sábado, 2 de abril de 2016

La educación en el antiguo Egipto


En Egipto todo el mundo aprendía al menos unos conocimientos básicos en lectura, escritura y aritmética. Se concedía especial importancia a la escritura, de modo que al cumplir cuatro años los niños se convertían en “escribas en la casa de los libros”. Se conservan algunos de aquellos ejercicios infantiles con las correcciones del maestro. La tarea diaria consistía generalmente en tres páginas, y con frecuencia se encuentran sumas al dorso, o dibujos de animales.

La aritmética se aprendía mediante juegos, para que los niños hallaran placer en el aprendizaje. Tenían que repartir manzanas y guirnaldas, o emparejaban púgiles y luchadores por sorteo. No se olvidaba la economía doméstica, y otro de los juegos era distribuir recipientes en los que se mezclaba oro, plata y latón.

La natación y las canciones y danzas sagradas completaban la educación elemental; pero, además de prestar atención a cuerpo y mente, también se atendía a los buenos modales y a la ética.

Las clases terminaban a mediodía y, según el papiro Sallier, los niños salían gritando de alegría. Pero la disciplina era severa: “No pases el día ocioso o serás azotado” (papiro Anastasi).

Después de recibir esta formación elemental, el niño solía ser instruido por su propio padre en algún oficio o técnica artesanal. Pero aquellos destinados a recibir una educación superior pasaban a la universidad. Una alternativa a esto era la formación para determinadas carreras en escuelas especiales a las que asistían desde la infancia


La profesión más codiciada era la de escriba, pero se trataba de un título que abarcaba diferentes categorías, desde el empleado más oscuro, registrador en algún pueblo remoto, a los grandes jefes de los departamentos administrativos, del ejército y de la armada. Era la puerta por la que se llegaba al éxito, la fama, la riqueza y el rango.

Hubo un tiempo en que la escuela de escribas dependía directamente de la corte, y cualquiera que entrara en este centro principesco era educado junto a los hijos de la nobleza, independientemente de cuál fuera su rango. Según el papiro Anastasi, a los niños más despiertos y ambiciosos se les decía que debían “ponerse a trabajar y convertirse en escriba, pues entonces serás un líder entre los hombres… El que sea trabajador y no olvide los libros, puede convertirse en príncipe, o tal vez llegar al Consejo de los Treinta; y si se trata de enviar a un embajador, su nombre es tenido en cuenta en la corte”.

Entrar en el servicio diplomático y ser enviado como embajador era, en efecto, un puesto muy codiciado. Ninguna otra cosa ofrecía tantas posibilidades de ascenso, así que esta carrera despertaba auténtico entusiasmo.

Había una escuela militar para niños que pretendían ingresar en el ejército. Sus familias decidían su futuro a muy temprana edad, pues tenemos constancia de un niño que entró como cadete a los cuatro años y a los 16 se convirtió en capitán. Los príncipes frecuentemente ingresaban en el ejército y eran jefes de los aurigas del faraón. Ser admitido entre los aurigas era un deleite para los niños, pues además de ser una actividad apetecible para ellos, recibían hermosos caballos con los que regresar a su pueblo. Y los aurigas jefes podían aspirar también a un puesto de embajador en cualquier país o incluso de gobernador.


Clemente de Alejandría nos dice que los egipcios poseían 42 libros sagrados, una parte de los cuales trataba del arte de la educación y estaba en manos de una de las clases sacerdotales. Los estudios universitarios incluían la escritura tanto jeroglífica como hierática, geografía, cosmografía, astronomía, geometría teórica y práctica, topografía, arquitectura, escultura y pintura, danza ritual y música, leyes y medicina. Había varios centros de enseñanza, cada uno de ellos especializado en determinada materia. 

En cuanto al gran colegio eclesiástico, se encontraba en Hermópolis. Allí se adoraba a Tot, el dios de la sabiduría que, asistido por Seshat, la diosa de la literatura y las bibliotecas, era el patrón protector de todos aquellos que buscaban el conocimiento. Tot enseñaba a los hombres la ciencia de la aritmética y la medición, las matemáticas, las leyes de la música, la oratoria y el dibujo; la botánica, un sistema médico y un código teológico. Parece haber sido este el gran centro donde se realizaba el aprendizaje teórico, mientras que las ciencias aplicadas se estudiaban más en Menfis y Heliópolis.

La facultad de medicina era una rama del sacerdocio, y aunque los egipcios se jactaban de ser “los más saludables de todos los mortales”, la profesión parece haber florecido en su suelo, lo que indica que en realidad los médicos eran muy necesarios. Había oculistas en gran número, y los dentistas alcanzaron un notable nivel en sus técnicas. Cada dolencia era tratada por el correspondiente especialista, y es de señalar que los ginecólogos casi siempre eran mujeres. El estudiante de medicina tenía una amplia gama de opciones, y debía elegir después de un curso preliminar. La ley no permitía que un médico se ocupara de más de una especialidad.

Seshat es la antigua diosa egipcia de los registros y las medidas. Se representa con forma de mujer que viste una piel de leopardo y sujeta un cálamo con el que anota el paso del tiempo, y en espaciel la duración del reinado del faraón. Sobre la cabeza lleva una hoja de cannabis.

Si el joven mostraba talento artístico, su destino sería Menfis, donde regía el dios Ptah, el que creaba las obras de arte.

Pero la más famosa universidad de la antigüedad era la de Heliópolis, la Ciudad del Sol. Era la más popular, famosa por los profundos conocimientos de sus sacerdotes. El sumo sacerdote era el astrónomo real. Llevaba sobre sus ropas la piel sagrada de leopardo cubierta de estrellas. Todos sus títulos designaban su alto oficio, como por ejemplo “el que ve el secreto del cielo”, o “Consejero Privado del cielo”. La principal asignatura en esta universidad eran las matemáticas aplicadas, con sus dos ramas de astronomía y física. El estudiante se dedicaba primero a la geometría. Acudían extranjeros a aprovechar los conocimientos atesorados en la magnífica biblioteca y a recibir una completa formación científica. Posteriormente tanto la biblioteca como la universidad se trasladaron a Alejandría.




Muchas gracias a cuantas personas nos acompañaron en la presentación de Mujeres en la historia (3). El viernes 15 de abril estaré presentando en Madrid.


Ana Zarzuelo y Montserrat Suáñez



20 comentarios:

  1. Asombrosa civilización, que entre caídas y remontes, duró más de 4.000 años. Ser escriba era un privilegio y una distinción social.
    En un papiro, creo que está ahora en el museo Británico, un padre escriba relataba cómo acompañó a su hijo en su primer día de aprendizaje para convertirse también en escriba, y la manera de aleccionarle en la importancia, responsabilidad y honor de desempeñar dicha profesión. Qué sentido común, delicadeza e inteligencia la de aquel padre egipcio.

    Pase usted una buena tarde, Madame. Bisous

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    1. Fueron una buena civilización, y una que aún nos guarda muchos misterios por descubrir, lo que la hace más apasionante.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  2. Las sociedades, como los seres humanos, nacen, crecen, llegan a su apogeo y decaen. A veces, aunque no siempre, lo que viene después es mucho más atrasado y bárbaro. No estaremos libres nunca de esa dinámica. Si no no se explicaría que una sociedad tan avanzada como la egipcia acabara decayendo, convertida en títere de otros imperios como el macedonio o el romano.
    Un saludo, madame. Feliz fin de semana.

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    1. Así es, la historia describe eternos círculos, y a veces marcha hacia atrás. En algunos casos, como este, resulta especialmente llamativo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  3. La entrada es muy buena Madame

    Cierto que los egipcios tenían una rigidez en su sistema educativo y su cultura fue muy extendida con altibajos.

    Pero todo tiene un inicio y un fin, pero la egipcia posee un.halo de misterio y de enigma que nos deleita por mucho que se conozcan algunos por menores.

    PD

    Por otro lado le deseo lo mejor en su trabajo, los éxitos siempre le estarán marcando su vida.

    Madame la estrella de su fortuna la alienta el gran corso, en tanto que el sol del éxito le sostiene Luís XIV y Diana de Poitiers intriga en su favor junto a Catalina de Medici

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    1. En tal caso, monsieur, no sé si debería inquietarme esto último. Menciona usted a dos damas a las que yo no daría la espalda, y cuyo favor podía resultar peligrosamente mudable.

      Muchas gracias y buenas noches.

      Bisous

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    2. Pues que mejor damas en quienes no fiar, para que los demás se preocupen más si están de su lado o contra usted...

      Pero viendo su fortuna y su estrella, sin duda la verán como una hermosa Atenas.

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  4. Oh, sí, aunque la civilización egipcia nos hace pensar en lo misterioso, lo sobrenatural o nuestro destino, también tenía su componente más racional: la trigonometría, las prácticas médicas o de embalsamamiento, en fin, todo aquello basado en el estudio y la educación a la que tanta importancia dieron y de la que tan bien nos ha instruido hoy.
    Beso su mano.
    PD. Tuve el placer de asistir a la presentación. Habla usted tan bien como escribe.

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    1. Y digamos que usted besa mi mano con tanta elegancia como en el mundo virtual.

      Muchas gracias, monsieur.

      Buenas noches.

      Bisous

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  5. Hola Madame:

    Está civilización siempre me ha fascinado y cada vez que encuentro algo nuevo, me impresiona más. Este proceso educativo, demuestra por qué su civilización duró 40 siglos, y sigue influyendo en las posteriores.

    Besos

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    1. Algo que ellos sabían valorar y cuidar. Conocían su importancia para el progreso.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  6. Bonsoir madame
    Admirable el esplendor cultural del antigüo Egipto y en especial la fabulosa Universidad de Heliópolis; era natural que los sumos sacerdotes presumieran con tanta sabiduría y luego existiesen fricciones con el propio faraón, tal y como leí en "Sinuhé el Egipcio".

    Quería preguntarle si es verídico que Moisés siendo príncipe estudió en Heliópolis?

    Un feliz domingo y buen inicio de semana
    Fred

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    1. Ah, Sinuhé el Egipcio, gran novela de Mika Waltari, una de mis novelas históricas favoritas, sin ninguna duda.

      En cuanto a su pregunta sobre Moisés, así lo afirman también mis fuentes.

      Feliz domingo, monsieur.

      Bisous

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    2. Y por cierto, ya que le gusta Mika Waltari, ha leído usted El ángel sombrío? Si no es así, se la recomiendo encarecidamente. Es sobre la caída de Constantinopla. Una novela absolutamente deliciosa.

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  7. Una civilización que si se enriqueció en cuanto al conocimiento ,era porque sabía convivir con otras culturas: hasta que la religión y los fanatismos estropearon todo.

    No cabe duda que la Cultura es lo que hace que un pueblo sea libre.

    -Veo que ha sido una jornada gratificante el evento,muchas felicidades Montserrat.

    Bisous feliz semana.


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    1. Indudablemente la cultura es indispensable para que las sociedades avancen y convivan en paz. Lástima que no siempre se favorezca su desarrollo, y en ocasiones incluso se le ponga toda clase de trabas.

      Gracias, Bertha.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  8. me ha llamado la atención lo de que 'casi todo el mundo...' podía adquirir esos conocimientos. la vocación por la educación universal, no sabía que venía ya de los egipcios.
    lo del no pases el día ocioso o serás azotado... da que pensar.

    me alegro muchísimo del éxito que está teniendo su gira de presentaciones.
    que tenga una buena semana, madame.
    bisous!!

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    1. Muchas gracias, monsieur. El día 15 estaremos en Madrid. A ver cuándo toca Barcelona.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  9. Describe usted un tipo de enseñanza muy cercano al ideal. Buen método, esa mezcla de goce y severidad. ¿Y las mujeres?
    Petons.

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    1. Pues, como siempre, la educación de las niñas era diferente. Aquellas que no pertenecían a la aristocracia debían aprender a llevar la casa, y también música. El resto no se consideraba esencial para ellas, pero tocar instrumentos, cantar y bailar les podía procurar después un buen puesto en palacio. No todas eran Hipatia.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)