domingo, 14 de diciembre de 2014

Fernando VI


Fernando fue el cuarto hijo del rey Felipe V y su primera esposa, María Luisa Gabriela de Saboya. Nació el 23 de septiembre de 1713 tras un parto que ofreció la peculiaridad de haber intervenido hombres en la atención debida a la reina, algo que en aquel tiempo era aún muy poco corriente.

El recién nacido fue puesto bajo los cuidados del doctor Legendre, que había llegado a España entre el séquito de Felipe. De su crianza se ocuparon sucesivamente ocho nodrizas, ninguna de las cuales parece haber durado mucho en su puesto. Cuando cumplió siete años, su educación pasó a estar en manos exclusivamente masculinas, siendo nombrado el conde de Salazar como gobernador de su casa.

María Luisa Gabriela fallecía al cabo de tan sólo cinco meses del nacimiento de su hijo, y al poco tiempo el rey volvía a casarse. La nueva reina, Isabel de Farnesio, velaba por los intereses de sus propios retoños, por lo que el niño no pudo encontrar en ella una segunda madre.

En 1724 Felipe V abdicó en su hijo mayor, Luis, que fallecía sin descendencia meses después, a consecuencia de la viruela. Lo lógico era que el sucesor hubiera sido entonces Fernando, pero Isabel Farnesio maniobró para que su esposo recuperara el trono, logrando imponer su voluntad sobre aquel amplio sector que consideraba que una abdicación era irrevocable. Poco después Fernando era proclamado Príncipe de Asturias.

Bárbara de Braganza

Tenía tan sólo once años cuando comenzaron a buscarle esposa. La elegida fue Bárbara de Braganza, hija del rey de Portugal y dos años mayor que él, pero pronto surgió el primer problema al procederse al habitual intercambio de retratos entre los prometidos. Cuando el enviado español quiso obtener el de Bárbara, se le ofrecieron toda clase de pretextos para no entregarlo. El embajador, intrigado por unas evasivas y demoras que no resultaban naturales, indagó la causa, y no tardó en escribir a Madrid contando la resolución del misterio: “La cara de la señora infanta ha quedado muy maltratada después de unas viruelas, y tanto que afírmase haber dicho su padre que sólo sentía hubiese de salir del reino cosa tan fea”. Más adelante ofrece detalles mucho más demoledores: “He sabido que desde hace algún tiempo se le vienen aplicando a su alteza ciertos remedios por si fuera posible igualar los hoyos de la cara y hacer remitir el humor que destila por los ojos a causa de la cruel enfermedad, con lo que hasta concluida la curación no quieren los reyes permitir la vista de su hija”.

Finalmente el embajador se hizo con un retrato, pero, al parecer, muy poco realista, según advierte él mismo: “No está nada semejante, porque además de encubrir las señales de la viruela se han favorecido considerablemente los ojos, la nariz y la boca, facciones harto defectuosas”.

Fernando debió de encontrar decepcionante incluso el retrato que había pretendido ser halagador, porque cuando lo recibió, lo guardó en sus aposentos y nunca quiso mostrárselo a nadie en los tres años que tardaría en celebrarse la boda.

La primera entrevista entre los prometidos tuvo lugar en Caya. Fernando iba preparado para encontrar una jovencita fea, pero no tanto. Según el embajador inglés, “la infanta, aunque estaba cubierta de perlas y diamantes, desagradó al príncipe, que pese a sus prevenciones la miraba como no dando crédito a lo que veía. Claro que si bien la desposada es un verdadero adefesio, este defecto se halla compensado por su conocimiento de seis lenguas”.

Fernando VI

Y, ciertamente, una de las virtudes de la novia era su esmerada cultura. Bárbara era, además, muy aficionada a la música, pasión que compartiría con su esposo, y estaba dotada de un carácter tan agradable que no le costaba esfuerzo hacerse querer por quienes la rodeaban. Fernando, a pesar de esta primera impresión penosa, no iba a ser precisamente la excepción. Como escribió un contemporáneo, “era tal la bondad de la reina, que la hacía resplandecer como hermosísima”. Aunque, eso sí, también hay que anotar que era muy avara, y que la obsesión por quedarse en la miseria si perdía a su marido la impulsaba a acumular dinero sin medida.

Ambos contrajeron matrimonio en la catedral de Badajoz. Isabel de Farnesio no estaba inquieta por las consecuencias que este enlace pudiera traer para su propio hijo, puesto que sabía perfectamente que no saldría de allí descendencia alguna que pudiera hacerle sombra. Se conserva un informe enviado a París en el que se lee lo siguiente acerca del novio:

“Aunque por su gran juventud se encuentran en él los movimientos necesarios para contentar a una mujer, sin embargo le falta naturalmente lo que por artificio se quita en Italia a los que se quiere hacer entrar en la música, de manera que el príncipe tenía muchos fuegos, pero no producía ninguna llama ni resultado alguno propio de la generación”.

En 1746, a la muerte de su padre, Fernando alcanza la corona. Mantuvo buenas relaciones con sus hermanastros y permitió que su madrastra se quedara en la corte, pese a lo mal que Isabel se había portado con él y con su esposa mientras vivió el rey Felipe. Continuar teniéndola cerca era una fuente de continua perturbación, dado que Isabel aspiraba a manejarlo todo. 

Isabel de Farnesio

Bárbara, mientras tanto, era feliz al lado de su esposo, y su única pena era la de no poder darle un heredero. Sabía que por ello no podría ser enterrada en El Escorial, de modo que fundó el convento de las salesas reales para que sus restos descansaran allí junto a los de Fernando. No fue, sin embargo, una buena idea, porque, a pesar de ser muy querida por el pueblo, en esta ocasión apareció un pasquín en la puerta de la iglesia:

Bárbaro edificio.
Bárbara renta.
Bárbaro gasto.
Bárbara reina.

Bárbara de Braganza moría el 27 de agosto de 1758, una pérdida que causó profunda depresión en su esposo, ya de por sí muy inclinado a la melancolía. 

Cuentan que Fernando no mudó de ropa durante un año, y que no se acostó en una cama, limitándose a dormir en su butaca. Se encerró en el castillo de Villaviciosa; se negaba a hablar o a ocuparse de los asuntos de Estado. Le daban ataques de locura que lo impulsaban a arrojar vasos y platos a la cabeza de sus servidores y a tratar de estrangularse con sus sábanas o servilletas. Perdía la memoria, gritaba y suplicaba a los presentes que le dieran ideas, porque “decía que no tenía pensamientos y que era forzoso morir por falta de ellos”. Además se esforzaba por no evacuar, y para ello utilizaba como tapón los pomos puntiagudos de las sillas de su cuarto, sobre los cuales se sentaba. En esa posición podía pasar hasta 18 horas. Como mordía los vasos, fue preciso sustituir los de cristal por otros de plata, que también mordisqueaba. Había que vigilar que no se lesionara, porque quería suicidarse y pedía que le dieran veneno. Cuando cayó agotado en cama, se hacía encima sus necesidades y las arrojaba a cualquier servidor que se acercara. 

Al cabo de un año, también él descansaba al fin en paz.


26 comentarios:

  1. Dónde queda demostrado que el amor no radica en la belleza ni mucho menos, ni la inteligencia tampoco. Generoso debió de ser este rey para comportarse tan bien con su madrastra y hermanastros. Buenas noches madame. Estupenda semana. Bisous

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    1. Sí, imagínese lo que hubiera sido si el carácter de la Farnesio llega a dar con otro parecido al suyo.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Muy favorecida en el retrato. El "photoshop" de la época. A pesar de todo, ella supo darle el calor que añoraba desde niño, con esa madrastra tan fría...
    Comentaba yo una ocasión...
    "Aunque el reinado que concluyó no fue ni largo ni deslumbrante, el carácter pacífico y moderado del fallecido despertó cierto sentido de pesar entre los españoles ante el fallecimiento real.
    Sin embargo la muerte de ella no fue tan sentida a nivel popular, dado que tenía fama de derrochadora y de pensar más en sus intereses que en los de España:


    Testó la reina y concuerda
    con variedad de opiniones
    que dio a Portugal millones
    y a España... ¿qué?: mucha mierda.
    Pase, porque nadie pierda
    lo que le toque, concluyo
    por ley de lo tuyo, tuyo,
    que el testamento es siniestro,
    pues dio a Portugal lo nuestro
    y a nuestra España lo suyo.

    No obstante, el destino y los madrileños fueron benevolentes con los esposos, permitiendo que tras la muerte siempre estuvieran juntos. Y no me refiero a la morada final elegida por ellos, el Convento de las Salesas Reales, sino a sus calles dedicadas. No hay más que ver el callejero de Madrid para darse cuenta de donde se sitúan las calles respectivas, una a continuación de la otra."
    Un saludo.

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    1. No me diga que en España no ha habido siempre un gran ingenio para las coplillas. Las de esta época, igual que las del siglo siguiente, son impagables.

      Resulta un detalle muy romántico, eso de las calles una a continuación de la otra. La pareja, en efecto, parecía especialmente unida en vida también.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  3. Y al cabo de una año el descansaba y los que tuvieron que asistirle en su locura.

    No cabe duda que aunque en ese último año se desencadenó su crisis seguramente ya las padecía o en forma de depresiones o en otras manifestaciones: y ella no tendría belleza pero si la suficiente mano diestra para tenerlo calmado y eso no quita que lo amara.Porque parece ser que como pareja encajaban bien los caracteres.

    Feliz lunes madame.

    Bisous.

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    1. Qué razón tiene, madame: tanto como él debieron de descansar lo que tenían que asistirle. Menuda tarea.

      Feliz tarde

      Bisous

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  4. durísima historia de amor sin entendederas. quién las tiene. qué vida esta, madame. y si no fuera porque son reyes hubieran pasado por locos, pero eran reyes, tenían en sus manos vidas y hacienda... y como una cafetera. qué pena. el amor.
    que tenga buena semana, madame.

    bisous.

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    1. Imagínese cuando toca uno así. Menos mal que al final solía gobernar cualquiera excepto ellos.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. La historia de Fernando y Bárbara es muy bonita, como alguien puede amar a otra persona aunque esta no fuese muy agradable, en el aspecto físico, y como alguien puede perder la cabeza por la muerte de su amor.

    Un saludo

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    1. Sí, resulta reconfortante ver cómo no siempre iban los reyes tras rostros bonitos.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  6. Hay un refrán, que si bien tiene un cierto tono machista, ocurrencia seguramente de tiempos en los que esas cosas no se tenían en cuenta, que dice que "la suerte de la fea la guapa la desea" y a fe que no puede ser más cierto en este caso, porque pese a su fealdad se adueño del corazón de Fernando que le demostró amor hasta la locura, aparte sus predisposición a ello; tanto que hasta sus restos están también en Las Salesas, con los de su esposa y no en el Escorial. No sé si considerar al rey feo o atractivo, pero sí se puede decir que él también tuvo suerte con ella, parece que la mejor.
    Beso su mano.

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    1. Sí, muy acertada su observación, monsieur, porque le confieso, así entre usted y yo, que viendo los retratos de Fernando con frecuencia me he preguntado lo que opinaría ella al ver el de él. Claro que de niño no parecía tanto el desastre.

      Feliz tarde

      Bisous

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  7. Es un buen ejemplo de cómo las cualidades del carácter se imponen sobre los defectos físicos, o simplemente la fealdad. Y podría decirse lo mismo en el caso inverso, bellos sin otros méritos ni virtudes acaban por ser una compañía tediosa.
    Bisous y buenas noches

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    1. Sí, madame, resulta reconfortante que a veces resulte así, y que, desde luego, resulte una base más sólida e indestructible.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Sí que perdió el juicio, desde luego.
    Pobres de los que tuviesen que estar cerca de él en su último año de vida. Menos mal que duró poco en su locura.
    Menos mal que no eran parecidos los hermanos y Carlos III no cometió semejantes barbaridades.

    Abrazos, madame!!

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    1. No, pero tampoco fue cabeza de un linaje más lucido precisamente. La cosa venía mal de fábrica.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  9. Una pena grande el final del gran Fernando VI, cuyo reinado fue un impulsor para la reforma borbonica en España, que por desgracia no pudo continuar Carlos IV.

    Pero si bien Barbara y Fernando fueron una pareja que resultó feliz y enamorada muy distinta a las demás parejas reales de Europa de ese siglo.
    Creo es la mejor historia de amor jamás vivida, lo malo fue el final de este monarca amante de la Paz y gran economista que dejó repleta las arcas del Estado después de cubiertas las obligaciones, que no fue una colosal fortuna eso es otra cosa.

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    1. Su comentario resulta tan enriquecedor como siempre, monsieur. Muchas gracias por señalar ese aspecto de economista, seguramente el menos conocido en la historia de este desdichado monarca.

      Feliz tarde

      Bisous

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  10. Los "quereles" mueven nuestras vidas. Saludos, madame.

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    1. Sí, lástima que pocas ocasiones había de ser correspondidos en un tiempo en el que los matrimonios eran concertados.

      Feliz tarde

      Bisous

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  11. Hola Madame:

    Un final que no le deseo a nadie el de Fernando VI. Un brote psicótico en toda regla.

    Sin embargo, al menos tuvo un amor correspondido.

    Besos Madame

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    1. Imagínese la desdicha de sufrir un brote psicótico en un tiempo en que la ciencia andaba en pañales en ese campo. Estaba condenado de antemano el pobre hombre. Pero sí, al menos fue afortunado en amores.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  12. Una buena historia sobre una gran mujer eso sí bella no sería pero según he leído era bellísima en su interior. Recuerdo un libro que leí” El Cerrajero del Rey “de María José Rubio, en el cual describen a esta pareja y su amor por la cultura y música amén de los trajines de la Farnesio en la corte, no sé si lo ha leído pero a mí me gustó. Cuando lo compre me movió el tema de las Fraguas Reales pero la descripción del antiguo Alcázar de Madrid dónde estaban ubicadas las fraguas y la historia de las Rejas de la Granja de San Ildefonso tanto me impresiono que volví a visitar la Granja y a mirarla con otros ojos.
    Señora me ha encantado su entrada, gracias por compartirla.
    Un cordial saludo.

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    1. Muchísimas gracias. No he leído el libro que menciona, pero lo buscaré. Suena sumamente apetecible.

      Feliz tarde

      Bisous

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  13. Me dirá usted Madame

    Que Fernando era impotente o homosexual, porque no cabe duda que algo tenía...

    Pero sea como sea, fue un buen rey y como dice el felipe de borgoña un economista que supo sacar a flote el estado español.

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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    1. Uy, disculpe, monsieur, por el retraso en responderle. Hasta ahora no había visto su comentario.

      Parece ser que Fernando tenía alguna clase de deficiencia o malformación, algo que no hacía precisamente probable conseguir descendencia, para deleite de la Farnesio.

      Buenas noches

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)