miércoles, 10 de febrero de 2016

María de Médicis: los años de Florencia (II)


La muerte de Francisco de Médicis cambió la vida de María, porque el nuevo duque tenía un carácter muy diferente. De un natural jovial y agradable, amó a su sobrina como si se tratara de su propia hija. Contrajo matrimonio con Cristina de Lorena, una unión negociada por la abuela de la novia, Catalina de Médicis, ya en el final de sus días. Cristina era aproximadamente de la edad de María, y con su llegada el palacio recuperaba los aires de fiesta y alegría perdidos. 

Junto a María y Antonio de Médicis se educaba Virginio Orsini, hijo del duque de Bracciano. María, puesto que detestaba a su madrastra, extendía a Antonio el odio que le profesaba, pero apreciaba mucho a Virginio. Entre ambos se estableció una camaradería de la que acabaría brotando un sentimiento más tierno.

Aunque el duque había dispuesto que su hija recibiera la instrucción más esmerada, no se le enseñó la lengua francesa; en cambio, recibió amplios conocimientos en cuestión de arte, al que su padre era muy aficionado. Disfrutaba con las matemáticas y, debido al gusto heredado de su padre, se aplicó con pasión al estudio de la pintura, la arquitectura, la música y la escultura, así como a las piedras preciosas. Su habilidad para distinguir las verdaderas de las falsas era notable, pero esta pasión por las joyas iba a llevarla a numerosos dispendios a lo largo de su vida. El teatro, muy de moda en la corte durante los tiempos de su tío Fernando, era también objeto de sus preferencias.

Fernando I de Médicis

Amable y sonriente, no era bonita en realidad. Había heredado el mentón de su madre Habsburgo, y también sus limitaciones intelectuales, que junto al carácter tenaz de su padre formaba una mezcla que la hacía muy testaruda. Pero con todos sus defectos constituía un buen partido, digno de un rey. Su tío estaba decidido a entregarla en las condiciones más ventajosas, y para ello lo primero era poner un poco de orden en casa y establecer los límites a la relación con Virginio. Cristina prohibió al joven que dirigiera la palabra a María, a la que hacía vigilar. Mientras tanto daban comienzo largas y diversas negociaciones destinadas a encontrarle un esposo. 

Fernando soñaba con unirla al hijo del duque de Ferrara, y el inicio de las conversaciones alertó a Europa. El rey de España estaba atento: no quería que los tesoros que acumulaba Florencia fueran a parar, por una alianza peligrosa, a sostener empresas de sus adversarios políticos. Los españoles propusieron a su candidato: el príncipe de Parma; pero este, que tenía puestas sus miras en otra parte, declinó el ofrecimiento. Un segundo surgió entonces: el duque de Braganza, pero esta vez fue Fernando quien lo rechazó.

Cristina, por su parte, pensaba en un candidato de su familia, la Casa de Lorena. Su sorpresa fue grande cuando topó con el frontal rechazo de María. Se culpó por ello a Leonora, a la que se acusó de haberla aconsejado mal. Hubo una escena complicada durante el transcurso de la cual el destino de Leonora pendió de un hilo, aunque al final se libró de ser alejada de la corte.

Cristina de Lorena

Fernando concibió entonces un proyecto auténticamente brillante: prometería a su sobrina con el archiduque heredero del emperador. El duque hizo lo imposible por lograr sus fines, pero sin éxito.

Mientras tanto volvía a aparecer en escena el rey de España proponiendo nuevamente a Braganza. Sin embargo, este no era un príncipe reinante, y el gran duque declaró que no aceptaría menos de eso para su sobrina. Para entonces el emperador parecía cambiar de idea y solicitaba la mano de María, bien para sí o para el archiduque heredero. A tal fin enviaba a Florencia a Corradino para entablar negociaciones. Se acordó el contrato, pero no la fecha del matrimonio. Fernando comprendió pronto que todo era una maniobra de Alemania para impedir que la joven fuera entregada a un adversario político, y que pasado el peligro se rompería el compromiso.

A María tampoco le gustaba ese matrimonio. Ella tenía su propia idea. Una religiosa, célebre en aquel momento en Italia por su santidad, le predijo que un día sería reina de Francia. Esta predicción impresionó la mente de Leonora, ambiciosa e inteligente por las dos, y a partir de ese momento no paró hasta convencer a su señora de que no debía aceptar otra cosa que no fuera esa corona.

Leonora Galigai

Las relaciones entre Francia y Toscana eran muy estrechas en ese momento. Los reyes habían adquirido la costumbre de dirigirse a los banqueros florentinos en busca de dinero, y estos lo entregaban con largueza por interés político. Reinaba ahora Enrique IV, el primer Borbón, cuyo ascenso al trono se había producido con tantas dificultades que el Tesoro estaba exhausto. Era preciso recurrir una vez más al de Florencia.

Enrique estaba casado entonces con Margarita de Valois, pero el cardenal de Gondi aventuró la propuesta de obtener la anulación y quedar así en libertad para desposar a María. Ese primer matrimonio del rey, en efecto, acabaría siendo anulado, pero para entonces el corazón de Enrique, tan fácilmente inflamable, pertenecía enteramente a su amante, Gabriela d’Estrées, y se mostraba decidido a casarse con ella mientras públicamente fingía continuar adelante con la alianza florentina. Todos sus súbditos, y también el Papa, deseaban que volviera a casarse, pero no con su amante. Gabriela, por su parte, se mostraba tan convencida de que el rey cumpliría la palabra que le había dado, que un día llegó a decir:

—Solo Dios o la muerte del rey podrían acabar con mi buena suerte.

No tuvo en cuenta otro factor muy importante: su propia muerte. Gabriela murió muy oportunamente cuando faltaban solo unos días para su boda, en abril de 1599, en circunstancias que nunca han sido suficientemente aclaradas. Muchos son los que se muestran convencidos de que fue envenenada, mientras que otros proponen una eclampsia como causa de la muerte.

Gabriela d'Estrées

Enrique le dio el funeral de una reina e hizo transportar el féretro entre una procesión de príncipes y altos personajes hasta la iglesia de Saint-Germain-l’Auxerrois, donde se ofició la misa de réquiem. 

Las deudas de Francia eran tan enormes que Enrique no tenía otro modo de hacerles frente que aceptar finalmente su matrimonio con la sobrina del gran duque a cambio de una suma fabulosa. Eso era lo único que interesaba. Sobre la novia, apenas nada se preguntó; lo importante era que gozaba de buena salud y parecía perfectamente capacitada para traer varones robustos al mundo. María había esperado largo tiempo hasta ver cumplidas sus aspiraciones. Al fin había logrado su objetivo, pero no hallaría en él la felicidad.


22 comentarios:

  1. Gabriela, a pesar de su apellido, no murió de estrés, sino posiblemente envenenada. Una moda secular. Y María logró su propósito, aunque no la felicidad.
    Un saludo, madame.

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    1. Sí, antes había menos estrés, pero más veneno. Toda época tiene sus inconvenientes. Lo que está claro es que los apellidos no determinan mucho :)

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Hola Madame:
    Una muerte muy "oportuna"... Es posible que lo que tanto se desea, se cumpla, pero a que precio en este caso.

    Besos

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    1. Sí, hay que tener cuidado con los deseos. A veces es mejor no alcanzarlos.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  3. Qué barbaridad. Pura mercancía las damas de entonces (y las de después también, ya lo sé): Su tío estaba decidido a entregarla en las condiciones más ventajosas; luego la prometió al archiduque, más tarde se acordó un contrato en el que se conocía una parte, pero no se concretaba la otra, para finalmente sin preguntar apenas nada más que la salud de la novia, como quien mira la dentadura de un caballo, entregarla a Francia, lo que ella soñaba.
    Pero bueno, pese a todo, una vez reina, quizás infeliz, si pudo dejar de ser un objeto, para convertirse en sujeto de la política. Aunque esto ya nos lo contará usted, con su habitual maestría, supongo.
    Beso su mano.

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    1. Así era en todos los casos el destino de una dama de su rango, que aspiraba a ser moneda de cambio en alianzas internacionales. Nadie las hubiera considerado apenas algo más.

      Muchas gracias, monsieur.

      Buenas noches.

      Bisous

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  4. Sin duda el poder monetario en los Medici los hacia muy propensos a altas expectativas casar a María con un Habsburgo, no era una empresa fácil.

    Los habsburgo tenían un plus muy elevado como para que un simple Medici pudiere aspirar a casar con un archiduque, pero si podían casar a las archiduquesas con príncipes de menor categoría.

    Francia presentaba un.trono más accesible, teniendo en cuenta que ya había habido una alianza dinastica y la necesidad de dinero fue un.importante factor.

    Arnaud d'Aleman

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    1. Sí, Francia en ese momento era accesible porque estaban desesperados por conseguir fondos, pero también porque Catalina de Médicis había abierto el camino al convertirse en reina de Francia.

      Buenas noches.

      Bisous

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    2. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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    3. Realmente no creo que la corte imperial de Austria subestimase a nuestra protagonista, si no llegaron a tender lazos, las razones serían de otra índole. Los Médicis poseían tanto pedigree como las más prestigiosas testas coronadas: la madre de María había sido la archiduquesa Juana de Habsburgo-Jagellón (hija a su vez de los emperadores de Austria).

      ¡Cordial Bienvenida al blog, Anónimo!

      Fred

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  5. Madame permitirme una pequeña corrección en ña que respecta al emperador y el archiduque heredero que menciona.

    El emperador era Rodolfo II y su más próximo heredero eran sus hermanos por el orden siguiente Ernesto (m en 1593), Matías, Maximiliano y Alberto, la corrección radica en que todos eran solteros hasta 1499 en que el último casa con la hija del rey de España.
    Y de ahí no había algún archiduque viudo.

    Perdón por mi atrevimiento.
    Es mi primera participación en este blog y espero no ser molestia a usted Madame

    Me suscribo de usted afectuoso

    Víctor Hugo

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    1. 1599, sí, supongo que quería decir usted en lugar de 1499, porque es cuando se casa con Isabel Clara Eugenia.
      Muchas gracias, monsieur. Quitamos al viudo. Desde luego que no es molestia, todo lo contrario.

      Buenas noches.

      Bisuos

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  6. me voy ubicando. estoy muy despistado. he tardado un rato largo en darme cuenta de que margarita de valois es margot, y eso que acabo de ver la película. en fin. voy cogiendo el hilo.

    bisous!

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    1. Es que usted se gasta muchas confianzas con ella, Tolya. Claro, la llama Margot, y eso no puede ser :)

      Feliz finde.

      Bisous

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  7. María tenía suerte en lo que se refería a posibles propuestas matrimoniales porque le salían novios como churros, unos a propuesta de su padre y otros porque ofrecían su mano, pero parecía que el destino estaba jugando hasta encontrar el marido adecuado: el rey de Francia. Lo que me hace gracia es que le enseñaron en su mocedad muchas cosas: arquitectura, pintura, música... y no francés. Al final le iba a ser de mucha más utilidad.
    Un beso

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    1. Hombre, pues echando un vistazo a la generalidad de los candidatos, lo que usted llama suerte a secas yo lo llamaría "perra suerte".

      Feliz fin de semana, madame.

      Bisous

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  8. Tiempos aciagos donde las doncellas eran utilizadas como moneda de cambio, baranjándose tantos partidos, la joven María se permitía el lujo de rechazar a varios notables pretendientes porque acariciaba la profecía de aquella religiosa (realmente esas predicciones se cumplían eh?).

    Mientras tanto en Francia habían otros obstáculos: Enrique IV aún estaba casado con Margarita de Valois pero mayor incertidumbre era su obsesión con la casquivana Gabrielle, a quien había empeñado su promesa de matrimonio, pero ya sabemos que el primer Borbón era tan voluble, incumplía su palabra como quien cambia de jubones.
    Lo realmente 'Estresante' serían las discusiones de compra-venta para realizar una boda donde la pueril novia aportaría un dote fabulosa que
    reembolsarían las exiguas arcas del tesoro galo.
    Cada vez más interesante estas entradas sobre la juventud y los últimos años de María en su natal Florencia.

    ¡Un cordial saludo madame!
    Fred

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    1. Gracias, monsieur. No continuaremos. Solo pretendíamos mostrar los años menos conocidos de una reina de Francia.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  9. Una fabulosa dote y una gran necesidad fue sin duda lo que daba a María las posibilidades reales se ser reina de Francia.

    Para ser mujer de un Habsburgo se tenia que ser hija de reyes en ese tiempo, de haberse casado con su propio tío el emperador o uno de sus hermanos sin duda hubiere cambiado la historia tal como la conocemos

    Bisous Madame

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    1. Sí, la cuestión es si ella hubiera logrado la felicidad en otra parte. Se le abrían perspectivas aparentemente brillantes, pero no destinadas a alcanzarla, creo yo.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  10. Parece el ejemplo de la profecía autocumplida. La expectativa de María no se frustró y de paso fue instrumentos para aligerar deudas.
    En este caso, como en tantos otros, habría sido preferible la letra del bolero: lo que pudo haber sido y no fue.

    Bisous y feliz fin de semana.

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    1. Es curiosa la cantidad de leyendas sobre profecías hechas a mujeres que llegaron a reinar. No creo que ni la mitad sean verdad, aunque tal vez era, simplemente, lo que decían a todas las jovencitas.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)