viernes, 14 de marzo de 2014

Madame Récamier (II)


Juliette Récamier tenía 30 años cuando su esposo se arruinó. Después de tantas penalidades sufridas, los médicos le recomendaron un cambio de aires. Se dirigió a Coppet, al château de Madame de Staël, quien por entonces preparaba su libro De l’Allemagne. Juliette pasó allí cinco meses, en compañía de otros ilustres huéspedes de su amiga. La comedia era la principal distracción, y también se representaba un drama de Madame de Staël: Genoveva de Brabante. Gaudot nos dejó la siguiente descripción de Juliette durante aquellas jornadas:

“Conmueve sin deslumbrar, atrae, retiene porque habla poco y sus movimientos son escasos y naturales… Sabe conducirse tan bien que agrada incluso a las mujeres. Nunca se le oye monopolizar la conversación, y aun menos criticar o interrumpir”, y añade la siguiente curiosidad: “Me gustan en ella hasta ciertos defectos, como por ejemplo el más gracioso bigotito del mundo.”

Uno de los huéspedes de Coppet era el príncipe Augusto de Prusia, sobrino de Federico el Grande. Era joven, muy arrogante, “atolondrado, ligero y un poco fatuo”. El príncipe se enamora de Juliette; quiere que se divorcie para casarse con ella, algo a lo que se compromete en una nota escrita de su puño y letra:

“Juro por el honor y el amor conservar en toda su pureza el sentimiento que me ata a Juliette Récamier, dar todos los pasos autorizados por el deber, para ligarme a ella con las ataduras del matrimonio, y no poseer a ninguna mujer en tanto que tenga la esperanza de unir mi destino al de ella…”.

Augusto de Prusia

Además ofrece a Juliette un brazalete de oro y una cadena con un corazón de rubíes. Ella le correspondía. Deseaba el divorcio, pero vacilaba y le faltaba el valor para tomar una decisión de esa envergadura. El príncipe se inquieta y le reprocha que no quiera causar “algunos momentos desagradables a una persona a la que no amáis y que os ha hecho perder ya doce de los más hermosos años de vuestra vida”.

Según nuestras cuentas eran catorce los que llevaba casada, lo que parece sugerir que tal vez Juliette declaraba un par de años menos de los que en realidad tenía.

De regreso en París, Augusto la apremia y ella se decide a plantear la cuestión a su esposo. Monsieur Récamier no acoge con agrado la solicitud de un divorcio que le colocaría en una posición incómoda, y Juliette se echa atrás. Augusto protesta apasionadamente. “He quedado como fulminado por un rayo al recibir vuestra carta. ¿Sois vos en realidad la que me escribís? Después del juramento que me habíais hecho, yo no podía dudar de vuestros sentimientos. Acabáis de destruir todas mis ilusiones y de convertirme en el más desdichado de los hombres. Ni siquiera os dignáis darme una razón, una mentira que explique un cambio tan súbito. No puedo comprender una conducta tan extraña. No me reduzcáis a la desesperación. No sabéis lo que sería capaz de hacer”.

No hizo nada, y continuaron escribiéndose durante un año más.

Madame de Staël

Augusto de Prusia fue relevado en el corazón de Juliette por otro Augusto: el hijo de Madame de Staël. Para entonces la posición de Madame Récamier era muy comprometida, debido a que mantenía estrechas amistades con personas no gratas a Napoleón. Se encontraba en Dijon cuando su marido le confirmó la orden de permanecer desde aquel momento a cuarenta leguas de la capital. La decisión del gobierno había sido tomada el 30 de agosto de 1811. Juliette eligió como residencia Châlons-sur-Marne, y allí se reunieron con ella su padre y su esposo. Al cabo de ocho meses se decidía a marchar a Lyon, donde la reclamaba la familia de Monsieur Récamier.

En Lyon iba a encontrar la amistad de la hermana menor de su marido y la de algunos exiliados. Allí conoció a Ballanche, filósofo e impresor que nos es descrito como “feo, silencioso y torpe”. También Ballanche se enamoró de ella, y Juliette se dejó amar.

La duquesa de Abrantes la muestra en sus memorias bordando en su pequeña habitación, donde tenía su piano y sus libros. Aparecía a veces en el balcón, sin sombrero, con su vestido blanco. Monsieur Récamier le recomendaba que evitase ser pródiga en sus caridades, porque su generosidad tenía mal freno. Juliette hacía educar a su costa a una niña inglesa que quitó a unos saltimbanquis.

Manuela Téllez y Girón Pimentel, duquesa de Abrantes, retratada por Goya

En Lyon se sentía muy vigilada. En parte por escapar al control y en parte por distraerse, planeó un viaje a Italia. Partió en la primavera de 1813 en compañía de su sobrina y de una sirvienta. Al llegar a Turín cayó enferma y sufrió dos crisis nerviosas.

Una vez en Roma, se instaló en la Plaza de España. Al cabo de un mes alquilaba el primer piso del palacio Fiano, donde recibía a los franceses residentes en la ciudad. Ballanche, siempre enamorado, acude desde Lyon a visitarla y pasa una semana en Roma. El viejo arqueólogo Seroux d’Agincourt le sirve de guía a Juliette. A sus 83 años aún es sensible a la belleza femenina, y galantemente le envía flores a diario. 

Después Madame Récamier partió hacia Nápoles, invitada por el rey Joaquín y la reina Carolina. Ambos la recibieron en palacio con la más exquisita cortesía y la condujeron a Pompeya para que asistiera a una excavación. Finalizada su estancia en Nápoles, regresaba a Roma.

Los acontecimientos políticos daban un giro completo, y en mayo de 1814 entraba en París Luis XVIII. Era la señal para el regreso de los exiliados. Juliette llegaba procedente de Roma el 1 de junio y volvía a abrir su salón, al que acude la élite de toda Europa. Wellington era uno de sus múltiples admiradores.

Luis XVIII

Uno de los asiduos era Benjamin Constant, antiguo amor de Madame de Staël. Constant no se conforma con la amistad de Juliette, pero ella desconfiaba porque sabía que el caballero era voluble en sus afectos. En septiembre de 1814 él escribe: “Ciertamente no bromeo, puesto que sufro. Me mantengo en una pendiente muy inclinada. ¡Os es tan indiferente causar sufrimiento! Los ángeles también tienen su crueldad”. 

Su situación económica había mejorado considerablemente. El esposo volvía a ser afortunado con sus negocios y ella había heredado de su madre un capital nada desdeñable, lo que le permitía volver a tener caballos y coches. Alquiló un palco en la Ópera y recibía en su casa después del espectáculo, pero fue un breve paréntesis en sus desdichas, porque poco después Monsieur Récamier volvía a arruinarse.

El 20 de marzo de 1815 Napoleón está de regreso en las Tullerías, hace llamar a Constant y este acepta redactar una constitución mientras sigue persiguiendo a Juliette. Fue por entonces cuando tuvo lugar en casa de Madame Récamier una lectura de Adolfo, en el curso de la cual Constant estalló en sollozos. Esos Cien Días no fueron los más hermosos de su vida: el caballero había perdido una doble partida, en política y en el amor. 

Madame de Staël

La salud de Madame de Staël comenzaba a declinar poco después. Ella luchaba contra la muerte, aparentando que estaba mejor, y no renunciaba a seguir ofreciendo cenas a sus amigos. Durante el transcurso de una de ellas, en febrero de 1817, Juliette se encontró sentada junto a Chateaubriand. Aquel encuentro iba a marcar profundamente a Madame Récamier.

Cuatro meses más tarde recibe la trágica noticia de la muerte de su amiga. Juliette tenía 39 años y estaba a punto de vivir su gran amor.


Continuará

30 comentarios:

  1. Una vida agitada y nada aburrida. Si todavía le falta por conocer su gran amor, lo que está claro es que hasta entonces sólo ha jugado a "dejarse querer".
    Un saludo.

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  2. Debía de estar bien eso de no tener nada que hacer en todo el día excepto recibir a los amigos, hacer tertulias y asistir al teatro y a la ópera. Y eso de hacer viajes por Europa cuando uno está arruinado, y alojarse en los palacios de los amigos, tampoco suena tan deprimente.

    Feliz tarde, monsieur

    Bisous

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  3. Para ser "bigotuda" e incapaz de tener relaciones carnales, Madame Recamier sembraba pasiones a su paso. Persona muy interesante.
    Bisous, Madame

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    1. Sí, así es. A algunos caballeros les gustan los retos, y la barrera que ponía Juliette era uno importante.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  4. La vida juega estas pasadas. Pero sin embargo la gente de antes vivía poco pero con que intensidad. Todo eran experiencias una detrás de otra. La Dama vive y de eso no hay duda, arruinada o no arruinada.
    Bisous y buenas tardes

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    1. Sí, madame. Para mí quisiera la ruina de ella, francamente.

      Feliz tarde

      Bisous

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  5. De lo que no hay duda es de que tenía el don de resultar atractiva, a pesar de que hablaba poco, casi no se movía y lucía un simpático bigotillo. Y, además tenía ojo para saber vivir sin apreturas, aunque arruinada no padecía el vacío social, al contrario, por lo que cuenta, amistades no le faltaban.

    Bisous y buenas tardes tenga usted.

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    1. Sí, eran amistades justo entre aquellos a quienes no les había ido bien con Napoleón. Si exceptuamos a Constant, que nadaba entre dos aguas y sabía mudar de chaqueta.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  6. Hola Madame:

    Dentro de todo, quizás los demás veía a una buena persona, fuera de sus atributos físicos y económicos...Me hace gracia lo del bigote...

    Besos. Voy retomando.

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    1. Aunque fuera para piropearla, menuda indiscreción la del caballero, jiji.

      Buenas noches, monsieur

      bisous

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  7. ¡Gracias por compartir otra gran entrada con nosotros madame! no conocía nada apenas de la historia de esta mujer...
    Un abrazo

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    1. Gracias a usted, monsieur.

      Feliz fin de semana

      Bisous

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  8. Arruinada estaría ;pero que buen provecho le sacaba a su amistad con madame de Staël,-que por cierto mire que le gustaban los turbantes...

    Por lo que leo tenía las cualidades perfectas para atraer tanto: pese a su sobrecilla que por lo que veo no le quitaba ni un ápice de encanto...jeje.

    Esperando la siguiente entrada, gracias madame.

    Feliz fin de semana.

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    1. Pues ya ve, con todo podía la mujer. Se ve que sabía engatusar.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  9. ...estoy como la Teresa Ravál con el "veo,veo".

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  10. Ya quisieran otras despertar sus pasiones. Apasionante historia.
    Buenas tardes, madame.

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  11. Está bien el retrato de Augusto de Prusia, el enamorado. Dos retratos en uno.
    Beso su mano.

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    1. Pues no sé, monsieur. En realidad Augusto no es precisamente mi tipo, en ningún aspecto.

      Feliz día

      Bisous

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  12. pues ha puesto bueno a Augusto, normal que no se decidiese la Recamier. y le voy a decir una cosa, a mí chateaubriand no me mola. no sé por qué, pero siempre lo pintan bastante mal a este personaje.
    fíjese, madame recamier también tenía bigotín...
    que tenga buena semana, madame!
    bisous!

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    1. Pero escribir escribía muy bien el hombre, eso hay que reconocérselo.

      Pues sí, monsieur, ella tenía bigotín, pero no creo que pudiera competir con el suyo, o eso espero.

      Feliz día

      Bisous

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  13. Una dama como ella se dejaba amar por sus damiradores y amores platónicos. Los caballeros caían rendidos a sus pies, pero no era fácil romper la resistencia de una mujer fiel a su feo y decrépito marido. Y le gustaba quitarse años... entonces como ahora...
    Un beso

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    1. No era fácil romper la resistencia en especial si se debía a que le resultaba físicamente imposible dejar de ser fiel a su decrépito marido. Así es bastante más fácil ser virtuosa. Pero en espíritu no le guardaba mucho respeto al esposo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  14. Por aqui habia hace años atras una publicidad que usaba a la pobre madame Recamier como 'enloquecia a los hombres a la luz de las velas' y que hoy no resistiria nuestra moderna iluminacion, ni nuestros trucos de belleza. En fin, la denigraban para promocionar cursos y talleres, productos de belleza de segunda, como en todo tabloide en cualquier lugar del mundo sin ir mas alla del personaje. Esa fue la presentacion de ella que tuve y me puse a buscar quien era esa señora que se dejaba retratar 'en patas' algo poco educado si lo hay.

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    1. Pues no sé, madame, yo supongo que en aquel siglo también era de día de vez en cuando, y tendrían muchas ocasiones de verla en los paseos. Imagínese triunfar a lo natural, sin trucos de belleza ni quirófanos ni cuentos, como tantas ahora, que se limitan a comprar la belleza que no tienen.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  15. Aparte de la indiscreción sobre el gracioso bigotito, me ha gustado mucho eso de "agrada incluso a las mujeres" jejeje Los retratos de estas dos entradas son tremendos, Madame: sobre todo el Monsieur Recamier y el de Augusto de Prusia (¿el porte también es el espejo del alma?)
    Feliz domingo, Madame

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  16. Perdón: acabo de ver que ha activado la moderación

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    1. Sí, disculpe, monsieur. Como ando medio ausente, hace tiempo que lo tengo activado para entradas publicadas hace más de una semana. De ese modo me aseguro de que no se me pasa ninguno sin ser notado.

      Feliz día

      Bisous

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  17. Me pregunto que encanto tenía esta mujer que atría a todo tipo de hombres. Sigo con el siguiente capítulo.
    Un saludo.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)