domingo, 24 de agosto de 2014

El origen de los etruscos


Acerca del origen de los etruscos se han emitido las más variopintas teorías. La de Heródoto, muy seguida en la antigüedad, sostenía que hubo una gran colonización, tal vez en torno al siglo XIII a. C., procedente de Lidia, en Asia Menor. La hipótesis halló eco en ciertos nombres de peso, como Séneca y Tácito. Sin embargo, Dionisio de Halicarnaso observó que ambos pueblos se diferenciaban “no sólo por su lengua, sino también por su género de vida y sus costumbres”. Los etruscos o tirrenos no creían “en los mismos dioses que los lidios, ni poseen leyes o costumbres parecidas, sino que, al menos en estas cuestiones, difieren más de los lidios que de los pelasgos”, es decir, los pueblos que habitaron Grecia antes que los Helenos.

Según Helánico de Lesbos, en tiempos del pelasgo Nasas, rey de Pelasgiotis, en Tesalia, los pelasgos se rebelaron contra los helenos y marcharon a Italia. Una vez allí, fundaron Tirrenia, convirtiéndose en los ancestros de los etruscos. Ello explicaría la semejanza de la lengua etrusca con otras del norte del Egeo.

Dionisio de Halicarnaso, por su parte, propone una tercera teoría, y es que se trataría de un pueblo autóctono: “Es posible que los que más se acerquen a la verdad sean los que declaran que este pueblo no vino de ningún sitio, sino que es autóctono, puesto que se nos revela como muy antiguo y no coincide ni en la lengua ni en la forma de vida con ningún otro pueblo”.

En 1885 se localizó precisamente al norte del Egeo, en Lemnos, una estela que data de finales del siglo VI a. C. Contiene una larga inscripción funeraria que evidencia que su lengua estaba estrechamente emparentada con la etrusca. Esto parecía inclinar la balanza hacia la teoría de Helánico.


Pero en 1853 se había hallado la necrópolis de Villanova, en la llanura del Po, y del estudio de los objetos y su comparación con otros hallados en diferentes lugares de Europa, surgió una nueva teoría, según la cual durante el segundo milenio a. C. habría llegado a Italia un pueblo desde los Alpes, una migración que englobaría tanto a ítalos como a etruscos. Estos se llamarían a sí mismos rasenna, y estarían emparentados con los raetii, que durante la época romana vivían en algunos valles alpinos.

La teoría gozó de mucha aceptación a comienzos del siglo XX, pero presentaba múltiples objeciones. En primer lugar, no era verosímil que ítalos y etruscos, cuyas lenguas no tienen nada que ver, entraran juntos en Italia. Además, según señalaban ya en la antigüedad Tito Livio y Plinio el Viejo, el parentesco entre los raetii alpinos y los rasenna etruscos era justo al revés, puesto que los raetii fueron los restos de una colonización etrusca en el valle del Po, exterminada por los celtas en el siglo IV a. C. 

Pallottino, creador de la moderna etruscología, llegó a la conclusión de que, aunque se puede hablar ciertamente de una cultura etrusca, ello no significa que hubiera un pueblo etrusco racialmente homogéneo. Para él, la población etrusca sería autóctona en un algo porcentaje, pero a su cultura autóctona se irían sumando otras aportaciones por parte de comerciantes y artesanos extranjeros en ocasiones, o por colonizaciones en otros casos. Parece que este pueblo siempre estuvo abierto a aprender y asimilar cuanto los forasteros pudieran enseñarles.

El profesor Pallottino dirigió las excavaciones que descubrieron en 1964 las llamadas láminas de Pirgi. El lugar había sido uno de los puertos más importantes de la cuenta mediterránea, y en él se erigían dos santuarios de enorme importancia en la antigüedad. Las tres láminas contienen un texto en fenicio y dos en etrusco, pero, aunque presentan alguna frase idéntica, no son enteramente coincidentes. Este hallazgo, al igual que sucedió con la piedra de Rosetta para la comprensión de los jeroglíficos egipcios, ha servido de gran ayuda para obtener un cierto grado de conocimiento de la lengua etrusca.

Territorio etrusco

Guido Barbujani, genetista del Departamento de Biología y Evolución de la Universidad de Ferrara, ha estudiado el ADN de los etruscos, extrayéndolo unos 40 individuos de varias necrópolis. Después comparó las muestras con otras perteneciente a habitantes de cuatro localidades toscanas. La conclusión es que existen muchas probabilidades de que los actuales toscanos desciendan, al menos en parte, de antepasados etruscos. 

Un segundo experimento comparó esas mismas muestras de italianos contemporáneos con otras de individuos de la región de Anatolia. El resultado descarta la teoría de Heródoto, mientras que se inclina hacia el carácter autóctono de los etruscos.



Bibliografía:
El enigma etrusco - Miguel Ángel Elvira
Alec Forssmann – National Geographic, febrero 2013
es.wikipedia.org/wiki/L%C3%A1minas_de_Pyrgi