domingo, 9 de marzo de 2014

Madame Récamier


“Jeanne Françoise Julie Adélaïde, hija legítima de M. Jean Bernard, consejero del rey y notario de Lyon, y de Marie Julie Matton, nacida ayer en la calle La Cage, fue bautizada por mí, el abajo firmante, sacerdote, el 4 de diciembre de 1777…”.

La niña, a la que llamarían Juliette, permaneció al cuidado de una de sus tías maternas cuando su padre obtuvo el cargo de recaudador de finanzas en París en 1784. Allá en Villefranche, Juliette estableció profundos lazos de afecto con su prima, Mademoiselle Blachette, que un día se convertiría en la baronesa de Dalmassy. Sin embargo, su estancia en el hogar de sus tíos solo duró cuatro meses, tras lo cual fue enviada para su educación al convento de la Déserte, donde otra de sus tías maternas había profesado como religiosa.

“Aquella época regresa a veces a mí como un sueño vago y dulce, con sus nubes de incienso, sus eternas ceremonias, la procesión por los jardines, los cánticos y las flores.”

En París los Bernard llevaban una existencia casi lujosa. Cuando Juliette abandonó el convento y se reunió con ellos, aprendía a tocar el piano, el arpa y a cantar; su madre la llevaba a los espectáculos, le enseñaba el arte de engalanarse y la acompañaba a Versalles.

La familia recibía a mucha gente, entre ellos a un banquero llamado Jacques-Rose Récamier, célebre ya por su riqueza. Los Bernard y los Récamier se conocían desde hacía mucho tiempo, y sus relaciones eran tan íntimas que algunos rumoreaban que Juliette podría ser en realidad hija del banquero, “un hombre sin principios y que solo se gobernaba por el placer”. Sin embargo, él fue precisamente el esposo elegido para la jovencísima Juliette, que solo contaba quince años cuando se casaba en París el miércoles 24 de abril de 1793. El novio tenía 42. Se trataba de un matrimonio de conveniencia que nunca podría ser consumado, debido a una particularidad fisiológica, un defecto de constitución que aseguraba a Juliette una virginidad infranqueable.

Monsieur Récamier

La gracia y la belleza de la joven la hacen destacar muy pronto en el París del Directorio. Era muy hermosa; seducía por la esbeltez de su cintura, la elegancia del cuello y los hombros, la blancura de su tez y una expresión de inequívoca bondad. Ella acoge su éxito con tacto y no se mezcla en las intrigas políticas. Siempre se mantiene un poco aparte, con una reserva de buen tono. Sencilla en sus gustos, no lleva ostentosos diamantes, sino que se contenta con perlas. Sin embargo, la belleza es un concepto tan subjetivo que ni siquiera ella se libró de alguna crítica, como la que hizo el barón de Tremont, quien le reconoce el más bonito de los rostros pero añadiendo que “por encantador que fuese, estaba más cercano a la modistilla que a la gran señora”. Le reprocha sus cabellos castaños, no lo bastante abundantes, aunque reconoce que son sedosos. Le ve “los pies vulgares, la silueta sin elegancia, el brazo delgado y el pecho llano”, un detalle este último que contradice Brillat-Savarin al decir que Juliette tenía el busto muy hermoso.

Récamier se sentía orgulloso de los éxitos cosechados por su esposa. A finales de 1798 el matrimonio se instala en una villa de la rue du Mont-Blanc, y es por entonces cuando Juliette conoce a Madame de Staël, nueve años mayor que ella y una gran influencia para la joven. Germaine la introdujo en la sociedad literaria de aquel tiempo, y con ella hizo Juliette su aprendizaje en el manejo de un salón. 

Madame Récamier levanta muchas pasiones. Ella no las rechaza, sino que “las desvía y las amortigua”, convirtiéndolas en amistad. Sabemos que amó, aunque, debido a defecto de constitución, nunca sabremos exactamente cómo.

Luciano Bonaparte
El primer asalto a su virtud lo llevó a cabo Luciano Bonaparte. Ambos se habían conocido durante una cena en Bagatelle. Subyugado por la belleza de Juliette, le escribió una carta con su declaración. Nada obtuvo, por supuesto, excepto una puerta abierta a la amistad.

De 1800 a 1802 la popularidad de Madame Récamier continúa en ascenso. Su aparición en el paseo de Longchamp o el simple hecho de que pasase la bandeja en la misa de Saint-Roch constituía todo un acontecimiento, y los diarios hablaban de ella. En esa época se encuentra con Chateaubriand en casa de Madame de Staël, pero por entonces aún no sabía que acababa de conocer a quien sería la pasión de su madurez.

La paz de Amiens abría Inglaterra para los franceses, y Madame Récamier acude a Londres en compañía de su madre. Durante su estancia allí, en mayo y junio de 1802, recogió un brillante tributo de admiraciones. También los diarios ingleses alababan su belleza. La duquesa de Devonshire la hace dama de compañía, y el príncipe de Gales la abruma con su amabilidad. Después regresó a Francia pasando por Holanda, y una vez en París reanuda sus recepciones.

Madame de Staël era una amiga muy comprometedora que se relacionaba con los opositores al régimen. El padre de Juliette también prestaba su apoyo a una hoja periódica hostil al Primer Cónsul y a su familia, y facilitaba la circulación de escritos y propaganda monárquica. Fue detenido por ello y conducido a la prisión del Temple, aunque gracias a Bernadotte, gran amigo de Juliette, se libró de una acusación y fue puesto en libertad. Napoleón se contentaba con su destitución.

Madame Récamier albergaba rencor contra el Primer Cónsul a consecuencia de este incidente, pero procura no dejarlo traslucir. La gente continuaba aglomerándose en sus salones, y sus bailes eran muy populares. Su mansión rezuma el gusto exquisito que la caracteriza: la escalinata está recubierta de alfombras turcas y por todas partes hay flores y arbustos raros; a la izquierda del vestíbulo está el tocador, el baño y el dormitorio en el que Juliette recibe a las señoras, una enorme habitación recubierta de espejos y con puertas de marquetería. El lecho está cubierto por los más finos tejidos de la India y flanqueado por dos candelabros muy altos. 


A las recepciones que daba en su casa de París se añadían las que ofrecía en su casa de campo de Clichy-la-Garenne, donde los invitados disfrutaban de un paseo después de comer, y más tarde a un recital de versos. Luego se escuchaba música, y Juliette cantaba acompañándose con el arpa.

Madame de Staël, una vez viuda, busca distracción en la literatura y publica su novela Delphine. La obra obtuvo un éxito considerable, pero la autora estuvo a punto de ser encarcelada. Se libró con una orden de exilio que le fue comunicada en otoño de 1803. Madame Récamier le ofreció hospitalidad durante ese tiempo en su castillo de Saint-Brice.

Desde febrero de ese año, el salón de Juliette había permanecido cerrado. Su esposo se encontraba en mala posición y corrían rumores desagradables respecto a su banco, y ella eligió mal momento para cometer imprudencias mostrando sus simpatías por algunos opositores, como su amigo Montmorency, Moreau o la propia Madame de Staël. Sin embargo, se presentaba una ocasión de recuperar la gracia de Napoleón. En el momento de la Consagración, el emperador trató de atraerla a su corte. Hubo negociaciones al respecto, pero sin resultado. Madame Récamier fue sometida a vigilancia, aunque sin ser molestada.

La situación financiera del marido iba de mal en peor. El Ministro del Tesoro le negó un préstamo, y eso precipitó la quiebra. Arruinada, Juliette mostró resignación. Liquidó su dote y puso en venta las joyas y la mansión, que abandona para alquilar el apartamento del príncipe de Pignatelli. Una nueva desdicha caía para ella como un mazazo: la muerte de su madre en enero de 1807.

Bonaparte por Meynier

Madame de Staël, de regreso gracias a las gestiones de Juliette, estrecha aún más su amistad con ella, y de todas partes llegan testimonios de afecto entre los enemigos del régimen. Junot trató de intervenir ante el emperador en favor del banquero, pero solo obtuvo esta desabrida respuesta del emperador:

—Yo no soy el amante de Madame Récamier, y no salgo en auxilio de los negociantes que sostienen una casa de seiscientos mil francos anuales, Monsieur Junot.


(Continuará)

30 comentarios:

  1. ¿Cual era ese problema físico que impidió la consumación del matrimonio de Madame Recamier?
    Bisous

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    1. No contamos con informes médicos, madame, sino tan solo con la indiscreción de Mérimée, quien dejó caer que a Juliette le resultaba muy doloroso el acto sexual, por lo que es posible que nunca llegara a consumarse. Sobre el resto solo podemos especular.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  2. Por lo que creo entender, y según la cuestión que plantea Malena, el problema físico de la jovencísima Juliette se debía sin duda a una estrechez vaginal que le impedía la consumación del coito, lo cual era una ventaja para la joven dado el pedazo de carcamal con el que la habían desposado.
    Un saludo.

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    1. Pero fue un tormento cuando encontró el amor. Todo tiene su cara y su cruz.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  3. Gracias Cayetano, yo había pensado en un himen elástico que en esa época no había cirugía para eso.

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    1. Es una simple conjetura. Ya nos sacarán de dudas.

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  4. pues vaya con el problema. me quedo con la respuesta de Napoleón, al rico no se le puede ayudar de esa manera, hombre. no como en estos tiempos, claro.
    buena tarde de domingo, madame!

    bisous!

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    1. Yo creo que Napoleón estuvo acertado ahí, aunque sobraba la primera parte del comentario sobre Juliette. O sea, que él no rescataba bancos. No está mal.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  5. Siempre quise saber acerca de esta fascinante dama, y realmente sorprende que fuese modesta en su atavío.
    Madame de Staël, Napoléon, Junot, Bernadotte, etc. ufff realmente debió llevar una existencia fascinante y abrumadora.

    Espero con ansias la continuación...

    Frederick

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    1. Era elegante. No le gustaba recargarse. Su éxito estaba en su sencillez, y, desde luego, en su trato, siempre encantador.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  6. Madame, mientras leía la entrada pensaba en Balzac: un matrimonio semejante con esa particularidad de la esposa, los salones para recibir y la caída en desgracia de Récamier, seguramente fueron inspiración para el gran escritor francés.



    Bisous y pase usted un buen domingo.

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    1. Esos salones, madame, fueron fuente de inspiración para muchos, lo que no resulta sorprendente. Las tertulias que mantenían allí serían dignas de ser revividas hoy día. Lástima que ya no estén de moda.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  7. Puede que resultase ventajoso para ella. Madame, creo que Luis XVI al principio se mostró poco diligente en estos asuntos.
    Espero el desenlace.
    Buenas tardes, madame.

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    1. Sí, y no es el único caso. No todos muestran las mismas aficiones.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  8. Hola Madame:
    Interesante reseña de está dama. Posiblemente era de himen grueso, lo que impedía su ruptura y de allí el dolor en las relaciones sexuales.

    Cuando se cae en desgracia, es cuando se conocen a los verdaderos amigos.

    Besos

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    1. Pues sí, seguro que ya no la alababan tantos cuando el marido perdió su fortuna. Así es la vida.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  9. Del árbol caído todos hacen leña,Por la foto que muestra ;el marido es bien poco atractivo: claro que hay otros atractivos como la inteligencia y la delicadeza.Para lo joven que era cuando se desposo ya apuntaba una madurez para saber estar en esa sociedad tan zancadillosa.

    Esperando la continuidad del este interesante relato.

    Bisous madame .

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    1. Bueno, hay que tener en cuenta que el retrato es muy posterior al momento de la boda. La cosa no sería tan terrible entonces. Por lo menos parece ser que en su día a la madre de Juliette el banquero le había gustado mucho.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  10. Parece ser que damisela era virtuosa porque no tenía otro remedio. Utilizo su belleza para seducir. Al menos es la conclusión que saco de esta primera parte.
    Pero también la pobre casarla con un hombre tan mayor.
    Bisous y buen inicio de semana

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    1. Así es, madame. Tenía una personalidad muy magnética y seductora, aunque sus galanes tenían que conformarse con la amistad.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Una historia muy peculiar la de Madame Récamier, con un atractivo que tal vez sea imposible consumar o ¿quién sabe?
    Bisous.

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    1. Sí, quién sabe. No está nada claro el asunto, y es tan íntimo que creo que nunca podremos resolverlo.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  12. Desde luego estos matrimonios de conveniencia eran horrorosos, sobre todo viendo el cuadro del banquero. mucha intriga política merodea alrededor de Madame Récamier, no quita que le dé más de un disgusto.
    Un saludo.

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    1. Pues sí. De nada vale no conspirar si los que conspiran son tus amigos. Caes igualmente en desgracia por no apartarte de ellos,

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  13. Su marido no era precisamente un adonis, algo por otra parte no muy extraño en una época en la que los matrimonios desiguales estaban a la orden del día. Sin embargo, no puedo por menos intentar figurarme a la pareja en una de esas reuniones lúdico- culturales que tanto estaban en boga: él, un carcamal feo y viejo, y ella esplendorosamente bella.
    Las críticas creo que no son más que el efecto de la envidia.
    Un beso

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    1. Posiblemente el tiempo no trató bien a Monsieur Récamier, pero en su juventud había sido todo un conquistador, al parecer.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. ¡Ah, señora! El amigo Brillat Savarin por aquí. Creo que me fiaré de su opinión. No en vano era todo un experto en pechugas y todo tipo de manjares.
    Beso su mano.

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    1. Y a juzgar por los retratos, yo también le doy la razón. Qué bueno verle por aquí, monsieur. Eso es que todo va bien, o eso espero.

      Feliz tarde

      Bisous

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  15. HERMOSO GABINETE... VEO QUE ME HALLO ANTE LA ÚLTIMA ROMÁNTICA...

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    1. Esperemos que no sea la última en realidad :)

      Gracias, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)