domingo, 27 de julio de 2014

María Tarnowskaya, La Condesa del Escándalo (III)


La condesa tenía una servidora de entera confianza. Se trataba de Elisa Perrier, una suiza que cumplía además la función de dama de compañía y consejera. Elisa era huérfana. Sus hermanos habían emigrado a América y aparte de ellos su único pariente era una tía anciana que vivía en Neuchâtel. Llevaba al límite la lealtad que mostraba hacia María, como si fuese su perro fiel, a cambio de una paga miserable. Era capaz de hacer o decir cualquier cosa con tal de complacer a su ama. Elisa saldría bien librada posteriormente en el proceso que siguió al asesinato de Kamarowsky. Ningún testimonio la incriminaba, ni se hallaron pruebas en su contra.

En cuanto a la víctima, Kamarowsky, era un hombre honesto. Se había casado por amor con una joven culta y refinada que murió pronto, dejándole solo con su hijo. Había pasado días maravillosos con ella, parte de ellos en Venecia, donde había hecho muchos amigos debido a su carácter afable. Y, sin embargo, poco después de perder a su mujer, se había dejado engatusar por la condesa, como demuestra esta carta:

“Por poderte llamar mía para siempre estoy dispuesto incluso a cometer un delito; ser tu marido incluso poco tiempo y después ser condenado a cadena perpetua”. 

Siempre buen hijo, solicitó el permiso de su madre para comprometerse con ella, sin saber que no podría casarse, pues María le ocultó que meses antes habían sido desestimadas las demandas de divorcio presentadas por su marido y por ella misma. Tampoco le confiesa, naturalmente, que en realidad siente repugnancia por él. “Sentía con sólo verlo una repulsión tan grande que fácilmente se convertía en odio; de ahí el evidente deseo de destruirlo, claramente presente incluso bajo el móvil económico del delito”.


Kamarowsky obtuvo ese permiso, porque la anciana señora estaba totalmente encantada con María. La petición tuvo lugar en el Lido de Venecia. Allí fue donde María dijo privadamente al abogado Prilukoff:

—Bórralo de la faz de la tierra.

Una semana más tarde el incauto Kamarowsky depositaba su nuevo testamento. Hasta entonces había instituido como heredero universal a su hijo y como usufructuaria a la condesa, pero ahora es María quien hereda todas las propiedades, reservando al hijo tan sólo la legítima. “En caso de muerte, ruego a mi hijo que honre a aquella que será su segunda madre”.

Prilukoff ya podía planear su asesinato, un crimen que, como habíamos visto, le fue encomendado a Naumov. No fue, sin embargo, el crimen perfecto, y los autores habían sido detenidos. El 14 de mayo de 1910 daba comienzo un proceso que fue conocido como “el caso ruso”, en el que se oyeron 142 testimonios y que comenzó con una salva de silbidos y clamores que anunciaban la llegada de la góndola negra cerrada que traía a la acusada principal. Era costumbre que los acusados fueran transportados en una vieja barcaza verde, pero a ella se le otorgó este privilegio.

Prilukoff era el que despertaba mayor curiosidad por parte de los periodistas presentes, algunos de los cuales venían desde Rusia. En cuanto a la condesa, no parecía encontrarse demasiado incómoda: sonreía ligeramente bajo el velo al saludar a su padre, que asistía a cada sesión, o bien le susurraba un “buenos días, papá”, como si fuera lo más natural encontrarse allí.

Hubo mucho que debatir acerca del estado mental tanto de María como de Naumov. El profesor Morselli consideraba a la condesa una criatura de inteligencia mediocre, o incluso baja, y que vivía dominada por las emociones. En su opinión, había en su carácter un cierto infantilismo que explicaba que en su cabeza la idea del delito tomarala apariencia de un juego frívolo. Dominaba solamente a aquellos que se dejaban, que querían ser dominados por ella. Casi no tenía sentido de la responsabilidad, y su voluntad era sólo capricho. Suplía su falta de inteligencia con una astucia instintiva y con el disimulo y la hipocresía.


Finalmente el jurado declaró a Naumov culpable de homicidio con premeditación, con algunas atenuantes; a Prilukoff, cómplice del crimen con afán de lucro. Cuando se pronunció el veredicto, se oyó un golpe sordo. Naumov había dejado caer pesadamente su cabeza sobre el escritorio, presa de una convulsión.

María Tarnowskaya era considerada igualmente culpable, a pesar de la atenuante de trastorno mental. El suyo era un grado de complicidad que rozaba la instigación. El fiscal pedía para ella ocho años y cuatro meses, precisamente la pena que se le impuso. Pero había que deducir de este tiempo todo el que ya había pasado detenida. La condena era tan leve que la recibió con alegría.

La condesa del escándalo pagó las consecuencias de sus actos en la cárcel de Trani, en el sur de Italia, hasta 1915, año en que fue puesta en libertad por buena conducta. Fue el 10 de junio, al día siguiente de cumplir 38 años. Después de eso se sabe que estuvo en París con un diplomático norteamericano, y que poco después emigraba a América en su compañía y con nombre supuesto. Un año después la encontramos residiendo en Buenos Aires con un nuevo amante.

María Tarnovskaya falleció el 23 de enero de 1949 en Santa Fe, Argentina. Su cuerpo fue trasladado a Rusia, para que reposara en el panteón familiar.


19 comentarios:

  1. En el fondo no tuvo una vida muy brillante que digamos. ¿Que pasó con la herencia si fue declarada culpable? ¿Y el hijo? Y no estoy segura de su trastorno mental y si si de su ambición desmedida.
    Bisous, buenas noches y feliz inicio de semana

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La herencia correspondía al hijo, naturalmente. La mente de la condesa estaba destrozada por el abuso de drogas, pero además tenía unos genes muy poco favorables en cuanto a salud mental.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  2. Hola Madame:
    Quizás tenía que haber cumplido una mayor condena, porque el asunto mental no me queda muy claro. En América siguió viviendo con lujos??.

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En América puso una tienda, una mercería. Con eso se conformó. Parece que no volvió a las andadas.

      Pero tuvo un magnífico abogado, al parecer. Por eso salió tan bien librada.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  3. La vida de esta mujer da para muchas novelas. ¿No se le ha ocurrido ponerse a ello, madame?
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Madame, la vida de esta mujer es la que inspiró mi relato para la antología de género negro.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
    2. Qué buena elección, madame. Muy acertada.
      Un beso

      Eliminar
  4. ja,ja. dónde fue a parar al fin, y no fue la única. Una teoría dice que hasta Jack el destripador habría tomado el mismo buque. Y yo ni la conocía. Muy buena historia .Gracias.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Fíjese qué cerquita la tenía. Hay que tener cuidado con los vecinos! Una aparentemente tranquila sedera puede ser una asesina en serie.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
  5. Y tanto que da esta historia para muchas novelas, incluso para inspirar la primera parte de su relato Gambito Veneciano.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. En efecto, monsieur. La vida de esta mujer resulta ciertamente impactante. Mire por dónde además de asesina ha sido "musa".

      Buenas noches

      Bisous

      Eliminar
  6. pues para no ser una persona con muchas luces, fue capaz de salir de un atolladero gordo y encima vivir hasta una edad avanzada con esa cabecita loca.
    en fin.
    una vida ejemplar, no cabe duda.
    que tenga buen martes, madame.

    bisous!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Pues sí, monsieur. Al final el mundo es de los imbéciles, como queda ampliamente demostrado en las noticias. O de los que se pasan de listos. Esto no está hecho para gente normal, y por eso no funciona.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  7. De bonnes nuits à tous

    Llego un pelín tarde, pero igual he quedado capturado por este personaje. Ante todo debió ser una mujer muy guapa pero sobretodo diabólicamente carismática, ¡vamos! es una forma cortés de decirlo...

    Aquel caso del barón von Stahl resulta espeluznante! ¡se suicidó sin recibir nada a cambio! ......ella debía poseer unos increíbles poderes de persuasión, y siendo rusa me recuerda al monje Rasputín, de quien dicen "Hipnotizaba a su alrededor para conseguir sus objetivos".

    Frederick

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Parece mentira llegar a tal grado de masoquismo, pero sobre todo que ella fuera a dar con tantos. Parecía que tuviera un detector para encontrarlos.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  8. El amor al dinero es la peor enfermedad de la sociedad, acaso existió antes que el amor filial o la amistad...

    Creo que hay muchos que viven lo que no tienen y no reparan en hacer hasta lo imposible por saldar sus cuentas pendientes

    Muy mal por esta condesa, pero peor por su enamorado que murió por una arpia. Lastima por sus cómplices que pagaron más que ella, así de injusta es la vida.

    Bisous Madame

    PD
    Ya logre enviar este comentario que este móvil mio no deseaba enviarle, creo a este aparato no le soy muy agradable, ya me iré desprendiendo de el.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, monsieur. Cuanto más se tiene, más se quiere tener, y todos los lujos no alcanzan a complacer el capricho. Sin embargo, con frecuencia se demuestra que no es ahí donde reside la felicidad, que es a lo que, al fin y al cabo, aspiramos.

      Feliz tarde

      Bisous

      Eliminar
  9. DEBO DESAPARECER UNOS DÍAS NUEVAMENTE.

    MUCHAS GRACIAS.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Usted sabe mi querida Madame que nos hará falta...

      Pero acá estaremos al pendiente

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)