiers. Guillermo murió excomulgado, un castigo que no aceptó mansamente: cuando el obispo estaba a punto de pronunciar la sentencia de excomunión en la catedral de Saint-Pierre, Guillermo irrumpió espada en mano, lo agarró por el cuello y amenazó con matarlo si no lo absolvía. Como el obispo se mantuvo firme, él desistió y se limitó a exclamar desdeñoso: 

—No os amo tanto como para enviaros al Paraíso.


Los trovadores también podían ser de origen humilde, como el célebre Bernart de Ventadour, que se supone hijo de un panadero. Incluso hubo mujeres trovadoras, como la condesa Beatriz de Día. En ocasiones estos poetas sólo eran compositores, pero otras veces interpretaban personalmente sus obras, y después los juglares itinerantes, que eran meros intérpretes, iban repitiendo los cantares de castillo en castillo. 

La Tierra de Oc era un oasis de luz en medio de las tinieblas, un mundo destinado a no sobrevivir, a ser aplastado por la oscuridad del Medievo que arrasaba todo a su paso. Fue también la patria de los cátaros, y ellos fueron el pretexto para entrar a sangre y fuego en esos territorios que el rey de Francia ambicionaba y la Iglesia quería sometidos, como el resto, a su control.

Los cátaros suponían un peligro no solo para el poder eclesiástico, sino también para el temporal. Eran una especie de “antisistema” que hacían peligrar la propia base del feudalismo sobre la que se asentaba la sociedad de la época y el poder del rey, puesto que rechazaban todo juramento, y eso incluía el de vasallaje. 

El catarismo afirmaba la existencia de una dualidad creadora que atribuía a Dios el mundo espiritual, las almas, y al demonio el material, los cuerpos, pero también las guerras y la Iglesia católica, todo lo cual rechazaban. Y, como consideraban los cuerpos obra de Satán, era imposible que aceptaran la idea de que Cristo se encarnó en un hombre. Para ellos no había tomado forma material, sino que había sido una aparición. Además rechazaban el Antiguo Testamento, porque el dios que allí se muestra es un sanguinario dios de la guerra que percibían como maligno y opuesto a su idea del bien.


No comían carne, pues pensaban que podían reencarnarse en un animal, aunque sí comían pescado, que consideraban un fruto natural que ofrecía el mar. Pero la mentalidad de un cátaro era avanzada en muchos aspectos. Por ejemplo, sostenían que la mujer tenía la misma dignidad que el hombre, algo sorprendente en aquel siglo en el que Santo Tomás, entre otros, siguiendo las teorías de Aristóteles, decía que el alma entraba en el cuerpo de un varón a los 40 días de la concepción, mientras que en el de una mujer tardaba el doble. Según él, “la mujer es bastarda y defectuosa y en consecuencia debe estar sometida al hombre”. 

Los cátaros no sólo tenían superadas estas cuestiones, sino que además aceptaban las relaciones homosexuales y el suicidio. Los llamados perfectos, el más alto grado de su jerarquía, practicaban la castidad, pero no así el resto de la secta, que podían mantener relaciones sexuales libres, sin buscar la paternidad. El pecado era para ellos traer hijos al mundo, almas que quedaban encerradas en cuerpos materiales creados por Satán.

Eran un peligro para el status quo y la excusa perfecta para que los poderosos dieran rienda suelta a su ambición con la conquista de aquellas tierras. A comienzos del siglo XIII el Papa Inocencio III convocó una cruzada contra ellos, una guerra que llevó la muerte a Occitania y favoreció la expansión hacia el sur del rey de Francia. Con la persecución de los cátaros, tras el holocausto de Montségur, el sur de Francia quedó tan devastado que su cultura terminó por desaparecer.


11 comentarios:

  1. Occitania...Me recuerda cierta novela que he leído últimamente :D

    Ya veo por qué los cátaros eran perseguidos...Enfrentarse al poder tiene esas desventajas.

    Besos Madame

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    1. Sí, no eran una secta más. Amenazaban la base del feudalismo, eran un peligro más allá del aspecto religioso.

      Precisamente hoy que ha escrito usted una estupenda reseña sobre la novela :)

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  2. Pues señora, resulta sumamente interesante esta entrada de hoy. Por las referencias a la doctrina de los cátaros que, en parte, se llevaron la peor parte por su rebeldía, y lo digo porque hay autores que piensan que algunos otros grupos surgidos también por aquellos tiempos, más dóciles al poder romano, se acomodaron en sus estatutos y propias convicciones, a la doctrina oficial, ya no sé si ritos, alcanzando el estatus de Orden. Y como sabrá alguna de ellas fue, una vez asimilada, brazo ejecutor en la persecución de quienes no quisieron ceder en sus creencias a cambio de las prerrogativas que estos y otros alcanzaron.
    Y claro también por hablarnos de ese ambiente delicado y amable del los trovadores y el amor cortés.
    Claro, que mejor momento que éste para besar su mano. Así lo hago.

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    1. La doctrina de los cátaros era abiertamente inacomodable, y además peligrosa. Encima ocupaban unos territorios muy codiciables, de modo que no podía durar mucho la fiesta occitana.

      ¿Le parece a usted un buen momento besar mi mano mientras se chamuscan cátaros, monsieur? Qué peculiar es usted para estas cosas.

      Buenas noches.

      Bisous

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    2. Bueno, es que se la besaba con ardor, ya que hablábamos de fuego.
      Ahora ya no sé que hacer con su otra mano.
      Bueno la tomo y me lo pienso mientras.

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  3. Los famosos cátaros parecen haber sido olvidados durante siglos y hoy vueltos a recuperar por el halo de misterio que les envuelve. Peligrosos debían de ser, dada la crueldad con la que fueron aniquilados y perseguidos. Sus ideas eran demasiado revolucionarias para una sociedad dominada por el férreo control de la Iglesia que no quería oir hablar de la libertad sexual o de la igualdad entre hombres y mujeres. ¿Se imagina que su doctrina y estilo de vida hubieran triunfado?
    Un beso

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    1. Pues si hubieran triunfado, tendría que renunciar al jamón, qué se le va a hacer. Pero por lo demás no suena tan mal.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  4. La ruta de los Cátaros, desde la ciudad de Berga a Montségur, a pie- es una estupenda oportunidad para recrear la historia cátara.
    A la luz de hoy, aparecen como un grupo de idealistas, valientes con un destino fatal porque desafiar al poder, en aquellos tiempos, era firmar la sentencia de muerte.

    Bisous y buena semana

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    1. Y en estos también, en buena parte del planeta.
      No sé cómo hubieran sido las cosas si el poder lo hubieran tenido ellos. Probablemente no tan diferentes al final. Nunca lo son.

      Buenas noches.

      Bisous

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  5. Un peligro para el orden establecido, tanto el político e institucional como el social y el religioso.
    Saludos, Madame. Ya andamos de retorno. De momento.

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    1. Sí, debían desaparecer por todas las razones.

      Bienvenido de regreso, monsieur.

      Buenas noches.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)