viernes, 4 de diciembre de 2015

Subasta de esposas


En otro tiempo no tan lejano, y en algunos lugares también en la actualidad, la mujer era una más de las propiedades de su esposo, y como tal, a finales del siglo XVII llegó a oficializarse en Inglaterra la costumbre de venderla al mejor postor en pública subasta. Al parecer la venta era anunciada con antelación, seguramente a través de anuncios en el periódico local y de un modo denigrante que la ofrecía describiéndola como “pechugona”, o “para disfrutar de la diversión del corazón”. Otros maridos buscaban su propio método publicitario: en 1825 un hombre decidió ir cantando por las calles una canción en la que describía los méritos de su esposa y que se había ocupado de imprimir para repartir copias.

La subasta solía llevarse a cabo en algún mercado, ya que de una mercancía se trataba al fin y al cabo. Ella comparecía con un ronzal alrededor del cuello, la cintura o el pecho. Cuando el evento terminaba, la mujer pasaba a manos del hombre que la había comprado, y que se convertía así en su nuevo esposo. Se trataba de acontecimientos que llegaron a ser tan populares que en 1806 hubo que suspender una subasta en Hull debido a la enorme cantidad de público que se había dado cita aquel día para observar o participar.  Durante la época victoriana se batieron records de asistencia en Inglaterra, y sin embargo se trataba de algo prácticamente desconocido tanto en Gales como en Escocia.

Favoreció la implantación de esta práctica el hecho de que hasta 1753 no se registraban los matrimonios ni se exigía una ceremonia formal. Pero las subastas se mantuvieron hasta comienzos del siglo XX. En fecha tan tardía como 1913 una mujer se presentó ante la policía de Leeds para denunciar que su marido la había vendido a uno de sus compañeros de trabajo por una libra.


Para el marido que no podía costearse un divorcio, la subasta era el mejor modo de desembarazarse de una esposa que ya no deseaba. Semejante abuso no tenía ninguna base legal, pero se mantuvo durante tanto tiempo ante la absoluta pasividad de las autoridades, que hasta la segunda mitad del XIX no comenzaron a perseguir tímidamente estas ventas. A comienzos de ese siglo los comisionados de las Poor Laws, el sistema de ayuda a los pobres, llegaban a obligar a recurrir a este método a los maridos que no pudieran mantener a sus familias.

Solo a partir de entonces constan registros de algunas esposas que manifestaban su oposición a ser vendidas, una resistencia que hubiera sido impensable durante el siglo anterior. En Lincolnshire, a finales del XVIII, un jurado dictaminó que un marido no tenía derecho a reclamar a su esposa una vez vendida, con lo cual estaban legitimando dicha práctica. Hasta mediados del XIX, si un magistrado trataba de impedir una de estas subastas se arriesgaba a ser golpeado por la multitud, pues la gente no quería renunciar a costumbre tan arraigada.

En algunos casos, sin embargo, era la forma que tenía la mujer de desembarazarse de un matrimonio indeseable, y ella misma promovía la subasta e incluso aportaba el dinero que debía servir para su compra. A veces el comprador era ya el amante de la mujer. El antiguo esposo quedaba así eximido de cualquier responsabilidad económica hacia ella, y el amante no podía recibir por parte de él ninguna reclamación por daños a su propiedad, detalles que a veces se plasmaban en un contrato en el momento de efectuarse la venta. Así se resolvió, por ejemplo, un incidente en 1804, cuando el marido sorprendió a su mujer en la cama con otro hombre.


Otro de los motivos para efectuarse una compra de este tipo fueron los arranques caballerosos que pretendían liberar a la mujer de los malos tratos que sufría a manos de su esposo. The Gentleman’s Magazine nos cuenta este caso, acaecido en 1832:

“El duque de Chandos, estando en una pequeña posada rural, vio al hostelero golpear a su mujer de una manera sumamente cruel. Interfirió y literalmente la compró por media corona. Ella era joven y bonita; el duque la educó, y a la muerte del esposo se casó con ella…”

A veces el comprador no quedaba satisfecho con el producto y volvía a subastarla. En 1824 se subastó en Manchester una mujer cuyo nuevo dueño decidió revenderla por casi la mitad de lo que había pagado por ella. También se admitían pagos en especie. De hecho, existe constancia de una mujer que fue vendida por cincuenta guineas y un caballo.

Ha quedado registro de algún caso en que la decisión de vender a la esposa fue producto del arrebato momentáneo durante una pelea conyugal o de una borrachera en la taberna, un asunto que terminaba con el arrepentimiento una vez sobrio de nuevo. Sin embargo, para un carpintero de Southwark, víctima de su propia embriaguez en 1766, fue demasiado tarde: cuando tomó conciencia de lo que había hecho, se apresuró a pedir a su mujer que regresara a su lado, pero ella no quiso hacerlo, y él, desesperado, se ahorcó.

En cuanto a los precios alcanzados, podríamos decir que el más bajo fue un vaso de cerveza si no fuera porque en alguna ocasión la mujer fue cedida con inusitada generosidad, de modo completamente gratuito.



22 comentarios:

  1. Evidentemente, cualquier tiempo pasado no fue mejor.
    Una forma un tanto bestia de deshacerse de la parienta, aunque algunos tendrían casi que pagar para lograr su propósito.
    Un saludo y feliz fin de semana.

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    1. Pues sí, ya ve qué barato las vendían a veces, y hasta las regalaban si alguien quería llevárselas.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Este texto me ha dejado un sabor amargo en la boca insoportable. Odio la época victoriana, cuanto más leo sobre ella más asco me preduce.

    Saludos Madame

    Lady Allyria

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    1. Sin embargo no se generó la costumbre en esa época, aunque se mantuvo en auge durante esa época aún.

      Feliz tarde, Lady Allyria.

      Bisous

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  3. Quitando el duque de Chandos , lo demás me parecen unos brutos como se puede llegar a esos extremos que una mujer sea una mercadería, pues nunca mejor dicho que el camino ha sido espinoso pero ha valido la pena...

    Claro que a nosotras nos pilla con el paso cambiado y en esa época y esos lugares pues lo verían cómo una cosa natural...

    Feliz puente bisous.

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    1. Lo malo es que en muchos lugares lo siguen viendo igual de natural, y cosas igual de aberrantes se practican tomando por objeto a la mujer.

      Feliz puente también para usted.

      Bisous

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  4. No se, si reir o llorar. Es terrible la forma en que la ignorancia hacía vivir a estas personas. No lo puedo entender.

    Un abrazo.

    mariarosa

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    1. Una ignorancia que siempre favorecía al varón, como todo lo demás.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  5. Desconocía por completo estas practicas, que en tiempos tan relativamente recientes aún ocurrían. No quiero, aunque puedo imaginar muy bien lo que estaría pasando por su cabeza al escribir sobre estas barbaridades.
    Beso su mano.

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    1. Lo más grave, monsieur, es que, en efecto, la gente no suele saberlo, como si fuera algo que no tuviera la suficiente relevancia para ocupar una página de la historia. Es indignante desde todos los puntos de vista, incluido el silencio con el que el tema es tratado hoy. No es un asunto que interese mucho, al parecer.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Madre mía

    Sin lugar a dudas como hombre que soy me avergüenzan estas historias ocultas a todos en la historia, apenas conocemos una pizca de todos los malos tratos recibidos por las mujeres y los niños.

    Aun en esta época de libertad existen cosas aberrantes y personas que tienen una mente retorcida y muy arcaica, sin duda muchas mujeres sufrieron, otras atenuaron sus males y a otras les fue peor...

    Una venta madre mía, me a impresionado mucho

    Beso su mano

    Arnaud d'Aleman

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    1. Sí, ese es uno de los principales problemas: lo que afecta solo a la mujer parece que no es tan importante para ser divulgado. Lo cual significa que algo no está superado.

      No sé por qué blogger me había enviado su comentario a spam. De casualidad lo he visto y lo he rescatado.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  7. Es una triste realidad que, como decis, se sigue practicando con sus variantes a lo largo y ancho del mundo. El hombre no ha entendido plenamente la igualdad, la consideración y el respeto entre ambos y ha practicado y practica mil felonías vejatorias que son repugnantes. Le felicito, Madame, por su publicación, porque sin denuncia no se crea conciencia ciudadana.

    Bisous.

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    1. Así es. Corremos el riesgo de que ciertos comportamientos terminen asumiéndose como normales si no se denuncian.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Hola Madame:

    Como decía Mafalda, la mujer, mas que un papel, ha jugado un trapo en la historia. Tengo uno conocido que ha tomado esposa de una forma similar. Tienen 4 hijos...

    Besos

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    1. Me deja usted aterrada. O sea, que me está hablando usted de ahora mismo y de nuestro mundo occidental. Es para llorar.

      Feliz tarde

      Bisous

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  9. Lo asombroso, conocida la historia de la humanidad en lo que atañe a nuestro género, es que en Occidente las mujeres tengamos hoy un estatus de libertad y derechos -algunos no en su plenitud, de acuerdo- que hace menos de cien años era una quimera.
    Madame, en mi opinión, la culpa la tiene un error evolutivo. Si fuéramos más grandes y fuertes otro gallo cantaría.
    Nuestra constitución física propicia todo tipo de abusos, ahora bien, si los hombres tuvieran un físico menos potente, veríamos quién subastaba a quién. Claro que, como me contestó un día mi sobrina: y si la abuela tuviera ruedas sería una bicicleta.
    En fin, lo más tenebroso del asunto es que avancen costumbres religiosas oscurantistas, las del velo, y no precisamente el baile de los siete velos, que relegan a la mujer a la condición de mascota del hombre.
    Bisous y pase usted un buen fin de semana

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    1. Lo que tenemos hoy era una quimera hace cien años y hace cincuenta también. En los años 70 en España una mujer no podía ni comprar bienes inmuebles sin autorización expresa del marido.

      Si nos hubiera tocado a nosotras cazar mamuts, supongo que hoy día los papeles estarían invertidos, en efecto. Igual de lamentable hubiera sido, en tal caso.

      Tan lamentable como lo que nos comenta nuestro amigo Manuel más arriba. Él no se refiere a gente con velo. En todos los potes cuecen habas, madame.

      Feliz tarde.

      Bisous

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  10. “Pues no es para quejarse. Seguro que la mujer estaba orgullosa cuando veía a los hombres pujar por ella. A lo mejor era ella misma la que provocaba al marido para que la vendiera y así irse con otro, la muy…”(Comentario de uno que yo sé que acaba de leer el post)
    Desde luego, doy Gracias a Dios por la época y lugar que me ha tocado vivir.
    Besos, Madame.

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    1. Pues yo, después de leer su comentario, no sé si pedir un cambio de época, porque me ha parecido aterrador que todavía estemos así. Lo que pasa que no sé a qué otra época cambiarme: no parece haber ninguna mejor tampoco.

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Y entonces se vanagloriaba Gran Bretaña de ser un gran imperio... Primero habría que reformar el corazón, el núcleo mismo de ese dominio, para luego implantar una civilización en las colonias, territorios atrasados y poblados de herejes paganos, según su criterio. ¡Qué hipocresía!
    Un beso

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    1. Uy, madame, pues si nos miráramos el ombligo...
      Está claro que civilización e Imperio no tienen mucho que ver, puesto que estos se conquistaban por la fuerza y no por la cultura.

      Feliz domingo

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)