sábado, 6 de septiembre de 2014

Vidocq: de ladrón a policía


“Nací en Arras. Como mis continuos disfraces, la movilidad de mis acciones y una habilidad especial para caracterizarme, dejan alguna duda sobre mi edad, no será ocioso declarar aquí que vine al mundo el 23 de julio de 1775, en una casa vecina a aquella en que, 16 años antes, nació Robespierre. Era de noche…, llovía…, retumbaban los truenos y una parienta que acumulaba las funciones de comadrona y de sibila vaticinó que mi vida sería muy tormentosa.”

No se equivocaba la mujer: pronto comenzó a manifestarse que la vida de Eugène François Vidocq iba a ser una aventura interminable. Hijo de un panadero, sus padres no eran capaces de enderezar los pasos de este niño que, ya desde su más tierna infancia, era el terror del barrio. No le gusta el oficio de panadero que su padre trata de inculcarle; él prefiere los juegos, los deportes violentos, y pronto se apasionará también por las chicas. A los trece aprende a manejar el florete y la espada con los militares de la guarnición cuya compañía busca con asiduidad. No es buen estudiante; en cambio aprovecha maravillosamente las lecciones de esgrima que recibe de ellos. 

Eugène sigue el penoso ejemplo de su hermano mayor y comienza a hurtar dinero del cajón de su padre. Éste había sorprendido las fechorías de su primogénito y decidió enviarlo a Lille para ponerlo a trabajar con un jefe que fuera capaz de quitarle las ganas de volver a hacerlo. Luego, para evitar que el menor cayera también en la tentación, cerró con dos vueltas el cajón donde guardaba sus ganancias. Lamentablemente de nada sirvieron sus precauciones, porque Eugène utilizaba un palito embreado para hacerse con las monedas que pasaban por el hueco. Cuando no lograba bastante de ese modo, recurría a una llave falsa de fabricación propia. Si faltaba el dinero, se apoderaba de las mercancías para revenderlas, hasta que un día fue descubierto por su madre cuando dos pollitos que había escondido en el pantalón lo delataron al piar.

Para Eugène había llegado el momento de dar un gran golpe, y así lo planea con sus amigos. Se apodera de los cubiertos de plata y con lo que obtienen por ellos se dedican a divertirse en la taberna. Pero el dinero se terminó, y como no se atrevía a regresar a casa, emprende una vida de vagabundo que dura tres días. El final de la aventura llegó cuando dieron con él los gendarmes a los que su padre había alertado. Los guardias lo conducen a la prisión de Les Baudets, donde el panadero pidió que lo encerraran una semana para darle una lección. Tratándose de Eugène, tan corto periodo era un evidente error de cálculo, pero el pobre hombre aún no lo sabía.


Su estancia en la cárcel lo convirtió en una especie de héroe para sus malas compañías, y ello hará que lo empujen a llegar más lejos y urdir un plan para conseguir más dinero de su padre. Tenía quince años cuando un día uno de sus amigos se presentó ante su madre para representar la comedia ideada: la convenció de que su marido estaba en peligro en esos momentos, amenazado por unos malhechores al otro lado de la ciudad. Era preciso entregarles lo que pedían a cambio de su vida. La mujer, terriblemente desazonada, va en busca de su hijo, y ambos se ocupan de entregar las dos mil libras supuestamente exigidas por los bandidos ficticios. 

Pero esta vez hay algo diferente: Eugène siente remordimientos. Considera que ha llegado demasiado lejos, y además sabe que esta vez su acción tendrá consecuencias cuando se descubra la trama. Huye y busca en Calais un barco que zarpe hacia América, donde quiere hacer fortuna, pero no puede pagar el pasaje y se desplaza a Ostende esperando encontrar algo más asequible.

Una vez en Ostende, hace amistad con un individuo de costumbres igual de penosas. Ambos se dirigen a la taberna y buscan la compañía de algunas mujeres. Saciado de placeres, Eugène se durmió sin saber que le aguardaba un despertar mucho menos agradable: cuando abrió los ojos se encontró medio desnudo en un mal rincón del puerto, y además sin apenas dinero. Con las escasas monedas que le quedan alcanza a duras penas a pagar al posadero y poder así vestirse con las ropas que éste le retenía, puesto que le habían robado el traje que llevaba puesto la noche anterior. 

Era el fin de su sueño de embarcarse rumbo a otro continente. La única solución que se le presenta ahora es conseguir ganar suficiente dinero para devolver lo sustraído a su padre. Con esa idea en mente se enroló con una compañía de saltimbanquis. Su tarea consistía en limpiar las jaulas, pero pronto le proponen convertirse en acróbata. Aunque Eugène lo intenta, el entrenamiento era tan duro que prefiere volver a dedicarse a los animales.


Su aventura con los saltimbanquis termina cuando pretenden que interprete el papel de negro antropófago, embadurnado con hojas de nogal, comiendo carne cruda y bebiendo sangre para convencer al público. Eugène se marcha y encuentra empleo como ayudante de una pareja que tiene un teatro de marionetas. La mujer, Elisa, sólo cuenta 16 años, y surge el romance; pero, ¡ay!, el marido no era ciego. Un día los descubrió a ambos y al jovenzuelo no le quedó otra opción que emprender la huida.

Eugène decide regresar a su ciudad natal. Para subsistir por el camino, trabaja como mozo de carga con un médico bastante extravagante. Así pudo llegar a Arras y reencontrarse con sus padres, que le perdonaron.

Para las jovencitas de la localidad, su regreso fue todo un acontecimiento. Se lo disputaban, y al final fue una actriz quien se hizo con el trofeo. Ambos se fugan a Lille, pero cuando ella se queda sin recursos, Eugène se ve obligado a volver a casa. Tiene 16 años y ya sabe lo que quiere ser en la vida: ingresará en el ejército.

Vidocq se incorpora al regimiento de Borbón en marzo de 1791. Pronto iba a ganarse una reputación temible, a base de desafiar a todo aquel con el que reñía. En cuestión de seis meses mantuvo quince duelos y dio muerte a dos hombres.

En el campo de batalla mostraba un valor singular, lo cual le valió ser ascendido a cabo de granaderos; pero, por desgracia, su carácter volvía a jugarle una mala pasada: Eugène está a punto de comparecer ante un consejo de guerra por haberse peleado con un sargento, de modo que deserta y se enrola en el 11º de los Cazadores. Participa gloriosamente en la batalla de Jemmapes cuando se entera de que le están buscando por desertor. No cabe más que la huida de nuevo, ni ve otra opción que pasarse temporalmente a los austriacos, pero pronto regresa con la caballería ligera francesa. Por fortuna puede beneficiarse de una amnistía, y así reunirse con sus antiguos Cazadores.


Resulta herido en combate y es trasladado a Arras mientras permanece convaleciente, una época que dedica a conquistar mujeres. Debido a uno de estos lances galantes reta a un rival y eso hace que sea arrestado y conducido a la prisión de los Baudets. Era una época en la que resultaba sumamente fácil terminar en la guillotina, y en especial desde esa cárcel. Vidocq tenía muchas probabilidades, puesto que su rival lo había denunciado como enemigo del Régimen.



Continuará


22 comentarios:

  1. Magnífico relato, señora, sobre un personaje interesantísimo, de vida más que ajetreada, con un mal principio como delincuente. aunque parece que hay esperanza para él... Usted dirá.
    Ha tardado usted un poco en reaparecer, pero lo ha hecho al fin de modo brillante.
    Beso su mano.

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    1. Gracias, monsieur. La de este hombre es una de esas vidas muy difíciles de resumir si queremos paladearla bien, así que nos llevará algunos capítulos más.

      Buenas noches

      Bisous

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  2. Un personaje singular, fascinante, temerario, que no deja indiferente y que se convierte en material idóneo para la narrativa y el cine.
    Un saludo.

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    1. Pues sí, uno de esos personajes de novela, que cuando encontramos en la ficción nos parece demasiado exagerado. Algo increíble.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  3. ¡Que gran relato Madame! espero ansioso la continuación. Este es un personaje fascinante...
    ¡Abrazos!

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    1. Gracias, monsieur. A ver si podemos continuar con un poco de ritmo.

      Feliz domingo

      Bisous

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  4. Una buena pieza. Aveces la realidad supera a la ficción por lo que se puede observar en esta primera entrada.

    Seguiremos esperando con impaciencia!

    Bisous feliz domingo

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    1. Ya ve que una vez más los personajes históricos eclipsan a los de la literatura, en efecto.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  5. ¿Se nace o se hace? Una historia que supera la ficción, con 16 años menudo curriculum . Desde luego por experiencias no será. En toda una vida mucho no consiguen lo que este chaval en 10 años. Me ha enganchado.
    Excelente semana madame. Bisous

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    1. Ya lo creo que no. Y lo que le queda por vivir aún!

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  6. si te avisan desde el principio de que la vida va a ser un no parar... al menos eso que tienes encima.
    vida ejemplar.
    bisous, madame.

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    1. Ejemplo de muchas cosas, en efecto, monsieur, aunque, obviamente, no todas buenas. Toda una pieza.

      Buenas noches

      Bisous

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  7. Como en la literatura, como en la vida misma, tránsfugas que pasan de perseguido a perseguidor o viceversa. Es un placer volver a disfrutar de sus bellas historias, Madame.
    Bisous.

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    1. Caramba, monsieur, no esperaba verlo salir del backstage después de tan prolongado mutis! Extrañábamos ese gracejo sevillano, socarrón y jaranero que suele esgrimir usted.

      Espero que haya disfrutado de sus vacaciones veraniegas.

      Bisous

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  8. Hola Madame:
    Como dice Ud es para saborear bien la vida de este personaje. Me ha gustado mucho este relato y espero el otro que seguro no defrauda.

    Besos

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    1. Gracias, monsieur. Espero que no les defraude la continuación, y poder ofrecérsela pronto.

      Buenas noches

      Bisous

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  9. Una mezcla entre el Rinconete, D´Artagnan y Don Juan, eso era Vidocq. Y comenzó pronto. La rebeldía y la aventura las llevaba en la sangre, de eso no hay duda. De los duelos es posible que salga con bien por su habilidad, pero de la justicia es más difícil escapar. Lo veremos.
    Un beso

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    1. Menudo cóctel explosivo el que describe usted, madame. El caballero se ha metido en terreno pantanoso.

      Buenas noches

      Bisous

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  10. Una vida aventurera. Parece mentira que puedan pasarle estas vicisitudes en tan poco tiempo.
    Bisou, Madame..

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    1. Y eso no es nada para todo lo que le queda!

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. Excelete reato y una vda intensa leere l k falta k debe ser tan intrigante y interesante komieste

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    1. Gracias, madame! Espero que le siga resultando interesante.

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)