miércoles, 6 de abril de 2016

Enrique VIII y Pavía


Enrique VIII dormía plácidamente en el castillo de Windsor cuando un mensajero se presentó con inusual urgencia, las ropas cubiertas por el polvo del camino y falto de aliento por la frenética cabalgada que lo había conducido hasta allí.

—Debo ver al rey de inmediato. Le traigo una noticia que le alegrará el corazón.

El mensajero fue conducido a presencia de Enrique, quien, aún adormilado, leyó los despachos que le entregaban. Como impulsado por algún resorte invisible, súbitamente saltó del lecho, se arrodilló y comenzó a derramar incontenibles lágrimas de alegría.

—¡Dios mío, os doy las gracias! —exclamó emocionado, y luego se incorporó para dirigirse al mensajero—. ¡Sois como el arcángel San Gabriel, que anunció el nacimiento de Jesús!

Lo que tanto complacía al rey era enterarse de que el ejército francés había sido aplastado por las tropas del emperador a las puertas de Pavía tras un combate que apenas duró una hora. La flor y nata de la caballería francesa había sucumbido, y el rey de los franceses era ahora prisionero de Carlos V.

Carlos V

—¿Y Richard de la Pole? —preguntó ansioso. Le inquietaba el destino de aquel representante de la Casa de York cuya existencia era un constante peligro para su trono, y que estaba al servicio de Francisco I.

—Señor, la Rosa Blanca ha perecido en el combate.

—¿Habéis visto el cadáver?

—Sí, yo mismo lo he visto entre los muertos.

—Que Dios tenga piedad de su alma. ¡El Todopoderoso azota a todos los enemigos de Inglaterra!

Enrique acudió a compartir su alegría con su esposa, Catalina de Aragón, tía del emperador. Ella, transportada de júbilo, olvidó por un instante todas sus desdichas. Era un triunfo para su nación, para su familia y para su propia hija, a la que ya veía al lado del vencedor de Pavía.

Catalina de Aragón

El cardenal Wolsey celebró una misa solemne en la catedral de San Pablo, todo Londres se iluminó con fogatas y los magistrados desfilaron por sus calles al son de las trompetas. En cada cruce de caminos había toneles de los que manaba vino para la población.

Enrique reunió a su Consejo y anunció sus planes: aprovechando la debilidad del enemigo, con el rey prisionero, pronto se pondría al frente de sus tropas, desembarcaría en Francia y reconquistaría cuanto territorio consideraba que le pertenecía. No halló, sin embargo, el entusiasmo que esperaba entre sus consejeros, más conscientes que él de las dificultades económicas de la empresa. Wolsey propuso la solución: él entregaría un tercio de su propia fortuna y solicitaría el resto como contribución extraordinaria a villas y aldeas.

Comenzó a circular el rumor, y con él la agitación del pueblo. El alcalde, furioso, advirtió al cardenal que si se le ocurría exigir más dinero a los ciudadanos, su vida estaría en peligro. Los artesanos del sector textil, en crisis por entonces, ya habían tomado las armas. El duque de Norfolk fue enviado para apaciguarlos, y cuando les preguntó quién era su jefe, un artesano respondió:

—Se llama Pobreza, porque la Pobreza es prima de la Necesidad que nos impulsa a resistir.

María Tudor

El rey tomó conciencia de la magnitud del peligro y dio marcha atrás. Pero no estaba dispuesto a permitir que el emperador se apoderara de todo el botín de Italia para sí. Él quería obtener algún beneficio, y Wolsey apuntó el modo de sacar el mejor provecho posible de aquella victoria ajena: para convertirla en propia, Carlos debía casarse de inmediato con la princesa María. A cambio, cuando el emperador hubiera concluido la conquista de Francia, Enrique sería proclamado rey de los franceses. La ventaja para Carlos era que, como María era la única heredera del rey Inglés, un día el emperador o su descendencia sumarían Francia e Inglaterra a sus ya numerosas posesiones. El emperador sería el amo del mundo.

Carlos no deparó a la propuesta tan buena acogida como él esperaba: no se fiaba de Wolsey, “el mayor pillo del mundo”, como lo llamaba su canciller, y pensaba en los peligros que conllevaba hacer tan poderoso a Enrique, permitiendo así que se convirtiera en una potencia capaz de poner en peligro a sus Países Bajos. Además, no eran tiempos en los que un soberano vencido pudiera ser despojado impunemente de su trono por otra potencia; no sin que esto provocara un clamor de protestas, máxime cuando se trataba de un monarca como Francisco, que había dado muestra de tanto valor y gozaba de tal prestigio.

La victoria había sido realmente aplastante, pero ocultaba un lado que la hacía frágil: los soldados no habían recibido su paga desde hacía un año, y el emperador se veía constantemente amenazado por sublevaciones. Necesitaba mucho oro, y no solo para eso, sino que también se requería para acabar con los luteranos en sus dominios. No disponía de tanto. Francia, en cambio, parecía disponer de riquezas inagotables, porque la madre del rey, Luisa de Saboya, se hizo cargo del gobierno y, tras pagar las deudas de la Corona, aún le sobraba dinero para enviar a aquellos a los que deseaba atraer a su causa.

Francisco I

Tan solo había un hombre capaz de solucionar los problemas económicos del emperador, y este era su cuñado, el rey de Portugal, que le ofrecía una dote mucho más elevada que la de María si se casaba con su hermana Isabel. Y Carlos aceptó.

Había que deshacerse primero del compromiso inglés, de modo que se instruyó al embajador para responder que el emperador estaba dispuesto a casarse a condición de recibir de inmediato la dote, o como mínimo dos terceras partes de la misma. Era sabido que Enrique no podía adelantar esa suma, y la imposibilidad de satisfacerla lo dejaría a él en libertad.

El rey de Inglaterra pronto comprendió que no iba a obtener nada de la batalla de Pavía. Carlos no precisaba de él. Ya era el dueño del mundo, dominaba a la Cristiandad y relegaba a su reino a la categoría de potencia secundaria.



EL VIERNES 15 DE ABRIL ESTARÉ EN MADRID PARA PRESENTAR MUJERES EN LA HISTORIA A LAS 19 HORAS EN LA BIBLIOTECA EUGENIO TRÍAS, CASA DE FIERAS DEL PARQUE DEL RETIRO.

PARA LOS QUE NO PODÁIS ESTAR EL VIERNES A ESA HORA, INTENTO QUEDAR CON VOSOTROS EL SÁBADO 16, TOMAR UN CAFÉ Y APROVECHAR PARA FIRMAROS MI NOVELA O CUALQUIER ANTOLOGÍA. SI OS APUNTÁIS, POR FAVOR, ESCRIBIDME A MI CORREO. LO ENCONTRARÉIS EN MI PERFIL.


MUCHAS GRACIAS


13 comentarios:

  1. Menudo elemento estaba hecho el amigo Enriquito; aunque Francisquito no le iba a la zaga...
    Espero que la presentación en Madrid salga de maravilla. Me apena mucho perdérmela: la semana del 10 al 17 ando por tierras mallorquinas. Me llevaré el IPAD por si hubiera wifi en el hotel y así seguir el evento y los comentarios.
    Saludos y feliz día.

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    1. Gracias, Cayetano. A ver si coincidimos en la próxima.

      Bisous

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  2. La política no cambia...Entonces y ahora...

    Ese viernes estaré Madame. Con mus libros :D

    Besos

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    1. Muchas gracias, Manuel! :)

      Buenas noches.

      Bisous

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  3. Por interés te quiero, aunque su matrimonio (el Emperador con Isabél) salió mejor de lo que esperaba.Parece que las mujeres de la Corte Española eran moneda de cambio siempre.

    Muchas felicidades y sobre todo que salga redondo , nos iremos informando.

    Bisous

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    1. Gracias, Bertha. Ya te avisaré cuando sea la presentación en Canarias.

      Bisous

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  4. La política es casi siempre más lo mismo. Enhorabuena y mucha suerte con el libro. Saludos

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  5. Bien, y además el matrimonio con Isabel de Portugal fue fuente de felicidad para ambos, lo que no es poco en los matrimonio, mayormente por interés, reales.
    Beso su mano.
    Preveo una presentación multitudinaria, señal de éxito seguro.

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    1. Sí, aunque pasaron separados la mayor parte del tiempo, a veces largos años. A lo mejor por eso no se peleaban :)

      Gracias, monsieur, eso esperamos. Buenas noches.

      Bisous

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  6. Sin duda Enrique VIII esperaba sacar provecho de Pavia ya fuera tierras en Francia como lo fuere también la corona francesa.

    Casar con la joven princesa implicaba un gran dilema a Carlos V ya que maría apenas contaba 10 años.
    Así que la princesa portuguesa era más conveniente además la corona lusa podría aportar una mejor dote.

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    1. Sí, Carlos necesitaba dinero con urgencia, pero además encontraba poco interesante la idea de fortalecer tanto a otra potencia, porque en esas cuestiones quien un día era su amigo al siguiente podría ser su enemigo, y prefería tener dos pequeños a uno grande.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  7. Pues el emperador salió ganando, ya que Isabel fue una buena reina y consiguieron formar un matrimonio feliz. La política de entonces y de ahora es un encaje de bolillos.
    Bisous.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)