sábado, 13 de junio de 2015

El complot de Babington

María Estuardo

Seguramente la conspiración más dramática de cuantas se urdieron en torno a Isabel I de Inglaterra fue el complot de Babington, que terminó con la condena a muerte de María Estuardo. 

En el punto de partida de esta historia se encuentra Walsingham, principal secretario de la reina. Walsingham había sido embajador en Francia por la época en la que tuvo lugar la masacre de San Bartolomé contra los hugonotes. Fue el jefe del servicio de espionaje de Isabel, para la que organizó una enmarañada red capaz de desbaratar cuantas conspiraciones había en marcha, unas intrigas que tenían por objetivo acabar con la vida de la reina. El secretario veía claro que para ponerles fin era preciso eliminar de raíz la amenaza que suponía María Estuardo, y para ello decidió tenderle una trampa. Si la escocesa caía en ella, Isabel se decidiría al fin a firmar su sentencia de muerte.

La idea era hacer llegar a la reina de Escocia las cartas que su gente le escribía en París, y entregar posteriormente las respuestas de María a través de un cervecero que en realidad trabajaba para él. Ella recibía los mensajes que eran introducidos en una bolsa de cuero oculta en un tapón hueco de un barril de cerveza. Cuando el barril llegaba al castillo de Fotheringhay, donde se hallaba recluida, un servidor extraía los documentos y los entregaba a María, que no sospechaba que la correspondencia era interceptada antes de llegar a sus manos. 


Como reacción contra la política abiertamente anticatólica que estaba siendo llevada a cabo en Inglaterra, un joven llamado Anthony Babington urdió un complot para rescatar a María Estuardo y sentarla en el trono de Isabel, cuya legitimidad no era aceptada por los papistas. Estos juzgaban nulo el matrimonio de Enrique VIII con Ana Bolena, y por tanto consideraban que la hija habida de dicha unión no tenía derecho a ceñir la corona. Una vez destronada Isabel, la heredera más próxima era la escocesa, cuya abuela había sido Margarita Tudor.

Babington y algunos amigos se reunían en The Plough, una posada a las afueras junto a Temple Bar, y allí ultimaban el plan. Gracias a la extensa red de espionaje, Walsingham pronto descubrió la existencia de este complot y envió como infiltrado a un doble agente, un sacerdote llamado Gifford. Este había estado implicado en otras conspiraciones anteriores para asesinar a Isabel, y en octubre de 1585 había viajado a París, donde se puso en contacto con un agente de María. A su regreso, dos meses después, fue arrestado. Dicen que entonces se dirigió a Walsingham en estos términos:

—He oído hablar del trabajo que hacéis y quiero serviros. Carezco de escrúpulos y no temo al peligro. Haré cualquier cosa que me ordenéis.

Aceptados sus servicios, comenzó a trabajar por la causa de Isabel y se puso de acuerdo con el cervecero para apoderarse de la correspondencia que recibía María Estuardo. Dados sus antecedentes, ningún partidario de la escocesa hubiera sospechado de él.

Cuando se infiltró entre los conjurados, le dijo a Babington que se había enterado del complot a través del agente de María al que había visitado en Francia, y a continuación se ofreció a facilitarle la entrega de mensajes a la prisionera a través de su amigo el cervecero.


Babington confió en él y comenzó así a enviar cartas cifradas por este medio, sin imaginar que estaban siendo interceptadas por Walsingham. En julio de 1586 el joven le escribía a la reina de Escocia que él y un grupo de amigos planeaban asesinar a Isabel y ponerla a ella en su lugar con ayuda de una invasión extranjera, para lo cual solicitaba su autorización. María cometió el error de responder. En su respuesta resultaba obvio que aspiraba a mucho más que a quedar en libertad, y que contemplaba con agrado las perspectivas de sentarse en el trono inglés. Pedía que no se hiciera nada hasta que la invasión estuviera bien preparada y dejaba el asunto del asesinato de Isabel a decisión de Babington; es decir, no aprobaba expresamente el crimen, pero tampoco se oponía.

Walsingham empleaba falsificadores que rompían el sello de las cartas, hacían copia y luego volvían a sellar el original de modo idéntico a como había sido entregado antes de devolverlas a Gifford. El jefe de este equipo era Thomas Phelippes, un falsificador experto en descifrar códigos secretos. Esto resultaba necesario, puesto que los mensajes estaban codificados con 23 símbolos que sustituían a las letras del alfabeto y otros 35 que representaban palabras o frases, además de alguna otra complicación. De ese modo los conspiradores creían estar a salvo en caso de que la carta cayera en manos enemigas.

Para poder atrapar también a los cómplices, el astuto Walsingham ordena a Phelippes que añada una postdata igualmente cifrada en la respuesta de María, simulando que ha sido escrita por la propia reina de Escocia: 

“Quisiera saber los nombres y cualidades de los seis caballeros que llevarán a cabo el plan, porque, al conocer de quiénes se trata, tal vez podría daros yo algún consejo sobre cómo proceder; con el mismo propósito me gustaría saber, en cuanto podáis decírmelo, quiénes están ya al tanto, y hasta qué punto, de los detalles de este asunto.”

Sir Francis Walsingham

Babington, que no era una lumbrera, cayó en la trampa y reveló cuanto Walsingham precisaba saber. El 3 de septiembre era enviado a la Torre. Al ser interrogado, confesó que María había escrito la carta apoyando el complot. Fue juzgado junto a sus cómplices y condenado por por alta traición. Se erigió un patíbulo en St Giles in the Field, cerca de Holborn, y allí fue colgado, castrado, eviscerado y descuartizado junto a siete de ellos. Después de la ejecución, el verdugo distribuyó por diversos puntos de la ciudad los pedazos a los que habían quedado reducidos los cuerpos, para advertir de las consecuencias que traería ceder a la tentación de seguir el ejemplo de Babington.

Los otros siete conjurados fueron ejecutados al día siguiente. Tuvieron una muerte menos cruel por orden de Isabel, a quien había resultado excesivo el espectáculo anterior. Se los colgó hasta que murieron, y solo después sufrieron el resto del suplicio.

Gifford, tras recibir de Walsingham una pensión de cien libras por el relevante papel que había desempeñado, se trasladó a Francia. Al año siguiente era arrestado en un burdel y, como sacerdote, confinado en la prisión del arzobispo, donde al parecer falleció en 1590.

A María Estuardo el complot le costó la vida. El tribunal que se reunió en Westminster la encontró culpable de “urdir e imaginar la muerte y destrucción de la reina de Inglaterra”. Isabel I firmaba la sentencia y el 8 de febrero de 1587 la reina de Escocia era decapitada en el castillo de Fotheringhay.

Dieciséis años después era el hijo de María quien se sentaba en ese trono que la muerte de Isabel dejaba vacante. Los Estuardo sumaban la corona de Inglaterra a la de Escocia.


18 comentarios:

  1. Qué refinados eran estos señores en el arte de la tortura. Por eso me gusta esa idea aplicada a los conjurados, con posterioridad al método usado con Babington: primero dejarte morir y después... ya pueden hacer lo que deseen con el resto: estofado, barbacoa, morcillas...
    Un saludo y feliz fin de semana, madame.

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    1. Eso es. Si quieren hacer morcillas, que las hagan con el muerto, no con el vivo, que debe de doler mucho.

      Feliz finde también para usted.

      Bisous

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  2. Y les daba tiempo para comer y saborear .En esa época que estómago xD.para ver esos espectáculos tan crueles.Siempre el miedo como arma arrojadiza para someter.


    La realidad supera a la fición .-Si Isabel sabe que años más tarde iba a reinar el hijo de su enemiga y fusionarse...Uff mon dieu piernas para que te quiero...

    Y el final del sacerdote sin escrúpulos tampoco se hizo esperar .

    Feliz fin de semana .

    Bisous.

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    1. El caso es que Isabel lo sabía. Ella no tenía descendencia, y para entonces ya no era fértil, el asunto no tenía arreglo. Isabel sabía cuál era su pariente más próximo, y por tanto su heredero. Por eso es tan extraño que no hubiera puesto más empeño en tener un hijo.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  3. Madame me pregunto que doloroso fue ser castrado, mutilado y sangrado por métodos tan bárbaros, aunque sádicos, moneda corriente en esos tiempos para un traidor.

    Por otra, usted hace muy relativo el papel de walsingham un hombre astuto, con gran ambición y muy desapasionado, que no dudaba en sus métodos con tal de obtener lo que se proponía.
    No le conozco mucho pero me remito a los hechos, fue el mayor apoyo en la oscuridad para Isabel I, ya que Cecil lo fue en la administración a simple vista.

    María... María descrita por un autor decía que era la mayor ingenua testa coronada de Escocia, primero por buscar refugio en Inglaterra cerca de la reina a quien ella misma detestaba y alardeaba ser una hija ilegítima, en llevarse tan rápidamente en conspiraciones que no tenían sentido y más aún confiar mucho en lo que no veía.

    Yo por mi parte creo es un poco de lo descrito, aunque le faltaba un poco de astucia e inteligencia.

    Bisous

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    1. Sí, digamos que María no tenía muchas luces. Tal vez le faltaba capacidad de reflexión en los momentos críticos.

      Cecil tiene también un papel en La Corte del Diablo, por cierto. Aunque no Walsingham. Otra vez será.

      Buenas noches

      Bisous

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  4. Hola Madame:
    Terrible eso de los descuartizados, por mucho que se sea enemigos. Aunque esa práctica no era aislada en aquel entonces.
    Yo creo que si hubiese sido al revés, Maria Estuardo hubiese actuado igual.

    Besos

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    1. Eso está demostrado, puesto que no ponía objeción al plan para asesinarla, que no era muy legal.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  5. Desde luego muchas luces no tenía. Esa posdata era de lo más sospechosa y sin embargo, contestó a sus preguntas.
    Si Babington sufrió más que los otros, quiere decir entonces que no fue sometido en el orden dicho a tan crueles tormentos. Qué horror.
    Beso su mano.

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    1. Babington mordió el anzuelo porque la postdata estaba escrita empleando los códigos, que él pensaba que eran seguros. De cualquier manera, lo sensato hubiera sido no decirle nada a María, por el doble motivo de mantenerla lo más posible al margen una vez obtenida su autorización, y de evitar cualquier posible indiscreción por esa vía.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Fascinante el tema del espionaje tan refinado desplegado por las potencias europeas en el siglo XVI. Un tema, por cierto, poco conocido para el gran público y que explica muchas de las decisiones de monarcas de la época. Se decía que el más desarrollado era el español, del cual se conoce el nombre de numerosos espías revelados por la historiografía más actual. La decisión de llevar al patíbulo a María Estuardo provocó una verdadera conmoción a nivel diplomático.
    Un besito

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    1. Eso para los que crean que todo eso de los espías lo inventó John le Carré :)

      Feliz tarde, madame.

      Bisous

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  7. Bon soir Madame
    María Estuardo educada en la brillante corte de Enrique II, era más francesa que escocesa y aunque era muy culta, definitivamente no tenía el talento de la gran Elizabeth I. Aunque muchos historiadores coinciden en que fue grave error casarse con el primo Darnley, esto es relativo pues pudo concebir al heredero que perpetuaría la dinastía de los Estuardo. Con respecto a que Elizabeth I no puso empeño en tener hijos, opino que la pobre era consciente de ser estéril, pues existe un episodio donde se narra que cuando le informaron que María había parido al peque Jacobo, ella se arrojó al piso y estalló en lágrimas, sus damas se apresuraron en levantarla y le preguntaron que le sucedía, ella respondió "La reina de Escocia ha tenido un crio y yo no soy más que una piedra estéril".

    María estuvo prisionera durante diecinueve años, cualquier ser humano estaría más que desesperado, así que no se le puede culpar de haber caido en la trampa de Walsingham. Si no fuese así hubiese tenido que esperar otros dieciséis años, lo que sumarían treinta ycinco en total, ¿alguien podría soportar tan prolongado cautiverio sin terminar desquiciado?

    Un tema interesantísimo el que nos presenta, feliz domingo
    Fred

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    1. Cierto, pero eso no excusa a María, porque ella podría haber propuesto que en lugar de asesinar a Isabel, se la retuviera prisionera igual que lo estaba ella. Pero no. Ella se lavaba las manos cómodamente.

      En cuanto a Isabel, su lamento igualmente podía deberse a que había rebasado los 30 años y las circunstancias no habían permitido aún que ella se casara y tuviera un hijo, lo que la hacía desesperar, pero no necesariamente a que fuera físicamente imposible tenerlo. Entre ella y María siempre parecía haber alguna clase de competición.

      Gracias, monsieur. Pienso, en efecto, que fue una época apasionante. En cada corte estaban pasando cosas capaces de atrapar nuestro interés.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. cuando una persona tiene mala suerte en la vida, la tiene. y cuando la busca, pues más. y maría estuardo combinaba las dos capacidades. la natural y la... me lío.
    oiga, que espero que esté teniendo buena semana.
    bisous!!

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    1. No sé si realmente tenía mala suerte. Lo tuvo todo, absolutamente todo. Pero claro, es que no se puede ir así por la vida.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  9. Me fascina todo lo relacionado con la reina Isabel I, por lo tanto disfruté muchísimo esta entrada y la anterior. Qué forma más cruel de ejecutar a una persona! Me causa pavor cómo murieron los primeros en ser ejecutamos. Beso

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    1. Sí, las penas por traición eran terribles, y, sin embargo, no parece que lograran efecto disuasorio. Siempre había en marcha alguna conspiración.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)