martes, 6 de octubre de 2015

La Tercera Guerra de Religión


En 1560 Calvino estaba ganando la partida en Francia. La nobleza, los intelectuales y la juventud se adherían a su doctrina, mientras que los viejos dogmas se percibían como propios de fanáticos ignorantes. Sin embargo, al cabo de ocho años la situación iba a invertirse. Los jesuitas realizaban una infatigable labor en provincias, catequizando a la gente y esgrimiendo curiosos argumentos en defensa de su credo: ¿Era concebible que Dios, durante quince o dieciséis siglos, hubiera dejado vivir en el error a tantos reyes y personajes encumbrados? Creerlo así sería blasfemar.

Los católicos Guisa cobraban fuerza de nuevo. Su jefe, Enrique de Guisa, solo tenía 18 años, un aspecto hermoso e imponente y gran osadía. Lo apoyaban sus poderosos tíos, su madre y todo el clero. París entero lo adoraba, y pronto comenzaron a considerarlo un héroe.

Catalina de Médicis, la reina madre, se inquieta por ello. Siente que el joven duque de Guisa acapara demasiada gloria, que está ocupando el lugar que debería corresponderle a su hijo favorito, el duque de Anjou. Es peligroso depositar tanto poder en manos de los ambiciosos Guisa; es preciso que sea Anjou, y no un extraño a la familia, quien se ponga al frente del movimiento católico. Pero de ese modo la monarquía abandona su papel de árbitro y se sitúa al frente de una de las facciones. No hay alternativa: el año anterior los líderes hugonotes, con Condé al frente, habían intentado apoderarse de la familia real. Es obvio que la política de concordia de la reina madre no ha dado sus frutos, de modo que se hace preciso cambiar de estrategia y presentar combate.

El desgaste de ambos bandos había llevado a la paz de Longjumeau, demasiado frágil, porque los protestantes no cumplen su parte y no abandonan las plazas conquistadas. La campaña ha vaciado el tesoro, pero en la corte se derrocha en fasto y diversiones. En torno a la reina madre se dan cita grandes señores, astrólogos, poetas y gente de las más diversas clases. En palabras de Philippe Érlanger, “se conspiraba, se amaba, se envenenaba frenéticamente, se disfrutaba de la vida coqueteando con la muerte. Italia había introducido sus perfumes, sus espejos, sus comediantes, sus orfebres, sus “polvos para heredar” [nombre que se daba al veneno], sus hechizos, sus dagas, sus vicios complicados, su sibaritismo neroniano”.


Enrique de Anjou, al que llamaban Monsieur, era aproximadamente de la edad de Guisa, su amigo de la infancia. Ese año cumplía los diecisiete y, sexualmente ambiguo, estaba enamorado por entonces de Renée de Rieux, Mademoiselle de Châteauneuf, una de las damas del Escuadrón Volante de Catalina de Médicis, ardiente, impetuosa y miembro de una de las más importantes familias de Bretaña. Monsieur encargaba al poeta Philippe Desportes que escribiera versos para ella, sonetos que enviaba diariamente a la bella firmados con su nombre.

Su hermano, el rey Carlos IX, solo era un año mayor que él. Mentalmente inestable, sus pasatiempos eran de tipo violento. Adoraba la caza y se divertía azotando hasta sangrar a sus amigos y servidores. A veces se apostaba de noche en una calle oscura y golpeaba con saña a los transeúntes. Después de eso, ya calmado, regresaba a palacio y llamaba al poeta Ronsard para que le diera lecciones de prosodia.

Los dos hermanos se detestaban. Enrique temía la brutalidad de Carlos, despreciaba su rudeza. El rey, aunque de aspecto agradable, no era tan hermoso como su hermano, y envidiaba su atractivo, su popularidad y la manifiesta predilección que su madre sentía por él. Solo Catalina de Médicis era capaz de impedir, con gran esfuerzo, que estallara abiertamente ese odio que se iba gestando entre ambos, y que impulsaba a Carlos a posicionarse siempre de modo opuesto a Enrique. Puesto que los católicos trataban a Monsieur como su ídolo, el rey hacía guiños a los protestantes y convertía en sus amigos a los Rohan y La Rochefoucauld.

Catalina de Médicis y sus hijos
Junto al rey se encontraba también su hermana, la princesa Margot. Durante mucho tiempo la princesa había permanecido en Amboise, lejos de la corte del Louvre, a la que Catalina solo la hacía acudir con ocasión de alguna gran solemnidad. Allí permanecía estudiando latín, griego y música hasta que su madre vio llegado el momento de buscarle marido. Monsieur, más femenino que ella, le daba lecciones de danza, la peinaba, elegía sus vestidos y se los probaba él mismo para enseñarla a llevarlos. La relación entre ambos hermanos fue tan ambigua como el propio Enrique. Margot llegaría a reconocer el incesto años más tarde.

Francia se deslizaba hacia el caos vertiginosamente. Los protestantes, alentados por el arresto de la católica María Estuardo por parte de Isabel de Inglaterra, saquearon la iglesia de Blois y profanaron el altar. Tenían su base en la ciudad de La Rochelle, un puerto estratégico fuera del control real y que se había convertido en refugio para piratas de todo el mundo. 

Catalina de Médicis convocó al Consejo, aunque un inoportuno resfriado le impidió asistir a la sesión. Era el uno de mayo de 1568. Los consejeros se dividen en dos grupos que sostienen posturas irreconciliables. Por un lado están los moderados, partidarios de la tolerancia, encabezados por el canciller. Por otro el duque de Nevers y cardenal de Lorena, tío de Guisa, defienden la tesis opuesta y se decantan por el empleo de la violencia. No fue posible alcanzar un acuerdo.

El almirante Coligny, mientras tanto, reclutaba hombres para las filas hugonotes, Mouvans sublevaba Provenza y el Delfinado y Condé se aliaba con Guillermo de Orange y los príncipes alemanes, todo al mismo tiempo que una flota inglesa cruzaba el canal. Para mayor complicación, Carlos IX enfermaba gravemente a consecuencia de unas fiebres. Catalina, alarmada, intenta capturar a Condé, pero este, advertido, huye con Coligny.

La respuesta de la reina madre es un nuevo edicto prohibiendo el culto protestante, una ley que obliga a sus pastores a abandonar el reino en un plazo de quince días. Pero cuando esta ley es sometida al Consejo, el canciller, Michel de L’Hospital, se niega a poner su sello, desatando la cólera del cardenal de Lorena. El mariscal de Montmorency tiene que separarlos a ambos, agarrados mutuamente de la barba.
Michel de L'Hospital
Catalina de Médicis decide prescindir del canciller, que se retira a su castillo de Vignay. A continuación promulga los edictos valiéndose de su propia autoridad. El gobierno pasa a las manos de los católicos más radicales, y el cardenal se convierte en una especie de primer ministro; pero ni siquiera eso satisfacía la ambición de los Guisa. Ellos querían el mando del ejército para su sobrino Enrique, algo que Catalina no iba a permitir. Reservaba ese honor para su hijo, el duque de Anjou.

El 4 de octubre de 1568 Monsieur se ponía al frente de las tropas como si fuera a un desfile, con el equipaje repleto de lujosas ropas bordadas en piedras preciosas. La reina sabía que exponía a su hijo favorito a los celos de sus rivales. Monsieur no podía fallar. Ella trataba de socorrerlo en cuanto era menester, acudiendo a su lado en los momentos difíciles y enviándole diariamente cartas en las que le aconsejaba e incluso dictaba su conducta sobre todo: sobre la higiene, sobre cómo tratar a su entorno o cómo llevar a cabo las operaciones y el avituallamiento de la tropa. Lo pone, además, en las manos expertas del conde de Tavannes.

Durante la noche del 12 al 13 de mayo de 1569, el ejército dirigido por Monsieur ataca cerca de Jarnac a los hugonotes, dirigidos por el príncipe de Condé. En el momento de comenzar la batalla, el caballo de La Rochefoucauld le da una coz y le parte una pierna, lo que no impide que el líder protestante se lance al combate.

—¡Soldados, recordad en qué estado se lanzó al combate Luis de Borbón, por Cristo y su patria! —exclama un instante antes de lanzarse al galope contra las filas enemigas.

Los hugonotes son aplastados, masacrados. El caballo de Condé se desploma sin vida, aprisionando al jinete en su caída. El príncipe entrega su guante en señal de rendición, pero el capitán de la guardia de Monsieur lo mata de un disparo en la cabeza mientras lo que queda de su ejército se bate como puede en retirada.

El duque de Anjou había logrado su primer gran victoria, pero no se mostró magnánimo con el vencido. El cadáver de Condé, atado a la cola de un asno, fue arrastrado por los caminos, y después expuesto como un trofeo en el castillo de Jarnac. La mayoría de los prisioneros protestantes fueron pasados por la espada.


Meses más tarde, el 3 de octubre, Monsieur conseguiría una segunda gran victoria en Moncontour, suficiente para que Catalina se sintiera en una posición lo bastante fuerte para firmar de nuevo la paz, que llegó el 8 de agosto de 1570. El tratado acordaba la libertad de conciencia y de culto, y se devolvía a los hugonotes las propiedades incautadas. Además no se discriminaría por motivos religiosos a la hora de adjudicar un cargo.

Llegaba de nuevo la paz, sí, pero nadie quedaba contento. Se gestaba algo mucho más feroz y sangriento que se desencadenaría dos años después, con la matanza de la Noche de San Bartolomé.




Les recuerdo que estos días tienen con un descuento promocional del 67% en Amazon el kindle de La Corte del Diablo, la novela sobre Catalina de Médicis y sus hijos. No sé cuánto tiempo durará la oferta, porque Amazon no nos informa, pero estas promociones nunca son por muchos días.


25 comentarios:

  1. A pesar de que la historia está compuesta por un montón de almas desalmadas, en sus letras resulta un deleite como no suele ser en los libros al uso. Las características físicas y psicológicas de los personajes, le preparan a uno para entender el desenlace de las cosas, Madame.

    Bisous.

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    1. Los desalmados son los que explican y justifican este desastre de mundo nuestro. Destruyen el mundo real, pero lo cierto es que inspiran otros literarios.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Bonsoir Madame
    ¡Interesantísima entrada y excelentemente detallada para todos los que adoramos a los Valois!
    Muchos hechos que ignoraba como por ejem. que La Rochelle era refugio internacional de piratas e imagino que recibiría gran apoyo de las nuevas potencias protestantes.

    También me han impresionado mucho las imágenes, en especial la de Catalina de Médicis junto a sus hijos, me parece reconocer que la cría es Isabel (futura reina de España por su unión con Felipe II).

    Otra cosa que no sabía era la rudeza de Carlos IX rebasaba los límites: mire que aprovechar las oscuras calles para agredir a sus súbditos es realmente para quedarse en shock; creo recordar que el cruel Nerón hacía lo mismo.
    Los ánimos estaban en estado de ebullición, en apariencia tranquila, sólo era la calma que precede a las tormentas.

    Un saludo
    Fred

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    1. La niña del retrato es Margot. Isabel era mayor que sus hermanos, y como se casó con trece añitos, cuando se pintó el retrato ya estaba en Madrid con su esposo. Fíjese que Catalina aparece con ropas de viuda, y Enrique II murió precisamente en un torneo celebrado como parte de los festejos de la boda de Isabel con Felipe II. Los niños son Carlos, Enrique y Francisco.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Bueno, he de decir que aunque Catalina de Medicis hizo cosas terribles por mantener a sus cuatro hijos en el poder, también fue una mujer altamente culta, pero sobre todo sin escrúpulos que me imagino era la personalidad principal en las personas que se encontraban cerca del poder, en esa época; especialmente donde estabas al borde de ser envenenado por uno de tus enemigos, o atacado por la espalda por estos. La historia francesa me encanta dentro del marco histórico en el que esta reina en especial fungió como regente de sus cuatro hijos, a excepción de uno Francisco II.
    No se usted madame, pero Catalina de Medicis es mi tercer reina favorita después de Isabel I de Inglaterra y Catalina II de Rusia. Que a pesar de ser mujeres, pensaron y actuaron como si hubiesen sido hombres todo con tal de mantenerse dentro de la cúspide del poder que representaron cada una en sus tiempos.

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    1. Catalina de Médicis es un personaje que me fascina, madame, y por eso he escrito una novela sobre ella. Aunque no creo en eso de pensar como hombre o como mujer, a decir verdad.

      Muchas gracias y feliz tarde

      Bisous

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  4. Sin duda tiempos azarosos, pero el timón no pudo quedar en tan buenas manos de Catalina de Medici.

    Que de una u otra forma trato de preservar la corona y el Reino para sus hijos, no es de dudar que amara a Enrique se le parecía en casi todo, desde la ambición hasta los gustos y fastos extravagantes, lo que sinceramente no le hacía muy querido de Carlos IX que era excluido por Catalina y con su delicada salud no le hacía mucho en favor.

    Los Guisa realmente eran los que deseaban detentar el poder y la corona si estaba a su alcance.
    En la biografía de estos entendí que Margot tuvo un idilio con Guisa y este trato de casarse con ella, pero eso no entraba en los planes de Catalina por eso el matrimonio no próspero.

    Beso su mano

    Arnaud d'Aleman

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    1. Pues sí, en efecto, monsieur: del asunto del idilio de Margot con Guisa, entre otras cosas, trata mi novela.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. Si eso e leído y me dio por buscar más acerca de la vida de estos dos personajes, sin duda la vida de la reina Margot es muy de una novela pero así fue su vida llena de intrigas y rodeada por guerras, odios y desengaños.

    Guisa por su parte era un meteoro cruzando el cielo francés empeñado en los ideales de su familia, con la grandeza en su sangre y su popularidad desbordante que le hacía ser querido por unos y odiado por otros.

    Besos

    Arnaud d'Aleman

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  6. De algunos de estos personajes ya teníamos algunas noticias gracias a su novela. Viene bien recordar la catadura moral de algunos de ellos.
    Un saludo, madame.

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    1. Realmente sirven para personajes de novela.

      Feliz día

      Bisous

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  7. Personajes que la inmensa mayoría nos son familiares gracias a su bien documentada novela.

    Es que la lucha por el poder aunque lo disfracen de religión todo es ambición y falta de escrúpulos como lo demuestra la propia Catalina.Aunque es un personaje que dentro de lo retorcida que era era bastante lista, tuvo un buen maestro en su tío el cardenal..

    Feliz miércoles bisous.

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    1. Efectivamente, madame. La pugna era al fin y al cabo por ver quién se hacía con el mando e imponía su ley.

      Feliz día

      Bisous

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  8. Una paz frágil que desencadena la noche de San Bartolomé. Muchas intrigas que posiblemente tuviese relación con las propiedades de los hugonotes.

    Los fanatismo no conllevan a nada, excepto a guerras sin sentido.

    Catalina era una dama de armas tomar...Y Moseiur no se quedaba muy atrás..,

    Besos Madame

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    1. No tenía el carácter de su madre, pero también era un personaje de cuidado, en efecto.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

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  9. Se habrá movido usted hoy como pez en el agua, contándonos este episodio. Entre él y la matanza de San Bartolomé que cita al final, sucedieron también muchas cosas. Lo sé porque en una estupenda novela titulada "La corte del diablo" se cuenta todo eso y mucho más. La recomiendo.
    Beso su mano.

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    1. Muchas gracias, monsieur. Me alegra que haya disfrutado con la lectura, y espero que otros se animen a leerla también.

      Feliz día.

      Bisous

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  10. qué bueno revivir a los personajes de su novela, madame. el oscuro asunto de margot con su hermano y la cara de la adjani todo el rato delante. por dios.
    que tenga buen miércoles.

    bisous.

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    1. Pues mire usted que se parecían poco :)

      Muchas gracias, monsieur. Feliz miércoles también para usted.

      Bisous

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  11. Es un placer reencontrarse con esta galería de personajes. saludos

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  12. Me ha volado el comentario.
    Decía que leyendo esta entrada me he sentido entre personajes familiares, conocidos gracias a vuestra novela, madame.
    Estas guerras de religión no las termino de entender y menos cuando defienden lo contrario de luchas y muertes.
    Bisous.

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    1. Sí, es curioso. La verdad es que en algunos casos se hace lo contrario de lo que se predica. Más preocupante es cuando la guerra es precisamente aquello que se predica.

      Muchas gracias, monsieur.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. De aquí para allá con joyas, perfumes y esos polvitos hacedores de huérfanos, no puede negarse que para entrar en el anecdotario de la Historia, primero hay que conocer muy bien lo que se cuenta.
    Felicidades, madame. Como decía Chesterton, divertido es lo contrario de aburrido, no de serio.

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    1. Así es, madame. No es necesario aburrir para contar la historia, como usted muy bien demuestra en su propia página.

      Muchas gracias y buenas noches.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)