domingo, 7 de febrero de 2016

María de Médicis: los años de Florencia (I)


María de Médicis tuvo una infancia triste. Educada en el palacio Pitti de Florencia entre las obras de arte acumuladas por su familia, era una niña de corta edad cuando perdió a su madre, Juana de Habsburgo, la menor de las hijas del emperador Fernando. Su año de nacimiento ha sido objeto de debate. Se han propuesto fechas muy diversas, pero lo más probable es que el acontecimiento tuviera lugar en 1573, dato proporcionado por los archivos de Florencia. Otras fuentes, sin embargo, lo sitúan dos años más tarde. En su momento incluso el sexo de la criatura fue motivo de equívoco, llevando al pueblo a dar grandes muestras de júbilo al creer que se trataba de un varón. Fue una gran decepción constatar el error, especialmente para el padre, que ya lo era de cinco niñas y buscaba desesperadamente un heredero. Juana lo lograría más tarde, pero su hijo no iba a vivir muchos años.

El padre de María era Francisco I de Médicis, que por esas fechas sucedía a Cosme como gran duque de Toscana. Francisco era un hombre vigoroso, violento, dotado de cualidades intelectuales y gustos refinados; pero también era egoísta, vanidoso, cruel y entregado por completo a sus pasiones, que era incapaz de moderar. Su escandalosa relación con la veneciana Bianca Capello había sido la comidilla de toda Italia y de los embajadores extranjeros desde hacía tiempo, y ahora el gran duque se casaba con ella apenas dos meses después de enviudar.

Francisco I de Médicis

Bianca también estaba casada cuando conoció a Francisco. Tenía 15 años cuando contrajo aquel primer matrimonio con el caballero florentino Pietro Bonaventura, con el que se fugó del hogar paterno. Pero el duque la sedujo, compró al marido con un buen puesto y a ella le regaló un palacio junto al suyo para poder tenerla siempre cerca. Pietro moría asesinado en la calle en 1572, y no fueron pocos los que sospecharon que era Francisco quien se ocultaba tras la mano asesina.

Al casarse con Bianca, dejó a sus hijos en el palacio Pitti y se retiró a Pratolino con su flamante esposa. Esta unión causaba gran mortificación a María, y no solo por el abandono y la soledad que supuso para ella. Más tarde confesaría que al ver a la viuda de un burgués de Florencia ocupar el lugar de su madre, “no soportaba la humillación causada por unos amores ilícitos”. 

De esos años María solo guardaba recuerdos dolorosos. Los peligros la asaltaban en los momentos más inesperados. Por tres veces entró el rayo en su alcoba, la primera vez haciendo añicos la ventana, la segunda hiriendo a su servidora y la tercera quemando las cortinas del lecho. Otras tres veces el palacio tembló con los terremotos que sacudieron Florencia. Un día, paseando a la orilla del mar cerca de Pisa, una ola estuvo a punto de engullirla.

Palacio Pitti, Florencia

Las desgracias se sucedían en su vida. En 1583 perdía a su único hermano, y al año siguiente también a su hermana Ana, al tiempo que la mayor, Leonor, partía para casarse con el duque de Mantua. Sus otras hermanas habían muerto en la infancia, antes de que pudiera conocerlas, y ahora se quedaba sola en aquel palacio en el que la etiqueta la condenaba a permanecer encerrada casi todo el tiempo. No quedaba nadie de los suyos que la amara y en quien ella pudiera depositar su confianza, de modo que, al verla sola, sus servidores tuvieron la idea de procurarle la compañía de otra niña. La propuesta fue aprobada por el duque, y así fue como llegó a su lado Leonora Dori, posteriormente conocida como Leonora Galigai. 

De oscuros orígenes y tres años más joven que María, no era bonita, pero sí muy inteligente y dotada de un carácter sumamente alegre. Las dos niñas se entendieron bien desde un principio. Leonora era complaciente, siempre dispuesta a cumplir la voluntad de su ama y a entretenerla. Nada tiene de extraño que María, en su soledad, tomara tanto afecto a esta compañía a la que se aferró con fuerza.

El padre de María había confiado su educación a la señora Orsini, una romana rígida y severa que apenas le permitía ver a nadie y velaba para que su pupila nada supiera de cuestiones políticas. Durante sus estudios se le puso por compañero a Antonio, hijo de Bianca y el duque, nacido antes del matrimonio. Algunas fuentes afirman que en realidad Antonio fue adoptado por ambos, y otras que ella fingió un embarazo ante el afán del duque por ser padre de un varón, ya que con su esposa solo tenía hijas. Esta versión fue animada por el cardenal Fernando, hermano de Francisco y llamado a ser su sucesor en caso de no dejar el duque descendencia legítima. 

Bianca Capello y Antonio

El gran duque moría en 1587, y apenas unas horas después Bianca le seguía al sepulcro, una misteriosa doble muerte que suscitaba muchas sospechas en Florencia. Ambos habían enfermado al mismo tiempo tras cenar después de una jornada de caza, atacados por fuertes dolores abdominales y unas repentinas fiebres a las que sucumbieron al cabo de unos días. En el año 2006 un grupo de profesores y forenses de las Universidades de Florencia y Pavía realizó un estudio que demuestra que existía una elevada presencia de arsénico en los restos de Bianca y el duque. El informe concluye que fueron envenenados. 

El principal sospechoso es Fernando. Antonio no fue aceptado como heredero debido a las irregularidades de su nacimiento, que su tío supo aprovechar muy bien. Fernando se convirtió en el sucesor, y de este modo renunciaba a su capelo. Fue él quien, para acallar los rumores, ordenó una autopsia cuyo resultado indicó convenientemente que ambos habían muerto de “malaria perniciosa”.



23 comentarios:

  1. Por lo menos su servidores la estimaban ,para llegar a tomar esa decisión de hacerle más llevadera su soledad.

    La verdad que tenía un buen Angél de la Guarda: con todos los percances que sucedieron en el palacio.

    Feliz domingo bisous.

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    1. Y además se cumplieron sus ambiciones. Lo que pasa que a veces hay que tener cuidado con lo que se desea, no sea que se cumpla.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  2. Qué peligrosa aquella Florencia, llena de intrigas al servicio de las pasiones, fueran políticas o del corazón. Me pregunto si los restos del señor Bonaventuri se sabe donde están para someterlos a la mima pruebas pericial. Quizás, como apunta, se confirmara aquello de que quien a hierro mata a hierro muere.
    En aquellos tiempos hasta acercar unos labios a un guante podía ser peligroso. En aquellos tiempos.
    Beso su mano.

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    1. No creo que una autopsia al primer marido de Bianca aclarara nada: él no fue envenenado, sino apuñalado en la calle. Es decir, se sabe a ciencia cierta que fue asesinado, y naturalmente el duque en ningún caso lo haría por su propia mano. Los Médici simplemente ordenaban esas cosas a sus esbirros.

      Feliz tarde de domingo.

      Bisous

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    2. Pues sí, disculpe, señora, que poco atento he estado: murió asesinado en la calle. Me ha traicionado el subconsciente, pero el caso es que ambos murieron por voluntad ajena.
      Beso su mano, ahora la otra.

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    3. Algún día tendrá que hablarme de ese subconsciente suyo. Será apasionante, monsieur.

      Bisous

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  3. Al margen de las desgracias que se narran, Madame, vivir la infancia en el Palacio Pitti mientras el padre enamora en otro lugar, no es la más animosa de las infancias en medio del cúmulo más inimaginable de acumulación de obras de arte. con certeza, la mayor riqueza no son los bienes, sino los afectos.

    Bisous.

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    1. Algo que en todas las etapas de su vida iba a ser escaso, y que seguramente hubiera cambiado en muchos momentos por todas esas obras de arte.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. Parece que el mal fario perseguía a María de Médicis, tres rayos, un terremoto, amén de otros riesgos y la destemplanza de afectos forjan un carácter de mucho temple. Imagino una mujer hecha a todas las contrariedades, de lo contrario habría sucumbido al primer resfriado.

    Bisous y buena semana, Madame.

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    1. Sí, y falta le iba a hacer esa preparación para todas las dificultades que aún le quedaban por sobrellevar.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. ser noble en la italia de aquellos años era jugar a un juego muy peligroso. pero ser nada en italia en aquellos años, supongo que era peor.
    feliz tarde de domingo, si es que el oxímoron es posible.

    bisous.

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    1. Eso siempre, monsieur. La esperanza de vida no era precisamente más alta.

      Feliz tarde, ya de lunes.

      Bisous

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  6. Vaya suerte de María, tener tres posibles formas de morir por un rayo y que una ola casi la engulla.

    Tenía un destino por cumplir, sin importar los desastres que le sucedieron.

    Interesante inicio de la vida de María de Medici

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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  7. Hola Madame:
    "Malaria perniciosa"...Se lo rebuscó bien el Cardenal...Pero yo creo que todos sabían la verdad...
    En todo caso, hubiese preferido ser del pueblo llano en aquella Florencia llena de intrigas. Al menos tendría más esperanza de vida (bueno quien sabe).

    Besos Madame

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    1. No crea que podían vivir mucho más un pueblo mal alimentado y sin apenas defensa ante la enfermedad. Eso sí, seguramente no morían envenenados.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Cómo le va Madame, estoy contenta de poder participar en este espacio. Un abrazo cariñoso de quien le admira mucho en América del Sur

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    1. Hola, Pilar, muchas gracias. Encantada de recibirte de nuevo por aquí.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  9. A propósito de la entrada le voy a hacer una confidencia, madame. ¿Sabe que la abuela de María de Médicis, la esposa de Cosme de Médicis, se llamaba Leonor Álvarez de Toledo y era nieta a su vez de Isabel de Zúñiga? Esta mujer era uno de los vástagos de Álvaro de Zuñiga y Guzmán, primer duque de Béjar. Ya ve que los bejaranos siempre estamos hasta en la sopa...
    Un beso

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    1. Estoy familiarizada con la genealogía de los Médicis, en efecto. No en vano dediqué trece años de mi vida a su estudio :)

      Gracias, madame.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  10. Lo del envenenamiento estaba a la orden del día. Cuando se inventen los vehículos a motor se idearán nuevos métodos para quitarse la gente de encima. "Que parezca un accidente". Cada época tiene sus artimañas. La del veneno viene de lejos.
    Un saludo.

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    1. Sí, era un método muy eficaz en unos tiempos en los que no se disponía de muchos medios para detectarlo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Bon nuit madame

    Me alegra sinceramente que inicie estos nuevos episodios sobre la biografía de María de Médicis. Siempre quise conocer detalles sobre la existencia de esta reina, y por lo leído nada fue casual en su existencia...

    Fred

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    1. Su vida en Francia, en especial durante la Regencia, es más conocida, pero me pareció interesante abordar estos primeros años en Florencia, menos veces tratados.

      Buenas noches.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)