sábado, 28 de marzo de 2015

Las rosas de Heliogábalo


Vario Avito Bassiano, posteriormente llamado Heliogábalo, fue sin duda uno de los más peculiares emperadores romanos. Nacido en Siria hacia el año 203, en su adolescencia fue sacerdote del dios El-Gabal, del que deriva su nombre.

Contaba alrededor de catorce años cuando fue proclamado emperador, y su reinado supuso grandes cambios en Roma. Uno de ellos fue en materia religiosa, puesto que reemplazó a Júpiter por su propia divinidad. Según Herodiano, Heliogábalo continuó practicando en Roma los mismos ritos que había aprendido desde la infancia en su ciudad natal. Se vestía con ricas túnicas púrpura bordadas en oro, se ponía collares y pulseras y una tiara adornada con joyas. Despreciaba el paño romano y el griego, y solo encontraba aceptable el procedente de Siria. Así vestido, y acompañado por la música de flautas y tambores, procedía a honrar a su dios en excéntricas ceremonias en las que los personajes más destacados estaban obligados a participar. El emperador se subía al altar “con atuendo afeminado y las tetillas al aire”, para consternación de sus espectadores.

Su abuela, Julia Mesa, había intentado persuadirlo para que vistiera al uso romano cuando entrara en la ciudad y se dirigiera al senado, temiendo que su aspecto resultara demasiado bárbaro y ofensivo. “No estaban acostumbrados a tal atuendo y consideraban su atavío propio solo de mujeres”. Pero Heliogábalo no escuchaba los consejos de la abuela, y prefería prestar oídos a aquellos que lo adulaban. Incluso hizo pintar un retrato en el que aparecía de cuerpo entero sirviendo al dios con dichos ropajes. La imagen mostraba al emperador haciendo sacrificios bajo auspicios favorables. Heliogábalo hizo que enviasen el retrato a Roma para que se luciera en el centro del Senado. Al mismo tiempo ordenaba sacrificios públicos al nuevo dios, que debería tener precedencia sobre todos los demás que se invocaban en los ritos.


Cuando llegó a Roma, repartió dinero según la tradición y derrochó en espectáculos a cada cual más extravagante. Erigió un enorme templo a su divinidad en la ladera oriental del Palatino. Allí sacrificaba hecatombes y numerosas ovejas. Las colocaba sobre los muchos altares de los que había rodeado el templo, ante los que depositaba también jarras con los mejores vinos para que después los arroyos de sangre corrieran mezclados con el vino. Mientras tanto él bailaba al son de toda clase de instrumentos, con mujeres de su tierra que lo acompañaban en la danza alrededor de los altares. Los patricios y senadores debían permanecer observando como espectadores en un teatro.

Las entrañas de los animales sacrificados eran luego transportadas en recipientes de oro, sin que ningún hombre de baja condición pudiera intervenir en el proceso. Los encargados del transporte eran los magistrados más importantes, vestidos con túnicas de manga larga con una banda púrpura en el centro.

Heliogábalo construyó teatros y pistas de carreras para agradar al pueblo, y durante las celebraciones colocaba al dios en un carro tirado por seis caballos blancos y adornado con oro y piedras preciosas. Él mismo llevaba las riendas del carro mientras montaba su propio caballo de cara al dios y de espaldas al camino, escoltado a ambos lados para impedir que se cayera a lo largo de un trayecto que aparecía lleno de polvo de oro. La gente corría a su paso portando antorchas y arrojando flores.

La vida conyugal del emperador fue ciertamente agitada. Se casó cinco veces. La primera esposa fue Julia Cornelia Paula, en el 219, un matrimonio concertado por la abuela. Heliogábalo la proclamó augusta, pero meses más tarde le retiraba los honores imperiales y se divorciaba de ella para casarse con Aquilia Severa. Como esta era una vestal, el asunto fue un escándalo objeto de mucha polémica. El emperador dirigió una carta al senado explicando que no había podido resistir la arrolladora pasión que le inspiraba, y que, como él también era sacerdote, consideraba que su matrimonio con una sacerdotisa era perfectamente legal.

Poco después de casarse con la vestal se separaba de ella para desposar a Annia Faustina, bisnieta de Marco Aurelio y viuda de un hombre al que él mismo había ejecutado para poder desposarla. El matrimonio se celebró en julio del 221, pero a finales de ese año también se divorciaba de ella y volvía a casarse con la vestal.

Le tomó tanta afición al matrimonio que buscó también esposa a su dios. Hizo traer una estatua de Palas Atenea para casarla con él, pero entonces cayó en la cuenta de que la divinidad seguramente no estaría muy complacido con una diosa vestida con armadura. Seguro de que Urania sería una esposa mucho más adecuada, mandó a buscar su estatua a la colonia de Cartago. Con el anuncio de que estaba concertando un matrimonio entre el sol y la luna, hizo que le trajeran todo el oro que había en el templo y exigió una suma de dinero como dote de la novia. Cuando llegó la estatua a su destino, ordenó que toda Italia lo celebrara pública y privadamente con gran derroche.

Según la Historia Augusta, Heliogábalo también se casó con un atleta llamado Zotico. El emperador aparecía en público con los ojos y mejillas pintadas, se depilaba, lucía pelucas y tomaba amantes masculinos, entre ellos el auriga Hierocles, al que consideraba su esposo y al que incluso quiso convertir en su sucesor al frente del Imperio.

Dion Casio cuenta lo siguiente al respecto de esa relación:

“Imitaba a la mayoría de las mujeres impúdicas, y a menudo se permitía ser sorprendido in fraganti, a consecuencia de lo cual acostumbraba a ser violentamente reprendido por su marido [Hierocles] y golpeado hasta ponerle los ojos morados. Su afecto por este esposo no era una inclinación suave sino una pasión ardiente y firmemente asentada, más aún cuando después de este grave trato vejatorio, lo amaba aún más y deseaba coronarlo César en ese mismo instante”.


El mismo autor lo llega a acusar de prostituirse en el propio palacio:

“Reservó una habitación en el palacio y allí cometía sus indecencias, permaneciendo siempre desnudo en el umbral, como hacen las prostitutas, y moviendo la cortina que colgaba de anillos dorados, mientras que en una voz suave y conmovedora se ofrecía a los que pasaban por el corredor”.

Herodiano va más allá y afirma que Heliogábalo había ofrecido una fortuna al médico que fuera capaz de dotarlo de genitales femeninos.

Su pasión por Hierocles fue el detonante que precipitó su caída. La guardia pretoriana estaba cada vez más descontenta con sus excentricidades y con dicha relación. Hubo un motín. Heliogábalo intentó huir escondido en un arcón, pero fue descubierto y asesinado mientras su madre también moría abrazada a él. El joven emperador solo tenía 18 años. Después ambos fueron desnudados, despedazados y arrastrados sus despojos por la ciudad.

Cuando se recuerda a Heliogábalo, resulta difícil delimitar la frontera entre leyenda y realidad. Sus excentricidades se exageraron tanto que dieron origen a relatos como el que inspira el maravilloso lienzo de Alma-Tadema: las rosas de Heliogábalo. Según esta leyenda, durante el transcurso de una fiesta del emperador, este mandó que cayeran desde el techo tantas violetas y rosas sobre sus invitados que provocó la muerte por asfixia de algunos de ellos.


18 comentarios:

  1. Calígula no fue el único emperador excéntrico, queda claro.
    No sé por qué se insiste en que los bárbaros que vinieron de fuera de los limes acabaron con el imperio. En realidad, estaban ya dentro.
    Un saludo.

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    1. No, Calígula distaba de ser el único. O tal vez los cronistas padecían de un exceso de imaginación, que todo puede ser.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Hola Madame:
    No tenía idea de este emperador. Desconocido totalmente para mi. Debió dar mucho que hablar en Roma.

    Cada emperador, aparentemente dejo su huella.

    Besos

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    1. Y eso que este tuvo pocos años para dejarla, pero la dejó. Y hasta inspiró alguna hermosa obra de arte.

      Buenas noches

      Bisous

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  3. Hermoso el lienzo de Alma- Tadema; desconocía la historia que lo había inspirado. No dejan de sorprenderme las excentricidades de estos emperadores. Beso

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    1. Imaginación tenían, eso es innegable.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  4. Aun desconociendo casi todo de este emperador, conforme leía me iba convenciendo que su final sería violento. No era la guardia pretoriana, otros casos hubo, cuerpo que se anduviera con tonterías. Vaya cinco años de adolescencia y juventud tuvo el infeliz; ni la abuela pudo contenerlo.
    Beso su mano.

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    1. La guardia pretoriana era todo un peligro, monsieur. La verdad que no tuvo mucho tiempo a disfrutar de su trono.

      Feliz tarde de domingo

      Bisous

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  5. Es más que vertiginoso este reinado de Heliogabalo, tener que ser elevado a emperador por maquinaciones de la abuela y no ser instruido antes cómo no iba a resultar más que excéntrico y vertiginoso.

    18 años en plena flor de la juventud.

    Bisous

    PD no tenia idea de la historia de ese cuadro, que a simple vista parece hermoso

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    1. El cuadro capta justamente el momento anterior a dejar de ser hermoso. Ninguno de los invitados sospecha aún que esa lluvia no se detendrá.

      Buenas noches

      Bisous

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  6. hay un bar en barcelona que lleva el nombre de heliogábalo, incluso tiene una imagen de él. no hay orgías, pero ponen muy buena música.
    que tenga buen lunes, madame.

    bisous.

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    1. Yo en su lugar vigilaría ese techo, no vaya a ser.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. ¿Qué se puede esperar de un chaval de catorce años investido emperador? Pues extravagancias, si no cosas peores. En fin, que nuestra época actual es salvaje pero no se libran las precedentes de su dosis de barbaridades.
    Y ese cuadro de Alma Tadema ha inspirado algún anuncio de marca de perfume de lujo.

    Pase una buena Pascua. Bisous

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    1. No podía ser menos, madame.

      Felices pascuas

      Bisous

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  8. Con solo 18 años y todo el poder y los caprichos a su alcance no es de extrañar que se inclinase al desenfreno. Y hablando de leyendas, a Heliogábalo siempre se le relaciona con tremendas bacanales y fiestas sin fin, en las que el comedimento brillaba por su ausencia. A tal emperador, tales cortesanos.
    Un beso

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    1. ¿Por qué sería que se le relaciona con tanta fiesta, madame?
      Estos romanos eran bien fiesteros.

      Felices pascuas

      Bisous

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  9. Pensaba que había leído casi todo sobre los emperadores romanos, pero este los supera en cuando a excentricidades. Poco podía durar con tales comportamientos.
    Un saludo.

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    1. Y qué mal servicio hace a veces la imaginación. Un ejemplo de creatividad mal empleada.

      Felices pascuas

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)