jueves, 1 de enero de 2015

La muerte del Delfín Francisco


El rey Francisco I de Francia tenía tres hijos varones y creía perfectamente asegurada la sucesión en la persona de su primogénito, el Delfín Francisco, de quien se sentía muy orgulloso. No imaginaba que iba a perderlo trágicamente con tan solo 18 años de edad. Era el 10 de agosto de 1536, y sobre su muerte corrieron ríos de tinta. Aunque al parecer padecía de tuberculosis y lo más probable fue que se tratara de una pleuresía, las circunstancias contribuyeron a propalar rumores de envenenamiento. El joven Delfín, aunque de salud frágil, era aficionado a los ejercicios violentos, y tenía por costumbre no atender los consejos prudentes al respecto. Un día jugó un partido de pelota con el que se acaloró en exceso, y, empapado en sudor, quiso beber agua muy fría. Al cabo de unos pocos días, Francisco fallecía en Tournon-sur-Rhône.

Aunque aún soltero y sin descendencia, el Delfín tenía una amante, la bella Mademoiselle de L’Estrange, y algunas voces señalaban que en realidad había muerto tras una noche de excesos en el lecho de la hermosa dama. Ella, que comenzó a escuchar otros comentarios mucho más peligrosos, decidió poner tierra de por medio antes de que alguna acusación de envenenamiento acabara por recaer sobre ella.

El primer sospechoso, fue, naturalmente, el eterno enemigo de Francia: el emperador Carlos V. Los cortesanos acusaron al escudero del Delfín, el conde Sebastián Montecuccoli, de haberlo envenenado a instigación del emperador. El conde fue torturado y no se lo dejó estar hasta que acabó confesando cuanto deseaban que dijese. Afirmó que había sido comprado por Antonio de Leyva, general de Carlos V, y a medida que el tormento aumentaba en intensidad llegó a declarar que en realidad tenía el encargo de envenenar a toda la familia real. Pero el testimonio más demoledor fue el de los cirujanos reales, que dijeron haber encontrado arsénico en el cuerpo de Francisco. Además, también se halló convenientemente en los aposentos del conde un tratado sobre venenos. Después de eso poco importaba que los síntomas no coincidieran ni remotamente con los de un envenenamiento por arsénico, como observa Voltaire. Montecuccoli, una vez libre de la tortura, trató de retractarse, pero de nada sirvió. El 7 de octubre de 1536 era descuartizado vivo en Lyon por cuatro caballos, ante el rey y toda la corte, por un crimen que seguramente nunca se había cometido. Sus despojos fueron luego colgados en las cuatro puertas de la ciudad.



Voltaire también lamenta que algunos cronistas e historiadores se hicieran eco de los rumores sin detenerse en consideraciones que debieron haberse hecho previamente. Niega que los Delfines tuvieran copero en aquella época, por lo que Montecuccoli no podía serlo. Francisco se habría limitado a pedir la bebida al servidor que tuviera más cerca. Incluso aunque el italiano hubiera tenido tal cargo, resulta difícil aceptar como dogma de fe que anduviera con el veneno en el bolsillo a la espera de que se presentara una ocasión, y que realizaría personalmente la tarea de servirle el vaso en el que iba el arsénico que le haría caer fulminado. Tampoco resulta fácil de aceptar que el emperador adelantaría algo haciendo asesinar al mayor de los hijos del rey, puesto que Francisco I tenía otros dos varones que podían suceder a su hermano. Incluso en el caso tan fantástico de que se propusiera envenenar a toda la familia, extraño resultaba comenzar por el Delfín tan solo. Más extraño aún sería encontrar la manera de que Montecuccoli llegara hasta el rey, al que no servía a la mesa.

Con el tiempo comenzó a propagarse otra clase de rumor: comenzó a decirse que el Delfín, en efecto, había sido envenenado, pero esta vez las sospechas apuntaban hacia un lugar muy diferente: su propio hermano Enrique, que habría eliminado así el obstáculo que le impedía alcanzar un día la corona de Francia. Las relaciones entre Enrique y su padre eran deplorables, y a nadie se le ocultaba, razón por la cual se lanzaban sin temor a represalias toda clase de especulaciones que nunca favorecían al nuevo Delfín.

Más tarde aún, surgirían de nuevo los viejos rumores de envenenamiento, unas murmuraciones que apuntaban hacia un tercer blanco: Catalina de Médicis, la esposa de Enrique. Cuando ella, una vez viuda, comenzó a manejar los hilos del gobierno en nombre de su hijo, de pronto alguien recordó que Montecuccoli era un caballero de Ferrara que había llegado a Francia precisamente entre los miembros de su séquito. Súbitamente alguien cayó en la cuenta del interés de la reina por las ciencias ocultas y la medicina, lo que incluía conocimientos sobre todo tipo de venenos. Sus enemigos la acusaron de haber sido ella misma quien, con solo 17 años, conspiró para eliminar a Francisco a fin de satisfacer su ambición. No sería la única vez que parecidas sospechas salpicaran a Catalina, quien se labró notoria reputación, fundada o no, de eliminar sin escrúpulos y por cualquier medio a cualquiera que le estorbase en su camino.

Nunca podremos saber con certeza cómo murió el Delfín, pero seguramente ni la prueba más evidente de que se trató de una muerte natural lograría detener esa clase de rumores una vez desatados. El ser humano parece complacerse en ellos y hallarles un interés que sitúa por encima de la búsqueda de la verdad. Se trata, como concluye Voltaire, de “…ese placer insano que los hombres, y en especial los espíritus débiles, experimentan secretamente al hablar de suplicios, igual que al hablar de milagros y de sortilegios.”


20 comentarios:

  1. Muy socorrido era en aquellos tiempos achacar una muerte al hecho de beber agua fría tras un partido de pelota o de lo que sea. De Felipe el Hermoso también se decía eso. Lo del envenenamiento cobra más sentido por la cantidad de rivalidades, ambiciones y tejemanejes que había alrededor de este personaje; aunque no hay pruebas de ello.
    Un saludo.

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    1. Cierto, un caso muy parecido al de Felipe el Hermoso. Los rumores sobre envenenamientos estaban a la orden del día, dado lo poco avanzada que estaba la ciencia médica. En algunos casos los rumores tenían fundamento, pero en otros absolutamente ninguno. Lo malo era cuando alguien llegaba a ser condenado por algo que ni siquiera había ocurrido.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. En las intrigas palaciegas la falta de escrúpulos eran la moneda de cambio.Que todo a la vista fuera normal con la cantidad de validos y de traidores; aunque la realidad fuese otra.Catalina de Médicis por ejemplo como se refleja en su biografía que era capaz de quitar de en medio a quien le hiciese sombra...?

    Bisous.

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    1. Es evidente que las decisiones tomadas durante la Noche de San Bartolomé, por ejemplo, no respetaron escrúpulos de ningún tipo. Lo cual no significa que de paso hubiera matado a Manolete, ya puestos :)

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  3. Y es que no parece muy probable que Carlos V sacará provecho de la muerte del Delfín, además convenía al emperador casarlo con una familiar suya ya bien una hija suya o de su hermano.

    Por otro lado, es cierto que los hijos del rey Francisco no tuvieron muy buena salud debido al grado de consanguinidad existente entre la pareja real francesa, que no llegó al grado de lo que sufrió Carlos II de España.

    Feliz año nuevo y sea muy provechoso.

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    1. No, Carlos V no sacaba ningún provecho. El que le estorbaba era Francisco. Hubiera sido mejor plan ir a por el rey y casar al Delfín con alguna pariente, en efecto. Pero era el enemigo, y resultaba una cuestión visceral. Francisco deseaba creer eso.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. Ya se habla más arriba de la coincidencia con lo ocurrido a Felipe el Hermoso, pero en esta entrada suya de hoy, señora, cuanta mucho la cita de Catalina de Medicis, de la que usted es experta, como muy pronto podremos comprobar.
    Beso su mano.

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    1. No sé si se comprobará eso o no, pero al menos espero que se diviertan con el intento.

      Gracias, monsieur. Buenas noches y feliz fin de semana,

      Milady de Winter

      Bisous

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  5. Hola Madame:
    Seguro que fue una complicación de la tuberculosis, pero los rumores en aquellos entonces entetenían más. Sobretodo si el posterior delfín y el rey se llevaban mal.

    Y en todo esto, los Medicis...O mejor dicho Catalina...

    Besos Madame: Ya sabe que vi a la felicidad caminando a su casa. Le dije que llevara la salud y el éxito también. Feliz 2015



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    1. Monsieur ya sabe que no doy puntada sin hilo :)
      Me alegra que haya visto a la felicidad en esta dirección. Espero que no le faltara tanto para llegar que pudiera perderse por el camino.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  6. Y, como suele decirse, así se escribe la historia.
    No es un caso aislado este de acusar por indicios o suposiciones. Lo malo es la cantidad de inocentes que pagan lo que nunca hicieron. Aunque lo confesasen.
    Aunque imaginando los métodos de tortura, yo hubiera confesado cualquier barbaridad, claro.

    Abrazos, madame!!!

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    1. Sí, no era un método muy fiable, desde luego. Con una justicia ciega y sorda, la verdad es que la cantidad de inocentes condenados debió de ser escalofriante.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. No sé si murió o no por envenenamiento, como sucedió con Felipe el Hermoso, pero somos muy dados a imaginar conspiraciones. Debe ser que la imaginación es la loca de la casa y deja pocos resquicios a la razón.
    Un abrazo, madame.

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    1. Es una magnífica definición. Y yo me encuentro entre quienes prefieren dejar un resquicio para que entre esa loca de la casa. Es un sano ejercicio apartar de vez en cuando la razón y volar con la loca por un rato.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Fantástico tu blog. Realmente disfruto, y aprendo, con su lectura. Lo mismo sucede con su otro blog sobre el reinado de Luis XIV, época que me apasiona.

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    1. Muchas gracias y bienvenida. Espero que sigan siendo de su interés.

      Buenas noches.

      Bisous

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  9. Gracias, estoy segura de que seguirán siendo de mi interes. Buenas noches

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  10. Una corte amante de los venenos, como fue después la de Catalina de Médicis, no podía dejar de lado tal posibilidad. ¿Le mató ella? Podría ser. ¿El emperador? No le veo mandando envenenar al hijo de su legítimo enemigo, sino más bien derrotándole empuñando la espada y en el campo de batalla. Además, no ganaba nada con ello, con bien explica. ¿Fue quizá por su débil constitución y una pulmonía de caballo? Es la opción más realista. Curioso es que Felipe el Hermoso muriera casi de la misma forma. ¿Le envenenó a él también su suegro?
    Un beso

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    1. La opinión mayoritaria y más objetiva se inclina por la muerte natural. Es posiblemente uno de los casos que admiten menos dudas, y sin embargo la sombra del crimen siempre planeará sobre este asunto.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)