domingo, 10 de abril de 2016

Carlos V y los comuneros de Castilla: el germen de la rebelión

Carlos I de España y V de Alemania

“¡Vete! ¡Vete! Que la maldición caiga sobre ti, reino de Castilla, que permites y soportas que tus hijos, amigos y vecinos sean asesinados por extranjeros sin tomar venganza. Tú, tierra de Castilla, maldita seas por sufrir que tan noble reino sea gobernado por extranjeros que no te tienen amor, teniendo tú tan grandes príncipes a los que estimas en poco y les causas gran deshonra. Castilla cobarde, Castilla desgraciada, que soportas por engaño, sobornos y astucias, que la segunda persona que contigo has criado y educado vaya a partir de estos países, con gran pesar de todo el pueblo. Puesto que así lo quieres, tendremos que ir en breve a Aragón, donde de todas estas cosas y otras felonías esperamos ser vengados.”

La llegada a España de Carlos I no se produjo sin sembrar gran descontento entre los castellanos, que veían cómo sus consejeros flamencos saqueaban sus tierras y cómo sus nobles cometían impunemente toda clase de desmanes e instalaban un régimen corrupto en el que se ninguneaba a las élites castellanas. Crecía el resentimiento y la oposición junto al deseo de que fuera Fernando, el hermano de Carlos, quien ciñera la corona. Fernando había nacido en Castilla, era uno de ellos, al contrario que aquel joven rey extranjero que desconocía sus costumbres y ni siquiera hablaba su idioma.

En 1518 la ciudad de Valladolid, obligada a acoger a tan numeroso séquito, estaba a punto de estallar. Los clérigos gozaban de un antiguo privilegio que los excusaba de albergar gentes en sus hogares, pero ahora, ante la patente escasez de alojamiento, se los forzaba a hacerlo para dar cabida a todos. Algunos continuaban negándose, y se atrevieron a excomulgar al mariscal aposentador que el propio rey había enviado para hacer cumplir sus órdenes. Libelos difamatorios aparecían clavados en las puertas de las iglesias. Cuando entraba un flamenco, interrumpían la misa y dejaban de cantar

Plaza Mayor de Valladolid

En febrero estaba previsto que Carlos recibiera el juramento de homenaje por parte de las cortes de Castilla, pero tampoco esto podía realizarse sin problemas. El procurador de Burgos no estaba conforme con que presidiese la sesión un extranjero, y exigía que, antes de prestar ese juramento, hiciese otro el rey comprometiéndose a guardar las leyes y costumbres de Castilla. El procurador fue amenazado con la pena de muerte por incurrir en desacato a la persona del rey, pero nada de eso logró hacerle desistir. Puesto que su voz había hallado eco y se extendía por Castilla prendiendo la mecha del descontento, se estimó más prudente dejar correr el asunto y acceder al juramento requerido.

“Muy alto, muy poderoso Rey Católico, nuestro soberano: reunidos vuestros súbditos en este lugar, tanto por mandato de la altísima y poderosísima reina doña Juana como por el vuestro, y a fin de juraros y recibiros como rey de nuestros reinos, para que los gobernéis en la forma acostumbrada, os pedimos antes que escuchéis lo que tenemos que deciros, que es recordaros que la reina doña Juana es la reina de Castilla, y que antes que ella lo fue su madre doña Isabel, que haya gloria, en cuya última voluntad expresó su deseo de que no se concediera oficio ni beneficio en el reino a extranjeros. Mande Vuestra Alteza ver las cláusulas del testamento que de esto hablan. Es también petición de estas cortes que contraigáis matrimonio, para asegurar la sucesión y traer estabilidad a este reino. Os pedimos que no hagáis salir de Castilla a vuestro hermano el infante don Fernando hasta que no hayáis asegurado la sucesión, y que aprendáis el castellano, para poder entenderos con vuestros vasallos.”

Carlos juró cuanto le exigían, pero la desconfianza seguía presente entre el pueblo incluso cuando en la mañana del 7 de febrero se presentaba en la iglesia de San Pablo, donde sería leído el juramento que confirmaba que los castellanos lo aceptaban como su rey. Su hermano Fernando se arrodilló ante él y le besó la mano, y después se procedió a leer la promesa de homenaje, mucho más importante que la anterior, porque no se podía romper sin cometer delito de traición. 

Iglesia de San Pablo, Valladolid

Ya tan solo faltaba cumplir con la difícil tarea de alejar a su hermano. Las cortes le habían pedido que no lo hiciera, y sabía que castellanos y aragoneses se resistirían. Pero el abuelo Maximiliano se había expresado en términos inequívocos: era imprescindible que Fernando fuera enviado a Flandes, donde los nobles castellanos no podrían reunirse para conspirar en torno a él. 

A mediados de abril Carlos despedía a su hermano. Este debía embarcar en Santander, pero pronto se hizo evidente que había en marcha un complot para impedir su partida. El rey había dispuesto que 400 soldados zarpasen con él para ocuparse de su protección, pero no aparecían por ninguna parte, y los pilotos se negaban a partir con la excusa de que no podían hacerse a la mar sin los soldados.

Aquellos hombres se presentaron en Santander tres semanas después de lo previsto. Interrogados acerca del motivo de la tardanza, respondieron:

—Señor, nos habían dicho que el barco llamado La Ángela se había quemado. Pensamos que era cierto, y que entonces la partida sería retardada. Por eso no nos dimos prisa: somos gente pobre, y nuestra bolsa no está tan bien provista para tener que vivir mucho tiempo de ella.

La Ángela no se había quemado. Todavía no. Lo curioso es que eso fue precisamente lo que sucedió después. 

Fernando I del Sacro Imperio Romano Germánico

Carlos se inquietó con estas noticias y procuró acelerar los preparativos del viaje lo más posible, hasta que al fin, a finales de mayo, supo que Fernando había embarcado.

El 12 de enero de 1519 el emperador Maximiliano fallecía a consecuencia de un ataque de apoplejía mientras se encontraba de caza en el Tirol. Carlos era consciente de las dificultades que ofrecería ser elegido como sucesor de su abuelo, pero estaba decidido a ello. El rey de Francia, Francisco I, mostraba la misma determinación, y Carlos buscaba incesantemente dinero para contrarrestar los sobornos de su adversario. 

El 28 de junio se reunían en Frankfurt los príncipes electores con sus trajes de gala color escarlata. En el interior de la iglesia de San Bartolomé eligieron al archiduque Carlos de Austria, duque de Borgoña, rey de España y de Nápoles. El 6 de julio el joven soberano despertaba en Barcelona con el correo que traía la noticia.

Su entusiasmo fue enorme, pero los españoles no lo compartían. Aquella elección significaba que a partir de ese momento tendrían un rey que no podría residir en España, sino que se vería obligado a viajar constantemente para hacerse cargo de sus múltiples asuntos, la mayoría de las veces ajenos por completo a ellos. ¿Quién gobernaría en su ausencia? Porque estos reinos no estaban estructurados como el Imperio, en el que había una serie de príncipes que ejercían de hecho las tareas de gobierno, siendo el emperador una especie de unificador y cabeza visible de todos ellos. 

Maximiliano I

Ni siquiera les gustaba el nuevo tratamiento de “Majestad” que Carlos había adoptado. Se escandalizaron ante ello, pues decían no conocer más Majestad que la del mismo Dios. Pero el peor problema era el hombre de confianza del rey: Guillaume de Croy, señor de Chièvres, empeñado en mantener a toda costa la cada vez más frágil alianza con Francisco I, para lo cual atiende las reclamaciones del francés sobre Navarra. La indignación de los castellanos no tiene límite al enterarse. Lo toman como la mayor de las afrentas, y jamás había alcanzado Chièvres tal grado de impopularidad. Ya estaba bien con que en 1515 hubiera obligado a Carlos a firmar las cartas dirigidas al francés como su “humilde servidor y vasallo”, pero pretender desmembrar sus reinos para regalárselos a Francisco era intolerable. 

Una delegación de Toledo acude en vano a entrevistarse con Carlos. Chièvres no les permite el acceso y los toledanos se sienten agraviados. Tienen un rey que resulta inaccesible para sus súbditos incluso cuando permanece en sus reinos, y esto no les contenta en modo alguno.

Toledo envió una carta a las demás ciudades de Castilla y León. Esa carta, aunque escrita en términos respetuosos, contenía el germen de una rebelión, de una llamada a la resistencia.



Continuará el próximo día con:

II – La guerra civil


18 comentarios:

  1. que bueno es aprender historia de esta manera agil y amena! gracias! un beso.

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  2. Esta España nuestra nunca hemos tenido la horma del zapato bien ajustada:tenían razón, si su "Majestad" se ausentaba tan amenudo es lógico que cada uno hiciese y deshiciese a su antojo:(el ojo del amo engrosa el caballo) y más en una Castilla que ya estaba escarmentada con el padre de su Magestad.

    Feliz día bisous.

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    1. Y en esta España nuestra todo acaba en guerra civil, al parecer. Mire que nos cuesta ponernos de acuerdo en algo.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  3. Un rey que nos salió demasiado "flamenco".
    Saludos desde Mallorca, madame.

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    1. Oh, afortunado, disfrutando de sus vacaciones primaverales en un hermoso lugar.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  4. Resumidito, y bien explicadas las causas de aquella rebelión: el descontento por el rey, hijo de la reina Juana, pero ajeno a todo lo castellano, imponiendo a los suyos. Debió suponer para Carlos una humillación someterse a aquel primer juramento, que se tuvo que tragar, y cumplió a medias.
    Lecciones de historia como ésta y las que nos anuncia sobre este episodio de nuestra memoria, no las podemos disfrutar todos los días. Muchas gracias, señora.
    Beso su mano.

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    1. A usted, monsieur, por su atención. Es un tema complicado, y creo que merece que nos detengamos un poco para tener una idea cabal.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  5. Así se forjan las rebeliones, con ingredientes en los que se mezcla el descontento, la falta de perspicacia política y mucha desidia en la creación de leyes claras en las que el cada cual -gobernadores, delegados y nobleza- sepa dónde está el límite de su influencia.
    Y habrá más, porque no todo en las revueltas tiene una explicación racional. A veces los sentimientos son tan levantiscos que se prefiere perder patrimonio y vida antes que ceder en beneficio general.

    Bisous y pase usted una buena tarde.

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    1. En este caso las leyes estaban clarísimas, pero el rey no consideró necesario someterse a ellas ni con dos juramentos.

      Feliz domingo, madame.

      Bisous

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  6. Muy interesante Madame. Claro y conciso
    Este momento histórico, siempre me ha llamado la atención (Me refiero al reinado de Carlos V en general). Es la época de las primeras exploraciones en el nuevo continente y el germen no solo de está rebelión sino del Imperio Español.

    Besos

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    1. Desde luego. 1519 marca también el germen de lo que sería el imperio español en América. Por allá andaba Hernán Cortés.

      Feliz semana.

      Bisous

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  7. una magnífica entrada, madame. pero buena de verdad.
    esperando ya la segunda parte. ha molado mucho.

    bisous!

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    1. Pues muchas gracias, monsieur. A ver si le mola también la siguiente.

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  8. Me temo que la levantisca aristocracia castellana estaba preparando el levantamiento mucho antes de que Carlos pusiera un pie en sus posesiones. Y no mucho menos se estaba fraguando en Aragón. Tras la mano dura de los Reyes Católicos, se auspiciaban aires de debilidad y no había más que buscar excusas para hacerle la vida imposible a aquel muchacho imberbe que no sabía una palabra de castellano, un extranjero que no sabía nada de su nuevo reino, un hijos de Felipe, aquel archiduque altanero que no había podido domeñar a su suegro. La chispa estaba prendida.
    Un besito

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    1. A veces me pregunto cómo hubiera cambiado la historia si se hubiera hecho diferente arreglo y Fernando se hubiera quedado reinando en España mientras su hermano se contentaba con Alemania. Probablemente mucho, pero ya nunca lo sabremos.

      Pero en cualquier caso, y a la vista de los hechos, yo creo que no tenían que esforzarse mucho por buscar lo que usted llama "excusas".

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  9. Se barruntan problemas... Historia no muy conocida de como el reino de Castilla se sublevó. Seguiremos los acontecimientos.
    Bisous.

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    1. Pronto continuaremos, monsieur. Seguramente el domingo, tras la presentación en Madrid.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)