sábado, 28 de febrero de 2015

Catalina de Médicis y Lucas Gaurico


Durante la época de su matrimonio con Enrique II, Catalina de Médicis residió la mayor parte de su tiempo en Fontainebleau. Allí se levantaba cada mañana a las siete para comenzar a recibir temprano a las personas que le solicitaban audiencia. A las diez asistía a misa, un servicio religioso oficiado con escasa pompa y en estricta intimidad. Después de comer hacía una corta siesta y recibía de nuevo hasta las dos. Era entonces cuando la visitaba el rey, normalmente junto a otros notables. Por la tarde, si hacía buen tiempo, Catalina salía mientras Enrique jugaba a los bolos. Si llovía, el rey cambiaba los bolos por los dados o el tarocchi, un juego de naipes muy de su gusto, y ella bordaba mientras hacía que le leyeran algún libro. A las seis se reunía la familia para la cena, y dos veces por semana se celebraba un baile. 

La reina no tenía ni un momento para estar realmente a solas, pues siempre estaba bajo la atenta mirada de una caterva de servidores. El capitán de la guardia hacía su ronda, los arqueros vigilaban alerta y por todas partes había guardias suizos capaces de proteger el palacio y a sus moradores. Al oscurecer, el mayordomo ordenaba que trajesen los candelabros. Centenares de ellos comenzaban a iluminar cada rincón de palacio; había lámparas en las antecámaras y faroles en los patios, haciendo de Fontainebleau un lugar muy diferente al siniestro Louvre, donde ninguna luz alcanzaba a difuminar la lóbrega impresión de unos corredores que se tornaban inquietantes en el silencio de la noche.

Una vez acostado el rey, se cerraba la puerta de palacio y no volvía a abrirse hasta que Enrique hubiera despertado. Él mismo guardaba las llaves bajo su almohada.

Enrique II

Totalmente apartada de las tareas de gobierno, la preocupación central de Catalina durante aquellos años era su esposo. Aunque los desvelos que le mostraba nunca habían sido correspondidos, no dejaba de adorarlo. Demasiado consciente del origen plebeyo de los Médicis, ella sentía reverencia por la sangre real; veía en su marido a un ser superior que le había hecho un honor al desposarla, algo que tenía que esforzarse cada día por merecer. Temía perderlo. Las profecías resultaban nefastas, y Catalina creía en las predicciones de los astrólogos. 

Es bien conocida la que hizo Nostradamus sobre la muerte del rey, aunque no lo es tanto que siete años antes hubo un distinguido matemático que practicaba también la astrología y que fue capaz de predecir igualmente su muerte. Se trataba del napolitano Lucas Gaurico, que ya cuando tenía catorce años había vaticinado que un Médicis sería el Papa León X. 

Gaurico no era de los que decían a la gente lo que deseaban oír: el podestà de Bolonia le hizo una consulta, y el astrólogo le dijo que sería expulsado de la ciudad y privado de su poder. Como no le agradó la respuesta recibida, Bentivoglio lo desterró tras hacer que le aplicaran el tormento de la mancuerda, lo que le ocasionó secuelas permanentes. La ira del podestá no pudo impedir que las predicciones se cumplieran y que sufriera una derrota que reforzó a Gaurico. 

Protegido por el Papa Pablo III, cuyo ascenso al solio pontificio también había predicho, se dirige a Roma, donde continúa estudiando la influencia de los astros. En su libro Tractatus Astrologicus muestra la carta natal de papas, cardenales, aristócratas, músicos, artistas e intelectuales. Más tarde, en 1552, envía su predicción sobre la muerte de Enrique. Inicialmente podría haberla hecho para el duque de Ferrara, interesado en conocer el destino tanto de Carlos V como del rey de Francia; pero también Catalina de Médicis estaba deseosa de conocer la suerte que correría su marido.


Lucas Gaurico informó que el rey moriría en un duelo. Esto causó un gran desconcierto, porque era sabido que un rey no podía batirse en duelo con uno de sus súbditos, de modo que nadie lo creyó. Sin embargo, el astrólogo insistió en que Enrique debía evitar todo combate en campo cerrado, especialmente a los 41 años, porque en esta época podría recibir una grave herida en la cabeza capaz de provocarle la ceguera o la muerte.

La predicción llegó al propio Enrique en una carta que le envió el astrólogo, un asunto que preocupó a Catalina, pues ella confiaba en las dotes de Gaurico. 

Nada fue capaz de torcer el destino del rey, que iba a fallecer a consecuencia de las heridas recibidas en un torneo en 1559, habiendo cumplido los 40 años, cuando una lanza astillada se clavó en su ojo y penetró hasta el cerebro.


Muchas gracias a Cayetano Gea por la magnífica reseña que hace de La Corte del Diablo en La tinaja de Diógenes. Y gracias doblemente por la opinión tan favorable que expresa en ella.

15 comentarios:

  1. Aunque la fama se la llevó Nostradamus, ya no sabremos nunca si fue casualidad que ambos visionarios hicieran el mismo vaticinio o si Nostradamos tenía conocimiento de los augurios de Gaurico.
    Me ha gustado ver el cuadro de Catalina de joven.
    Beso su mano.

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    1. Gaurico al parecer había pronosticado que era evitable. Un riesgo, sí, pero no una sentencia. De lograr evitarlo, al cumplir 56 años se habría visto de nuevo en un gran peligro de muerte, y así varias veces más hasta llegar a 69 años y 10 meses.

      Feliz domingo

      Bisous

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  2. Catalina ,aunque era de armas tomar, ya tuvo que pagar su precio por pertenecer a la nobleza.-Que muerte más violenta la del rey y que joven 40 años en lo mejor de su vida.

    No le saco mucho parecido al retrato de joven y al que se ve, que rondaría los cincuenta si no alguno más...

    Feliz fin de semana buenas noches.

    Bisous.

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    1. El retrato de juventud es halagador, al parecer. Pero me llama la atención esos ojos saltones, capaces de clavarse en su presa con perturbadora fijeza.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  3. El caballero parece que era bueno en su trabajo. No solo la astilla penetró por el ojo (que ya lo dejo ciego) sino que también provocó la muerte...

    Besos Madame

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    1. Sí, curioso. Aunque no podría afirmar que no se trata de una leyenda posterior, basada en una predicción que después se fue adornando y completando un poco. No sé, no disponemos de esa carta.

      Feliz domingo

      Bisous

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  4. Por desgracia en aquellos tiempos, una muerte violenta era un destino frecuente. Solo que en este caso ya es demasiada la coincidencia entre las predicciones y la realidad.
    De nada, madame, por lo del comentario. Creo que el libro y su autora se lo merecen. Y muchos otros más.
    Feliz domingo.

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    1. Sí, porque apuntaban a una zona muy concreta de su anatomía y en unas circunstancias muy concretas.

      Muchas gracias nuevamente, monsieur.

      Feliz domingo

      Bisous

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  5. Cómo le cundía el tiempo a Catalina. Desde luego, perezosa no era.
    En cuanto a las predicciones, llama la atención que en esa época, astrónomos, médicos y matemáticos tuvieran, no sé si el don, pero sílos recursos para vaticinar quién, cómo y cuándo morirían. No es desdeñable la predicción. Me recuerda a la que hizo Tycho Brahe, el famoso astrónomo y matemático de la muerte del emperador Rodolfo II.
    Madame, quedan muchos misterios por resolver.

    Bisous y pase usted una buena semana.

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    1. No, si en realidad no tenía nada que hacer durante aquellos años. Después sí que le tuvo que cundir, pero por entonces solo se ocupaba de su marido.

      Y tanto que quedan misterios por resolver, lo cual no me desagrada. Me gusta que no esté todo hecho ya :)

      Feliz tarde

      Bisous

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  6. si hasta una médicis es capaz de caer rendida al oropel de la realeza... no quiero leer reseñas de su novela hasta que no me la haya acabado yo. que soy muy sugestionable.

    buen comienzo de semana, madame.
    bisous!

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    1. Una Médicis más que nadie, desde luego.

      Usted sugestionable? No tenía ni idea.

      Feliz lunes también para usted, monsieur

      Bisous

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  7. Me resulta increíble cómo pudo prever los acontecimientos.
    Bisous.

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    1. Sí, a mí también. La verdad es que mucho me temo que la historia haya ido sufriendo adornos con posterioridad, para ajustar más las predicciones a los hechos.

      Buenas noches

      Bisous

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    2. Disculpe las molestias. Activo la moderación de comentarios en entradas antiguas, con más de siete días, para que no se me pase ninguno.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)