miércoles, 2 de septiembre de 2015

Causas de la Guerra de los Treinta Años


La Guerra de los Treinta Años (1618 – 1648) fue una de las grandes contiendas europeas. Iniciada en Bohemia por motivos religiosos entre partidarios de la Reforma y la Contrarreforma, se extendió por el Imperio y llegó a afectar a las principales potencias, que aprovechaban el conflicto para dirimir otras cuestiones. De este modo, a los motivos religiosos se fueron uniendo otros, generándose guerras paralelas entre las diversas potencias. Entre estos conflictos, cabe destacar el que sostenía España con las Provincias Unidas, el de España con Francia y la pugna entre Suecia y Polonia por el control del Báltico.

Las causas religiosas tuvieron un gran peso en sus primeras fases. La Paz de Augsburgo, decretada en 1555 por el emperador Fernando I en representación de su hermano de Carlos V, se basaba en el reconocimiento del luteranismo en un plan de igualdad con el catolicismo dentro del Imperio. Se reconocía la libertad religiosa a los príncipes, pero no a sus súbditos. La religión oficial era la del soberano de cada territorio, y a los súbditos que profesaran otra diferente solo se les reconocía el derecho al culto privado.

Pero no solo había estallado el conflicto entre católicos y luteranos. La Paz de Augsburgo no había tenido en cuenta a los calvinistas, minoritarios pero muy activos. Algunas importantes ciudades del Imperio habían abrazado esta fe como religión oficial, y era especialmente popular en Bohemia y Hungría. Excluidos de ese tratado, se convertían en un factor de inestabilidad y descontento. 


El emperador Rodolfo II, siguiendo una política de tolerancia, concedió a los protestantes bohemios en 1609 una Carta de Majestad que les proporcionaba una amplia libertad religiosa a condición de que alcanzaran la unión. Pero luteranos, calvinistas, hussitas y hermanos moravos solo se ponían de acuerdo en el odio a los católicos, que a su vez tomaron a mal las concesiones a los protestantes.

Carlos V había sido el último emperador consagrado por un Papa. Su idea de restaurar la unidad religiosa y política de Alemania terminó en un fracaso. A su muerte, no transmitió a su hijo la totalidad de sus Estados: Austria, con el reino de Bohemia y Hungría fueron para su hermano Fernando. Desde entonces hubo dos ramas de los Habsburgo. La austriaca, mucho más débil, dependía de la española y recibía subsidios de ella. Una parte de la plata americana iba a parar a la corte de Viena o de Praga. Los príncipes del Imperio, fueran católicos o protestantes, no deseaban un poder imperial fuerte que pudiera amenazar su posición de independencia, y los turcos controlaban parte del territorio y suponían una constante amenaza. Todo se aliaba para debilitar la autoridad y el poder de los emperadores, cuya soberanía sobre algunos lugares era casi ilusoria.

En 1617 Fernando de Estiria fue designado sucesor de Matías en el reino de Bohemia y la corona imperial. Fernando, discípulo de los jesuitas, absolutista e intolerante, había impuesto una auténtica cruzada en sus dominios para devolver al catolicismo a sus súbditos. La nobleza bohemia se opuso a su coronación y prefirió proclamar soberano al elector del Palatinado, Federico V, un calvinista. Cuando Fernando envió a sus representantes al castillo de Hradcany en Praga, en mayo de 1618, los calvinistas bohemios los arrojaron por una ventana. El suceso es conocido como la “defenestración de Praga”, y se considera el episodio que da inicio a la guerra. El método de los bohemios no resultaba nuevo para ellos, puesto que la historia registra otros dos episodios anteriores, en 1419 y 1483.


Pero España, que apoyaba a Fernando, no podía permitir que los acontecimientos tomaran ese rumbo, y ello no solo por considerarse aliada de los Habsburgo, sino porque el Palatinado estaba incómodamente situado en la ruta imperial Milán-Flandes.

Francia, a su vez, no podía consentir que España aprovechase los pretextos religiosos para apoderarse de una comarca situada en su frontera oriental, algo que dejaría cercado al reino. De este modo el conflicto religioso se iba convirtiendo en político. Ya no se trataba de católicos contra protestantes, sino de Borbón contra Habsburgo.

Hubo, también, motivaciones económicas relacionadas con el intento de España de provocar la asfixia comercial de Holanda en el Báltico. Suecia, Dinamarca y Holanda, aunque aliadas en su fe protestante, eran rivales que luchaban por la hegemonía en el mar del Norte y el Báltico.

Uno de los factores que contribuyó a los horrores de aquella terrible contienda fue la abundancia de aventureros y gente al margen de la ley, criminales que se enrolaban en los ejércitos y fueron responsables de las mayores atrocidades contra una población que ya no distinguía entre amigos y enemigos.


18 comentarios:

  1. En el fondo, aunque el conflicto tuviera un matiz religioso inicialmente, había un trasfondo por lograr la hegemonía y el dominio territorial en Europa. De hecho, cuando termina la contienda, el relevo cambia de manos y España pierde una buena parte de sus territorios.
    Un saludo.

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    1. Sí, así es. La religión fue solo el inicio, pero después se convirtió en una lucha por el poder y el comercio entre las potencias.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. Hola Madame:

    Un momento oscuro de la historia de Europa como otros tantos. El recién estrenado Imperio de España, parece que ya tenía ambiciones más allá de sus fronteras

    Besos

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    1. Eran insaciables, verdad, monsieur? Y claro, hasta que no pudieron abarcarlo todo.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. Una guerra terrible para Europa en general, que sin la historia no la hubiera definido por su duración, podría haberlo hecho por su extensión.
    Salvador de Madariaga era de la opinión que fue un error el de Carlos V, legar los Países Bajos a su hijo Felipe en vez de a su hermano Fernando. Cuantos esfuerzos se hubiera ahorrado España tratando de defender una fe, que ya había logrado extender en América.
    Beso su mano.

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    1. Y tenía mucha razón don Salvador. Aquello fue el principio del fin, posiblemente.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  4. Madame

    Creo que las circunstancias fueron muchas desde la intolerancia religiosa de los calvinistas que minaron la paz interna del Sacro Imperio hasta la intolerancia de la contrarreforma, y es que cada cual por su lado hizo todo lo que pudo por cimentar el polvorín, a ello se sumó dos emperadores muy incompetentes como Rodolfo II y Matías, a su llegada Fernando II encontró todo en su contra.

    Por otro lado los oscuros intereses de todos hizo de esa guerra que de haberse focalizado en su momento hubiere sido de poca duración y ahí tenemos los 30 años de masacre y dolor.

    Aún estamos en ello ahora más que nunca von.tanto conflicto ligero en distintas partes que bueno espero no genere un conflicto mucho mayor.

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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    1. Así es, monsieur. Y mucho me temo que ese conflicto mayor acabará siendo inevitable, tal como van las cosas.

      Feliz día

      Bisous

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  5. Las guerras de religión convertidas en conflicto por el dominio de Europa en una guerra que se prolongó durante treinta años y que vendría a ser la primera de muchas otras, dejando al margen la primera causa y enconándose la segunda.
    Un beso

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    1. Sí, no fue la primera mundial, pero sí la primera gran guerra en cuanto a número de potencias implicadas.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Todo revuelto :religión y política por eso cada Estado iba a sacar provecho entre tanta confusión .El ansia de poder y la falta de escrúpulos siempre son buenos aliados.Enmascarado con las creencias, esto invita a reflexión .-Europa siempre ha sido un polvorín.Por lo que se ve la unión nunca ha sido su fuerte...

    Bisous feliz regreso

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    1. Es verdad, y es una lástima. Todo son rivalidades y tiranteces que impiden trabajar juntos y en buena armonía. Podríamos llegar mucho más lejos si quisiéramos.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Siempre pasa lo mismo en las guerras, madame; los mercenarios son los que sacan mayor tajada y se aprovechan de las desgracias para llenar sus bolsillos. Los líderes de ambos bandos deberían tener esto en cuenta, antes de meterse en un conflicto. Pero parece que el ansia de poder y los odios pueden más.

    Saludos cordiales.

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    1. Hombre, Tío Antonio, cuánto tiempo sin verle!
      Me alegra su regreso.

      Buenas noches

      Bisous

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  8. Saludos. Felicidades por su excelente novela.
    En cuanto a su blog, me refuerza en la idea de que a partir de la IIª Mundial se terminaron los componentes reconocibles que las provocaban. La definición que usted apunta en la presente entrada, de que “la población ya no distinguía entre amigos y enemigos”, retrata perfectamente la situación a la que hemos llegado.
    La enlazo a mi blog. Hasta pronto.

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    1. Siempre es difícil determinar las causas. Suelen ser una amalgama en la que las cuestiones económicas no están precisamente al margen. Pero parece que en este planeta siempre tiene que haber algún polvorín a punto de estallar.

      Muchas gracias, madame, y buenas noches.

      Bisous

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  9. las causas están muy bien descritas. yo apuntaría incluso un conflicto entre lo viejo y lo nuevo, en el que lo viejo es lo católico con aire de cruzada y lo moderno un protestantismo o un catolicismo adhoc como el de los franceses. pero es una teoría muy poco elaborada, lo sé.
    que tenga buen martes, madame!
    bisous!

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    1. Lo que pasa que ese enfrentamiento entre catolicismo y protestantismo llevaba tiempo produciéndose. No era nuevo. En Francia, por ejemplo, el siglo anterior había contemplado varias guerras de religión entre católicos y hugonotes, pero más o menos se consiguió mantener dentro de unos límites geográficos. Con la guerra de los treinta años, sin embargo, todo se desbordó.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)