jueves, 12 de marzo de 2015

Ana de Beaujeu y Luis de Orleáns


Ana de Beaujeu era la regente de Francia, aunque solo de hecho, ya que en realidad su padre, Luis XI, se había limitado a confiarle a su hijo y heredero, Carlos VIII. El esposo de Ana también se enfrentaba a dificultades para gobernar, puesto que su suegro le había encomendado la tarea de modo verbal en su lecho de muerte. Esto fue causa de grandes perturbaciones, siendo aprovechado por los príncipes de la sangre para negar cualquier legitimidad al gobierno del matrimonio. 

Uno de ellos era Luis de Orleáns, primo del joven rey, que aspiraba a ejercer él mismo la regencia. Decidido a obtenerla, se instaló con un numeroso séquito en el castillo de Amboise, donde se encontraba por entonces Ana con su hermano Carlos VIII.

Ella, mujer sumamente inteligente y capaz, antes de que Luis llegara tuvo la previsión de pedir a todos los hombres de armas que ocupaban el castillo que le prestaran juramento de fidelidad. De ese modo su posición quedaba un poco más asegurada, aunque fuera de modo temporal. En realidad era consciente de que necesitaría algo más que el juramento de un puñado de hombres para sentirse segura en su puesto: era preciso que todo el reino sancionara su nombramiento y el de su esposo Pedro, y por tanto había que convocar los Estados Generales. Así lo solicitó, reclamando la ejecución de la última voluntad de su padre. La petición también fue hecha por Luis de Orleáns, que deseaba la misma sanción para sí haciendo valer sus derechos como primer príncipe de la sangre.

Luis de Orleáns (Luis XII de Francia)

Los Estados se reunieron en Tours el 5 de enero de 1484. Tras largos y acalorados debates, se resolvió crear un Consejo de Regencia presidida por Pedro de Beaujeu, mientras que Ana seguiría teniendo la tutela de su hermano.

La decisión no podía contentar a Luis, que abandonó Tours de inmediato y fue a instalarse en la corte del duque de Bretaña, justo el lugar al que iban siempre a parar los príncipes rebeldes, en la certeza de que allí encontrarían toda la comprensión del mundo. No fue distinto en el caso de Luis de Orleáns, acogido con grandes muestras de simpatía por el duque Francisco.

Este tenía una hija también llamada Ana, heredera del ducado, y Luis, aunque ya casado, comienza a considerar la idea de anular su matrimonio para poder desposarla, algo a lo que Francisco presta oídos y acoge con agrado.

Ana de Beaujeu, cuyos agentes estaban por todas partes y le llevaban puntuales noticias de cuanto se cocía lejos de ella, no tardó en estar al tanto del acuerdo entre ambos. Tenía que impedir como fuera que aquel proyecto se llevara a cabo, y para ello lo primero que debía hacer era hacer salir de Bretaña a Luis.


Por aquellas fechas Carlos VIII aún no había sido consagrado. El duque de Orleáns, como primer príncipe de la sangre, debía asistir a su primo en la ceremonia sosteniendo la corona sobre su cabeza, y Ana vio en ello el pretexto perfecto para hacer que acudiera a su lado.

La coronación tuvo lugar en Reims el 30 de mayo de 1484, y el 5 de julio Carlos hacía su entrada triunfal en París entre grandes festejos y celebraciones a las que asistió también su primo, demorando así su presencia en la corte de Francia. 

La relación entre Ana y él no era precisamente idílica; a Luis no le gustaba sentirse supeditado a ella, le resultaba humillante, hería su orgullo y no era capaz de ocultar su resquemor y su descontento. Hacía lo posible por irritarla, la pinchaba cuando se presentaba ocasión. Un día, mientras jugaba a pelota rodeado por las damas de la corte, según cuenta Juan de Serre, “hubo una disputa que era preciso arbitrar. Fueron a preguntar su parecer a Madame de Beaujeu, y esta dama juzgó contra Monsieur de Orleáns. Este, que era suelto de lengua y sabía de dónde procedía aquel juicio, empezó a murmurar que quien le había condenado, si era un hombre, había mentido, y si era una mujer, era una puta, cosa que, cuando se la contaron a Ana, esta se la tragó sin digerirla, aunque poniendo buena cara”.



Ya tenemos La Corte del Diablo en algún escaparate. Muchas gracias a todos los que ya la habéis leído.



16 comentarios:

  1. Al parecer, debían ser los mayores insultos que en aquellos tiempos podrían proferirse contra un hombre o contra una mujer. Tachar a un hombre de mentiroso me imagino que sería tan vejatorio como tratar a una señora de fulana. Si no, habría una doble vara de medir a unos y a otras.
    Un saludo.

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    1. La doble vara de medir existía, desde luego. No eran siglos propicios para la mujer. Aunque también hay que considerar que el mentiroso perdía el nombre del caballero, y eso era muy grave.

      Feliz tarde

      Bisous

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  2. En una confrontación entre un hombre y una mujer de sangre real en aquella época, la mujer tenía todas las perder, así es que es muy meritorio el arrojo de Ana ante Luis. Una mujer de carácter.
    Un beso

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    1. Sí, ella tenía carácter e inteligencia, y la suficiente frialdad para encajar bofetadas así.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  3. Bon nuit Madame

    Indudablemente Ana de Beaujeu fue una dama con temple, para gobernar y combatir todas las intrigas alrededor, sobretodo la del maquivélico Orléans (futuro Luis XII).

    Un anécdota curiosa es que hacia 1490 se negó a ayudar a Bartolomé y Cristóbal Colón
    en su expedición descubridora.

    Feliz fin de semana
    Fred

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    1. No se lo reprocho: yo hubiera hecho lo mismo, seguramente. No siempre se sabe dónde está el éxito.

      Buenas noches

      Bisous

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  4. Hola Madame:

    De armas tomar, aunque cuando la insultaron tuvo que tragar grueso...
    Una época dura para las mujeres...Realmente cual ha sido fácil??

    Besos

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    1. Es lo que me pregunto, monsieur. No siempre nos regalan rosas.

      Buenas noches

      Bisous

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  5. No entró a trapo y eso es un cachete sin mano.-Ya sabia como se las gastaba él siempre que tenía ocasión para irritarla .Ya estaba curada de espantos:(aunque la damita tampoco era floja).

    Feliz fin de semana

    PS:luce estupendamente que ilusión produce verdad:)

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    1. Pues sí, madame, es una ilusión cumplida :)
      Ahora tendremos que apuntar hacia otras nuevas. Hay muchas aún.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  6. Parece que Ana iba ganando la partida por el poder. Eso nunca gusta al perdedor.
    Por cierto, qué bien luce el libro junto a otros de afamados autores.
    Beso su mano.

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    1. Ciertamente, monsieur, me ocurren cosas extraordinarias en los últimos tiempos. Primero figuro en los libros con mis relatos junto a gente como Conan Doyle y luego me ponen en un escaparate entre estos bestsellers. Espero que el librero haya tenido buen ojo y sea premonitorio!

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  7. Buen día, Madame:
    Interesante la relación entre Ana de Beaujeu y Luis de Orleáns. ¡Me imagino lo irritante que habrá resultado él! Incluso en cosas tan nimias como un juego de pelota. Me reí cuando leí que en la corte del duque de Bretaña siempre iban a parar los príncipes rebeldes y descontentos. Me los imagino reunidos alrededor de una mesa redonda, refunfuñando, jurando venganza, e ideando complots.
    ¡Qué buena pinta tiene su libro en el escaparate! Espero que llegue pronto a Argentina.

    ¡Saludos!


    Giovanna

    PD: Adoro el retrato de Ana de Beaujeu.

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    1. Gracias, madame.

      El libro no llegará a Argentina. Es de una editorial española, y solo se publica en España. Pero puede usted adquirirlo a través de Amazon, tanto en papel como en kindle. Imagino que en su país se puede comprar en Amazon.


      Feliz fin de semana

      Bisous

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  8. Por muy mentiroso que fuera un hombre me parece más grave considerar a una mujer como puta. Parecía una mujer muy capaz, pero resultaría difícil gobernar una mujer en una sociedad como aquella.
    Ahora que llegan las vacaciones de Semana Santa le daré un empujón al libro, aunque ya voy por la mitad y lo estoy pasando estupendamente con su lectura. La pena ahora es la falta de tiempo.
    Bisous.

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    1. Pues sí, el insulto llevaba la intención de ser más grave, porque él sabía perfectamente que había sido una mujer, y quería dirigir a ella su furia.

      Muchas gracias, monsieur, me alegra que esté disfrutando con la lectura.

      Feliz domingo

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)