martes, 22 de septiembre de 2015

Enrique V más de cerca


Enrique de Monmouth contaba 25 años cuando era coronado el 9 de abril de 1413 en la abadía de Westminster. Comenzaba así su reinado como Enrique V.

Los contemporáneos lo describen como “apuesto, con el rostro ovalado, frente amplia, nariz recta, mejillas rubicundas, labios rojos, barbilla muy hendida, orejas pequeñas y bien formadas, espesa cabellera color castaño, brillantes ojos color avellana y una estatura por encima de la media”. Durante su juventud aparecía rasurado y con el pelo corto al estilo militar normando. Era esbelto, pero musculoso, ágil y muy fuerte. Embajadores franceses lo describieron en una ocasión como “un príncipe de aspecto distinguido e imponente estatura”.

Era un líder nato. Había ganado su primera batalla a los quince años, lo que le granjeó desde tan temprana edad una reputación de brillante estratega, magnífico general y caudillo valeroso. Se preocupaba por sus hombres, pero no toleraba la desobediencia y estaba dispuesto a ejecutar a cualquiera que no cumpliera sus órdenes. 

A pesar de estas inclinaciones bélicas, Enrique tenía dotes artísticas: le interesaba la arquitectura, le gustaba cantar y tenía cierto talento como músico. También disfrutaba con el deporte. Se entregaba a la caza, la cetrería, la pesca, la lucha, los saltos y las carreras, en todo lo cual destacaba. De él decían que era más veloz que una flecha. Pero, curiosamente, mostraba poco interés por justas y torneos.

Los libros eran su mayor tesoro. Poseía una importante biblioteca y hablaba tanto francés como inglés, latín y galés. Sentía un gran interés por la historia y la teología, y era admirador de la obra de Chaucer, Hoccleve y Lydgate.


Encarnaba el ideal de caballería de la época, por lo que las crónicas coinciden en prodigarle elogios: prudente, previsor, magnánimo, firme o constante son algunos de los adjetivos con los que describen a Enrique. Sin embargo, aquellos que lo conocían más de cerca lo tachaban de frío, y decían que inspiraba más respeto que amor. Era seco, taciturno, hombre de pocas palabras que iba directo al grano y que en ocasiones podía resultar pedante al hacer gala de sus virtudes y transmitir la imagen de “Don Perfecto”, aunque sabía escuchar y estaba dotado de ingenio. Su nivel de autoexigencia era alto; se imponía a sí mismo una disciplina que esperaba encontrar también en los demás. De humor melancólico, no era propenso a manifestar alegría ni siquiera en los momentos de triunfo, pero sabía reaccionar con optimismo ante la adversidad, sin desanimarse nunca.

Poseía un gran sentido común. Sabía juzgar los caracteres, y también ser persuasivo, o incluso agresivo cuando se trataba de defender sus derechos, si bien siempre con una decidida voluntad de hacer justicia. Protegía a los pobres contra los abusos de los poderosos, lo que hacía que los desfavorecidos lo amaran aún más que el resto de sus súbditos. Con ellos era generoso y siempre cercano. Sus enemigos, en cambio, temían su venganza, porque no era inclinado a la clemencia.

Discreto, reservado, su carácter serio no impedía que tratara a todo el mundo con gran amabilidad, aunque pudiera volverse brutal cuando se desafiaba su autoridad. Profundamente piadoso, pasaba horas rezando, hacía peregrinajes a diversos santuarios y liberar Jerusalén fue siempre uno de sus sueños. Severo con la herejía, logró arrancar de raíz el lolardismo.

Enrique heredó las inseguridades de su padre, relativas, sobre todo, a la legitimidad de la Casa de Lancaster, que había usurpado el trono. Sin embargo, la dinastía había ido ganando aceptación durante los años transcurridos, y el nuevo rey consideró una prioridad reforzarla. Su principal objetivo al comienzo de su reinado fue distanciarse de la forma de gobernar de su padre, Enrique IV, y de ese modo ganar popularidad y apoyo para la causa.


Como gobernante fue un político aventajado y buen administrador, convencido de que la prosperidad de un reino dependía de la integridad de su soberano, y que cualquier amenaza a la monarquía lo era a su vez contra el orden establecido por Dios. No derrochaba y evitaba pedir préstamos. Todo lo planificaba con antelación, y con tan buen criterio que las finanzas reales gozaron de una recuperación. Él vigilaba de cerca a los administradores y se ocupaba de despedir a los culpables de corrupción. Hizo notables esfuerzos por atraerse a todos sus barones, y de hecho su política belicista fue capaz de unir a todas las facciones por encima de sus diferencias, y situó a Inglaterra en la primera línea europea.

Pero Enrique no siempre fue el hombre que describen las crónicas, y que poco tiene que ver con el de los primeros años de su juventud. Su ascensión al trono produjo el efecto de cambiar radicalmente su comportamiento. Según Walsingham, tan pronto como ciñó la corona “se convirtió en otro hombre, celoso de su honor, modesto y serio, sin que hubiera virtud alguna que no estuviera ansioso por mostrar”. Su biógrafo Tito Livio Frulovisi dice que se reformó y enderezó su vida; abandonó a los amigos libertinos con cuya compañía había disfrutado cuando era príncipe y prestaba atención a sus consejeros con experiencia en asuntos de Estado. 

Durante su juventud, en efecto, había llevado una vida disipada. El cronista Thomas Elmham dice al respecto que “fue el servidor de Venus”, y que se complacía con los excesos propios de su edad. Sin embargo, guardó castidad durante siete años después de alcanzar el trono, hasta que se celebró su matrimonio con Catalina de Valois. Ella era una joven muy hermosa, y cuentan que Enrique se enamoró de ella apenas la vio en Meulan. Lamentablemente la muerte prematura del rey durante el sitio de Meaux el 31 de agosto de 1422 puso fin a un matrimonio que apenas había durado dos años. Enrique no llegó a conocer a su hijo y sucesor, nacido mientras él dirigía la campaña militar en suelo francés, donde aún se libraba la Guerra de los Cien Años.



Fuente:
Lancaster and York, The Wars of the Roses - Alison Weir

26 comentarios:

  1. O sea que asentó la cabeza cuando llegó al trono, pero la cabeza no quiso acompañarle demasiados años. Parece que el matrimonio le sentó mal, porque duró poco.
    Un saludo.

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    1. Pues algo gafe sí resultó. Injusticias de la vida: cuando se gustan, se mueren al poco tiempo, y cuando no se gustan, casados treinta años.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Un primor de hombre a quien no le faltaba ni inteligencia, belleza y altura. En fin, un príncipe con todos sus atributos. Qué tendrá el Poder que empozoña a quienes lo detentan, en la mayoría de los casos.
    Guardó siete años de castidad, caray, en el caso de que diéramos crédito a Elmham, tal actitud revela una gran voluntad. Virtud que, de haber vivido más años, le habría sido de gran ayuda para gobernar.

    Pase usted una buena tarde.
    Bisous

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    1. Tenía, en efecto, una voluntad de hierro y una autodisciplina fuera de serie. Se sentía cómodo en su papel de asceta.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  3. Bonsoir Madame
    Interesantísimo compendio de uno de los reyes más ilustres. Ví la peli con Laurence Olivier (bastante larga por cierto) y también la de 1989, interpretada y dirigida por Kenneth Branagh, mucho más actualizada y entretenida.

    En cuanto al matrimonio de Enrique y Catalina existen muchas contradicciones: obviamente debe haberla amado porque era muy guapa, pero también hubo grandes ambiciones porque en las negociaciones de la boda, pidió nada menos que ¡la corona de Francia como dote!

    Irónicamente una vez viuda, Catalina de Valois inicia un romántico romance con Owen Tudor, sembrando la semilla de la que sería la dinastía más famosa de Inglaterra.

    Fred

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    1. Tenga en cuenta que él ya reclamaba la corona de Francia, con o sin novia, y se había lanzado a la conquista para dar un nuevo impulso a la guerra de los cien años. Y tenga en cuenta, también, que durante las negociaciones aún no conocía a la novia :)

      Sí, fue una curiosa unión la de Catalina con el Tudor. Algo que agradecemos a la viuda, porque acabó dando lugar a episodios apasionantes y a una dinastía que no tiene desperdicio.

      Feliz tarde, monsieur Fred H

      Bisous

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  4. Igual el problema fueron los siete años de castidad, que quiso recuperarlos en los dos años de matrimonio...que lástima, para dos que se enamoran...

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    1. No, el problema fue una disentería que acabó con él en el castillo de Vincennes, el lugar al que lo habían trasladado desde el campamento militar.

      Nunca hay nada perfecto, ya ve.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Enrique V demuestra que se puede cambiar en la vida. Luego de ser disipada, se "centró" en sus obligaciones.

    Si hubiese continuado, es posible que los Tudor no hubiesen llegado...

    Besos Madame

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    1. Buena observación, monsieur. Efectivamente, no hubiera dado lugar a una segunda unión de Catalina, y por tanto a la llegada al trono de los Tudor.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Virtudes y buena disposición no le faltaban y en cuanto a su cambio de aptitud cuando ciño la corona como rey también lo hizo con sensatez

    Si que fue escaso el tiempo que disfruto de su matrimonio, pero gracias a que dejó un heredero y su viuda supo jugar bien las posiciones.

    Feliz inicio de otoño bisous.

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    1. Sí, le dio tiempo a dejar un heredero con un destino muy desdichado. Todo podría haber sido muy diferente si Enrique V hubiera vivido veinte años más.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  7. La vida de Enrique V de Inglaterra es sin lugar a dudas una de esas historias poco conocidas pero que esconden un valioso tesoro histórico.

    Ese cambio tan radical sin duda era porque venía madurando ese propósito desde su juventud y no fue un cambio casual.
    Bien por Él y su pueblo ya que su gobierno debió ser un silvo apacible en tiempos azarosos con una guerra que se denominaría de cien años.

    Que fuese muy corto su reinado eso ya es cosa del destino

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    1. Pienso que, en efecto, Enrique tenía claro desde un principio que cuando se convirtiera en rey tenía que ser ejemplar, y por eso quiso disfrutar antes de su juventud y permitirse aquellas cosas que después se prohibiría a sí mismo.

      Muchas gracias y feliz tarde

      Bisous

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  8. Desde hace un tiempo esperaba una entrada de Enrique V, luego de haber leído las entradas, en este blog, sobre Enrique IV y Enrique VI.
    Es destacable la seriedad con que se tomó la responsabilidad de ser rey, más teniendo en cuenta su disipada juventud.
    Gran parte de mi interés por Enrique V se lo debo a Shakespeare; nunca me voy a olvidar del príncipe Hal.
    Besos

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    1. Shakespeare, en efecto, ha inmortalizado de modo magistral a unos cuantos reyes de Inglaterra. Seguramente el que más popularidad ha alcanzado gracias a él es Ricardo III. Aunque una popularidad negativa, desde luego.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  9. Su blog es de los que me lleva directa hacia la enciclopedia. En este caso para saber del brillante reinado de este rey y en qué consistió la herejía del lolardismo. Que fuese “servidor de Venus” no me extraña, ya que si como gobernante sólo lo conocía a través de Shakespeare, tanto las descripciones históricas y noveladas como su imagen, para mí siempre irán unidas al rostro del apabullante Laurence Olivier. Un perfil muy interesante, madame.

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    1. Inolvidable película la protagonizada por él, madame, en efecto. Como apasionada del cine clásico tanto como del teatro, me ha agradado este recuerdo, que yo misma tenía presente al elegir alguna imagen.

      Feliz tarde

      Bisous

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  10. Un caballero medieval, el modelo de rey que cualquier súbdito hubiera querido tener, un prícipe que no se ajustaba a esa imagen de oscuridad que parece primar en nuestra cabezas cuando hablamos de la Edad Media. Sorprende la cantidad de datos que existen de su persona, muchos más que los de otros monarcas del mismo tiempo. Así no es de extrañar que Shakespeare le tomara como protagonista de uno de sus dramas más celebrados.
    Un beso

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    1. Para los ingleses era su héroe, gracias a sus victorias y al impulso que dio a la lucha en suelo francés. Los cronistas se ocupaban abundantemente de él, y no le escatimaban elogios. Siempre los cosechan los vencedores, mientras que al perdedor no se le perdonan las derrotas.

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Parece que en lo que casi todos coincidimos en resaltar su cambio de actitud, como rey y esposo. Para que luego digan que es imposible cambiar.
    Beso su mano.

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    1. Es frecuente cambiar. A veces a peor. En este caso parece que fue a mejor, con una voluntad de hierro.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  12. Un personaje, sin duda, muy interesante. Saludos.

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    1. Al menos así parecen considerarlo los ingleses. Es uno de sus favoritos.

      Buenas noches

      Bisous

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  13. Me llama la atención tantas virtudes en el mismo hombre, pero sobre todo el hecho de que: "estaba convencido de que la prosperidad de un reino dependía de la integridad de su soberano".
    ¿No será extrapolable esa convicción a nuestros actuales padres patrios?

    Bisous, Madame. Ojalá sepa perdonar mi larga ausencia.

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    1. En el actual escenario no nos es posible imaginar que ningún padre patrio asuma como propio ningún principio basado en la integridad.

      No se preocupe por su ausencia, monsieur. Nosotros aquí seguimos para recibir a los amigos, y le advierto que tenemos para rato.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)