domingo, 22 de febrero de 2015

La familia hitita


Si bien los hititas castigaban el incesto, practicaban el levirato, es decir, la antigua ley en virtud de la cual una viuda que no tuviera hijos debía casarse con alguno de sus cuñados, o incluso con su suegro. Así iba pasando de uno a otro miembro de la familia a medida que estos iban falleciendo, algo que ocurría con mucha frecuencia en tiempos de guerra.

Tanto los reyes como los personajes más poderosos tenían varias mujeres, aunque la mayoría de los matrimonios hititas parecen haber sido monógamos. Incluso en el caso de los reyes, es la primera esposa la que disfruta de un status especial, mientras que el resto se asemejan más a concubinas. 

Los hititas conseguían a su esposa mediante el rapto o bien la compra. Esto último solo podía llevarse a cabo entre familias libres. Para ello el novio ofrecía un regalo a los padres de la novia, y la aceptación equivalía al consentimiento para iniciar el noviazgo, sin que la opinión de ella parezca haber contado mucho. Sin embargo los padres de la novia podían anular el compromiso en cualquier momento si surgía un candidato mejor. En tal caso debían devolver el regalo, siempre muy valioso. Si se negaban, el hombre podía casarse con ella.

El rapto era menos frecuente, aunque todos los hititas tenían derecho a practicarlo; pero prácticamente se reducía a aquellos casos en los que la mujer se negaba a aceptar al pretendiente. No era aconsejable, porque podía traer muchas complicaciones:

“Cuando alguien rapte a una mujer, se le debe perseguir. Si matara a dos o tres hombres, no habría compensación porque se entendería que se ha vuelto loco”.


El matrimonio debía consumarse en el plazo de un mes, y en caso contrario resultaba anulado. Los padres de la novia la recogían de nuevo en su hogar. Además los hititas podían divorciarse, unos trámites que podían ser iniciados también por las mujeres. Cuando el rango de ambos esposos era equivalente, todos los hijos a excepción de uno se quedaban con la madre, pero si ella era de rango inferior, ocurría justamente a la inversa, y la madre solo podía retener la custodia de uno de ellos. En cualquier caso, la esposa se quedaba con la dote durante el matrimonio e incluso después del divorcio.

La mujer debía fidelidad absoluta al esposo. En caso de que el hombre descubriera la infidelidad de su mujer en su propio hogar, “ella sería la culpable y merecería la muerte. Si el esposo los descubre y los mata, no habrá castigo para él”. En cambio, “si fuera poseída en la montaña, se consideraría falta del hombre, por lo que este sería condenado a muerte”. Es decir, que si ocurría en un lugar aislado en el que la mujer no podía pedir auxilio, no se consideraba culpable.

El esposo debía actuar de inmediato si quería tomar venganza. Si lo hacía después de haber formulado su denuncia ante las autoridades, se percibía como un asesinato.

Según el artículo 198, “si los llevara ante la puerta del tribunal exclamando: “¡Que no muera mi mujer!”, estaría concediendo la vida también al cómplice de ella. Pero si hiciera una señal en la cabeza de los dos al tiempo que gritaba: “¡Los quiero ver muertos!”, entonces sería el Gran Rey el encargado de decidir su suerte: podría mandarlos ejecutar o perdonarlos”.


Cuando un hitita se hacía cargo de la educación de un niño debido a que sus padres no habían podido ocuparse de él, tenía derecho a una compensación económica por parte de su protegido tan pronto como este alcanzaba la edad de incorporarse al mundo laboral, o bien exigirle la realización de determinados trabajos para él. Los adoptados, en caso de que se portaran mal con la familia que los había acogido, eran expulsados solo si reincidían. Y si se llevaban algo de valor, no se consideraba un robo si después lo devolvían.

Las viudas podían desheredar a sus hijos si no cuidaban de ellas a la muerte del padre. Ellas o las esposas repudiadas que pretendían expulsar a un mal hijo, tenían que denunciar públicamente el hecho colgando una prenda de él en el exterior del hogar, para que los vecinos conocieran sus intenciones. Si más adelante el hijo, arrepentido, deseaba regresar, desmontaba la puerta de la casa y la dejaba en lugar visible junto con algunos muebles. Si la madre ordenaba que todo volviera a su lugar, significaba que le perdonaba y que “le había vuelto a nacer su hijo”.


Fuentes:
Los hititas – Carter Scott
judithstarkston.com/articles/hittite-women-as-reflected-in-the-laws-of-marriage-adultery-and-rape/


...Y en otro orden de cosas, muchísimas gracias a todos los asistentes a la presentación de La corte del diablo. Firmé todo lo que había hasta agotar los ejemplares reservados para el evento.



Por último, pero no menos importante, muchas gracias a Bertha Sanroyuela por haber tenido la gentileza de escribir una reseña de la novela en su Atelier Victoriano.


18 comentarios:

  1. Hola Madame:

    Al parecer, las mujeres siempre llevaban las de perder en la antiguedad. Pocas veces se libraban de ser culpable de algo.
    Interesante esto de desheredar y volver a heredar. Me refiero a la forma.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, al menos los hititas matizaban y eran capaces de considerar culpable al hombre en alguna ocasión.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  2. Dado que la civilización de los Hititas en Anatolia se extendió entre los siglos XVIII y XII a. C, y que el primer código en Mesopotamia, el de Hammurabi data de 1760 a. de C., hemos de deducir que esta recopilación de leyes y disposiciones que hoy nos trae, es de alguna forma heredera de la de los Babilonios. Algunas bastante tremendas y otras incluso "chocantes", salvo que haya un interés especial para que sean así, como por ejemplo el castigo por la infidelidad de la mujer, diferente si fue en la montaña o en domicilio conyugal.
    En otro orden de cosas, mi enhorabuena por el éxito de ventas en la presentación.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En una ocasión publicamos un post sobre las curiosas leyes hititas. Realmente pueden parecernos muy chocantes, aunque para ellos debían de tener sentido, y seguramente podrían explicárnoslas.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz domingo

      Bisous

      Eliminar
  3. Interesante entrada no conocía nada de este tema. Me alegro profundamente que la recompensa al trabajo que una ha realizado con mejor o peor acierto siempre es un esfuerzo añadido a la labor cotidiana y laboral así la recompensa es quedarse sin ejemplares que firmar. Muchas felicidades por el logro que ello supone. El libro no lo he leído pero si comprado así que tengo que descubrir su estructura literaria, me guste o no reciba mi más sincera felicitación.
    Un cordial saludo desde esta Barcelona hoy primaveral.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, qué bien, muchas gracias, madame!
      Espero que disfrute de la lectura cuando al fin la aborde.

      Feliz domingo

      Bisous

      Eliminar
  4. Una sociedad machista la de los hititas. Afortunadamente hoy y aquí las cosas han cambiado, en las últimas décadas, todo sea dicho, y las mujeres pueden hasta escribir libros y demostrar cuánto valen. Felicidades.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, ahora nos dejan escribir libros, aunque aún queda mucho territorio para la conquista.

      Muchas gracias, monsieur

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  5. ahora tocaría decir eso de que la sociedad ha avanzado mucho y todo eso, pero...
    qué grande lo de la promoción, qué alegría lo bien que está yendo!
    bisous!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues a ver si por lo menos se enteran en todas partes de la existencia de la novela.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

      Eliminar
  6. Esas leyes en esa época no serian muy distintas de otras culturas :la mujer como un adorno y algo exclusivo del macho.-Aunque si me choca un poco que si algún hijo no cumplía con su cometido, lo podían denunciar.

    -Me alegro muchísimo de la acogida y el buen funcionamiento de esta edición.-Y, que este sea el inicio de otros muchos... ojala.!

    Bisous y gracias a vos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, Bertha. Gracias a ti ahora hay más gente que ya ha oído hablar de la novela. Es un buen paso.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  7. En una sociedad militarista del oriente medio no es extraño que la mujer estuviese sometida al marido, en la prevalencia clásica del hombre sobre la mujer. Aunque bien es cierto que me chocan medidas tan modernas como que una mujer viuda debía ser mantenida por los hijso (se presupone, pero estaba legislado) o que se quedasen con los bienes tras un divorcio.
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En realidad estaban más emancipadas que en muchos países hoy día, diría yo.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  8. El último párrafo es muy interesante aplicándolo a la actualidad, así muchos hijos se pensarían dos veces antes de no preocuparse de la suerte de sus madres.
    Bisous.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, no cabe duda de que las mujeres tenían algunos derechos, tal vez más de los que cabría esperar en una sociedad tan antigua.

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  9. Valgame

    Todo esto solo por matrimonio e hijos... Como que nosotros tenemos esas leyes y decretos para los políticos y banqueros

    Por lo demás es interesante la cultura de otras civilizaciones, se halla de todo y nos parecen excéntricas pero don muy análogas a la vida pública de los políticos.

    Bisous.


    PD. Ya casi regreso a Europa y espero lograr adquirir un ejemplar de su novela.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchas gracias, monsieur. Lo cierto es que está teniendo muy buena aceptación. A ver si logramos que la gente la conozca para que más personas puedan leerla.

      Qué bueno que vendrá usted por Europa!

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)