sábado, 25 de enero de 2014

La mujer romana


Es cierto que las mujeres romanas no eran exactamente mansos corderitos, si hacemos caso a Catón cuando afirmaba que “Todas las naciones tienen autoridad sobre sus mujeres; nosotros gobernamos todas las naciones, pero nuestras mujeres nos dominan a nosotros”. Pero en general no eran especialmente bien tratadas por sus esposos, como bien refleja el comentario de Tácito acerca de que “el verdadero romano se casa sin amor y ama sin delicadeza”.

Cicerón se casó por segunda vez a los 63 años con una virgen de 17, y sin embargo no era ni su juventud ni su belleza lo que lo había encandilado, sino su enorme fortuna. El día de la boda, uno de sus amigos le preguntó, por qué a su edad no había preferido casarse con una viuda antes que con una jovencita inexperta, y Cicerón respondió con el habitual cinismo que los romanos empleaban en estos casos:

—No te preocupes: mañana ya será una mujer experta.

A veces era la esposa la que tenía al casarse una edad respetable, como fue precisamente el caso de Terencia, la primera esposa de Cicerón, quien, después de haber estado casada con él durante más de 30 años, aún tuvo moral para contraer otros dos matrimonios después del divorcio.


Un ejemplo del trato poco refinado que podía recibir la mujer lo encontramos en Juvenal: 

“No es de la esposa de quien está enamorado, sino del rostro. Basta que aparezcan un par de arrugas en el rostro de Bibula, que su piel se torne flácida, los dientes negros o los ojos más pequeños, y su marido, Sertorio, huirá de inmediato en busca de nuevos amoríos. Y no es el propio amo, sino un liberto quien lleva este mensaje a la esposa olvidada: “Haz tu equipaje y lárgate. Te suenas la nariz con demasiada frecuencia. Viene otra que no tiene la nariz tan húmeda”.

Juvenal dedicó el más largo de sus poemas precisamente a los horrores del matrimonio, y muestra una desagradable colección de mujeres casadas cuyos vicios incluyen el adulterio con hombres, mujeres o incluso asnos. En palabras de María Teresa López de la Vieja, “no hay ningún tipo de degeneración femenina imaginable que Juvenal deje fuera de su invectiva misógina: nos las presenta introduciendo en su propia casa a un amigo supuestamente homosexual que en realidad es en la cama el más potente; o relacionándose con eunucos para no tener que recurrir a abortivos; o en el caso de las mujeres ricas que se niegan a cumplir con su función reproductora, nos las muestra engañando al marido con hijos supuestos que aquel ingenuamente acoge con júbilo”.


Y es que mientras el hombre gozaba de gran permisividad, la mujer, en cambio, debía ser casta y fértil. Se consideraba apta para el matrimonio cuando cumplía doce años, y era su deber dar hijos al Estado. Las leyes de Augusto, mientras premiaban a las mujeres que fueran madres de tres o más hijos, castigaban a las que hubieran alcanzado los 21 solteras y sin descendencia, así que la familia se ocupaba pronto de elegirles un esposo adecuado, sin que se considerara necesario que ambos se conocieran apenas. A este respecto Séneca hizo esta curiosa observación, considerada exclusivamente desde el punto de vista masculino: 

“Sometemos a nuestros animales, esclavos, ropa y utensilios de cocina a una cuidadosa inspección antes de comprarlos. Únicamente la novia no es examinada, de modo que no se sabrá si no complace al novio antes de que este la haya llevado a su casa. Solo después de la boda sabrá si es una arpía, estúpida o deforme, o si tiene mal aliento o cualquier imperfección que pueda tener”.

Afortunadamente durante el Imperio las costumbres se modernizaron un poco, y encontramos en Salvio Juliano que “en caso de matrimonio, se requiere el acuerdo de ambas partes, y el consentimiento de la novia”.


En tiempos de la República se seguía un sistema patriarcal en virtud del cual el esposo tenía autoridad absoluta sobre su mujer e hijos. Durante el Imperio las mujeres fueron adquiriendo algunas libertades, esencialmente financieras. La esposa tenía control sobre su propia fortuna, y el marido no podía disponer siquiera de la dote. La mujer cuyos bienes eran considerables recurría a un administrador que solía ser uno de los libertos de la familia. A él confiaba, según Marcial, incluso su virtud en ocasiones:

“¿Quién es el hombrecillo de cabello rizado que está siempre al lado de tu esposa y susurra incesantemente cosas en su oído, con el brazo derecho sobre el respaldo de su silla? ¿Dices que se ocupa de los asuntos de tu esposa? ¡Oh, sí! Es ciertamente un hombre recto y digno de confianza, cuyo rostro delata al administrador. ¿De modo que se ocupa de los asuntos de tu esposa? ¡Ay, tonto!, es de tus asuntos de lo que se está ocupando.”

Curiosamente Séneca también menciona al administrador de pelo rizado bajo cuyo disfraz se oculta un amante, y Jerónimo advierte a las mujeres cristianas para que no sean vistas en compañía de administradores de cabellera rizada.


El divorcio, que a comienzos de la República era poco frecuente, terminó estando a la orden del día. No era infrecuente que una mujer tuviera sucesivamente cinco esposos. Sin embargo, una dama de alto rango no podía deshonrarse casándose con alguien inferior. En estos casos se solía optar por el concubinato, aceptado socialmente a pesar de las críticas que conllevaba. La palabra concubinato deriva de concubinus, nombre dado al joven a quien su amo elegía como amante. El hombre podía tomar también como concubina a una esclava o a mujeres cuya condición se consideraba inferior. Entre los romanos el concubinato estaba reconocido por la ley; era parecido al matrimonio, y una concubina era prácticamente una esposa legítima, si bien carecía de su dignidad. Los hijos de estas uniones tenían la consideración de naturales, y en el reparto de la herencia salían perjudicados, pues no podían aspirar más que a la sexta parte de los bienes paternos.

A finales de la República, las mujeres que hubieran contraído matrimonio sine manu podían repudiar a sus esposos. Esta clase de matrimonio, menos pleno, determinaba que la mujer continuaba perteneciendo a la familia paterna después de casarse y conservaba sus derechos sucesorios. En el matrimonio cum manu, en cambio, quedaba plenamente sometida al marido.

Otro dato que avanza hacia la igualdad o equiparación entre ambos sexos durante el Imperio es que el estoico Musonio Rufo, que enseñó filosofía en Roma en tiempos de Nerón, declaró la igualdad intelectual de hombres y mujeres. Sin embargo, ellas no podían votar y estaban excluidas de toda función pública.


Hubo un tiempo, antes del Imperio, en el que tampoco se les permitía beber vino. Para asegurarse que no lo habían hecho, el esposo besaba a su mujer en la boca, y si comprobaba que había infringido la prohibición, tenía la facultad de castigarla severamente, tanto que no se excluía matarla a golpes. La razón principal de esta prevención contra el vino es que se creía que facilitaba la proliferación de relaciones adúlteras, un crimen que podía conllevar la muerte. Según Juvenal, “¿qué escrúpulos tiene una Venus ebria?”. Opinaba que las mujeres, desinhibidas por el vino, mantenían relaciones entre sí cuando de vuelta a casa pasaban ante el altar de Pudicitia, la personificación de la modestia y la castidad: “De noche hacen detener sus literas y se orinan en él y cubren de largas chorreadas la estatua de la diosa y se montan la una a la otra a la luz de la luna”. 

Eran las mujeres quienes se ocupaban del cuidado de la casa y dirigían la educación de los niños, aunque solo el esposo tenía potestad para imponer castigos. Ellas trabajaban la lana, algo considerado símbolo de la femineidad y la honestidad. Aquellas cuyos recursos económicos lo permitían, evitaban la mayor parte de las tareas domésticas, que dejaban en manos de esclavos. El fuego y el aceite para las lámparas eran también responsabilidad suya. Debían asegurarse de contar con provisiones suficientes para poder calentar el hogar durante los meses fríos. En el campo las mujeres trabajaban la tierra y recogían las cosechas, mientras en la ciudad a menudo ayudaban a sus esposos a llevar las tiendas.


Disfrutaban de mucha más libertad que las griegas, pues los romanos no consideraban que tuvieran que permanecer encerradas en una parte especial de la casa, ni que debiera prohibírseles comer con los hombres o salir a la calle. Podían aspirar a un cierto grado de educación, estudiar griego, literatura, cantar, acompañarse con la lira y bailar. Las bailarinas hispanas conocidas como puellae gaditanae danzaban al son de los crótalos y llegaron a alcanzar gran fama. Pero la filosofía y la retórica estaban reservadas a las familias patricias. No había muchas analfabetas; de hecho algunas mujeres escribieron poesía y fueron excelentes conversadoras. Podían ejercer la medicina —normalmente en el campo de la ginecología—, la farmacología o la docencia; se les permitía asistir a festivales religiosos, a fiestas y a espectáculos en el anfiteatro o en el circo, unas ocasiones que Ovidio, en su Ars Amandi, encuentra ideales para conocer mujeres. Existen evidencias de que incluso luchaban en la arena como gladiatrices, aunque no podían aparecer sobre un escenario.



Bibliografía:
Glimpses of Roman Culture - Frederik Poulsen
Feminismo: del pasado al presente - María Teresa López de la Vieja


32 comentarios:

  1. Un machismo heredado de la cultura griega, si bien en algunas facetas se mostraba algo más llevadero. Luego, el cristianismo se encargaría de acentuar aún más el tema represivo y todas las exageraciones de una sociedad patriarcal que el mundo occidental va a heredar. Y de aquellos barros...
    Un saludo.

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    1. Sí, con todo yo elegiría ser romana antes que griega. Al fin y al cabo la percepción de los romanos acerca de la mujer no difiere tanto de la que tenemos que soportar hoy día muchas veces.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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    2. Estoy de acuerdo con Madame, las leyes romanas con el tiempo fueron daándoles mayores derechos a las mujeres. Fue la decadencia del Imperio lo que las volvió a reprimir. Me quedé con la cita de Tácito. Osea, el historiador si ea conciente de que el mejor matrimonio es por amor y que a la mujer hay que tratarla con delicadeza. En cambio Cicern se me cayó del pedestal.
      Bisous

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    3. Bueno, pero incluso entre los romanos había poetas que veían las cosas de otro modo. Somos su reflejo, a fin de cuentas.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  2. En realidad los romanos estuvieron a la vanguardia de su época en materia de derecho femenino. Ni punto de comparación con el mundo griego. Los comentarios machistas de Cicerón, Juvenal, etc no dejan de lado el hecho que se tenía bastante en cuenta la opinión femenina, eran educadas y tenían una vida propia , reconocida incluso legalmente. Un beso. Claudia.

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    1. Pues sí, en materia de leyes iban bastante a la vanguardia, y de hecho de ellos heredamos muchas, o al menos en ellas nos basamos aún en cierta medida. Lo que me chirría es ese concepto grosero, despectivo y misógino de la mujer, pero bueno, peor es cuando hoy día se siguen emitiendo juicios parecidos.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  3. Hola Madame:

    Siempre he pensado que las mujeres han escrito la historia. A fin de cuenta, la humanidad nace de ellas. Detrás de todo hombre de éxito hay una mujer. Al revés es más complicado...

    Besos Madame

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    1. A veces incluso hay varias detrás. Tiempo era ya de que caminaran al lado y no detrás.

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  4. Madame, el caso de Cicerón es el ejemplo de que el refrán en casa de herrero cuchillo de palo, se cumplió a la perfección. Vamos, que quien fue capaz de salvar la República con sus Catilinarias no convenciera a su mujer de seguir con él, tiene su aquel, teniendo en cuente que a ella le faltó tiempo para volverse a casar y que poco bien estaría al lado de Cicerón.
    Y sí, el Derecho Romano, tuvo instituciones muy favorables a las mujeres y a la reglamentación del patrimonio familiar.
    Y visto el trato que recibieron las mujeres a lo largo de la historia posterior en Occidente, las romanas vivieron en mejores condiciones, no igualadas hasta entrado el siglo XX.

    Bisous y buenas noches

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    1. Pues sí, si pensamos en que la mujer no obtuvo el voto hasta el otro día, y necesitaba el permiso del marido para todo, en realidad incluso estaban mejor las romanas.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  5. "El administrador" por lo menos por sus características era visible(cabello rizado).

    Interesante lo del matrimonio sine manu y tambien llama mucho la atención el divorcio:claro que todos estos privilegios eran para las clases más pudientes..

    Amedida que se va leyendo, te das cuenta que no hemos cambiado mucho en ciertos aspectos.Aun la mujer es el soporte de la educación de los hijos y la administración de la casa...Aunque se repartan hoy en día los roles.

    La Historia se repite a lo largo del tiempo.

    Feliz domingo madame.





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    1. Somos muy romanos, madame, en efecto. Aunque cambien las modas en el peinado de los administradores!

      Feliz domingo

      Bisous

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  6. Se me han "caído los palos del sombrajo" al ver a las "grandes mentes" romanas hablando de las mujeres como machitos borrachos en la taberna... En fin, habría que ver cómo fue su vida real, más allá de las estupideces que dejaron escritas.
    Feliz domingo, Madame

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    1. En su vida real parece que hubo mujeres bastante influyentes, aunque fuera en la sombra. Pero está claro que la condición femenina no era muy valorada, y que eran percibidas como poco más que como utensilios para dar romanos al mundo.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  7. Interesante entrada madame. La verdad es que los romanos distaban bastante de los griegos y de otras culturas con respecto a la mujer. Desgraciadamente, habiendo llegado a nuestros días, aun queda camino por recorrer para lograr que la mujer sea tratada como se merece en muchos rincones del planeta
    Un abrazo!

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    1. Tal vez en todos los rincones del planeta, monsieur, aunque en unos más que en otros. Incluso en aquellos en los que las leyes les reconocen sus derechos, es difícil librarse de comentarios misóginos al puro estilo de la antigüedad.

      Feliz tarde

      Bisous

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  8. Si hubiera durado más en Imperio Romano las mujeres habrían llegado a ser emperadoras y hubieran tenido los mismos derechos. Quizás sea una exageración, pero por lo que cuentas, llegaron a tener un status social más elevado que en muchas sociedades actuales y no deja de ser cierto que luego se impuso el pensamiento cristiano y esos logros acabaron desapareciendo.
    Me ha sorprendido que tuvieran tanta libertad para la época en que vivieron, aunque, como siempre, hubiera misóginos como Juvenal.
    Un saludo, Madame.

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    1. Juvenal era solo un reflejo de la sociedad de su tiempo, que al fin y al cabo no difiere mucho de la actual. Los hombres siempre han sido mayoritariamente misóginos, no importa a qué dios o demonio adoren. Las leyes pueden rendirse a la razón, pero el desprecio masculino hacia la mujer ha seguido presente en cualquier tiempo y lugar. Solo hemos conseguido estar algo mejor que los antiguos griegos.

      Feliz tarde, monsieur

      Bisous

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  9. ...madame: permitirme meter el ocico de nuevo:dicen que" detras de un gran hombre hay una gran mujer"...jajaja :que forma de apartarnos del plano sin que nos demos cuenta .

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    1. Se da cuenta, madame? Detrás. Nunca al lado. El puesto que nos han asignado es detrás.

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  10. ¡Ay Catón!, que mal construyó ese no silogismo, a propósito, claro.
    Estaban mejor que hoy, en muchas partes del mundo, donde malviven como si estuvieran en la Edad Medía aún.
    Beso su mano.

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    1. Obtener el voto fue decisivo: desde que la mujer es votante, en Occidente los caballeros se han visto obligados a hacer leyes para complacerlas. Eso no significa que en el fondo muchos de ellos no piensen lo mismo que en otras partes del mundo. Solo significa que no sería políticamente correcto ni rentable expresarlo en voz alta.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

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  11. Me encanta la frase de Séneca y la propuesta de tener un administrador de cabello rizado tampoco esta nada mal. Mire que siempre exigirnos virtud a cambio de infidelidades de ellos:-)
    Me ha gustado mucho el post. A estas damas las tenemos más cerca.
    Bisous y buenas noches

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    1. Sí, madame, seguimos muy cerca de la vieja Roma, para lo bueno y para lo malo.

      Buenas noches

      Bisous

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  12. qué pedazo de entrada, madame. qué cantidad de anécdotas y de frases memorables... y de ejemplos descabellados, como el de las mujeres orinando en la estatua... por no hablar de la compartida aversión hacia los 'de pelo rizado', que sin qué ni porqué, comparto.
    muy bueno, madame.
    bisous!

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    1. Ay, esto es la monda! Monsieur también tiene prevención contra los caballeros de pelo rizado? A ver si fue romano en otra vida y...

      Muchas gracias, monsieur. Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  13. Como siempre, la mujer en inferioridad con respecto al hombre.
    Excelente entrada. Saludos

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    1. Muchas gracias, monsieur.

      Feliz comienzo de semana.

      Bisous

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  14. Se empieza a vislumbrar un cierto cambio en la mujer actual mediterránea, pero a bastante distancia de lo que sería lógico, pues en muchos casos, salvo esos matrimonios intergeneracionales, el mal concepto y trato del varón hacia la mujer sigue presente desde nuestros remota cultura grecolatina.
    Bisous.

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    1. Así es, monsieur. Y curiosamente es el mismo fuera del ámbito cultural grecolatino. Una cruz que hemos de llevar.

      Feliz comienzo de semana

      Bisous

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  15. Los romanos eran bastante misóginos como no podía ser de otra manera al heredar su cultura, en parte, de los griegos que eran ídem de ídem. Sólo hay que fijarse en las perlas que soltaban Juvenal y Marcial, escritores sin pelos en la lengua (como el bueno de nuestro don Francés de Zúñiga). Mudaban de mujer como de camisa y si no les gutaba la propia podían tener varias concubinas además de las esclavas a las que violaban. Ahora bien, si era la mujer la que intentaba divorciarse o frecuentaba demasiadas camas, pobre de ella, sobre todo tras las medidas moralistas que impuso el meapilas de Octavio Augusto (un ejemplo es cómo trató a su pobre hija Julia).
    Un besito

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    1. Así es, madame. El comportamiento de los romanos dejó su impronta en los caballeros que les sucedieron, y aún en nuestros días. Así les gustaría a muchos que siguieran siendo las cosas.

      Buenas noches

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)