miércoles, 19 de noviembre de 2014

El primer reinado de Estanislao I de Polonia


Polonia ofrecía una característica muy peculiar: a pesar de ser gobernada por un rey, en realidad, y aunque de modo atípico, era una república. Cuando fallecía un rey, toda la nobleza se reunía en un barrio de Varsovia para elegir sucesor, una gran asamblea que era presidida por el cardenal primado. Además, el poder del soberano nunca era absoluto, sino que estaba sometido a la fiscalización de la Dieta y el Senado, que eran quienes votaban las leyes. 

A finales del siglo XVII fallecía Juan III Sobieski. Su muerte trajo consigo el desencadenamiento de una dura pugna entre las familias que aspiraban a sucederle, y para atajarla el cardenal primado decidió que la elección quedara reducida a dos candidatos que no fueran polacos. Estos eran el elector de Sajonia, Federico Augusto, y el francés príncipe de Conti, pariente de Luis XIV y que fue el que se alzó con la victoria por un estrecho margen. Pero el perdedor no se conformó y, aprovechando que su rival estaba lejos, hizo que la asamblea se reuniera de nuevo para rectificar su decisión. Conti iba de camino cuando se entera de que Federico Augusto ha sido consagrado ya en la catedral de Cracovia y, ante los hechos consumados, no encuentra otra opción que regresar a Francia.

El rey de Sajonia se había convertido en Augusto II de Polonia, pero pronto los polacos tendrán razones para arrepentirse de su decisión, porque el nuevo soberano entra a sangre y fuego, arrasando los lugares por donde pasa. Todo aquello que no resultaba destruido, era entregado al pillaje. No satisfecho con estos desmanes, lanza a Polonia a una guerra contra Suecia infravalorando a su joven monarca, Carlos XII. Todavía no sabía que había ido a topar con un magnífico militar y estratega. Carlos avanzó hasta entrar en Polonia y llegar a una legua de Varsovia, obligando a Augusto a huir precipitadamente hacia Cracovia. Mientras tanto la Dieta envía una delegación ante el rey de Suecia. Al frente de la misma iba Estanislao Leczinski.

Augusto II de Polonia

Estanislao aún era joven entonces. Había nacido en 1677, en el seno de una familia que había dado leales servidores a los reyes de Polonia y, aunque mucho fue lo que viajó por toda Europa, eligió como esposa a una rica heredera polaca: Catalina Opalinska Benz. De su unión nacieron dos hijas: Ana y María Leczinska, aquella que un día se convertiría en reina de Francia al casarse con Luis XV.

El rey de Suecia quedó gratamente impresionado por Estanislao. Carlos quiere destronar a su enemigo, Augusto II, y poner a otro en su lugar. En esos momentos resuelve que aquel joven polaco que comparece ante él podría ser muy indicado, de modo que convoca una nueva asamblea y se asegura de que sea elegido rey. Era el 12 de julio de 1704.

Pero esta proclamación no resolvía el conflicto, puesto que Augusto no se mostraba nada dispuesto a ceder la corona. Cuando el rey de Suecia se ve obligado a poner rumbo al norte para combatir a los rusos en compañía de Estanislao, Augusto aprovecha para emprender el camino a Varsovia y ponerle cerco. Aunque logra momentáneamente su objetivo, cuando regresa Carlos XII es expulsado de nuevo. Tras haberse hecho con el control del Estado, Estanislao y Catalina eran consagrados en la catedral de San Juan de Varsovia.

Como Augusto continuaba la guerra desde sus dominios de Sajonia. Carlos decide invadirlo para poner fin a su resistencia y, cuando llega a las puertas de Dresde, el rey se rinde y acepta abdicar en Estanislao.

Carlos XII de Suecia

A pesar de todo, la posición de este último era tan precaria que encuentra más seguro alejar de Polonia a su esposa y sus hijas y buscarles asilo en la Pomerania sueca. Consciente de la fragilidad de su trono, no quiere acompañar a su aliado Carlos XII cuando éste emprende una loca campaña contra el zar. Fue una decisión afortunada, porque esta vez Carlos midió mal sus fuerzas y no tuvo en cuenta los estragos del invierno ruso, todo lo cual lo condujo a una contundente derrota que contribuirá a que su enemigo ganase el nombre de Pedro el Grande.

Son malas noticias para Estanislao, que sabe que si se ha sostenido hasta entonces es gracias al rey de Suecia. Ahora Augusto, envalentonado, afirma que ha sido obligado a abdicar y empuña de nuevo las armas. Cuando avanza sobre Varsovia, Estanislao lo ve todo perdido y decide abandonar Polonia para reunirse con su familia. No desea luchar por su corona, pero Carlos XII se resiste a abandonar la causa y le invita a reunirse con él en la Turquía europea, donde se encontraba desde la derrota en Rusia.

Estanislao se disfraza de oficial francés para viajar hasta allí, pero cuando llega se entera de que el rey de Suecia ha partido ya. Cansado de tanta lucha que apenas le ha proporcionado alguna satisfacción, le pide a Carlos que le conceda una posición en Europa, y con eso se dará por satisfecho. Así fue nombrado duque de Zweibrücken, y de rey de Polonia pasaba a gobernar una pequeña ciudad situada en un valle. Sin embargo, él está contento: en aquel hermoso lugar de no más de cinco mil habitantes podrá al fin ser feliz junto a su familia y entregarse a la vida hogareña mientras aguarda el momento en que pueda recuperar su corona.

El momento llegaría, pero seguramente no imaginaba lo lejos que estaba: habría de esperar 24 años, y tampoco entonces lograría retener su corona mucho tiempo.


16 comentarios:

  1. Vida azarosa la de Estalinao I de Polonia, en una situación muy inestable.
    Esperemos acontecimientos.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  2. Desde que los Vasa y su alianza habsbúrgica abandonaron el trono polaco, la estabilidad fue grande en aquellas tierras y ni tan siquiera el gran Juan III Sobieski, el héroe de Viena, consiguió mantener la corona en el seno de su familia. Luchas que acabarían con Polonia dividida entre las nuevas potencias emergentes a mediados del XVIII.

    Un saludo

    ResponderEliminar
  3. Un retiro tranquilo y seguramente menos estresante vivir en una localidad de cinco mil habitantes a la espera del retorno, a muy largo plazo.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
  4. Un hombre de natural reflexivo sin grandes pretensiones y gracias a su conformidad por lo menos evito una masacre si hubiera entrado en contienda por el reino aunque no le hizo feos después de 24 años de espera .

    Por el poder se pueden hacer las mayores barbaridades.

    Me parece muy interesante esta forma de escoger a sus gobernantes.

    Feliz día madame.

    ResponderEliminar
  5. Polonia, un país siempre atacado, invadido, sometido a múltiples presiones desde las potencias circundantes, a lo largo de la historia, sin duda puede definirse como una nación marcada por la incertidumbre y por la bravura de sus ciudadanos que siempre han sabido levantar cabeza ante todas las adversidades.
    Un beso

    ResponderEliminar
  6. Hola Madame:

    Siempre he sentido especial simpatía por Polonia. De pequeño, algunos de nuestro vecinos, eran polacos que huyeron de la guerra.

    Una monarquía está de Polonia que algunos no verían con malos ojos en estos tiempos.

    Besos Madame. Un mosquetero ha partido a su castillo

    ResponderEliminar
  7. Madame

    Me permito hacerle una pequeña corrección en ese momento crucial de la historia entre Polonia y Sajonia, Federico Augusto era un príncipe elector por Sajonia en el Sacro imperio.

    Si es cierto que Augusto encontró un país muy distinto a su Sajonia, Polonia era un país dominado por los magnates, debilitado por las desconfianzas de sus propios nobles que veían cada cual por su bien, una república monárquica dónde el rey era el primero entre sus pares, no el soberano monarca del país. Apenas como dice usted mi querida Madame una figura simbólica y casi decorativa a causa del poder de la Dieta y de la nobleza adinerada, porque había tres etapas de la nobleza polaca los magnates o aristócratas dueños de grandes extensiones de tierra que constituían casi provincias enteras, los segundos los nobles medianos que apenas poseían tierras libres de sus poderosos pares, y la baja nobleza que a veces estaba supeditada a los poderosos.

    Esta era la realidad de Polonia, una muy distinta a toda Europa de entonces, en ningún país europeo la nobleza llegó a gozar de tanto poder como en la mancomunidad polaco-lituana formada por el reino de Polonia y el gran ducado de Lituania.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Monsieur, menos mal que usted me lo ha señalado. Veo que en lugar de elector había puesto rey. Muchísimas gracias, me ha sido muy valioso.

      Eliminar
    2. Un pequeño detalle Madame que se que debió pasarle por alto

      Disculpe usted mi atrevimiento

      Eliminar
  8. Yo siempre llego a la misma conclusión. Todo lo que leo de batallas, batallitas, reyes y pugnas por la corona siempre es igual. Luchas internas, pillaje, batallas, exilio, intriga. Pero los que verdaderamente sufren las consecuencias son los ciudadanos que aguantan estoicamente todo lo que se cuece en las altas esferas. ¿Acaso hemos cambiado?
    Se ve que estoy últimamente muy optimista:-)
    Bisous y buenas noches madame

    ResponderEliminar
  9. Y es que Polonia entró en una etapa muy vertiginosa después de Juan III sobieski, ya que tuvo que ver la segunda devastación en la gran guerra del norte y apuntó estuvo de ser absorbida por Suecia, pero no convenía a Carlos XII hacerse antipático como su abuelo Carlos X, que perdió todo lo conquistado durante el diluvio así denominada a la invasión sueca de 1655 a 1658.

    Tocó a Estanislao Lescszynski vivir como rey títere de Suecia y apegado a su suerte, con la derrota sueca no había modo de sostenerse en el poder.
    Por azares del destino este rey sería un ancestro de Luís XVI y sus hermanos Luís XVIII y Carlos IX

    Bisous

    PD: perdón por hacer estas observaciones a usted mi querida Madame.

    ResponderEliminar
  10. Mal asunto ha sido siempre, incluso para los ejércitos más preparados y potentes entrar en la fría Rusia.
    Bien lo insinúa usted al final. Muchos años tendría que esperar; pero tampoco le iría tan mal: en su ducado de Lorena, construiría una plaza en Nancy, que le daría casí, o sin casi, más fama que su efímero reinado.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
  11. lo de la historia de Polonia tiene mucha miga. pero mucha. porque mira que son patriotas y tal, pero vaya país más bandeado. la historia de Carlos IX de Suecia da también para una película o dos.
    a ver cómo sigue esta.
    buen fin de semana, madame.
    bisous!

    ResponderEliminar
  12. Veinticuatro años son un suspiro, la cuestión es mantener el optimismo. Polonia tiene una historia muy representativa de los territorios centro europeos, anexionados, reanexionados y con fronteras móviles cada poco. Lo malo es que suelen acabar con sangre y lágrimas.

    Bisous y un abrazo

    ResponderEliminar
  13. Más le hubiera valido a Estanislao Leczinski o Leszczynski no salir de Polonia de delegado a entrevistarse con el ambicioso Carlos XII de Suecia. Y encima caerle bien al sueco.
    Así no se hubiese visto envuelto en tantos berenjenales que estaba claro que no deseaba.

    Y todavía le esperaba otro periodo de reinado. Buf! Y también como una marioneta de Suecia, claro.

    Abrazos de sábado, madame!!!

    ResponderEliminar
  14. No sabía que en Polonia se había mantenido la monarquía electiva hasta un periodo tan relativamente reciente. ¡Caray, con los vaivenes que han sufrido sus fronteras no parece la mejor forma de gobierno!
    Feliz fin de semana, Madame

    ResponderEliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)