miércoles, 21 de enero de 2015

Luisa de Budos: el fantasma de Chantilly


En 1593 el maduro Enrique I de Montmorency, mariscal y condestable de Francia, tras haber enviudado de su primera esposa contraía un segundo matrimonio. La novia era Luisa de Budos, una joven perteneciente a un antiguo linaje del Languedoc que se remontaba a 1322, cuando su antepasado Raimundo Guillermo de Budos, sobrino del Papa Clemente V, compró el señorío.

Luisa era la hija mayor del vizconde de Portes y de Catalina de Clermont-Montoison. Había nacido el 13 de julio de 1575, y por tanto solo contaba 18 años. Su juventud, sin embargo, no impedía que ella también fuera viuda: cuando tenía quince su padre la había casado con el Señor de Vachères, que fallecía al año siguiente de la boda.

El novio, en cambio, había alcanzado la respetable edad de 59 años. Sin embargo el condestable se casaba por amor. La había conocido apenas un mes antes y no consideró necesario esperar más para convertirla en su esposa, a pesar de que se trataba de un matrimonio desigual no solo con respecto a la edad, sino también al rango y la fortuna de los contrayentes, como explica Tallemand des Réaux:

“Tenía ya una edad cuando se enamoró en el Languedoc de Mademoiselle de Portes, de la Casa de Budos; era una joven hermosa, pero pobre, y aunque de cierta alcurnia, no tenía el rango suficiente para aspirar a un condestable”.

Carlota Margarita de Montmorency

De su unión con Montmorency nacieron dos hijos: Enrique y Carlota Margarita, que sería madre del Gran Condé. Al cabo de algunos años de matrimonio, el esposo la llevó a la corte de Enrique IV, seguramente sin calcular la sensación que iba a causar. Según la princesa de Conti, “a su llegada atrajo los ojos y el corazón de todos los hombres, pero su altivez natural, y el rango que ostentaba […] hacían que despreciara el odio de las mujeres, igual que solía hacer con el amor de los hombres”.

Uno de sus pretendientes era el mariscal de Biron, gran militar de su tiempo. Y otro fue el rey. La princesa de Conti utiliza nombres en clave para referirse a los protagonistas de esta historia: el rey es Alcandre; su favorita, Gabriela d’Estrées, recibe el nombre de Crisante, mientras que Luisa es Léonide. El relato continúa diciendo que Enrique también se vio seducido, “y sabe Dios si Crisante se lo perdonó; pero eso no impedía que él testimoniara su amor a Léonide cada vez que tenía ocasión”.

Se trató, no obstante, de un capricho pasajero, puesto que por entonces era Gabriela la dueña absoluta del corazón del rey. Curiosamente, sería la hija de Luisa quien un día provocaría una ardiente pasión en el ya maduro monarca, tan resuelto a la conquista que el esposo, nada complaciente, se la llevó a Bruselas y buscó la protección de España.

En realidad Luisa no dispuso de mucho tiempo para desbancar a Gabriela, porque fallecía poco después en su castillo de Chantilly, en unas circunstancias un tanto extrañas y que desataron toda clase de rumores. Es posible que la causa de la muerte fuera una apoplejía, pero la teoría del asesinato no puede descartarse. Algunos testimonios afirman que fue encontrada en el suelo con el cuello retorcido. 

Gabriela d'Estrées

Según un relato, poco antes de morir Luisa llevaba algunos días inquieta y preocupada por algo, sin que nadie conociera la causa. Una tarde, mientras terminaba de comer en compañía de sus damas, vinieron a decirle que había un caballero muy alto, todo vestido de negro, que acababa de entrar en su antecámara y solicitaba hablarle de un asunto de suma importancia, algo que solo podría revelarle personalmente a ella. Se trataba de un hombre con quien ya se había reunido en otras ocasiones. Luisa hizo que se lo describieran con más detalle, y lo que escuchó pareció alterarla. Mandó responderle al desconocido que regresara en otra ocasión, una respuesta con la que él no se conformó. En lugar de marcharse, exclamó que, puesto que Luisa no acudía de buen grado, iría a buscarla.

Ella, que temía más recibirlo en público que en privado, accedió finalmente. Si parecía conmocionada cuando partió a su encuentro, mucho mayor era su agitación al regresar, deshecha en lágrimas y casi desvanecida. Despidió a sus damas y les dijo que no volverían a verla.

Tanto Tallemand como Saint-Simon se hacen eco de los repetidos encuentros con un desconocido en Chantilly. Los rumores pretendían que se trataba de un italiano experto en ciencias ocultas y a través del cual Luisa habría hecho un pacto con el diablo para que le fuera concedido casarse con el condestable. Pierre de l’Estoile la acusa de “entregarse al diablo”, es decir, de practicar la brujería, algo que no era insólito en aquel tiempo en el que la superstición reinaba en la corte. Se creía que había sido poseedora de un talismán, un anillo con el que se procuraba el amor de cualquier hombre que deseara, y que era de ese modo como había atrapado a Montmorency.

Enrique de Montmorency

De haberse tratado de un crimen, los sospechosos son varios. Podría tratarse, en efecto, de un oscuro asunto en el que se hubiera mezclado con gente poco recomendable. Pero no hay que olvidar que para Gabriela su muerte seguramente supuso un enorme alivio. Incluso se podría mirar en dirección al esposo, que no ocultaba los celos que le inspiraba Biron. El condestable dio grandes muestras de dolor y desesperación y permaneció inconsolable durante algún tiempo tras su muerte, aunque no tardó en decidir casarse con una joven tía de Luisa que había vivido con el matrimonio. Ella fue precisamente la persona que encontró el cadáver y supuestamente se apoderó de aquel misterioso anillo. 

Es cierto que Enrique necesitaba una nueva madre para sus hijos, pero la elección resultó peculiar a todo el mundo. Además la boda se llevó a cabo con tal precipitación que ni siquiera esperó a que llegara la dispensa de Roma para fijar la fecha. La mujer no era hermosa ni poseía una fortuna, pero puso gran empeño en engatusar al anciano, y no es descartable que sus aspiraciones hubieran nacido en vida de Luisa, que se convertiría así en un obstáculo a eliminar.

Mientras tanto surgía la leyenda en torno a Luisa de Budos. Saint-Simon recoge una tradición de la Casa de Condé, según la cual su fantasma aparecía en la ventana de la sala de armas del castillo de Chantilly, vestida con las ropas de su época, cada vez que iba a morir el primogénito de la familia Montmorency o Borbón-Condé. Poco antes de fallecer el príncipe de Conti en 1685, dos testigos afirmaron haberla visto. Días más tarde Luis Armando sucumbía a la viruela que su esposa le había contagiado. 

El fantasma de Luisa debió de ser especialmente popular durante el reinado de Luis XIV, puesto que Madame de Sévigné también se hace eco de sus apariciones.



24 comentarios:

  1. Hola Madame
    Qué apasionantes son estas historias cargadas de misterios como la que hoy nos ofrece. ¡Cómo excitan la imaginación!
    Curiosa la elección del marido y la prisa por casarse; me resulta inevitable pensar que, tal vez, se venía gestando de antes la cosa. En fín, quien sabe lo que realmente sucedió
    Beso

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    1. La hija de Luisa nació casi catorce meses después de la boda :)
      En realidad lo que sucedió fue que el caballero parece que era propenso a los flechazos, y no reparaba en nada.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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    2. Me refería al casamiento del marido con la tía de Luisa :)
      Feliz tarde!

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    3. Ah, no, no, no hubo descendencia. El caballero estaba ya para pocos trotes a sus 65 años. Eran unos cuantos para la época.

      Gracias, madame.

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    4. Ay Madame, hoy estoy para lío, con "gestando" no pensaba en un bebé,jiji sino en el hecho de que se hubieran echado el ojo antes de la muerte de ésta. Bueno, ya no fastidio más :)
      Gracias!

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    5. Ayyy, jijiii, soy yo, que ando espesa hoy. Tendría que tomar el aire y despejarme, pero con el frío que hace, cualquiera sale. Mejor lo dejo para mañana.

      Usted no fastidia en absoluto, al contrario.

      Buenas noches, madame.

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  2. Me temo que Luisa de Budos tenía muchos enemigos, entre ellos su propio marido, quien es posible que se hubiera enamorado de otra mujer y quisiera quitársela de en medio, y la propia amante del rey. Desde luego su muerte no parece natural. ¿estaremos ante una antecesora de madame de Montespan, amiga de venenos y hechizos? ¿O de una descendiente de la reina Catalina de Médicis? En todo caso el misterioso hombre de negro parece más cosa de leyenda que de otra cosa.
    Un beso

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    1. Seguramente era amiga de hechizos y supersticiones, pero no estoy convencida de que se tratara de un crimen, ni doy mucho crédito a eso del cuello retorcido. Se murmuraba demasiado. Pero claro, si fue muerte natural, entonces no debería andar su fantasma por ahí, jiji.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  3. Que precoz en los matrimonios : era viuda a los dieciséis y se volvió a casar a los dieciocho.-No dudaría que algún pacto hizo(...), y si miramos la segunda mujer del condestable puede que le molestara.-Si, me llama la atención la prisa del viudo por desposar a la joven tía de su viuda...Algo tendría ese anillo- amuleto )que no se ha descubierto .

    La realidad supera a la ficción y eso que estas reseñas vienen un poco manipulas.

    Feliz jueves madame.

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    1. Yo creo que mucho, madame. Hay relatos realmente increíbles al respecto, y muy contradictorios por cierto.

      Buenas noches

      Bisous

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  4. pues en estos casos jejejeje primero se sospecha del esposo jajajaja
    caray se nota que la señora coleccionaba enemigos!
    me ha vacilado! que interesante! deberian hacer programas de tv

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    1. Pues es lo que pasaba cuando una se acercaba demasiado al rey. La competencia era feroz, y si encima el marido era de los celosos...

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. Qué historia más fascinante. La he leído como si fuera una pequeña novela sobre los amores del Condestable. Todo en un mínimo espacio que concentra amor, deseo, celos odio, vida, muerte, que hace la lectura tan intensa que uno al final queda ansioso por no poder seguir leyendo. Casi parece un anticipo de lo que pronto podremos leer. ¡Chapeau!
    Beso su mano.

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    1. Monsieur sabe que me gusta explayarme, sí, mucho más que condensar :)
      Bueno, a ver si la novela también resulta de su agrado. Espero que sí.

      Muchas gracias y feliz tarde

      Bisous

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  6. Estoy de acuerdo con Dlt, qué esfuerzo de síntesis para una historia tan novelesca. Llama la atención que se invocara y pactara con el diablo para conseguir casarse con el condestable. Ya sabe todo el mundo qué efectos colaterales tan nefastos propician los pactos con tal personaje.
    En fin una historia digna de ser contada una noche de invierno, junto al fuego, mientras la tormenta arrecia en el exterior.

    Bisous y buenas tardes

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    1. El caso es que, por mucho que se conocieran los nefastos efectos colaterales, en determinados siglos esos supuestos pactos eran una manía bastante extendida. Debían de creer en el provecho de tales asuntos.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  7. Hola Madame:
    Interesante vida y como siempre en esos casos azarosa. Viuda a los 16...Se vivía mucho más rápido en aquellos entonces.

    Un relato que como dijo nuestro amigo marques es una gran síntesis. Le sucedió de todo. Lo del pacto, ya sabe, mucha leyenda y creencias...

    Besos.

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    1. Lo peor es que todo le sucedió en demasiado poco tiempo. Murió muy joven.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  8. Posiblemente amistades peligrosas.
    Un saludo.

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    1. No esperaba su regreso tan pronto, monsieur!

      Bienvenido, y veo que con buenas noticias.

      Feliz fin de semana.

      Bisous

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  9. Entretenida y fascinante historia, perfectamente relatada, como siempre.
    saludos

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  10. ¡Qué historia! Una mezcla de amoríos, pasiones, ciencias ocultas, crímenes... Para escribir una novela. Interesante historia y muy entretenida, porque deja abiertas todas las posibilidades.

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    1. En efecto, resulta una de esas historias inspiradoras.

      Gracias, monsieur. Buenas noches.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)