martes, 14 de octubre de 2014

Juliano el Apóstata


Flavio Claudio Juliano, que reinó como Juliano II, nació en Constantinopla hacia el año 331, hijo de uno de los hermanos de Constantino el Grande. Solo contaba alrededor de seis años cuando, a la muerte de su tío el emperador, estuvo a punto de ser asesinado con toda su familia. Logró salvarse junto con su hermano Galo, aunque este perecería de todos modos años más tarde a manos de sus enemigos. Juliano pasó su infancia exiliado en Capadocia, privado de compañía adecuada a su edad y sin nadie en quien pudiera depositar su confianza.

Al cumplir doce años, se traslada a Nicomedia y se dedica al estudio. Desde un principio mostraba una marcada inclinación por la filosofía pagana. Deseaba convertirse en discípulo de Libanio, pero el nuevo emperador, su primo Constancio II, instigador del complot que había acabado con su familia, le prohibió asistir a sus clases. De poco sirvió la prohibición, porque Juliano estudiaba los apuntes que tomaban los alumnos del filósofo.

Tenía 23 años cuando su hermano fue asesinado. Su propia vida pendió de un hilo por espacio de seis meses, hasta que finalmente consiguió que le permitiesen viajar a Atenas para continuar sus estudios.

Sin embargo poco después era reclamado en Milán. Cuando acude recibe el nombramiento de César y el gobierno de las Galias, junto con una esposa: Helena, la hermana del emperador. De ese modo Juliano se instala en la ciudad que él siempre llamó su “querida Lutetia”, el núcleo de lo que un día llegaría a ser París, y se ocupa de las incursiones de los bárbaros. 

Juliano gozaba de gran popularidad entre el ejército, algo que alienta su imprudencia y despierta al mismo tiempo los recelos del emperador. Cuando Constancio prepara una expedición contra los persas, le ordena que le envíe un tercio de sus legiones, pero estas se sublevan; afirman que no irán si no es con Juliano al mando y lo proclaman Augusto. Este, sin embargo, se niega a rebelarse abiertamente contra el emperador y le envía testimonios de adhesión, algo insuficiente para detener un conflicto que tal vez hubiera desembocado en guerra de no ser porque el 3 de noviembre del 361 moría Constancio. 


Juliano se convertía así en su heredero y vestía la púrpura tras asistir a los funerales. Apenas proclamado emperador, restauró el paganismo, mandó abrir los viejos templos y hacer sacrificios a los antiguos dioses. Como en Constantinopla ya no había ningún templo pagano que revistiera suficiente importancia, decidió hacer un sacrificio en palacio, ante una estatua de la diosa Fortuna.

Pero Juliano no solo quería reinstaurar la antigua religión, sino renovarla según sus propios criterios. A tal fin reorganizó el clero para que pudiera competir con el cristiano, y enviaba a sus sacerdotes a predicar como hacían los cristianos. Su clero debía dedicarse con exclusividad al culto, sin poder realizar ninguna otra actividad remunerada. Faltar a los deberes religiosos era castigado severamente. En teoría había libertad religiosa, pero al mismo tiempo se ocupó con un edicto de que “todos los que se consagren a la enseñanza deben ser de buena conducta y no tener en su corazón opiniones contrarias a las del Estado”. Esto, desde luego, alejaba de la docencia a los cristianos. “Ahora que los dioses nos han devuelto la libertad es absurdo, a mi parecer, enseñar aquello en lo que no se cree”. La mayoría de cuantos profesaban el cristianismo se negaron a enviar a sus hijos a escuelas paganas, lo cual los situaba en un plano de desventaja cultural. Tampoco podían aspirar a ningún cargo en palacio, porque todos los servidores de Juliano estaban obligados a honrar a los dioses, medidas que en su conjunto fueron causa de muchas apostasías.

“Por lo que a mí concierne, por los dioses, no quiero que los galileos sean condenados a muerte, ni castigados injustamente, ni que deban sufrir ningún tipo de mal; pero, ciertamente, se ha de preferir a los adoradores de los dioses, y ello, declaro, es un deber absoluto”. Estos deseos de convivencia pacífica con los cristianos, sin embargo, no siempre pudieron verse cumplidos, y en ocasiones optó por las ejecuciones que hubiera deseado evitar. Además, sus medidas anticristianas fueron endureciéndose progresivamente, llegando a promover motines contra los galileos y a gravarlos con impuestos especiales.


El emperador continuó con la vieja tradición de celebrar hecatombes, es decir, ceremonias en las que se sacrificaban cien bueyes en cuyas entrañas leían los arúspices la voluntad de los dioses. Así se hizo cuando en 363 Juliano emprendió una campaña contra los persas. Reunió a los augures, que vaticinaron lo nefasto de una acción bélica. Curiosamente el emperador no tuvo demasiado en cuenta esta opinión, y acabó envuelto en una escaramuza con el enemigo. Durante el enfrentamiento que se produjo, una lanza entró por uno de sus costados y lo hería de extrema gravedad. Aunque pudo ser trasladado a su tienda aún con vida, nada se pudo hacer por conservársela.

No hay acuerdo con respecto a la procedencia de esa lanza que acabó con el emperador. Muchos afirmaron que partió de entre sus propias filas, fruto de un complot de uno de sus generales. Según otras opiniones, fue un cristiano quien la arrojó, y cuenta la leyenda que Juliano, al caer del caballo, alzó sus manos al cielo y exclamó: “¡Venciste, galileo!”. Otros, en cambio, afirman que sus palabras fueron: “¡Helios, tú me has perdido!”, algo mucho más acorde con sus propias creencias, que le hacían proclamarse descendiente del dios Sol.



15 comentarios:

  1. No tuvo infancia el pobre Juliano, pero peor fortuna corrió su hermano. Luego, asumido el poder, como pasa siempre con este, la ambición de controlarlo todo: "no tener en su corazón opiniones contrarias a las del Estado".
    Los cristianos ya saben (sabemos) que las persecuciones son consecuencias de la fe y así ha sucedido a lo largo de la historia y hasta el presente: pero sin apasionamiento, no deja de ser una intolerancia, un deseo vehemente de obligar al otro a seguir los dictados ajenos. ¡Que malas son las imposiciones!
    En cuanto a su muerte o asesinato, algo o mucho de leyenda; por lo general, los enemigos suelen vivir muy cerca y hasta compartir techo.
    Un magnífico relato histórico como todos los que nos cuenta Madame.

    Bisous.

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  2. Me encantó el libro de Gore Vidal. Un personaje fascinante que no deja indiferente a nadie.
    Un saludo.

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  3. Para lo breve que fue su reinado dejo un buen legado para los historiadores.

    Un abrazo madame

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  4. Hola Madame:

    Muy interesante. Un caballero que tenía clara las cosas aparentemente. Un poco convulsa su infancia.

    Esta bloqueado mi blog por un spam. Lo he reportado otra vez...

    Besos

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  5. Qué desgraciada infancia y juventud.
    Y qué poco tiempo duró su reinado como emperador. Aún así hay que ver el ruido que hizo apartándose del cristianismo.
    Imagino que su sucesor volvería a la religión cristiana y los esfuerzos de Juliano resultarían baldíos.

    Abrazos de nuevo, madame!!

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  6. el rollo vintage de juliano. la verdad es que era un poco ilusorio pretender volver a la vieja religión ahora que el culto estaba de moda. y viendo lo poco transigentes que eran los cristianos, claro. bueno. ya volveremos a intentarlo.
    que tenga buen miércoles, madame.
    bisous!

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  7. Qué mejor solución que la de renegar del monoteismo cristiano, para ser él mismo parte de la deidad.
    Beso su mano.

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  8. El caso es que no se salvó. Porque el que se dice que el que a "hierro mata a hierro muere" Y perseguir a unos para favorecer a otras engendra rencor y odio de la parte perseguida.
    Bisous

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  9. Leí una biografía de este emperador y me resultó muy interesante. Según parece no tuvo mucho éxito su intento de volver a adorar a los viejos dioses porque ya no se celebraba su culto, ni había templos ni había sacerdotes, además de encontrar resistencias en todos los lados.
    Entrada interesante sobre un emperador poco conocido.
    Bisous.

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  10. Me gustó mucho conocer el origen de la palabra Hecatombe. 100 bueyes¡¡¡ Una verdadera hecatombe o un rico asado. Besos Claudia.

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  11. Juliano pudo tener un espíritu pacífico y conciliador, pero a ver quién es el guapo que en una época de transición, con un movimiento social y religioso en alza y un imperio en declive, es capaz de mantener la firmeza de sus buenas intenciones.
    Difícil es el gobierno en tiempos revueltos, lo que no justifica las tropelías del poder. No sé que dirían ahora las entrañas de cien bueyes pero me temo que saldrían de ellas todo tipo de malos augurios. Mejor no saberlo.

    Bisous y pase usted una buena tarde.

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  12. En contra de lo que opina Cayetano, las novelas de Gore Vidal se me hacen bastante tediosas, lo cual no está reñido con su exactitud histórica.
    Un beso

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  13. Vista la evolución posterior del poder de la Iglesia Católica, es difícil no sentir simpatía por la figura de Juliano, el educado entre filósofos que parecía no querer el trono, que renegó de la tristeza cristiana para recuperar los fastos del paganismo... Y que acabó cayendo en el mismo pecado de todas las religiones cuando se mezclan con el gobierno.

    Aún así, espero que sus últimas palabras las dedicase a Helios. Lo de "venciste, Galileo" me huele mucho a corrección interesada.
    Feliz fin de semana, Madame

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  14. Desde luego esta completo... Buena entrada... Un saludo desde murcia

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  15. Muy interesante la historia

    Y es que los.vencedores siempre cuentan su versión de la historia, imagínese que ganara Juliano II
    Sería distinta temática...

    Pero bueno su historia es la historia de muchos príncipes que llegaron al poder por una suerte del destino, ejemplos hay muchos

    Bisous

    Arnaud d'Aleman

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)