jueves, 28 de abril de 2016

El apodyterium y las tablillas de maldición


En las termas romanas y también en los edificios destinados a albergar espectáculos públicos había una sala junto al pórtico de entrada que hacía las veces de vestuario. Esta sala, el apodyterium, contaba con una bóveda de cañón y su suelo aparecía decorado con mosaicos, si bien su ornamentación no solía ser tan rica como la del vecino tepidarium. Había bancos de piedra adosados a los muros y hornacinas decoradas en las paredes, para guardar la ropa y el dinero de los ciudadanos. 

No se permitía pasar del apodyterium con la ropa aún puesta, pero en tiempos muy antiguos los romanos se mostraban pudorosos a la hora de desvestirse en las termas; no lo hacían por completo, sino que se bañaban con una especie de calzoncillo llamado subligamentum; sin embargo, a partir del siglo II a. C. comenzaron a desnudarse, tarea en la que eran ayudados por esclavos. Los romanos más acaudalados podían llevar más de un esclavo, pues hacer ostentación en los baños era una de las formas de mostrar el status social. Ellos llevaban los artículos para el aseo con toda la parafernalia: las sandalias, las toallas de lino, aceites, perfume, esponja y todos los utensilios para frotar la piel. Sus funciones podían incluir incluso la de dar masajes.

Los nichos de la pared podían cerrarse mediante puertas de madera, pero a veces carecían de ellas, por lo que los robos eran frecuentes. Para evitarlos, los romanos llevaban consigo a algún esclavo que vigilara sus pertenencias, o bien contrataba sus servicios dentro del propio establecimiento. 


En las termas excavadas en Pompeya hay un escalón bajo frente a los bancos, y en uno de los lados de la habitación se abre una cámara pequeña que pertenecía al capsarius, es decir, el guardián de las ropas de los bañistas. El término capsarius deriva de capsa, nombre dado al armario donde se guardaban cosas de valor.

Pero el capsarius era con frecuencia deshonesto, y se aliaba con los ladrones. En Roma el problema llegó a ser de tal magnitud que fueron precisas leyes muy severas para tratar de atajarlo. El delito de robo en los baños llegó a ser considerado muy grave.

Si se producía, el ciudadano tenía el recurso de apelar a alguno de los dioses en demanda de reparación. Se escribía una maldición contra el ladrón en una tableta y se hacía una ofrenda a la divinidad que se esperaba que interviniera. En el antiguo balneario de Bath, Inglaterra, se encontraron 130 de estas tabletas. En una de ellas se lee: 

“Solinus a la diosa Sulis Minerva. Ofrezco a tu divinidad y majestad mi túnica de baño y mi capa. No permitas que el que me ha dañado duerma ni tenga salud, sea hombre o mujer, libre o esclavo, a menos que confiese y devuelva a tu templo lo robado”. 

Otra de ellas solicita justicia de este modo: 

“Docimedis ha perdido dos guantes y pide que el ladrón responsable pierda mente y ojos en el templo de la diosa.”


La mayoría de estas tablillas de Bath están dirigidas a Sulis Minerva, fusión de la diosa latina con otra divinidad celta, pero en general están destinadas a las divinidades infernales, y también se pueden encontrar algunas en las que no aparece invocado ningún dios. Otras 80 se han hallado en un templo dedicado a Mercurio en West Hill, Uley. 

Las tablillas de maldición no solo tenían por objeto el castigo de los ladrones en los baños públicos, sino que abarcaban una amplia gama de peticiones relacionadas con el afán de venganza: alguna desea incluso la impotencia a un rival comercial. 

Generalmente se escribían sobre finas hojas de plomo, aunque cualquier tipo de material era válido. Contienen a veces fórmulas mágicas intraducibles. Se situaban en diversos lugares: podían ser arrojadas a un manantial, hallarse en el fondo de una fuente, bajo tierra o en algún hueco en los muros, incrustadas en las paredes de los templos, enrolladas, dobladas o clavadas. También podían depositarse en una tumba cuando se solicitaba la intercesión del difunto. Como conjuros de amor, debían ser colocadas en el interior de la casa de la persona amada. A veces aparecen junto a unas figuritas que se pretendía que guardaran un parecido con la persona a la que se pretendía maldecir, y que se solían representar atados de pies y manos.

Las tablillas de maldición también se han hallado en diversos puntos de la península Ibérica, como Córdoba, Sevilla, Málaga, Jaén, Cuenca o Sagunto.


8 comentarios:

  1. La actual "maldición gitana" no anda muy lejos de aquellas costumbres.
    Un saludo, madame.

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  2. Bon nuit madame!

    Ah interesante información de las costumbres de los antigüos romanos. Lo que impresiona es la fe profunda que poseían en sus dioses, digo al menos para tomarse el esfuerzo de preparar estas tablillas...

    Un cordial saludo
    Fred

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  3. Pues no crea que se ha interrumpido la tradición, también las pintadas callejeras sirven para denuncia y maldición. Claro que con menos glamur y estilo que las apodyterium.

    Bisous y pase usted una buena tarde.

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  4. Hola Madame:

    Siempre Roma me impresiona. Toda nuestra sociedad sigue todavía influenciada por su cultura. La fe en los dioses, no está lejos de la que profesan algunos (incluido yo) en su fe actual. Incluso en eso nos han influenciado.

    Besos

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  5. Ah, pues al leer las invocaciones a los dioses, pidiendo todo tipo de infortunios para quienes les habían robado, me ha venido a la mente cuán solicitada estaría también, al menos en Roma, Clocina: “Viva en tu morada por siempre el ladrón de mis bienes”, diría más de uno.
    Beso su mano.

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  6. Amigos de lo ajeno siempre han existido, que curiosa esa forma de manifestar la rabia por lo usurpado con estas maldiciones a sus divinidades y sobre todo los conjuros de amor,que aun se siguen practicando en algunos países.

    Que bien que tenemos un largo fin de semana y por estos lares La feria del Libro.

    Bisous.

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  7. Jamás había oído algo parecido. Roma es fascinante, no hay forma de sorprenderla. Todo lo que pueda ocurrírsenos, el vudú, las maldiciones, etc, ellos ya lo conocían, incluso legislado.

    Un abrazo.

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  8. ¿Te imaginas que escribieras en un papel una maldición al que te ha robado el móvil o la cartera y lo depositaras en un lugar señalado para ello? O mejor: una maldición por internet en una página o red social dedicada a ello. ¡Menuda mina si tuviese éxito!
    Un beso

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)