jueves, 5 de noviembre de 2015

La relación clientelar en la antigua Roma


Tan pronto como despuntaba el día, los romanos rara vez se quedaban en casa. Si tenían que trabajar, salían a desempeñar sus ocupaciones apenas amanecía. Madrugaban incluso aunque no los reclamara ningún trabajo y acudían a cumplir con sus deberes clientelares. Desde el hombre más insignificante al patricio, a excepción del emperador no había un romano que no se sintiera atado a alguien más poderoso que él por ciertas obligaciones, igual que las que ataban al antiguo esclavo con el amo que lo había manumitido. Era lo que llamaban el obsequium, el derecho del patrón al respeto del liberto. El patrón, a su vez, debía recibir al cliente en su casa, invitarlo a su mesa de vez en cuando, ayudarlo y hacerle regalos diversos que comprenden desde entradas para los espectáculos a viviendas exentas del pago de alquiler. A los clientes necesitados se les repartía comida que se llevaban en una cesta, o bien se les daba pequeñas cantidades de dinero. Por eso lo que recibían se llamaba sportula, que significa pequeña espuerta o cesta.

En tiempos de Trajano estas costumbres se habían extendido tanto que se había establecido una tarifa para alimentos: seis sestercios y un cuarto por cabeza y día. Para muchos maestros sin alumnos o artistas sin encargos este era su principal medio de subsistencia.

Los clientes también se beneficiaban de subvenciones en sus negocios, por lo que era muy importante para ellos no dejar de cumplir con sus obligaciones hacia el patrón. Por eso se apresuraban a acudir a visitarlo muy temprano, antes de comenzar el trabajo. Era la salutatio matutina, que podía prolongarse mucho. Y como la importancia de un magnate dependía de cuántos clientes tuviera, un romano arruinaba su prestigio si se quedaba en cama por la mañana, porque era indicativo de que apenas tenía nadie a quien atender. Tal relajación era posible en provincias, pero en Roma era preciso atender a las quejas, demandas y saludos de todos. En ocasiones, sin embargo, el patrón se quejaba de la ingratitud de un cliente, y llegaba a escabullirse por otra puerta para evitar a algún pesado que aguardaba en el atrio.


Patronos y clientes debían observar determinadas obligaciones. El patrón no podía defraudar la confianza de su cliente, pues pasaría a considerarse maldito por los dioses. Virgilio menciona un lugar en el inframundo reservado para el castigo de aquellos que incurren en dicha falta. Además unos y otros no podían llevarse ante los tribunales o prestar testimonio en contra. En tiempos de guerra el cliente debía acompañar al patrón, y si este era hecho prisionero, estaba obligado a contribuir a su rescate. Además debía apoyarlo durante los actos públicos y escoltarlo al foro. La ley prohibía incluso que un cliente tuviera distinta opinión a la de su patrón. Este debía a cambio protegerlo, ayudarlo económicamente o de cualquier otro modo y buscarle alojamiento si lo perdía. Tenía también la obligación de buscarle una esposa adecuada y prestarle asistencia legal

Las visitas eran reguladas por una estricta etiqueta. En primer lugar, aunque el cliente era libre de acudir a pie en lugar de en litera, no era concebible que se presentara sin la toga, que, por supuesto, debía de aparecer siempre limpia. Mantener el guardarropa podría haber consumido prácticamente todo el subsidio si no se hubiera convertido en costumbre que el patrón tuviera el detalle de regalar una toga en alguna ocasión solemne, además de cinco o seis libras de plata cada diciembre, como obsequio de Saturnalia.

Los clientes debían aguardar pacientemente su turno, pero ello no dependía del orden de llegada, sino de su rango. El pretor iba antes que el tribuno, el eques antes que el ciudadano común y el hombre libre antes que el esclavo. Por último, debían dirigirse al patrón llamándolo dominus, y nunca por su nombre. Dejar de hacerlo significaba volver a casa con las manos vacías. Sin embargo, era una señal de distinción hacia el cliente que el patrón le devolviera el saludo llamándolo por su nombre.


La relación clientelar era hereditaria. Hacía que un hombre perteneciera a la familia de su patrón, por lo que podía ser enterrado junto a él y llevaba como segundo nombre el de su gens.

Las mujeres estaban exentas de estas obligaciones. Ni eran clientes ni ejercían patrocinium. Las únicas excepciones eran viudas que representaban a su difunto esposo o bien alguna esposa que acudían en el lugar de su marido, al que una indisposición impedía acudir personalmente. La sportula solía ser en este caso más generosa, lo que originó cierta picaresca.



Disculpen si no me muestro muy activa estos días publicando o respondiendo a sus comentarios. Estoy inmersa en la redacción del prólogo de la nueva antología de Mujeres en la historia y en la revisión de los relatos, a punto de ser maquetados. Muchas gracias.


17 comentarios:

  1. Una estrecha relación entre patrón y cliente de la que será heredera la sociedad feudal medieval con esos lazos vasalláticos entre hombres libres, basados en obligaciones mutuas de fidelidad y mantenimiento.
    Un saludo.

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  2. es que no para. oiga, una entrada muy interesante. menos mal que estas cosas ya no pasan... claro.
    buena tarde tenga.

    bisous!

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  3. Pues eso de que por Ley el cliente deba coincidir en su opinión con la del patrón debió ser causa de más de un desencuentro, porque morderse la lengua, uno se la muerde una vez, pero toda una vida, hasta ser llevado a la tumba, me parece excesivo.
    Beso su mano.

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  4. Aun todavía en nuestro tiempo, hay este tipo de relación...E intentan recordarla de vez en cuando...

    Besos Madame.

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  5. Así que la servidumbre era de ida y vuelta, con reciprocidad absoluta. De una forma u otra, establecida o no, las relaciones clientelares siempre vinculan a las dos partes, aunque evidentemente el débil es el débil ayer, hoy y siempre.

    Bisous.

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  6. Bonjour madame

    Una de las razones por las que la humilde tribu de los Latinos llegarían a ser los amos de la antigüedad fue su magnífica organización y cumplimiento de su compromiso ciudadano.

    Todos sabemos que Roma es un modelo de organización, con respeto al cumplimiento de las leyes, un legado que (en teoría) perdura hasta nuestros días.

    Feliz fin de semana
    Fred

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  7. -Nos hacemos cargo de sus ausencias , tómese todo el tiempo que sea necesario.

    Los romanos y sus costumbres y aunque haya llovido lo suyo: aun se sigue practicando estos casi nexos familiares entre dos partes. En ciertos clanes , en la película el Padrino tenemos a estos clientes pidiendo al patrono y siendo fieles servidores:pero nunca en gratis siempre hay que pagar una condición.Y muchos políticos lo practican este Estado de Bienestar con sus secuaces a cambio de votos y favores.

    fELIZ FINDE BISOUS.

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  8. El respeto a la palabra dada y el compromiso de cumplir lo pactado, es un valor hoy en desuso, una verdadera lástima y su casi inexistencia el motivo de infinidad de conflictos personales y comerciales.

    No era una sociedad perfecta, pero sí tenía un conocimiento práctico de cuál era el protocolo para no perder la confianza, cada cual sabía bien su obligación y su derecho.

    Bisous y éxito en este nuevo proyecto.

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  9. En este sistema veo el origen de la mafia y de la dependencia señorial medieval, fíjese. Depender de esa forma de un poderoso solo parejaba una especie de esclavitud pues, aunque este prometiese protección, no siempre se cumpliría y a las primeras de cambio el patrón arrojaría el lastre por la borda cuando mejor le conviniera. Al contrario, cuando él pidiera algo, sus clientes estarían a sus pies bajo pena de amenaza.
    Un beso

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  10. ¿Volveremos a eso? Saludos, madame, Su entrada es muy ilustrativa.

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  11. Vamos, que los palmeros y "agradaores" ya tienen 400 quinquenios de antiguedad y han demostrado ser un funcionariado hereditario que funciona.
    ¿De qué me sonará a mí eso?

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  12. Toda esta jerarquía clientelar, desde el rey hasta el esclavo (y entre éstos la mujer), perfectamente establecida, sin fisuras, es incluso anterior a la Antigüedad, puesto que aparece ya en la Prehistoria, con toda probabilidad antes del Neolítico, y continúa disimulada hasta hoy.

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  13. Al leerlo me preguntaba si de aquí viene el clientelismo en la política española.
    Un saludo.

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  14. El artículo es de enorme interés y el asunto que trata, desconocido para mi. Me ha resultado muy sugerente para explicar algún aspecto del presente. Mi primera acción ha sido comprar su libro. Seguro que merece la pena.
    Un saludo.

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    1. Muchísimas gracias. Espero que disfrute de la lectura.

      Feliz domingo.

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  15. Felicidades por este blog, resulta didáctico y de muy amena lectura. Gracias por compartir ese conocimiento.
    Un abrazo.

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    1. Muchas gracias a usted por su opinión.

      Feliz semana.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)