miércoles, 29 de abril de 2015

Le Guast, "Nacido para el Mal"


En la Biblioteca Nacional de Francia se conserva un dibujo que retrata el rostro felino de Louis de Béranger, Sieur du Guast (Señor de Le Guast), con sus facciones angulosas, barba en punta, labios finos de gesto desdeñoso y mirada dura e irónica a la vez, reveladora de audacia y astucia. Hay algo en él que resulta imponente e infunde respeto en quienes le rodean, incluso miedo a veces. Son muchos los cortesanos que llegarán a odiarlo por su insolencia y su orgullo desmedido, pero, sobre todo, por la enorme influencia que ejerce sobre su amigo, el que fuera primero duque de Anjou y después Enrique III de Francia. 

Miembro de una antigua familia del Delfinado, Louis había nacido en 1540. Treinta años más tarde lo encontramos en la corte como gentilhombre de cámara y capitán de la guardia del duque de Anjou. Le es absolutamente leal a Enrique, a quien acompañará incluso a Polonia, y le aconseja con una franqueza que llega a ser brutal. No vacila a la hora de denunciar ante él a los personajes más encumbrados, aunque sean los propios hermanos de Anjou. Fue él mismo quien le reveló los amores de Margot con el duque de Guisa, y quien consiguió la carta que demostraba la relación a través de una servidora de la princesa. Para Margot, Le Guast era su bestia negra; en sus memorias se refiere a él como “ese hombre malvado, nacido para hacer el mal”.

Era un notable espadachín, probablemente la mejor espada de Francia, pero en su persona la violencia coexistía sin problemas con una cultura esmerada y una inteligencia despierta. Mujeriego empedernido, se negaba a casarse. Cuando un día Brantôme le sugirió hacerlo, su respuesta fue que hasta entonces lo había tenido por uno de sus mejores amigos, pero que se había desengañado al ver que le proponía lo que él más detestaba: casarse y convertirse en cornudo en lugar de seguir burlando él a los demás. Decía que ya tenía suficientes mujeres al año, y consideraba el matrimonio una especie de prostitución regulada por ley.


Uno de los cortesanos a los que convirtió en cornudos fue el padre de la célebre Gabriela d’Estrées. Françoise, la madre de Gabriela, estaba loca por Le Guast, y se trataba de algo público y notorio. En una ocasión la dama entró en el gabinete de Catalina de Médicis mientras Margot se encontraba allí. La princesa, que no solía morderse la lengua, comentó con desprecio:

—Ahí está la perra del capitán.

Un insulto que Françoise no sufrió sumisamente, sino que haciendo un juego de palabras, replicó:

—Prefiero serlo del capitán que del general.

Y al decir “general” quería expresar “todo el mundo”.

Margot tenía sus motivos para sentirse aludida. También los tenía para odiar de tal modo a Le Guast. Todo había comenzado con el asunto del duque de Guisa, pero no se detendría ahí. La espiaba constantemente, delataba sus conspiraciones, sus intrigas con su hermano menor y sus asuntos amorosos. La hacía seguir cuando salía en su carruaje para reunirse con alguno de sus amantes, se lo contaba a Enrique, y posteriormente incluso a su marido. En una ocasión hizo registrar la casa donde creía que ella se encontraba con un caballero, para disgusto de Catalina de Médicis.


Le Guast se había convertido en un personaje muy molesto para muchos poderosos personajes, de modo que un día se decidió su muerte. Nunca se ha sabido a ciencia cierta quién ordenó el asesinato, pero sí que su brazo ejecutor fue Guillaume Duprat, Barón de Vitteaux, muy ducho en esos asuntos. El cronista Pierre de L’Estoile apunta hacia el padre de Gabriela, que habría obrado por celos y deseoso de vengar sus cuernos. De Thou deja entrever la posibilidad de que fuera Margot la instigadora, harta del acoso al que la sometía Le Guast. Pero el abanico de sospechosos es más amplio: Vitteaux pertenecía al círculo de Alençon, y además la propia Catalina de Médicis lo odiaba profundamente desde aquel escándalo del infructuoso registro de la casa.

Louis sabía que tenía motivos para temer a los poderosos, y por eso siempre salía en compañía de gente de armas que lo escoltaban y a los que incluso sentaba a su mesa. Se alojaba habitualmente en el Louvre, y después de haber dejado a sus guardias a las puertas de los aposentos del rey, los hacía colocar igualmente a las suyas. Pero Vitteaux sabía que Le Guast se alojaba a veces en una casa de la rue Saint-Honoré, donde podía reunirse más discretamente con Françoise. Esos días los arcabuceros del Louvre acudían por la mañana a montar guardia en la calle hasta las diez o las once de la noche. Fue hacia esa hora, el 31 de octubre de 1575, cuando el asesino y tres cómplices, disfrazados de arcabuceros, lograron entrar en la casa. Le Guast leía, acostado en la cama, y reconoció a Vitteaux antes de que comenzaran a llover sobre él dagas y espadas. Todo concluyó en apenas unos minutos. Louis quedaba moribundo sobre el suelo mientras sus asesinos se retiraban con todo sigilo.




22 comentarios:

  1. La gente provocadora que va dejando un rastro de infamia detrás de sí suele acabar mal, porque en su cuenta corriente hay más "debe" que "haber".
    Parece que hoy me he levantado un poco "bancario".
    Un saludo y feliz día.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En realidad en mi opinión tenían más pecados sus asesinos que él. Le Guast se limitó a ser siempre leal a los intereses de su amigo, fueran o no contra su familia. No era de los que dicen lo que más agrada oír.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
  2. Una persona incómoda para muchos ... Por eso lo mataron a traición.ya que era un excelente espadachín.-

    Que disfrutes de este largo finde

    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, solo había una forma de matar a Le Guast, y fue la que emplearon.

      Gracias, igualmente para usted, feliz finde.

      Bisous

      Eliminar
  3. Posiblemente, dadas sus habilidades, nadie se atrevería a retarlo.
    Saludos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí se atrevían, sí. Le Guast no era el único buen espadachín de la corte.

      Feliz fin de semana

      Bisous

      Eliminar
  4. Bon nuit madame
    Desconocía a este personaje quien fue fundamental en las intrigas de Henri III. Los odios y traiciones variaban según lo intereses, pues leí alguna vez que la casquivana Marguerite fue golpeada por su hermano y por la propia Reina Madre cuando se descubrieron sus relaciones con el duque de Guisa.

    Esta entrada ha sido muy novedosa, gracias por la valiosa información.
    Fred

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Este personaje es uno de los que componen mi novela, La corte del diablo, por lo que a algunos por aquí ya les sonará bastante. La escena que usted describe, en efecto, existió, y también se narra en la novela.

      Gracias a usted y feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  5. Un caballero del que quizás no hubiese sido amigo de él. Creo que podía tener otro final.

    Besos Madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sería buena cosa tenerlo como amigo y no como enemigo, porque era muy leal.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  6. Mientras en la corte de Louis XIV todo eran placeres y jaleos de cama que no llegaban más allá en la mayoría de las ocasiones, en la de Carlos IX y Enrique III todo se solucionaba con las armas. Los asesinatos estaban a la orden del día y no había jornada en la que algún noble no amaneciese cosido por las dagas.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Madame, yo le puedo garantizar a usted que en la corte de Carlos IX y Enrique III los placeres y jaleos de cama eran superiores a los de la corte del Rey Sol. En la de los últimos Valois, más populares que los asesinatos eran los duelos, un verdadero problema, por lo que Carlos IX tuvo que prohibirlos. No es que la prohibición sirviera de mucho, desde luego.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

      Eliminar
  7. Habría hecho bien en salir de la Corte para refugiarse en algún lugar en el que no fuera reconocido. Mala cosa es vivir acompañado de guardias para proteger la vida, fue un final previsible en aquellos tiempos, demasiada maraña de amantes, despechadas y agraviados.

    Bisous y pase usted un buen puente.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Entonces usted apuesta por ese móvil? Es el menos probable, pero quién sabe.

      Feliz finde también para usted, madame.

      Bisous

      Eliminar
  8. Se le podría aplicar el dicho: "quien siembra vientos recoge tempestades" o aquel que dice: "quien a hierro mata a hierro muere".
    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, pero asesinado, y no en un duelo.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  9. Realmente este Le Guast tuvo una vida muy singular junto al rey Enrique III era sus ojos y su mejor consejo, sin duda si no hubiera muerto asesinado el fin de Enrique III hubiera sido distinto.

    Por otro lado que influyente debió ser para tener esa maquinaria leal de espías y colaboradores, seductor pues si ese aire arrogante, esa soberbia y altanería que de muestra la pintura sin duda no dejaba mujer alguna indiferente, cada cual tiene sus gustos.

    Con respecto al matrimonio en esa época era mejor poner cuernos a otros, a que se salieran cornamentas que adornarán su cabeza...

    Bisous Madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sin embargo, al contrario que ahora lo usual era casarse, pues el matrimonio consistía en una serie de intereses ante los cuales el efecto secundario de los cuernos era una molestia necesaria. Pero él valoraba la libertad tanto como la lealtad.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  10. En la historia, más aún en las novelas uno siempre acaba tomando partido. No es fácil ni en la historia ni en su novela, fiel reflejo de su personalidad, ponerse de su parte. Me ha gustado mucho saber el final de de este antipático personaje del no hace falta más que leer su novela, para ver que era previsible que terminara así.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues es curioso, porque a mí Le Guast no me resulta antipático. En una corte en la que los hermanos, los padres y los hijos se traicionaban y todo el mundo (hasta Nicole!) jugaban con dos o tres barajas, él era el único cuya lealtad era absoluta e inquebrantable. Yo valoro mucho eso. Además tengo cierta debilidad por los caballeros que entre lance de armas y lance galante encuentran tiempo para leer.
      Previsible su final, seguramente, sí, aunque en mi opinión no justo. Lo justo hubiera sido un duelo, la misma oportunidad que él había dado a sus enemigos, y no asesinado a traición, desarmado contra cuatro.

      Feliz fin de semana largo, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  11. que no se debe desear el mal a nadie, pero oye, es que hay gente que va buscándoselo. aunque como bien dice, no es justo morir así, a traición. que uno era malo, pero noble.
    buena semana, madame.
    bisous.

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)