domingo, 5 de abril de 2015

Napoleón y la Gioconda


“Es más vieja que las rocas entre las que se sienta; como el vampiro, ha estado muerta muchas veces, y ha conocido el secreto de la tumba”. Walter Pater


La Gioconda es seguramente el lienzo que más fascinación ha suscitado durante siglos, desde que el rey Francisco I de Francia lo adquiriera. La mujer del retrato es Lisa Camila Gheradini, segunda o tal vez tercera esposa de Francesco Bartolomeo del Giocondo, un rico comerciante que ocupó un cargo en el gobierno de Florencia y con el que Lisa tuvo cinco hijos. Gioconda es, por tanto, su nombre de casada.

Al parecer Francesco estaba enamorado de su mujer, con la que contrajo matrimonio cuando ella era apenas una adolescente de quince años, y fue él quien encargó su retrato a Leonardo da Vinci con motivo del nacimiento de uno de sus hijos. Leonardo aceptó el encargo porque andaba escaso de recursos en ese momento, pero poco después viajaba a Milán y dejaba el retrato sin terminar. El cuadro nunca fue entregado ni pagado, y el pintor lo terminó muchos años después, mientras estaba en Francia.

Francesco fue el primer admirador de Lisa, pero a él seguirían muchos otros a lo largo de los años. La Gioconda terminó en el Louvre. Durante el siglo XIX se convirtió en objeto de fascinación para los románticos; recibía flores, poemas y notas apasionadas que desconcertaban a los estudiosos del cuadro. “Amantes, poetas, soñadores, acuden a morir a sus pies”, escribió un conservador del museo. Y no exageraba: Los espíritus más arrebatados llegaban al suicidio. En 1852 un artista se arrojó desde la cuarta planta de un edificio de París tras dejar una nota de despedida en la que decía “Durante años he luchado desesperadamente contra su sonrisa. Prefiero morir”. Théophile Gautier decía que aquella boca hacía que los espectadores se sintieran como tímidos escolares en presencia de una duquesa, y llamaba a la Gioconda la esfinge de la belleza.

Ni siquiera Napoleón Bonaparte había sido insensible a su influjo. El emperador tenía el retrato colgado en su dormitorio en el palacio de las Tullerías. Estaba fascinado por la Gioconda, a la que él llamaba “Madame Lisa”, y posiblemente por esa razón puso sus ojos en una joven llamada Teresa Guadagni.

En 1805, después de que el Senado proclamara el Primer Imperio francés, Napoleón confió a su hermana Elisa el gobierno de una gran parte de Italia. Dos años más tarde Elisa fundaba una escuela para jóvenes aristócratas, con el objetivo de convertirlas en futuras esposas bien educadas y refinadas, y reclutó a las más bellas entre aquellas jovencitas como damas de compañía. 

Una de ellas fue aquella Teresa Guadagni, nacida en 1790 y descendiente precisamente de Lisa Gherardini. Al igual que su antepasada, Teresa poseía, al parecer, un atractivo especial, y guardaba un parecido tan curioso y remarcable con ella que pronto acaparó la atención del emperador. 

Napoleón la vio probablemente por primera vez en París, una ciudad que Elisa continuaba visitando con frecuencia en compañía de su séquito, y no tardó en poner cerco a la bella. Pero cuentan que Teresa resistió sus avances, y que el emperador nunca obtuvo de ella nada más que aquella enigmática sonrisa que le devolvía el retrato de su “Madame Lisa”. 

La historia de Napoleón a partir de ese momento nos es bien conocida: en 1810 se divorció de Josefina y se casó con María Luisa, y cinco años después partía al exilio tras ser derrotado en Waterloo. La vida de Teresa, en cambio, transcurrió de un modo más silencioso. A la caída de Bonaparte Teresa se casó con un conde italiano, y la historia pierde memoria de ella.

¿Y la Gioconda? ¿Fue una moda pasajera que terminó con los últimos románticos? No.

Durante la Belle Epoque, las mujeres procuraban adoptar su aire y embadurnaban rostro y cuello con polvos amarillos para adquirir la tonalidad del retrato mientras trataban de imitar su sonrisa. En los cabarets de París había bailarinas vestidas como ella para bailar el can-can.

Pero la influencia de la Gioconda se extendía a todos los ámbitos, y así, no solo fue motivo de inspiración para gran número de escritores, sino que también la encontramos durante la Segunda Guerra Mundial, cuando los británicos utilizaron el siguiente mensaje cifrado para contactar con la resistencia francesa: 

“La Joconde garde un sourire”.


27 comentarios:

  1. No es de extrañar que aquel artista que se arrojó al vacío desde un cuarto piso, fuera alma del siglo XIX, el siglo de los románticos por antonomasia. Y es que Monalisa es, sigue siendo, sin duda, enigmática.
    Beso su mano.

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    1. Sí, pero entre ser un enigma y arrebatar corazones de ese modo hay un buen trecho, y al parecer ella ha conseguido cruzarlo desde el lienzo. Ella... o tal vez Leonardo.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. A mí, sin embargo, ese rostro no me atrae demasiado. Quizás por ser muy conocida y estudiada.
    Lo que no me imagino es alguien con su aspecto bailando el can-can. Jejeje.

    Abrazos, madame!!

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    1. La verdad es que no parece el look más adecuado para el baile. No sé a quién se le ocurriría semejante idea.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. No llegó a entender como La Gioconda puede provocar semejante entusiasmo. Admiro el retrato y esa sonrisa especial, pero no me parece bella.
    Bisous.

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    1. Bueno, cuestión de modas, también, supongo. Lo extraño es que ha fascinado a generación tras generación durante siglos, e incluso hoy.

      Buenas noches

      Bisous

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  4. Una sonrisa enigmática...El cuadro en sí no me gusta, pero sin embargo me atrae...

    Besos Madame

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    1. A Jules Michelet le pasaba algo así.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. Un retrato enigmático que ha hecho correr ríos de tinta. Mensajes ocultos, dobles sentidos, alusiones jocosas, misterio...De la Gioconda se ha dicho de todo, hasta que era un travesti o transformista y que su sonrisa era la impostura socarrona de alguien que sabe que representa un papel equívoco y que intenta pasar por lo que no es. Los que comparten esta teoría, a todasluces disparatada, argumentan que Leonardo, espíritu sensible, estaba en sintonía con el equilibrio entre lo masculino y lo femenino. Creía que el alma humana no puede iluminarse a menos que incorpore los dos elementos: el masculino y el femenino. Lógicamente, un cuadro tan increíble y único es normal que dé pie a una y mil interpretaciones. Cuando estuve en el Louvre quedé fascinado a pesar del cristal, a modo de preservativo protector de flases y desaprensivos; pero quizá no tanto como para tirarme desde la azotea, una fea costumbre que revela que el que lo hace también está mal de la idem.
    Un saludo.

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    1. Y seguro que el retrato aún dará para mucho, y servirá de inspiración tanto a artistas como a extravagantes. Su historia ha sido tan peculiar, robo incluido, que alienta imaginación al margen de su estricto valor artístico.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. Me ha gustado saber de la historia de esta dama. Antes de conocerla en el Louvre, sentía curiosidad por saber como era, después quedé decepcionada al comprobar que el cuadro no se puede apreciar bien por la gran afluencia de gente que la visita, ni tampoco me parece una señora guapa. Me gusta visitar esa sala, más que para ver a la Gioconda para ver las Bodas de Caná de Veronese.

    Buen lunes de Pascua a todos.

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    1. Es una lástima no poder disponer de un poco más de intimidad para observar el retrato, en efecto.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Hay varias versiones acerca de que si estaba casada o era la amante" Del Giocondo".-La verdad que para ser una pintura con un tamaño no excesivo: si que acapara muchos suspiros ,esta Monalisa o Gioconda.Aunque todas las versiones en Arte son aceptadas...

    Feliz lunes de Pascua.

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    1. Era su esposa, madame. Él mismo, en su testamento, la llama "su querida esposa", y le devuelve la dote. Las amantes no aportan dote.

      Gracias, madame, feliz lunes también para usted.

      Bisous

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  8. Como Valverde considero el cuadro una obra de arte, pero la dama en sí no me parece que tenga nada de particular. Labios invisibles, sonrisa sin serlo, párpados sin pestañas, sin cejas... ¿sería que a Leonardo no le gustaba representar a las mujeres belludas salvo el cabello de la cabeza? Así lo parece. En todo caso en todas sus representaciones femeninas hay un rastro de Lisa. ¿Lisa fue su mujer ideal o es que en su término del retrato, allá en Francia, trasladó su ideal de belleza femenina a aquel retrato? Y digo ideal de belleza femenina, pero es que en la masculina le pasaba un poco igual. Sólo hay que comparar sucuadro de "San Juan Bautista", de su última etapa, para darnos cuenta de la presencia en él de esa misteriosa mujer.
    Un beso

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    1. No, madame, sobre las cejas de la Gioconda, en realidad Leonardo las había pintado, pero una lamentable limpieza posterior no permite apreciarlas.

      Feliz tarde

      Bisous

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  9. Creo que el cuadro en si tiene algo que no se puede explicar...
    Estar en presencia de la pintura es una sensación de que nos están observando desde todas las posiciones que cada cual la mire, además su sonrisa medio fingida medio escondida o enigmática da otra sensación.

    En si Madame el cuadro es único como todas las obras de Leonardo, existen muchos que se han enamorado de ese cuadro y otros hasta se quitaron la vida.

    Cada cual con lo suyo, pero si es el mejor cuadro jamás pintado.

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    1. Yo no diría tanto, pero bueno. Dicen que vale más caer en gracia que ser gracioso.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  10. Es increíble la fascinación que despierta y despertó este cuadro; lo que me parece perfectamente entendible ya que tiene un encanto especial, cierto aura de misterio que lo hace bello y único.

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    1. Probablemente hay muchos otros lienzos que también, pero no han tenido tanto marketing.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  11. Desde luego, es una pintura carismática.La Gioconda es una It Girl secular y no creo que pierda jamás su influencia en los años futuros. ¿Con qué intención la pintó Leonardo, qué sutiles trazos captan nuestro embeleso por esa sonrisa misteriosa?


    Bisous y pasé usted una buena semana.

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    1. Gracias, madame, igualmente para usted. Que disfrute del regreso a la rutina tras la Pascua.

      Bisous

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  12. llámeme lo que quiera, pero yo no le veo misterio a la sonrisa en sí. que no. que no se la veo. que es una cara muy bonita y tal, vale. pero oiga, cada uno elige la sonrisa por la que perder la cabeza.
    buen día madame!

    bisous!

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    1. Bueno, por lo menos a usted le resulta bonita la cara, que ya es.
      Incluso se puede perder la cabeza por otras cosas, eso es al gusto del consumidor.

      Feliz tarde

      Bisous

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  13. "la esfinge de la belleza"
    Me gustó :)

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