sábado, 12 de diciembre de 2015

Curiosas costumbres funerarias


En tiempos de las antiguas dinastías chinas, los féretros que contenían los restos de los difuntos se colocaban en lo alto de acantilados rocosos para que estuvieran cerca del cielo. En las alturas pensaban también los parsis de Bombay, que, siguiendo su religión zoroástrica, practicaban un rito que en los últimos cien años ha caído en desuso. Los parsis bañaban a los muertos y los vestían con ropas de algodón blanco para luego colocarlos en lo alto de las llamadas torres del silencio, construidas en la cima de una colina lejos de la población y a las que solo unos pocos tenían acceso. Allí la carne era devorada por los buitres y de ese modo no contaminaría la tierra. Luego los huesos, una vez limpios de todo elemento impuro, eran arrojados al osario situado en el centro del edificio. Los cadáveres se depositaban siguiendo un orden preciso: los niños en la parte más interior, las mujeres en el centro y los hombres en el lado más externo. Pero antes de conducirlos hasta las torres, hacían que un perro viera el cadáver. Se trataba de perros destinados especialmente a confirmar que la persona no estaba viva, y llevaban marcados dos ojos sobre los suyos reales.

Resulta curioso constatar que las desigualdades sociales ya estaban presentes en el Neolítico. Un equipo de la Universidad del País Vasco al investigar enterramientos de Álava y La Rioja no encontró en ellos mujeres ni niños menores de cinco años, lo que indica que los enterramientos colectivos no eran igualitarios.

El suicidio no siempre fue contemplado del mismo modo por todas las civilizaciones y en todas las épocas. Aunque en la antigüedad solía admitirse, en Roma el rey Tarquino el Soberbio decretó que se pusiera una cruz en los cadáveres de los suicidas, que debían ser abandonados a merced de los animales salvajes. Se trató de una medida que se vio obligado a adoptar para combatir una fuerte oleada de suicidios que se estaban produciendo.


En Occidente quitarse la vida estaba tan mal visto que las familias procuraban ocultarlo. En Inglaterra, al ser considerado el suicida como criminal, sus propiedades eran confiscadas, por lo que la familia se quedaba sin la herencia. Pero más preocupación aún causaba el temor que inspiraban quienes elegían darse muerte, dado que era creencia común que sus espíritus volvían a la tierra. Para impedirlo, sus parientes los enterraban en los cruces de los caminos. De ese modo pensaban que creaban confusión y evitaban que encontraran el camino de regreso. Por si esto no era suficiente, se les solía clavar una estaca en el corazón, método considerado infalible.

Era la misma medida empleada contra los vampiros. En Europa Oriental era práctica corriente introducir un ajo en la boca, y a veces en todos los orificios corporales, además de atravesarles el corazón antes de enterrarlos. En las regiones sajonas de Alemania en lugar de ajo era un limón lo que se ponía en la boca de cualquier difunto sospechoso de ser un vampiro. Los gitanos tenían sus propios ritos al respecto: clavaban agujas de hierro y acero en el corazón y depositaban en la boca, orejas, dedos y sobre los ojos pequeños fragmentos de acero. Introducían espino en el calcetín del difunto y le clavaban una estaca de espino en las piernas o ponían una barrera de plantas espinosas alrededor de la tumba. En Polonia eran decapitados y luego se colocaba la cabeza entre las piernas.

General Santa Anna

A veces no solo eran seres humanos los que se enterraban con todos los honores; podían inhumarse las cosas más curiosas, como por ejemplo la pierna amputada del general mexicano Antonio López de Santa Anna. El 4 de diciembre de 1938, durante una escaramuza en Veracruz con el ejército francés, una bala de cañón le destrozó la pierna, siendo necesario amputarla por debajo de la rodilla. El general hizo celebrar una misa de réquiem por ella en la iglesia de Zempoala, seguida de un funeral de Estado. Finalmente la pierna fue enterrada en el cementerio de Santa Paula. Más tarde sería trasladada a Ciudad de México, donde volvería a ser inhumada con toda pompa y ceremonia. No descansó en paz la pierna, porque años después, durante el transcurso de una revuelta popular, fue desenterrada y arrastrada por las calles. Mientras tanto el general, conocido como el “quince uñas”, llevaba una prótesis de corcho que también acabaría perdiendo en la batalla de Cerro Gordo contra Estados Unidos.

La pierna posiblemente no sea lo más extraño que ha llegado a ser enterrado con todo boato. La mosca de Virgilio ofrece dura competencia a la hora de reclamar el título. El gobierno planeaba confiscar las tierras de Virgilio y parcelarlas para entregárselas a los veteranos de guerra, pero la ley permitía excluir aquellas propiedades en las que hubiera un mausoleo. Para poder acogerse a la excepción, el romano organizó un costoso funeral con plañideras, músicos, invitados célebres y lectura poética, todo para enterrar a una mosca que hizo pasar por su amada mascota. La burla le costó cara, pero consiguió retener sus tierras.

Durante la Edad Media morir lejos de casa llegó a ser un problema de proporciones considerables. Los nobles caballeros deseaban que su cuerpo reposara en sus tierras, junto a los suyos, pero el viaje era largo y los métodos para conservar el cadáver mientras tanto dejaban bastante que desear. Se empapaba en vinagre o se le trataba con sal y luego se envolvía en pieles de animales, pero ninguna precaución solía ser eficaz para evitar la pestilencia. Debido a ello se introdujo un nuevo método llamado mos teutonicus, consistente en cortar al difunto en pedazos y luego hervirlo. De esta manera el hueso quedaba separado de la carne; esta era enterrada en el lugar en el que había fallecido y solo los huesos eran transportados hasta su hogar.


Las campanillas de los muertos fueron un elemento habitual durante esos siglos oscuros. En Escocia el funeral era acompañado del sonido de las campanas, una de las cuales quedaba instalada en la lápida para ahuyentar a los espíritus malignos. Pero tenían también un uso considerablemente más práctico, y que dio origen a la expresión “salvados por la campana”. Muchas veces se cometían errores al dar por muerta a una persona que en realidad aún vivía. Para tratar de evitarlo, el cuerpo solía estar en la casa durante dos días en los que era velado por la familia, pasados los cuales era trasladado al cementerio para ser inhumado. Allí la familia sujetaba la muñeca del muerto con un hilo que pasaba a través de un agujero en el ataúd y se ataba en el otro extremo a una campanilla. Si esta se movía, era la señal de que la persona se encontraba con vida.

Otra práctica, especialmente común en el este de Escocia durante los siglos XVII y XVIII fue la de contratar a un campanero que anunciara por los pueblos el nombre del difunto.

El inconveniente de la campanilla que se ponía a disposición del difunto era que no siempre había alguien cerca para escuchar su sonido. En la Europa del siglo XIX continuaban siendo relativamente frecuentes los errores que se cometían a la hora de declarar fallecida a una persona, de modo que para combatir el problema se crearon hospitales para muertos, lugares a los que eran conducidos los cadáveres para ser vigilados. Cuando daban señales de putrefacción, era que el difunto había muerto de verdad.

Osario de Sedlec

En cuanto a la tumba más macabra, probablemente sea el Osario de Sedlec, en la República Checa. En 1278 el rey Otocar II de Bohemia envió a Tierra Santa al abad de la Orden del Císter. A su regreso, el abad trajo consigo tierra del monte del Calvario y roció con ella el cementerio de la abadía, por lo que todo el mundo deseaba ser enterrado en aquel lugar santo. Durante la época de la peste y las guerras husitas fueron tantos los inhumados allí que hubo que ampliar el cementerio y se construyó una iglesia en el centro. Bajo ella se encuentra la pequeña capilla que contiene el espectacular osario, sueño de cualquier gótico. Cuando en 1870 un carpintero fue contratado para poner los montones de huesos en orden, este desató su creatividad y elaboró con ellos una enorme lámpara de araña que contiene unidades de cada hueso del cuerpo humano, guirnaldas de cráneos que cubren las bóvedas y otros motivos ornamentales elaborados con los mismos materiales. Un total de entre 40.000 y 70.000 esqueletos están dispuestos artísticamente para decorar el lugar.


13 comentarios:

  1. Muy divertida y didáctica la entrada, a pesar del tono macabro al más genuino estilo de las películas de temática "gore". O precisamente por eso: lo escatológico, en su doble significado, siempre gusta o llama la atención. Lo de morirse por partes y a plazos, como el célebre general, tiene su puntito: es la única manera que tiene uno de poder asistir a su propio entierro, aunque solo se trate de una pierna. Pero lo de la campanilla para que el difunto avise es lo más: no sea que en vez de muerto solo lo esté a medias; algo que haría las delicias de Poe, que siempre andaba con la catalepsia a vueltas.
    No hay cosa más apegada a la vida que reírnos de la muerte.
    Un saludo, madame.

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    1. Pues me ha recordado usted con su comentario algo que se me quedó en el tintero: Carlos V organizando en vida su propio funeral, o eso se cuenta, aunque tal vez sea pura leyenda.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Lo de dónde o cómo enterrar a los difuntos, en especial a los que fueron célebres en vida, parece quitar el sueño a más de uno, cada cual por sus razones. A Alarico aún andan buscándolo en el lecho del río italiano próximo al lugar de su muerte. Dicen que la muerte nos iguala a todos. Supongo, que así es, pese a que haya formas, lugares y pompas para todos los gustos.
    Beso su mano.

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    1. Cómo que nos iguala a todos? Pero bueno, nosotros no íbamos al cielo o qué? Vaya, una portándose bien y al final resulta que era igual.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. ¡Cuánta historia en torno a la muerte! Aunque el final es el mismo para todos. Un placer leerla, madame. Saludos

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    1. Sí, y afortunadamente uno ya no se entera de las barbaridades que pueden llegar a hacer con nuestro cadáver.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  4. En muchos lugares dejaron de enterrar a los muertos en la tierra por la contaminación que producen.-De la tierra vienes a la tierra vuelves ya eso no sirve...

    Lo que esta claro ,que el viaje final el que menos se entera es el finado, en Indochina me parece que cada dos años desentierran a sus difuntos y les cambian las ropas las esteras donde están envueltos y los velan durante unos días a cara descubierta para volver a enterrarlos.



    En Nápoles hay un lugar, que los lavan con vinagre y los tienen a la vista la verdad que es un espectáculo un poco dantesco:(

    El ser humano y su constante con la Doña, afortunadamente ante ella todos somos iguales:(bueno menos la forma de enterrarnos...)

    A lo que llega el ser humano con su vanidad.

    Feliz domingo.


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  5. Interesante Madame.
    Recuerda la entrada sobre el médico alemán en Venezuela (Knoche), pues viene de perla a estas curiosas costumbres. :D

    Besos

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  6. La diversidad de forma de enterramientos habla de cómo el hombre se enfrenta al enigma de la muerte: quien cree en una segunda vida similar a esta y se hace enterrar con sus objetos más valiosos y preciados, quien con la muerte se acaba todo y, por tanto, no hace falta preparar nada para la posterioridad...

    Recuerdos de mi niñez me trae la imagen de un pequeño habitáculo adosado a los muros del cementerio, donde se enterraban a quienes se habían suicidado. En mi opinión, el cuerpo inerte es materia en proceso de putrefacción y ningún boato se justifica con la realidad.

    Muy interesante, una vez más, vuestra aportación a la cultura, Madame.

    Bisous.

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  7. La pierna del general Santa Anna recorrió más kilómetros difunta que en vida, al igual que le pasó al famosísimo brazo de Santa Teresa. De los huesos de los santos es mejor no hablar porque daría el asunto para varias entradas de costumbres funerarias estrambóticas.
    Un beso

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  9. ¡Es un excelente aporte! Gracias :D

    La mejor forma de aprender historia es con videos online.

    Les recomiendo un recurso muy útil que yo utilizo a menudo para estudiar historia: http://www.ecrono.org/es/ con documentales, entrevistas y reportajes online que narran o escenifican la historia universal en español.

    Saludos ;)

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  10. El culto a la muerte, la ritualización, es parte muy importante de todas las culturas humanas. Incluso dicen que los elefantes y otras especies inteligentes son capaces de dotar de contenido simbólico e final de la vida. Sea como fuere, cualquier rtio, por más estrambótico que nos parezca delata nuestra incapacidad para entender su significado y como influye en la cultura.

    Bisous y pase usted un buen fin de semana.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)