miércoles, 29 de enero de 2014

La Inglaterra de Enrique VIII


Cuando Enrique VIII alcanza el trono, Inglaterra era, según la descripción de William Morris, “un país pequeño, demasiado encerrado entre mares estrechos para poder expandirse según sus deseos. No había ni grandes desiertos capaces de abrumar con su tristeza, ni grandes bosques solitarios, ni montañas infranqueables. Todo era mesurado, ordenado, variado; se pasaba fácilmente de una cosa a otra: había riachuelos, pequeñas llanuras onduladas, todo ello rodeado de árboles perfectamente distribuidos; pequeñas colinas y montañas cortadas por laderas ricas en pastos. En resumen, no era ni una cárcel ni un palacio, sino una casa agradable”.

Hasta los más pequeños poblados tenían su iglesia. Los conventos, de maravillosa arquitectura, salpicaban todo el país. El clero detentaba una parte considerable de las riquezas del reino. Los obispos tenían poder y a veces ocupaban puestos en el Consejo. El pueblo, duramente oprimido, en palabras de Morris era “un pueblo rústico, de espíritu estrecho pero serio, digno de confianza y de costumbres sencillas”. La mitad de la población contaba con lo justo para sobrevivir, mientras que aproximadamente un tercio vivía en la más absoluta pobreza, y subsistían gracias a la caridad de los ricos y poderosos. 


Algunos recurrían a la picaresca, y se fingían locos o tullidos para mendigar. Y es que las leyes Tudor solo toleraban la mendicidad en dichos casos o en el de los ancianos. Con los desempleados, en cambio, eran duras: aquellos que abandonaban su lugar de residencia en busca de trabajo, recibían la consideración de vagabundos y podían ser castigados con sumo rigor. El vagabundo era atado a un carro y azotado hasta hacerle sangre, tras lo cual se le obligaba a regresar a su lugar de origen, o a aquel en el que hubiera residido los últimos tres años. En 1547 una nueva ley decretó que podían ser esclavizados por un periodo de dos años, y si alguno intentaba escapar, la esclavitud se prolongaría de por vida. Afortunadamente el nuevo castigo solo se mantuvo en vigor hasta 1550.

La religión regulaba cada momento de la vida cotidiana. Sin embargo se habían multiplicado las herejías y había crecido el número de brujas y hechiceros, que los Lancaster persiguieron implacablemente. Los ingleses eran un pueblo muy supersticioso. Pensaban que la causa de la pérdida de Francia y el desastroso final de la Guerra de los Cien Años había sido precisamente una de estas “enviadas del demonio” llamada Juana de Arco, una bruja quemada en Rouen. Ya tan solo poseían Calais en suelo francés. Pocas veces un reino, que una generación antes se extendía hasta los confines de Aquitania, se había visto tan brutalmente reducido.

La sociedad se fue volviendo más sofisticada con los Tudor en algunos aspectos de la vida cotidiana, pero otros, como la higiene o la medicina, seguían siendo esencialmente medievales. No había alcantarillado, y la basura se abandonaba en la calle. Se suponía que cada ciudadano debía limpiar la calle una vez a la semana, pero eso era una vana pretensión frecuentemente ignorada. Las ratas invadían las ciudades; las epidemias mortales como la peste bubónica diezmaban periódicamente a sus habitantes: viruela, sarampión, tifus, malaria o difteria caían sobre las grandes poblaciones sin que la gente contase con apenas medios para defenderse de ellas. Las pestes de 1535 y 1543 causaron gran mortandad. Sin embargo, a lo largo de ese siglo la capital experimentó un gran crecimiento: si en 1500 tenía entre 60.000 y 70.000 habitantes, cien años después contaba con 250.000.

Londres, cuya belleza admiraba, era el centro de una intensa actividad comercial, pero las calles, normalmente sin pavimentar, eran oscuras y peligrosas de noche. El transeúnte no solo se arriesgaba a ser víctima de un robo, sino también a sufrir un accidente. Una forma de sortear los peligros era contratar a uno de los niños cuyo trabajo era alumbrar el camino con una antorcha.

Las comunicaciones habían mejorado poco desde la Edad Media. Los caminos fuera de las ciudades seguían siendo poco más que sendas polvorientas en verano, mientras que en invierno llegaban a ser prácticamente intransitables. El único medio de transporte era el caballo o una barca que recorría el río.

Se trataba de una sociedad eminentemente rural: la mayoría de sus habitantes no vivían en ciudades, sino en pueblos pequeños, dedicados a sus granjas. La vida era dura para ellos: cuando la cosecha se arruinaba, a veces se veían obligados a robar. Si los atrapaban, el castigo oscilaba entre ser azotados públicamente o colgados. Comían pan de centeno o de cebada; la carne era un lujo fuera de su alcance, pero muchos tenían animales para al menos obtener de ellos huevos, leche y queso. 

No disponían de demasiadas comodidades en su vida diaria, desde luego. Las sillas eran caras, por lo que solían sentarse en banquetas o taburetes. Incluso entre las clases altas, niños y servidores no solían aspirar a una silla. El excusado se llamaba “privy, pero carecía por completo de la privacidad que sugiere su nombre. Consistían en una tabla de madera con un agujero en el centro, a través del cual los excrementos caían en un cubo situado debajo. Otras veces era un simple agujero en el suelo. Para limpiarse empleaban hojas, musgo o lana de cordero.


Durante ese siglo comenzó a extenderse el uso de cristal en las ventanas, aunque era tan caro que cuando se mudaban de casa llevaban los cristales consigo. Las chimeneas eran un lujo, pero también se fueron haciendo más comunes. Los más ricos utilizaban velas hechas de cera de abeja, mientras los pobres tenían que conformarse con otras a base de grasa animal que desprendían un olor desagradable.

La mayoría de los niños no tenía acceso a la educación. Los que asistían a la escuela solían ser hijos de familias acaudaladas, que comenzaban su educación a la edad de cuatro años. En la escuela aprendían latín, griego, catecismo y aritmética. Asistían seis días por semana, y la jornada comenzaba muy temprano: a las siete de la mañana en invierno y a las seis en verano, prolongándose hasta las cinco de la tarde. Las escuelas para los menores de siete años tenían un horario menos exhaustivo, en especial para permitir a los menos favorecidos por la fortuna que pudieran aprovechar el tiempo para trabajar. La disciplina, por supuesto, era esencial, y para conseguirla no se vacilaba en recurrir al castigo corporal.

Una alternativa, solo al alcance de unos cuantos, era contratar a un preceptor que enseñara a los niños en el propio hogar paterno. Pero había muchas poblaciones que contaban con una escuela parroquial en la que era el vicario quien se encargaba de enseñar a leer y escribir a los chicos, y luego ellos podían ocuparse de enseñar a sus hermanas, aunque generalmente se creía que enseñar esas cosas a las niñas era una pérdida de tiempo. De hecho, dos de las esposas de Enrique, Juana Seymour y Catalina Howard, a pesar de su elevada posición apenas sabían leer y escribir.

La práctica de la escritura consistía en copiar el alfabeto y alguna oración. Como había pocos libros, los alumnos utilizaban los llamados hornbooks, que llevaban colgando del cinturón. Estos consistían en una hoja montada sobre madera, recubierta de una capa transparente de mica o cuerno de vaca para protegerla, enmarcada y provista de un mango. Los hornbooks llevaban escrito el alfabeto, las oraciones o cualquier cosa que se deseaba que el alumno aprendiera.

La situación de la mujer no varió con respecto a siglos anteriores. Se les enseñaba que eran inferiores a los hombres, ya que así había sido ordenado por Dios. Ni siquiera la Reforma cambió ni un ápice su posición de absoluto sometimiento, si tenemos en cuenta que un líder como John Knox escribía perlas como esta: “La mujer en su más grandiosa perfección fue hecha para servir y obedecer al hombre”. No solo el padre, sino cualquier varón de la familia, esperaba ciega obediencia inmediata. A ellas se les inculcaba que su única función en la vida era casarse y tener hijos. La ley otorgaba al esposo poder absoluto sobre la mujer, que se convertía en una de sus propiedades. El adulterio femenino podía conllevar pena de muerte, tal como descubrió más de una esposa del soberano. Si el rey daba su aquiescencia, cualquier par del reino tenía facultad para quemar a su mujer en una hoguera. Azotarla o golpearla era práctica común y aceptada.

Entre las familias de rango elevado, el matrimonio era impuesto a la mujer por cuestiones de interés. Ella rara vez podía elegir esposo, o casarse por amor. En los hogares pobres no era infrecuente que los padres casaran a las niñas cuando alcanzaban la edad de 14 años, antes de que fueran consideradas demasiado viejas para el matrimonio. Además, así tenían una boca menos que alimentar.


Muchas mujeres morían al dar a luz, y por eso la futura madre solía hacer provisiones para el bebé en el caso de que ella no sobreviviera. En el acontecimiento no eran asistidas por un médico, sino por una comadrona que solía ser una mujer de la familia.

Se controlaba estrictamente el modo en que una mujer debería vestir. Las solteras podían llevar el cabello suelto, pero las casadas debían ocultarlo bajo un velo o una cofia. Las reinas quedaban exceptuadas solo durante las ceremonias, puesto que en tales ocasiones debían llevar corona. La cabellera de Ana Bolena era tan larga que llegaba más abajo de sus caderas, pero incluso ella debía someterse a las normas.


47 comentarios:

  1. Menuda época debió ser aquella... gracias por la entrada Madame!
    Un abrazo

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  2. Y esa isla inmersa en la niebla, heredera de Camelot, que vivía todavía inmersa en las leyendas del rey Arturo y de la reina Ginebra, que poco pintaba para el juego europeo, pronto sufrirá un cambio radical con la llegada de la dinastía Tudor y, sobre todo, de Enrique VIII. En pocas décadas se hablaría mucho de este reino perdido, núcleo de una de las revoluciones reformistas de su época.
    Un beso

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    1. Fue la salida de la Edad Media para entrar en otra era, en efecto.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  3. Buenisimo post, vaya que interesante y poco esperanzador era el siglo de Enrique VIII, sobre todo para las mujeres...aunque no me extraña con semejante rey.

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    1. A las mujeres parece que no nos iba bien nunca, monsieur. No fue diferente la época de Enrique VIII, en la que ni las reinas estaban a salvo.

      Muchas gracias, monsieur

      Feliz día

      Bisous

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  4. Hola Madame:
    Ya sabe como disfruto estás entradas de las islas británicas. Antes de la reforma, Inglaterra me recuerda mucho a España en el sentido de las muchas iglesias y el fervor religioso. Las mujeres...siempre le toca la peor prte.

    Besos Madame

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    1. También en Francia había muchas iglesias, y el fervor religioso llevó a varias guerras de religión durante ese siglo. Fueron tiempos de duros enfrentamientos por el poder con la excusa de la fe. Pero sí, ciertamente, las mujeres nunca suelen salir favorecidas.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  5. Interesante entrada sobre las peculiaridades sobre la vida cotidiana de los británicos. Una sociedad rural en parte parecida a la de otros lugares de Europa, con su sello peculiar.
    Si no fuera porque estamos hablando de la Inglaterra de inicios de la Edad Moderna, pensaríamos por algunas pinceladas que también nos referimos a otros tiempos y lugares más familiares y cercanos en el tiempo, cuando decimos "los obispos tenían poder" o "la mitad de la población contaba con lo justo para sobrevivir". Sólo que luego repararíamos enseguida que lo justo para vivir en aquellos tiempos era mucho menos que lo que se necesita ahora.
    Un saludo.

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    1. Estamos llegando a un punto en el que, desde luego, yo creo que las cifras se van aproximando en cuanto a porcentaje de la población que tiene lo justo para sobrevivir, y de aquellos que precisan de la caridad para comer. Porque no estamos hablando de gente que no puede hacerse un crucero por el Mediterráneo, sino de los que hoy abarrotan los comedores sociales.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  6. Sobre... sobre. Hoy estoy que me salgo.

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    1. Monsieur, no se preocupe, el comentario era impecable igualmente :)

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  7. Se repara poco en ello, pero poder cerrar las ventanas con cristales, y más en aquellas latitudes debía ser un lujo tan extraordinario como confortable.
    Beso su mano.

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    1. Así es. Un gran invento, aunque aún fuera del alcance de la mayoría.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  8. Madame! Me encantan sus posts sobre historia inglesa =)
    Pobres mujeres, definitivamente nuestro siglo no es muy equitativo, pero lo prefiero terriblemente.
    No es de extrañar que las mujeres estuvieran en esa situación, teniendo en cuenta el trato que Enrique VIII octavo tenía con sus mujeres. Pero algo cambió cuando subieron reinas al trono?
    Por cierto, Madame, que la vez pasada estaba buscando una vieja entrada suya sobre Enrique VII y no la encontré, no se si fui deficiente en mi pesquisa, pero fui a ambos blogs y nada =(
    Saludos, un placer leerla.

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    1. Pues me temo, madame, que la situación de la mujer no cambió en absoluto cuando reinaron las hijas de Enrique.

      Es curioso lo que me comenta. No recuerdo haber escrito algo específicamente sobre Enrique VII. ¿Seguro que la leyó aquí?

      Muchas gracias, madame.

      Feliz día

      Bisous

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    2. Sí, aunque creo que fue en Cierto sabor a veneno, sobre los niños de la Torre, los hermanos de Isabel...

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    3. Ah, claro. Tiene usted razón: fue aquí. Una serie de tres capítulos titulados El misterio de los príncipes de la Torre :)

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  9. De Catherine Howard sabía que era muy ignorante (y tonta además), pero no me imaginé que Jane Seymour fuera analfabeta. Un tiempo en el cual no me hubiese gustado vivir.
    Bisous, Madame

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    1. Ah, pues con todo me parece una época muy entretenida y bonita. A mí no me hubiera importado, aunque en ese siglo yo sigo siendo francesa.

      Feliz día

      Bisous

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  10. Madame, recién he descubierto su delicioso cenáculo. Un placer leerla... Me froto las manos con anticipación, esperando descubrir los tesoros que me aguardan en sus selectos archivos.
    Todo suyo, le Chevalier de la Fleur Fanée...

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    1. Bucee, monsieur, bucee en ellos cuanto guste, y muchas gracias por la atención que les dedica.

      Curioso título el que usted lleva, y bonito, a pesar de que esa flor esté un tanto fanée.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Que crudo en cualquier época ser mujer...Pero sí encima se le añadía el tener que ser una máquina de reproducción sin más asistencia que otra mujer sin más conocimientos que los justos: en eso hemos mejorado bastante a D gracias.La ignorancia y la falta de respeto hacia otro ser, es igual en todos los lugares y ellos no iban a ser una escepción.

    Muy interesante este documento donde nos deja reflejado que por estos lares no eramos tan brutos como tenemos pensado.Que había otros lugares que nos superaban.

    Bisous madame.

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    1. Sí, los ingleses no eran el colmo del refinamiento precisamente. Pero al menos la época Tudor supuso un avance en las formas, si no en el fondo.

      Feliz día, madame

      Bisous

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  12. normas, normas, normas... normas para todo. curioso cómo un país en principio tan pequeño, llegó a ser la potencia cultural y política que fue después.
    una entrada muy instructiva, madame.

    bisous!

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    1. Inglaterra sola sí es pequeña, pero si le suma Escocia, Gales y parte de Irlanda para formar el poderoso Reino Unido, ya no es tan pequeño. Hoy son más de 63 millones de habitantes, que no tienen todos los países europeos. Porque claro, la potencia cultural y política, fue después, como usted dice. En tiempos de Enrique aún estaba un poco a la cola, intentando asomar la cabeza.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  13. Muy completita y entretenida entrada. Una pregunta al margen el William Morris al que cita ,¿ es el famoso educador y fundador de escuelas del S 19, principios del 20? Le recomiendo el programa Filthy Cities, Medieval London, si puede llegar hasta el final, puaj¡¡¡ (está subido a youtube) Besitos.Claudia.

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    1. Me refiero al William Morris artista, escritor y medievalista, fundador del movimiento Arts and Crafts.

      París también tenía lo suyo en la Edad Media. Los cerdos andaban sueltos por las calles :)

      Muchas gracias, madame.

      Feliz tarde

      Bisous

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  14. Un buen repaso de la sociedad inglesa del siglo XVI, que puede aplicarse al resto de países europeos. La penosa vida a la que se veían confinados los menesterosos, las mujeres y las criaturas, no se dulcifica hastal los últimos cien años.
    Madame, qué necesario es mirar hacia atrás para percatarnos de lo suertudos que somos de haber nacido en esta época y en esta zona del globo.

    Bisous y buenas tardes

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    1. Madame, tal como están las cosas, y teniendo en cuenta el porcentaje de la población que come hoy también gracias a la caridad, su comentario casi parece una provocación :)

      Me ha hecho recordar a aquellos tiempos que tan magistralmente describían las novelas de Dickens. Seguían siendo tiempos duros. Da la impresión de que los periodos de bonanza escasean demasiado y duran muy poco. El hambre siempre se empeña en regresar.

      Feliz tarde, madame

      Bisous

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  15. ¡Me encanta la descripción de Morris! Lástima que luego la condición real en la que vivía la mayoría lo estropease un poco.
    Feliz tarde, Madame.

    Aunque es algo habitual, hoy me han gustado especialmente las imágenes elegidas para ilustrar la entrada, Madame

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    1. Sí, una descripción un tanto idealizada y en la que solo se huelen las flores.

      Muchas gracias, monsieur.

      Feliz tarde

      Bisous

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  16. Como el tiempo es cíclico, a pesar de hablarnos de otro país, para que hablara de nuestro presente con un tercio de la población en la miseria y la opulencia caprichosa de los selectos; sólo que aquí y ahora el clero no cuenta con sus mejores momentos.
    Bisous.

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    1. Parece que la miseria es difícil de alejar. Siempre se las arregla para volver, y no faltan desalmados dispuestos a facilitarle el camino.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  17. Maravillosa entrada, madame!

    Saber algo más sobre la época en la que reinaban los Tudor me ha encantado, ya que es una época en sí que me fascina :)

    Bisous, madame

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    1. Muchas gracias, madame. Es una de mis épocas favoritas también. Estuvo bastante movidita.

      Feliz día

      Bisous

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  18. En Junio del año pasado tuve la suerte de visitar el Palacio de Hampton Court en dónde me enteré de la vida de este personaje histórico que nunca me fue simpático. Menuda época para la mujer con ese machismo salvaje.
    Bisosu y buen finde

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    1. Madame, Hampton Court es uno de mis rincones favoritos. Nunca pierdo ocasión de ir cuando ando por allá.
      Se da cuenta de que nunca ha sido buena época para la mujer?

      Feliz día

      Bisous

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  19. la situacipes se repiten cada soglp para los ppbres gracias debemps dar hoy en dia a las mujeres que lucharon y fueron encarcwladaa por tenee lo que tenemos nosotras aunque hay paises que no tienen lo que nosotros tenemos.ahora al menos en nuestro pais ser un objeto no esmuy frecuente aunque hay que seguir luchando.
    la felicito por la entrada madame.
    de todos modps tambien habria mujeres que se revelaban a ser solo un objeto,reproductoras de niños y perfectas esposas.
    la iglesia siempre interpretando la biblia a su convenencia asi hacian y desacian a su antojo, de todos modos cristo nunca dijo que fueramos ni objetos ni inferiores aunque su religion la judia tuviese esas ideas.bien defendio a maria magdalena.

    como me gustaria saber la pena dw adulterio para los hombres con los tudor?supongo que nonguna.
    ellos orgullosos aunque los duelos....no se jjjjj si seria orgullo o honor ser como erann

    ana

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    1. Así es, madame, el adulterio estaba peor visto en la mujer, porque las mujeres pueden traer al mundo hijos que no son en realidad del esposo haciéndolos pasar por suyos. Cuando un hombre tiene un bastardo, todo el mundo sabe que es bastardo, pero cuando lo tiene una mujer no suele ser así. Se trataba de evitar que la herencia fuera a parar a un extraño. Por eso el adulterio femenino era considerado especialmente grave en el caso de la nobleza que tenía grandes bienes que legar, o no digamos en el de la corona. Era peligroso que una reina fuera infiel y pudiera hacer pasar por legítimo un hijo que no lo era, pasando así la corona a un intruso.
      Pero, por supuesto, siempre ha habido mujeres que no se conformaron con el papel de madre y esposa que pretendieron imponerles. A veces la ambición lleva faldas, y la rebeldía corsé :)

      Feliz día, madame

      Bisous

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  20. Ni de broma me hubiera gustado vivir en una epoca que te morias de mugre, virus, frio, y de imposiciones, no se podia leer un libro ni escribir. no es lo mio este siglo tampoco.

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    1. Madame, es el mismo siglo de las dos Margaritas de Navarra, que escribían muy bien. O de Santa Teresa, que además de hacerlo también estupendamente, en su infancia fue muy aficionada a los libros de caballería. O de Vittoria Colonna, Madeleine y Catherine des Roches, Nicole Estienne, Margaret Seymour y sus hermanas, Isabella Whitnet y un largo etc, Que nos pusieran las cosas difíciles, no significa que no se pudiera, como ve.

      Por otra parte, siempre se muere de algo. Cada época trae nuevas enfermedades contra las que el ser humano se encuentra indefenso, pero, sobre todo, no importa los años que se vive, sino lo intensa y dichosa que ha sido la vida.

      Probablemente tendría usted más motivos de queja si, tocándole vivir en el siglo XXI, fuera paria en la India. Por ejemplo.

      Feliz fin de semana, madame

      Bisous

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  21. Desde luego la situación de la mujer era peorque en épocas anteriores, como en la época del imperio romano, y siglos tendrían que pasar para que la mujer tuviera la misma consideración social que el hombre, aún hoy la mujer tiene que luchar por conservar lo conseguido.
    Es cierto que Inglaterra estaba más cerca de la Edad Media que de la Edad Moderna, aunque creo que poco después mejoró la situación y tuvo un avance considerable.
    Un saludo, Madame.

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    1. Es que este reinado coincide justamente con la salida de la Edad Media para entrar en la Edad Moderna. Se notó el cambio, pero son transformaciones que no ocurren de un día para otro.
      En cuanto a la situación de la mujer, era igual que en el Imperio romano. La mujer necesitó conseguir primero el voto para comenzar a ser tenida en cuenta. Solo por conseguir sus votos se les comenzó a hacer concesiones. Hasta entonces, da igual dónde o en qué época busque, la mujer solo podía estar mal o peor.

      Feliz fin de semana, monsieur

      Bisous

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  22. Sólo Jesús de Nazaret fue capaz de dar un lugar de privilegio a la mujer, esto hace más de dos mil años. Saludos Madame, espero que mi comentario le llegue; hasta a aquí, no lo he conseguido

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    1. Sí, ha llegado, pero le pido disculpas por haber estado ausente del blog estos días y no haberlo visto hasta hoy. Siento no haberle respondido antes.

      Buenas noches, Pilar

      Bisous

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)