miércoles, 22 de octubre de 2014

Zoe de Bizancio


Zoe era la segunda de las tres hijas de Constantino VIII, emperador de Bizancio. Había nacido en torno al año 978, cuando su padre ya ceñía la corona imperial. El Sacro Imperio Romano Germánico volvió sus ojos hacia ella al buscar una esposa para Otón III. Resultó elegida entre las tres hijas de Constantino debido a que era muy hermosa, mientras que la mayor tenía el rostro desfigurado por la viruela y la menor, Teodora, era muy fea. Tenía 23 años cuando emprendió el viaje para reunirse con su prometido, pero desafortunadamente, por el camino llegaron noticias de la muerte de Otón y Zoe hubo de regresar al hogar paterno.

No parecía que hubiera muchos más candidatos a su mano, así que ella y Teodora languidecían año tras año recluidas en el gineceo y detestándose mutuamente, a la espera de una nueva propuesta que nunca llegaba. Seguramente la princesa había abandonado ya toda esperanza cuando, cumplidos los 50, llegó una nueva embajada del Imperio en busca de esposa para el hijo del emperador, pero la edad del novio, un niño de solo diez años, hizo que tanto Constantino como su hija rechazaran la proposición. 

El emperador de Bizancio sentía próximo su fin y estaba preocupado por el asunto de la sucesión, de modo que ese mismo año mandó llamar a Romano Argiros, prefecto de Constantinopla, y le ordenó casarse con Zoe, de quien era primo tercero. Romano estaba casado ya, pero eso no importaba: también por orden del emperador, se divorció de su esposa.

Romano y Zoe se casaron el 10 de noviembre de 1028 en la capilla de palacio. Al día siguiente moría Constantino y los recién casados alcanzaban el trono.

La edad de los contrayentes era avanzada: si ella, aunque bien conservada, tenía 50, él contaba diez más. Pese a este inconveniente, ambos estaban empeñados en tener descendencia. El pobre Romano III se atiborraba de brebajes que le recetaban los médicos para favorecer sus propósitos, y Zoe, obsesionada por dar continuidad a su dinastía, se procuraba toda clase de amuletos mientras se sometía a extraños rituales mágicos que se suponían muy eficaces y milagrosos. Como nada dio resultado, Romano se rindió y se apartó de ella. 

Pero tras tan prolongada reclusión en el gineceo, la emperatriz había salido con todo el entusiasmo y la chispeante energía del champán al descorchar la botella; se sentía desatada y, en lugar de conformarse con la indiferencia de su marido, optó por buscarle un sustituto.

El elegido fue Miguel, hermano del eunuco mayor de palacio y nacido en el seno de una familia de campesinos, si bien no era el único galán con el que se la había relacionado. La situación era pública y notoria, aunque no se trataba de algo que molestara particularmente al esposo. Su resignación cristiana era tan grande que tal parecía ser uno de esos casos en los que el marido es el último en enterarse, hasta que su hermana acabó por ponerlo en antecedentes. 

Romano no se inquietó demasiado. Una noche, mientras estaba acostado con su esposa, hizo llamar a su rival para que le hiciera cosquillas en las plantas de los pies, algo que, al parecer, tenía por costumbre. Entonces le preguntó de sopetón si era el amante de Zoe. Naturalmente Miguel lo negó, y eso fue suficiente para zanjar la cuestión. Romano decidió creerlo.

El 11 de abril del año 1034 el emperador era encontrado muerto en su baño. Había sido asesinado a instigación de la esposa, que había conspirado con su amante para deshacerse de él. Ese mismo día, dicen que antes incluso de que el cadáver fuera retirado, ambos contraían matrimonio. Miguel se convertía en emperador y reinaba como Miguel IV.


Pero el nuevo emperador temía a su mujer. Pensaba que él podría correr la misma suerte que su antecesor, y para evitar riesgos procuraba excluirla de los asuntos políticos.

Miguel padecía de epilepsia, una enfermedad que había ido empeorando progresivamente. Minado por ella y por los remordimientos, se retiró a un convento y se hizo monje. Allí falleció el 10 de diciembre de 1041, mientras Zoe suplicaba a las puertas que la dejasen verlo por última vez. No quiso recibirla.

El hermano del emperador, que no deseaba perder su influencia y su poder, al percatarse de que a Miguel no le quedaba mucho tiempo de vida, hizo que Zoe adoptara a su sobrino, que se convertía así en el sucesor, Miguel V. Este, apenas subido al trono, tomó la precaución de desterrar a la emperatriz. Fue un error, porque la medida causó un levantamiento popular. A la gente no le gustó ver cómo se trataba a la última representante de la dinastía Macedónica, y al poco tiempo era destronado. El pueblo decidió entonces que Zoe y su hermana Teodora debían ser coronadas juntas.

Zoe contaba 64 años en ese momento, pero su ardor era incombustible. Resolvió que necesitaba un nuevo esposo y su elección recayó sobre un antiguo amante: Constantino Monomacos, 22 años más joven y del que se decía que era “hermoso como Aquiles”. El problema es que él tenía otra amante llamada María Skleraina y, como se resistía a abandonarla, la emperatriz no vio inconveniente en que la conservara a su lado después del matrimonio. Así que Constantino se instaló en sus aposentos imperiales teniendo a su derecha los de la emperatriz y a la izquierda los de María, que participaba junto a Zoe y Teodora incluso en ceremonias oficiales, con gran escándalo entre el pueblo. 


Zoe alcanzó la edad de 72 años. Su tercer esposo la sobrevivió aún por cuatro. A pesar de haber iniciado su vida pública cuando ya había dejado atrás su juventud, las crónicas describen la asombrosa belleza de la emperatriz, que ella procuró conservar haciendo preparar ungüentos y pociones en sus propios apartamentos de palacio.


24 comentarios:

  1. Llegó tarde al himeneo e intentó aprovechar el tiempo perdido.
    Un saludo.

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    1. Y lo hizo, ya lo creo. Por circunstancias habituales en Bizancio, no le duraban mucho, pero ella pronto encontraba repuestos.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  2. Con sus antecedentes, y la propia culpa, o quizás lo remordimientos, de Miguel por el asesinato de Romanos, se comprenden los temores de éste, pero que ella le siguiera hasta las propias puertas de su claustro.
    Una vida que, pese a todo, parece movida más por los sentimientos que por la ambición y el poder.
    Beso su mano.

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    1. Se ve que Miguel fue su gran amor, monsieur, puesto que llegó a esos extremos. También se ve que no debió de ser correspondida.

      Feliz tarde

      Bisous

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  3. ¿Y quien se ocupaba de gobernar el imperio mientras tanto? Beso.Claudia .

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    1. Vaya, cuando le estaba respondiendo falló blogger y se tragó mi comentario. A ver si ahora me deja. Le decía que se gobernaba a la bizantina, es decir, un rato cada emperador hasta que una conspiración lo asesinaba o lo dejaba fuera de combate.

      Feliz día

      Bisous

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  4. Menos mal que las mujeres estamos catalogadas como el sexo débil:-) No han debido de leer algunas biografías Desde luego no perdió el tiempo.
    Buenas noches. Bisous

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    1. Igual los bíceps no los tenemos muy allá, pero el cerebro suele funcionar bastante bien. No obstante, no me atrevo a afirmar que fuera el caso de esta señora.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  5. En la monarquía, lo importante es dejar descendencia; en los gobiernos democráticos sobrenadar a todos los escándalos y evitar que los bolsillos llenos sean un lastre. A fin de cuentas, oscuros intereses que no piensan en los intereses populares. ¡Ay, la política!
    Madame, como siempre, sus historias son deliciosas.
    Bisous.

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    1. Gracias, monsieur. Y, si la política suele tener sus escándalos e intríngulis, Bizancio era el escenario ideal para los grandes dramas, todos los cuales superaron la ficción.

      Feliz día

      Bisous

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  6. Una historia interesante,la cual no conocía muy bien.

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  7. "Pero tras tan prolongada reclusión en el gineceo, la emperatriz había salido con todo el entusiasmo y la chispeante energía del champán al descorchar la botella; se sentía desatada y, en lugar de conformarse con la indiferencia de su marido, optó por buscarle un sustituto" Fantástico párrafo, Madame. Me quedo entusiasmado.
    Feliz semana
    (Me está dando muchos problemas para publicar el comentario. No sé si al final saldrá como anónimo, pero soy Xibeliuss)

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    1. A mí también me está dando problemas para los comentarios. Deben de andar de reforma otra vez.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

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  8. Una historia extraordinaria. La felicito, madame.

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    1. Ah, madame, si es usted! Qué grata sorpresa verla por aquí de nuevo. Está usted completamente desaparecida del blog! Espero que se deba a gratos motivos.

      Feliz día

      Bisous

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  9. Hola Madame:

    La dama recuperó el tiempo perdido...Posiblemente si de joven hubiese estado "activa" como después lo estuvo, creo que la descendencia hubiese sido grande :D

    Ayer estaba de guardia. Intenté entrar por el teléfono y no pude... Ya se puede.

    Besos

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    1. Seguramente, monsieur, no hubiera terminado ahí la dinastía de haber comenzado antes su actividad, en efecto.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. bravo. me uno a xibeliuss para felicitarla por el párrafo del champán. y por el numerito de las cosquillas en los pies.
    como te eche el ojo alguien de alcurinia en Bizancio, estás listo.
    buen finde, madame.
    bisous!!

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    1. Imagínese, monsieur, que al final acabe uno teniendo de profesión cosquillero de pies. Hombre, debían de pagar bien, pero aun así...

      Feliz finde, monsieur

      Bisous

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  11. Me ha sorprendido mucho lo tarde que empezó Zoe su vida política activa. ada menos que con 50 años. Se podría pensar que en esa época debería ser una anciana, pero ya leo que no. Todo lo contrario.
    Hay que ver lo poco que conozco del Imperio Bizantino y sus emperadores. :(

    Abrazos, madame!!

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    1. Sí, se suele tener la idea de que en otros tiempos eran ancianos a los 30 años. Nada más lejos de la realidad. Eso solo era aplicable a los pobres campesinos, desnutridos y faltos de cuidados. Las clases altas se conservaban estupendamente si querían.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  12. Nunca es tarde si la dicha es buena.-Y, si con esas pócimas alargó su tiempo de buen ver.-Pero aparte de la belleza también se deduce que era una mujer con una alta estima.-Que hubiera sido de su reino si hubiera tenido descendencia?.

    Feliz semana bisous.

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    1. Vaya, blogger no me ha subido la respuesta. Le decía, madame, que probablemente de haber tenido hijos se hubiera alcanzado una mayor estabilidad, aunque viendo la historia de Bizancio, la estabilidad nunca estaba garantizada de ninguna manera.

      Feliz tarde

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)