lunes, 4 de enero de 2016

Cómodo debe morir


A la muerte del emperador Marco Aurelio en el año 180 comenzó el declive de Roma con una serie de emperadores incompetentes. El primero de ellos fue su hijo, Lucio Aurelio Cómodo, corrupto, depravado y megalómano.

Cómodo era el décimo de los catorce hijos del emperador y su esposa Faustina, y el único varón que sobrevivió a su padre. Para Marco Aurelio fue una decepción. Trató de darle a Cómodo la mejor educación posible, pero poco podía hacerse ante la patente falta de cualidades y aptitudes para el gobierno, tareas que resultaban tediosas para el joven. Padre e hijo eran tan diferentes que algunos veían en ello la prueba de la ilegitimidad de su nacimiento, suponiéndolo fruto de una relación extramatrimonial de Faustina con un gladiador durante unas vacaciones en la costa.

Al morir Marco Aurelio, Cómodo tenía 18 años. Se encontraba por entonces en plena campaña militar en la frontera norte cuando el acontecimiento le hizo regresar y negociar la paz. Y ese fue todo el trabajo que se tomó: a partir de ahí dejó el gobierno en manos ajenas mientras él se entregaba a sus placeres.

Durante su reinado se pusieron en marcha diversas conspiraciones contra su persona. Una de ellas fue encabezada por su propia hermana Lucila, resentida porque su padre no los había tenido en cuenta a ella y a su segundo esposo, Claudio Pompeyano, a la hora de designar un heredero. El marido, que carecía de ambiciones y nunca aspiró a la púrpura, no participó en el complot, pero sí un sobrino suyo que se suponía que era amante tanto de la libertina Lucila como de su hija. El plan era simple: el joven Pompeyano apuñalaría a Cómodo al entrar en el Coliseo. Pero el asesino, que no parece que tuviera muchas luces, quiso adornarlo demasiado y al levantar la daga, en lugar de clavarla de inmediato en el cuerpo del emperador, se detuvo a exclamar:

—¡Esta es la daga que te envía el senado!


Antes de que pudiera terminar de pronunciar la frase, ya tenía encima a la guardia pretoriana. El complot había fracasado, y los conspiradores fueron todos ejecutados, lo que incluía a varios importantes senadores. En cuanto a Lucila, primero fue desterrada a Capri junto con su hija y otra hermana a la que había arrastrado también a la conspiración. Poco después las tres eran condenadas a muerte.

Tras este complot, Cómodo se negaba a aparecer en público, y toda comunicación con él debía pasar por el hombre que había ganado su confianza y que realmente detentaba el poder: Tigidio Perenio, prefecto de la guardia pretoriana. Tigidio se tomó tan en serio su papel y fue tan contundente a la hora de eliminar a cualquier rival que se opusiera a su autoridad que se labró muchas enemistades. 

Con el paso del tiempo iba acumulando tanta riqueza y poder que comenzó a creerse el verdadero emperador. Solo le quedaba un pequeño paso para ello, y era deshacerse de Cómodo. Pero el liberto Marco Aurelio Cleandro iba a desbaratar sus planes. Cleandro, favorito del emperador, en el año 185 tuvo noticias del complot y se ocupó de hacerlas llegar hasta Cómodo, que ordenó la inmediata ejecución de Perenio y sus hijos.

Cleandro ocupó a partir de entonces el lugar del traidor, y se comportó como él, aplastando toda oposición. La corrupción alcanzaba sus más altas cimas; todo estaba en venta: asientos en el senado, mandos del ejército, gobiernos y cargos eran adjudicados al mejor postor. Cómodo estaba al tanto, y de hecho percibía parte de los beneficios, pero no participaba en la vida pública. Tras los atentados pasaba gran parte del tiempo fuera de Roma, en las fincas de su familia. Lo único que parecía interesarle era el deporte, y muy activamente. Lejos de limitarse a ser espectador, participaba en carreras de carros, luchas de gladiadores y combates con fieras, generalmente en privado aunque a veces también en público. En una ocasión derrotó a una pantera en combate singular.


La suerte del liberto no duraría mucho. En 190 una terrible hambruna iba a causar su caída. Se interrumpió el suministro de grano y se culpó de ello a Cleandro, a quien se acusó de haberlo comprado todo. La gente se enfureció y unos días más tarde, durante una carrera de caballos en el circo Máximo, hubo una revuelta pidiendo su cabeza. La multitud recorrió las calles hacia la residencia del emperador en la villa de los Quintili. Cómodo temió por su vida y abandonó al favorito a su suerte. Cleandro había buscado protección ante él, pero el emperador optó por seguir los consejos de su amante, Marcia, y lo hizo decapitar. La cabeza, ensartada en una pica, fue paseada por las calles de Roma.

A partir de ese momento Cómodo fue consciente de que era preciso tomar él mismo las riendas del gobierno. Iba a cambiar, en efecto, pero no para bien: lo hizo como encarnación de Hércules. Orgulloso de su físico y de su fuerza, aparecía en público con una capa hecha de piel de león que cubría su cabeza, y sujetando el garrote característico de Hércules. El senado fue obligado a declararlo divinidad viviente. Ordenó que no lo llamaran Cómodo, hijo de Marco, sino Hércules, hijo de Júpiter, pues era evidente que poseía su misma fuerza e inteligencia. Erigía estatuas suyas de esa guisa por toda la ciudad, con el deseo de que inspiraran temor hacia su persona, e incluso ordenó decapitar al coloso de Nerón y reemplazar la cabeza con la suya. A raíz de un incendio que destruyó buena parte de Roma en el 191, aprovechó la oportunidad para considerarse a sí mismo el nuevo fundador de la ciudad reconstruida, a la que bautizó como Colonia Comodiana. Luego cambió los nombres a los meses y los sustituyó por los doce que se había dado a sí mismo: Lucius, Aelius, Aurelius, Commodus, Augustus, Herculeus, Romanus, Exsuperatorius, Amazonius, Invictus, Felix, Pius. 
Brutia Crispina

Se había vuelto tan paranoico que no hacía falta un complot para que ordenara la muerte de alguien. A veces bastaba con que fueran suficientemente ricos y capaces para considerar que eso los hacía peligrosos. Temía la mera posibilidad de que un día llegaran a conspirar contra su vida. Otras veces, cuando su extravagante estilo de vida había agotado prácticamente el tesoro, encontraba el modo de volver a llenarlo acusando de traición a los senadores y confiscando sus bienes. Hacía años que había hecho ejecutar a su esposa, Brutia Crispina, con la que lo habían casado a los 16 años. Cómodo se divorció de ella cuando se encontraba probablemente encinta. Crispina fue acusada de traición y adulterio y, al igual que Lucila, sufrió el exilio en Capri hasta que fue estrangulada. El emperador no volvió a casarse, sino que situó a su lado a la cristiana Marcia, que recibía casi todos los honores de una emperatriz.

Una de las aficiones de Cómodo que la gente veía con más desconcierto era la de participar en competiciones de gladiadores. Pero, si al principio combatía contra verdaderos luchadores, en igualdad de condiciones, ahora a veces utilizaba moribundos o inválidos. Le gustaba hacer que maniataran y amordazaran a hombres que habían perdido brazos o piernas durante la guerra o debido a algún accidente. Ordenaba que los colocaran así en el centro del anfiteatro, donde los atravesaba con su espada, algo que repugnaba especialmente al ejército y enconaba los ánimos. También disfrutaba disparando flechas contra diversos animales sobre una plataforma. Pero se mostraba celoso de los gladiadores que alcanzaran fama por sus hazañas en la arena. En una ocasión, al oír que un bestiario montado a caballo había dado muerte a un león con una jabalina, lo hizo ejecutar.

Cuando el día de Año Nuevo de 193 decidió luchar en la arena para celebrar la refundación de Roma, su amante y el jefe de la guardia pretoriana comprendieron que había llegado todo demasiado lejos. Durante un tiempo Marcia había conseguido hacer que Cómodo se moderara, pero ya no había nada capaz de sujetar al emperador. Aunque trataron de hablar con él y hacerle recapacitar, solo consiguieron enfurecerlo y hacer que añadiera sus nombres a una larga lista de personas que tenía intención de ejecutar. Siguiendo el bello relato de Herodiano, cuando ella se enteró, exclamó para sí:

—¡Bien, Cómodo! ¡Esta es tu gratitud por mi afecto y amor frente a tu arrogancia y a tus borracheras, que he soportado durante tantos años! ¡Pero tú, borracho, no vas a librarte de una mujer sobria!


Más tarde le trajo, como de costumbre, un vaso de vino, que el emperador solía tomar a la hora del baño, antes de acostarse. O, mejor, dicho, a la hora de uno de sus baños, porque cuentan que solía bañarse siete veces al día. Pero esta vez el vaso contenía también un veneno.

El plan fracasó de Nuevo, pues Cómodo vomitó el veneno. Los conspiradores tenían que actuar rápido, antes de que acabaran por ser descubiertos, de modo que enviaron al liberto Narciso, un luchador profesional, con la misión de estrangularlo.

Narciso cumplió con su cometido y asesinó al emperador. Al día siguiente de su muerte el senado lo declaraba enemigo público y decretaba una damnatio memoriae. Se eliminó su nombre de todo registro y sus estatuas fueron destruidas; pero la suerte volvería a cambiar para Cómodo después de muerto, porque en 195 Septimio Severo hizo que el senado decretara la restitutio memoriae y le devolviera la divinidad perdida.


22 comentarios:

  1. Un dechado de virtudes. O fue fruto de una educación equivocada, que dudo mucho por ser su padre quien era o, como comentas en el post, posiblemente su padre era otro. Un psicópata al estilo de Calígula y, en sus primeros tiempos como emperador, dejando que manejaran otros los hilos del imperio, hizo honor a su nombre aunque no a su cargo.
    Un saludo, madame.

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    1. La genética es como una lotería. No siempre te toca lo que esperas. Y la educación a veces cae en saco roto. Llama la atención la progresiva degeneración mental de tantos emperadores romanos. Aun en el supuesto de que todo haya sido exagerado por sus enemigos, hay base suficiente para asombrarse.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  2. Triste nombre el de Cómodo, relacionado con la larga lista de emperadores locos tales como Calígula o Domiciano. Sus caprichos no tenían fin y ya no sabía cómo amplificar su poder, no con el buen gobierno o con la victoria en los campos de batalla, sino en demostrarlo a través de las más inusitadas y poco edificantes formas. Quizá sufrían de algún mal psicológico como pueden demostrar su megalomanía o la manía de bañarse siete veces. Se lo dejo a los expertos en el tema.
    Un beso

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    1. En realidad él hizo honor a su nombre de Cómodo. Así se puso mientras otros gobernaban. Y casi era mejor, porque cuando decidía hacer algo era para echarse a temblar.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  3. Bonsoir Madame

    Resulta sorprendente ver como el Poder Absoluto Corrompe Absolutamente.
    Cómodo es un reflejo de sus predecesores pues su megalomanía recuerda a Nerón y su crueldad a Tiberio.
    Desgarrador final para Cómodo y su entorno.

    Un cordial saludo
    Fred

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    1. Así es. Son muchos los emperadores romanos que siguieron ese camino. En el caso de Cómodo lo que resulta desconcertante es haber tenido un padre tan diferente.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  4. Lamentable sucesor de Marco Aurelio. Nunca deja de asombrarme el grado de locura y rareza que alcanzaron algunos emperadores romanos.
    Besos.

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    1. La adulación y el poder absoluto acaban produciendo monstruos tiránicos. En esos emperadores tenemos el ejemplo. Acababan creyéndose realmente divinos.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  5. Es lo que les pasa a las mentes ociosas. En lugar de dedicar sus fuerzas a las campañas militares y defensa del imperio, se daban a una vida de molicie, adquiriendo todos tipo de vicios y pudriendo su mente hasta enloquecer. También sus genes harían lo suyo, también. Y no fue el único que acabó así, como éste o incluso peor.
    Beso su mano.

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    1. Ya estoy aquí, monsieur.
      Pues los genes en este caso fueron un poco vagos y prefirieron no intervenir. Al menos los de su padre.
      Procuraremos no darnos una vida de molicie, monsieur, no vaya a ser.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  6. Hola Madame: Definitivamente hay quienes no deben llegar al poder. Este es un ejemplo. Un final que quizás no se merecía, pero quien sabe...

    Me contenta que el mosquetero por fin llegara :D

    Besos

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    1. Cómodo nunca fue prometedor, pero la verdad es que tampoco parecía que fuera a terminar tan chalado.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  7. las dementes acciones de Cómodo, algunos historiadores lo atribuyen a que recibió una educación más intelectual que militar, pero me parece una contradicción: si los primeros años de su formación, los pasó con su padre en campos de batalla y se le nombró cónsul con 15 años.No cabe duda que tenía algún problema de tipo psicológico, porqué físicamente era un hombre guapo(según los cánones de la época).

    Felices Reyes, yo espero que por lo menos un trozo de carbón me ponga:)

    Bisous.

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    1. Sí, es raro que recibiera una educación intelectual pero que lo único que le interesara fuera el deporte. Estaba considerado un hombre muy guapo, desde luego, pero se lo tenía demasiado creído, me parece a mí.

      Felices Reyes también para usted, madame. Seguro que se portan bien y le traen cosas mejores que el trozo de carbón.

      Bisous

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  8. Hola Madame, soy Pilar, qué gusto poder saludarte por este medio. Te podría nombrar a algunos «Cómodos» que existen en la actualidad. En Ecuador tenemos uno. Un abrazo y mi admiración de siempre

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    1. Pilar, qué sorpresa! Veo que al fin has podido dejar tu comentario.
      El problema, en efecto, es que sigue habiendo demasiados cómodos y comodones en el mundo. A ver cuándo nos vemos libres de ellos.

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  9. ahora le pongo cara. la de robert plummer en 'la caída del imperio romano' ¿verdad? en la película muere en uno de esos duelos, creo.
    en fin. una entrada interesantísima, como siempre.

    bisous madame!

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    1. Pues mire que tenía usted emperadores donde elegir cara, pero bueno, si le hace ilusión la de Cómodo... Guapo era, qué diantres.

      Feliz tarde, monsieur.

      Bisous

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  10. ¡Menudo pájaro! Feliz año, madame.

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    1. Feliz año, monsieur, por mi parte con un poco de retraso!

      Bisous

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  11. Lo de Cómodo no creo que fuera tan cómodo en un mundo de tantas intrigas y conspiraciones. Gracias por desmenuzarnos la historia y ofrecérnosla tan gentilmente.

    Bisous.

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    1. Bueno, él sabía desentenderse bien de todo. Hasta que ya no fue posible.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)