lunes, 19 de mayo de 2014

María Estuardo y Chastelard


María Estuardo era aún muy joven cuando enviudó de su primer esposo, el rey Francisco II de Francia. Con gran pesar abandonó aquellas tierras en las que había sido feliz para regresar a Escocia. Dejaba todo atrás, excepto su extraordinario don para cautivar al sexo opuesto, un atractivo que resultó una maldición en su vida.

Desde su regreso la soberana trataba de observar un comportamiento discreto y honorable con la asistencia y consejo de John Knox y sus seguidores, de modo que se había ganado la aprobación de sus súbditos. La tarea no era fácil, teniendo en cuenta la lucha de intereses que se había desencadenado entre sus nobles. María trataba de los asuntos de Estado con su Consejo, se sentaba a bordar, practicaba la caza o la cetrería y por la noche se entretenía con música y danza. Irreprochable en su conducta, trataba de mantener a raya esa peligrosa tendencia suya a la galantería. Algunas veces se reunía de forma privada con su círculo más íntimo de amistades, pero siempre con la honorable presencia de sus damas, y accesible para los embajadores que residían en su corte.

Pero la reina cometió un error. Aunque había tenido el buen juicio de despedir a la mayoría de los franceses que la habían acompañado hasta Edimburgo, no quiso desprenderse también del poeta Chastelard, un atractivo joven imbuido de romanticismo y cuyo talento había sido muy apreciado en Francia. Pierre de Bocosel de Chastelard formaba parte de aquel círculo de jóvenes alegres que se reunían en torno a la consorte de Francisco II para rendirle más homenaje como mujer hermosa que como soberana. 


El poeta despertaba tanta admiración entre las damas como ella misma entre los caballeros, y enamorarse de él se había convertido casi en una moda. Oriundo del Delfinado, era un hombre de noble cuna, nieto del caballero Bayardo, o, según otras fuentes, sobrino nieto. Era el tercero de cinco hermanos, lo cual significaba que no heredaría nada. Se esperaba de él que hiciera carrera en la corte, o bien en el ejército. Pierre eligió la primera de las dos opciones. A una edad muy temprana entró como paje al servicio del condestable de Montmorency, en la corte de Enrique II. 

Poseía las virtudes y defectos típicos de un hombre de su tiempo. Escribía tanto en francés como en italiano y era, además, imaginativo, ingenioso, intelectual, valiente, duelista, cortés, tibio en cuestiones religiosas y poeta por vocación. Se había visto envuelto en varios lances de honor, y los barqueros del río Sena lo conocían bien, porque más de dos o tres veces lo habían llevado desde la orilla del Louvre hasta el Prè-aux-Clerks, en la orilla opuesta, lugar en el que los caballeros solían darse cita para batirse. De hecho, debía buena parte de su éxito entre las damas a la reputación adquirida por su valor y su destreza en el manejo de la espada.

Al ver que María Estuardo leía y admiraba su obra allá en Francia, la convirtió en su único tema. Pero entonces, cuando su pasión por la reina se hallaba en su cúspide, llegó el momento en que ella hubo de abandonar esos reinos para regresar a Escocia. El poeta era por entonces secretario del mariscal D’Anville, que ignoraba cuáles eran los sentimientos de su joven servidor. El mariscal aspiraba él mismo a conquistar a la reina viuda, y por eso la acompañó hasta Escocia llevando entre su séquito a Chastelard, a quien, sin saber que tenía en él a un rival, había confiado sus sentimientos. 

Cuando el mariscal abandonó Escocia, dejó allí al poeta con la misión de mantener vivo su recuerdo en el corazón de María. Este oficio de confidente propició un mayor acercamiento a ella. De hecho, la reina llegó a tratarlo con tan inusual favor que Chastelard se volvió osado.

Hizo algún viaje entre Edimburgo y París, con mensajes de la reina tanto para el mariscal como para sus tíos Guisa y otros importantes personajes. A su regreso le traía a María Estuardo en homenaje del enamorado D’ Anville, los versos de Ronsard y del resto de sus admiradores en la corte de Carlos IX.

El favoritismo que mostraba en ocasiones la reina de Escocia, y no solo con Chastelard, daban pie a la calumnia y la difamación, algo de lo que solo ella era responsable: los caballeros solían olvidar el respeto debido a la reina a causa de la gran libertad que permitía la mujer. El capitán Hepburn hizo ciertos avances hacia ella, con tal falta de delicadeza que hubo de emprender la huida para no pagar la afrenta con su vida. Y sin embargo, su ejemplo no sirvió de advertencia a Chastelard. Él continuaba dirigiendo a María versos apasionados que revelaban demasiado claramente su pasión.

Menos que nadie podía ignorarlo la reina. A pesar de todo, y de lo que ya había pasado con otro caballero, admitía al poeta en sus apartamentos privados, a los que nobles muy encumbrados les costaba acceder, y tenía la poca sensatez de responderle con otros versos ciertamente alentadores, avivando así la calenturienta imaginación del joven. Fuentes tan dispares como el embajador inglés en Escocia, el francés Brantôme o John Knox veían en la relación entre la reina y el poeta mucho más que una amistad inocente. Se decía que la habían visto apoyarse en su hombro, y que a veces lo besaba en el cuello.

Si tenemos en cuenta que por entonces María se afanaba por buscar nuevo esposo entre las potencias católicas, era mucho lo que se jugaba al arriesgar de ese modo su honor, aunque ésta es una consideración que parece no haberla detenido nunca.

En cuanto al galán, se ha sugerido que en realidad podría haber sido un espía de los ingleses, y más concretamente de Sir Francis Walsingham y Sir William Cecil, pero no hay la menor evidencia al respecto. Por otra parte Maitland, secretario de Estado de María Estuardo, le había dicho al embajador español que Chastelard había confesado que lo enviaban los hugonotes franceses para arruinar la reputación de la reina y estropear sus planes matrimoniales con el príncipe Don Carlos, todo lo cual no parece más que mera fantasía. Lo único que sabemos es que Chastelard abandonó Escocia durante algún tiempo, entre septiembre de 1561 y el otoño de 1562, y que durante esos meses pasó por Londres y se mostró poco discreto acerca de la enamorada que aguardaba en Edimburgo su regreso. 


Cuando Pierre volvió a Escocia, María se alegró mucho de verlo. Le regaló un caballo que su hermano le había dado previamente a ella, una buena cantidad de dinero para que se comprara un nuevo guardarropa y además le hizo el honor especial de bailar con él durante las celebraciones de Año Nuevo. No era el único caballero apuesto al que distinguía de modo especial, pero sí seguramente aquel con el que cometía más excesos.

Quiso la mala fortuna que Chastelard fuera sorprendido en la alcoba de la reina en el palacio de Holyrood, y no una, sino dos veces. La primera vez se ocultó bajo el lecho, pero fue descubierto por las damas de María durante un registro rutinario de los que se hacían por razones de seguridad. Ella, para salvar su propia imagen y convencer a todo el mundo de que aquella presencia no era ni esperada ni deseada por ella, se vio obligada a desterrarlo.

Poco después Chastelard cometía la estupidez de seguirla hasta Fife, entrar furtivamente en el castillo de Rossend, en Burntisland y sorprenderla mientras se desvestía. María, asustada, gritó al ver que entraba alguien armado, y sus gritos alertaron a su hermanastro, el conde de Moray, que ocupaba un aposento contiguo. Ella ordenó a Moray que lo matara allí mismo, algo que le hubiera resultado muy ventajoso, al evitar que un tribunal pudiera escuchar lo que el joven tenía que decir; pero al conde no le pareció lo más adecuado, y optó por el procedimiento de rigor.


El destino del poeta quedaba así sellado. El honor de la reina no permitía otra salida que la de hacerlo ejecutar bajo el cargo de intento de asesinato. Tras rechazar varias peticiones de clemencia, María permitía que Chastelard muriera en la horca el 20 de febrero de 1563. La despedida del poeta no pudo ser más dramática: recitó los versos de Ronsard, Himno a la Muerte. Luego elevó sus ojos hacia el palacio para, según Brantôme, dedicarle a la reina estas palabras:

“Adiós, vos, tan bella y tan cruel, que me matáis y que no puedo dejar de amar”.

Todos los hombres que amaron alguna vez a la reina de Escocia estaban destinados a terminar sus vidas de forma trágica. Chastelard fue condenado a muerte; Rizzio, su secretario italiano, fue asesinado ante sus ojos por una conspiración de la que formaba parte Darnley, el primer marido de María. Este fue asesinado a su vez para que otro ocupara su lugar, y el que lo ocupó, el conde de Bothwell, murió loco en una prisión. Ella aún tuvo tiempo de atraer la desgracia sobre Thomas Howard, ejecutado por traición debido, precisamente, a sus pretensiones de desposarla y sentarla en el trono de Inglaterra.


28 comentarios:

  1. Una mantis religiosa que aniquila a sus amantes después de amarlos.
    Saludos.

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    1. Sí, pero también se aniquilaba a sí misma con cada error que cometía. En lugar de aprender de ellos, cada vez eran mayores.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  2. "Permitió que muriese en la horca"...
    Eso,mas que ninguna cosa, define por completo a la señora en cuestión.
    Por cierto soy Pérfida
    Un saludo coleguita

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    1. Buenas noches, madame Pérfida. Un placer recibirla de nuevo por aquí.

      Bisous

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  3. Hola Madame:

    Un lado oscuro...El de la Reina con sus amantes...O quizás fueron cosas que simplemente sucedieron...

    Besos

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    1. Las cosas no suelen suceder sin más. Desde luego estas muertes no sucedieron sin más, sin que ella tuviera algo que ver. No fueron accidentes, y María tuvo mucha responsabilidad en cada una de ellas. En algunos casos no sólo responsabilidad, sino incluso culpa.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  4. No recordaba a este infortunado. Esta señora conocía mucho de caballeros pero se las tuvo que ver con dos de las mujeres más inteligentes de la historia ...y la muy boba se las puso de punta. La idea que tengo de ella es de una narcisista sin mucho cerebro. Besos. Claudia.-

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    1. La inteligencia de poco sirve si no va acompañada de un cierto grado de sensatez, algo que María nunca tuvo. Faltaba equilibrio en esa cabeza, y cuando falta equilibrio en cualquier aspecto, estamos destinados a caer.
      No, no era rival para esas dos damas formidables.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  5. Triste final para estos enamorados, parece que la mujer era gafe o una advenediza de mucho cuidado...No es una reina que se pueda destacar por su saber estar.

    Feliz semana madame.

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    1. Yo creo que uno es gafe cuando le sobrevienen las cosas sin buscarlas, por mero accidente. Cuando son consecuencia de nuestros propios errores, no podemos achacarlas a la mala suerte, sino a nosotros mismos.

      Buenas noches, madame, feliz semana también para usted.

      Bisous

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  6. Madame, cuesta creer que fuera tan despiadada con el joven Chastelard, a quien no le importó darle alas y luego echarlo a los leones, cuando su presencia le perjudicaba. El final de los hombres que trató con cierta intimidad dice bien a las claras que era una mujer con la que era mejor guardar las distancias.

    Bisous y pase usted un buen día.

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    1. A ella misma le hubiera ido mejor también. No sabía manejar su propio poder, y al final también su cabeza rodó.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  7. María se convirtió entonces una viuda negra que, tras yacer con los machos que la atraían acababa devorándoles o enviándoles a la muerte, que viene a ser lo mismo. Es de extrañar que reina tan católica fuese tan ligera de cascos, todo lo contrario que su vecina y enemiga quien juró y perjuró que llegaba virgen a su lecho de muerte.
    Un beso

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    1. Y tal vez, técnicamente, fuera cierto, debido a alguna imposibilidad para dejar de serlo. Algunas veces las circunstancias facilitan mucho las cosas.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  8. Jajajaja caray acabo de darme cuenta que me gusta el chisme jajajjaja pucha que mala suerte terminar en la horca! Eso si que me pareció injusto!

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    1. Bueno, en realidad el caballero llamó a gritos a la mala suerte. Esta llega a veces sin que se la espere, pero otras veces, simplemente, acude a la llamada.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  9. Mi querida Madame

    Está reina vino a ser una verdadera viuda negra, considero que jamás dejo su galanteria que aprendió en Francia
    Y lo peor es su poco tino, eso le hizo perder el poder, el respeto de sus súbditos y sobretodo la vida

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    1. Sí, también ella salió perjudicada. Lo tenía todo y todo lo perdió por no saber gobernarse.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  10. Bueno, quien a hierro mata a hierro muere. Así tuvo con los demás la misma impiedad que luego sufrió ella. El que tuvo suerte fue el mariscal D'Anville, que por tonto se libró de una buena.
    Beso su mano.

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    1. Sí, supongo que el mariscal respiraría aliviado en más de una ocasión al ver la suerte que iban corriendo los otros. A veces es mejor ser tonto que demasiado listo :)

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  11. la vida de maría estuardo es la de una continua desgracia, y de meteduras de pata sin cuento. claro, que tenía una rival de envergadura como isabel, que era, creo, bastante más avispada que ella.
    bisous, madame!

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    1. Ya lo creo que sí. Isabel tenía perfecto control sobre todo. Era igual de inclinada a la galantería; le gustaba recibir homenajes de admiración y se tomaba libertades con algunos caballeros. La diferencia es que ella siempre llevaba el timón, y sabía pilotar.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  12. Iba dejando un reguero de corazones y vidas destrozadas.
    Bisous.

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    1. Y asi destrozó también la suya.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  13. Isabel la ejecutó y entonces María pasó a ser mártir

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    1. Sí, lo curioso es que todos aquellos que murieron asesinados o ejecutados por ella no lo fueran también, ¿no cree?

      Feliz domingo

      Bisous

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  14. Bonsoir Madame!
    Los tiempos de María Estuardo contienen todos los elementos para capturar el interés: intrigas, traición, pasiones incontrolables, soberanas poderosas y ambiciones insensatas.
    María tenía muchas cualidades que obviamente despertaban pasiones: era guapa, vestía con elegancia y era muy culta, sin embargo leí hace poco que cuando regresó a su reino no dominaba la lengua escocesa con fluidez ¿es esto cierto?

    Se había educado en la brillante corte de los Valois, donde era normal tener trovadores y poetas alrededor, pero quizás no comprendió que Escocia era muy diferente: una sociedad puritana donde sus costumbres francesas la desprestigiaron.
    No tengo mucho tiempo de llegar al tablero entre semana por el curro, pero quiero agradeceros por este interesante episodio de la reina y Chastelard que es completamente nuevo para mi.

    Frederick

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    1. Así es, monsieur. Ella era francesa de corazón. Pero en realidad lo malo no era que tuviera amantes, sino que estos,y los maridos, tuvieran que morir. Porque claro, así el delito era doble.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)