sábado, 8 de noviembre de 2014

El Imperio Sasánida: Shapur II el Grande


La dinastía sasánida gobernó Irán desde el año 224 hasta el 641. Su origen es oscuro. Parece ser que se remonta a un sacerdote del templo de Istar llamado Sasán, cuyo nieto Ardacher se hizo con el trono tras una revuelta de los terratenientes contra la dinastía arsácida, considerada extranjera.

Shapur II, décimo de sus gobernantes, tuvo un larguísimo reinado de 70 años, entre el 309 y el 379. Su nombre significa “hijo de rey” y, en efecto, lo fue. Sin embargo, era el menor de toda la progenie del soberano. De hecho ni siquiera había nacido aún cuando su padre falleció dejando el trono en manos del primogénito, Adarnases. Pero Adarnases mostró tal crueldad apenas suceder a su padre que fue asesinado por sus propios nobles. Como estos tampoco deseaban por rey a ninguno de sus hermanos, acordaron aguardar a que naciera Shapur, colocando simbólicamente la corona sobre el vientre de su madre encinta. Su confianza en que sería un varón no resultó defraudada, y de ese modo los grandes señores de la corte sasánida pudieron ostentar todo el poder y gobernar en su nombre hasta que el niño alcanzó la edad adecuada, lo que sucedió al cumplir 16 años.

Shapur se reveló como el más brillante de cuantos gobernantes había tenido la dinastía hasta entonces. Sabía usar la diplomacia cuando resultaba conveniente, pero solía mostrarse intransigente en sus reivindicaciones. “Astutum”, llamaban los romanos a aquel que ostentó el título de “Rey de Reyes, partícipe de las estrellas, hermano del Sol y de la Luna”. Hábil tanto en el terreno de la política como en el militar, gran administrador y dotado de una fuerte personalidad, todo en él era impresionante, incluso su elevada estatura. Amiano Marcelino, que lo llama el Gran Rey, al conocerlo quedó deslumbrado por su imagen.

Poco antes de la muerte del emperador Constantino, Shapur rompió la paz que había sido concertada con Roma en tiempos de Diocleciano, más de cuarenta años atrás. Dirigía personalmente sus ejércitos y logró reconquistar buena parte de los territorios que habían sido arrebatados a su Imperio, hasta hacerse de nuevo con Mesopotamia, Armenia y el Cáucaso. Luego fundaba ciudades que repoblaba con prisioneros de guerra que capturaba en las fortalezas que tomaba a los romanos. 

Investidura de un rey sasánida (Shapur II o Ardacher II), entre Mithra y Ahura Mazda

Hombre supersticioso y profundamente religioso, hacía sacrificios en el puente de Anzaba antes de cruzar el río y fue el último de los gobernantes sasánidas en proclamarse imagen de la divinidad. Además de ordenar unificar la doctrina de Zoroastro, practicó una política de persecución de la herejía y, muy especialmente, del cristianismo, rompiendo así la tradicional tolerancia de la dinastía. Su inquina contra los cristianos se debía a que, al haber sido ampliamente cristianizado el Imperio Romano, él los identificaba con el enemigo, con el que temía que pudieran colaborar. Aquellos que vivían en sus dominios eran considerados espías y traidores en potencia.

Su ejército era numéricamente muy superior al de los romanos. Contaba con los peligrosos arqueros sasánidas y con los elefantes. Sin embargo, la táctica favorita de Shapur era no presentar batalla directamente. Él prefería la incursión rápida y el ataque por sorpresa, siempre de día, cuando el calor hacía más mella en el enemigo que entre sus propias filas. Pero una de sus debilidades era precisamente que no sabía combatir de noche, y por eso sufrió una derrota a manos de los ejércitos de Constancio II en la batalla de Singara en el 344, la única que el emperador pudo anotarse frente a él. Tampoco sabían sus soldados manejarse bien bajo la lluvia.

Shapur no sólo logró mantener a raya a los romanos, sino que también fue capaz de sofocar las invasiones de kushanitas y otros pueblos del norte con quienes supo aliarse para luego utilizarlos contra Roma.

Shapur II

A su muerte no fue sucedido inmediatamente por su hijo, que llevaba su nombre. Durante cuatro años, y hasta ser destronado, reinó su hermanastro Ardacher II, quien tuvo la misma madre que Shapur.


14 comentarios:

  1. Caramba! Setenta años de reinado no está mal, sobre todo en esa época tan convulsa. Un poco más y le gana a su Luis XIV, madame.
    También veo lógico que destacase tanto como gobernante y negociador como militar y estratega. Por eso aguantó tanto en el poder.
    Me sorprende lo de la lluvia. Se podría decir que nunca llovía a gusto de todos. Jeje.

    Buen fin de semana.
    Abrazos!!

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    1. Pues sí, ya debía de ser difícil que en 70 años a nadie se le ocurriera destronarlo. O que sí se les ocurriera pero no pudieran, con lo fácil que parecía viendo el destino de otros reyes sasánidas.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. La herencia cultural de este pueblo dejó su impronta en la griega.

    La verdad que para haber llegado a lo máximo en su mandato.Ser un buen estratega,administrador y, encima respetado y admirado:chirría su fanatismo con la deidad y por ahí perdió su imperio: por esa inquina contra los cristianos.Parece que Persia: que a mí, es el nombre que más me gusta. Esta condenada desde el principio de sus tiempos a chocar con los fanatismos religiosos; como hoy en día vemos.

    Feliz fin de semana

    Bisous

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    1. No, él no perdió nada, al contrario. Reconquistó mucho territorio. Y en realidad la intolerancia no era la tónica general de la dinastía sasánida, pero él, más que motivos intrínsecamente religiosos, tenía motivos políticos por los cuales desconfiaba de los cristianos.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  3. Hola Madame:
    Interesante biografía de este caballero que desconocía. En apariencia gran Rey no solo por lo longevo del reinado, sino ademas por ser buen administrador.

    Lo negativo: su intolerancia. Pero quizás no lo era desde su punto de vista.

    Besos madame.

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    1. Sí, él no contemplaba el problema desde un punto de vista estrictamente religioso.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  4. ¡Oh! Es la primera vez que sé de la coronación de un nasciturus, Eso es dejar las cosas bien claras desde antes de empezar.
    Beso su mano.

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    1. Sí, a ver qué cara se les hubiera quedado de haber sido una niña.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

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  5. para cómo iban las tortas por aquellas tierras y en aquellos tiempos, reinar tantos años tiene un mérito enorme.
    buen comienzo de semana tenga, madame.

    bisous.

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    1. Pues sí, era un milagro que no te asesinaran, francamente.

      Feliz comienzo de semana también para usted, monsieur.

      Bisous

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  6. Este buen hombre de longevo reinado crearía seguidores furibundos en eso de la persecución de los diferentes y sobre todo en el arte de eternizarse gobernando.
    Un saludo.

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    1. Sí, creó escuela, y sus discípulos continúan siendo numerosos.

      Feliz comienzo de semana, monsieur.

      Bisous

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  7. Interessant

    Así se define a este monarca que vivió por mucho y fue desde antes de su nacimiento monarca reinante.

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    1. Lástima que no podamos saber mucho más. Realmente debió de ser un personaje muy interesante más allá de su carácter público.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)