sábado, 18 de enero de 2014

Aelia Verina, Emperatriz de Bizancio (I)


El emperador Marciano fallecía en enero del año 457, posiblemente a consecuencia de una gangrena, aunque circularon rumores de envenenamiento. No dejaba hijos varones. Había tenido una hija de su primera esposa, pero la segunda, Pulqueria, hizo un voto de castidad al que se atuvo incluso durante el matrimonio, una unión que nunca fue consumada y que obedecía a meras conveniencias políticas. 

El destino del Imperio quedaba así en manos del alano Aspar, comandante de la guardia imperial, pero este profesaba la fe arriana, una circunstancia que lo apartaba del trono.

Aspar anunció entonces que sería su hombre de confianza, un tracio analfabeto llamado Flavio Valerio León, quien vestiría la púrpura.

León había hecho carrera en el ejército, unos servicios que le valieron el rango de tribuno y la confianza del comandante, y ahora Aspar calculaba que el oficial bárbaro siempre le estaría agradecido y sería fácil de moldear a su antojo. Aunque otro ciñera la corona, el poder sería suyo.

La esposa de León I, la emperatriz Verina, comparte con él los oscuros orígenes desde los que fue elevada a tan gran esplendor. Nada es lo que se sabe acerca de su extracción o procedencia, pero todo parece indicar que fue una mujer de humilde cuna. No cabe imaginar que un simple soldado como había sido entonces León pudiera aspirar a algo más.


La nueva emperatriz tenía una fuerte personalidad y una inteligencia notable. Carente de escrúpulos, era, además, ambiciosa y tenaz. Aunque se ignora su fecha de nacimiento, parece haber sido mucho más joven que su esposo, quien se aproximaba ya a los sesenta cuando recibió la corona imperial. 

El 7 de febrero León se convertía en el primer emperador bizantino que era coronado por el Patriarca de Constantinopla, adquiriendo así la ceremonia un carácter religioso del que carecía con anterioridad. En otro tiempo la tarea recaía sobre un funcionario o un oficial del ejército, en una ceremonia en la que el nuevo emperador era izado sobre su escudo y aclamado por el pueblo, el senado y el ejército.

Es probable que la coronación tuviera lugar en la iglesia de San Esteban, dentro del palacio. Verina y su esposo cruzarían los jardines para recibir el homenaje de los senadores y los nobles en el Magnaura. Este palacio era una maravilla de su tiempo: había sido construido con mármoles de colores procedentes de las mejores canteras del mundo; sus suelos estaban tapizados de rosas, y 14 enormes lámparas colgaban del techo mediante gruesas cadenas de bronce plateado. Había gorriones de oro posados en árboles igualmente dorados, dotados de un mecanismo que permitía escuchar sus trinos, y ante el trono podían verse unos leones de oro que rugían y movían la cola.

Desde Magnaura la procesión emprendería el regreso a los aposentos reales, que daban al hipódromo. Allí los hombres de Constantinopla lanzarían sus gritos de aclamación al nuevo soberano, y la jornada sería celebrada con carreras de carros. El día de la coronación terminaría, como era costumbre, con un gran banquete al que estaban invitados unos doscientos entre los más altos nobles y dignatarios del Imperio, después de lo cual la emperatriz se retiraba a su lecho.

Ariadna

Durante los primeros años de reinado de su esposo, Verina aparece siempre en un segundo plano, casi en silencio. Las mujeres vivían prácticamente recluidas en la corte bizantina, entre eunucos y doncellas. Ni siquiera precisaban acudir al hipódromo para ver las carreras, ya que podían observarlas cómodamente desde alguna ventana. Nada de eso, sin embargo, impedía que tomaran parte en la vida pública, y de hecho Verina lo hizo posteriormente, lo que hace parecer extraña la oscuridad que la Historia arroja sobre ella en esa época.

La rapidez con la que encontró consuelo después de la muerte de su esposo indica que no debía de haber un fuerte lazo sentimental que la uniera a él. Antes de su elevación al trono, el matrimonio había tenido una hija llamada Ariadna. Unos años después Verina volvía a ser madre. La tradición requería que la emperatriz diera a luz en la sala Pórfida al deseado primogénito, pero la decepción fue grande al ver que Verina traía al mundo a otra niña que llevó el nombre de Leoncia.

Un cronista nos cuenta que en el año 462 las oraciones del matrimonio inscritas en una columna habían sido escuchadas y la emperatriz daba a luz a un varón. Sin embargo, no vuelve a hallarse rastro de ese niño. Para entonces la edad del emperador era suficientemente avanzada como para que la sucesión se convirtiera de nuevo en motivo de gran preocupación. 

A partir de ese momento Verina comienza a dejar traslucir su personalidad. Por esas fechas Aspar y su hijo aún tenían el control de Constantinopla, pero poco a poco lo iban perdiendo en favor de algunos compatriotas de León que habían comenzado a adquirir una enorme influencia. De ese modo se habían ido formando dos bandos, y estaba a punto de estallar el conflicto entre Aspar y sus seguidores ostrogodos por un lado, y el emperador y sus aliados isaurios por otro.

Entre los isaurios había un joven cacique llamado Tarasicodissa que se había ganado las simpatías de León. Las crónicas ortodoxas lo describen como un hombre moreno, feo, peludo, torpe, desgarbado e ignorante, pero el emperador pensaba que era el más adecuado para sucederle en el trono. Fueran o no exageradas las opiniones, parece haberse tratado de un joven inculto e intrigante cuyas gracias, si es que tenía alguna, debían de estar muy ocultas. León, sin embargo, quería casarlo con su hija Ariadna para asegurar así la posición del isaurio junto al trono.

Verina tenía otros designios: ella quería que fuera su hermano Basilisco quien ocupara el trono a la muerte de su esposo. Por entonces iba a enviarse una flota de más de mil navíos a África contra los vándalos, y la emperatriz obtuvo el mando para Basilisco, en la esperanza de que una gran victoria lo convirtiera automáticamente en el sucesor. Pero al cabo de unas semanas regresó uno de los navíos con la terrible noticia del fracaso de la expedición. Los barcos habían sido incendiados, hundidos o dispersados por Genserico. Basilisco había huido vergonzosamente al primer encontronazo, y se había retirado a ocultar su desgracia en Heraclea.

El camino quedaba así despejado para Tarasicodissa, que cambió su nombre por el de Zenón y se casó con Ariadna. A Verina ya tan solo le quedaba la esperanza de compartir el poder con su hija y su yerno, pero primero había que terminar con la pugna entre godos e isaurios. Estos últimos resultaron victoriosos al cabo de menos de dos años, una victoria que le valió al emperador ser llamado en las crónicas León el Carnicero. Un día del año 471 resonó un terrible entrechocar de aceros en palacio. Por orden del emperador, los eunucos asesinaban a Aspar y a su primogénito. Cuando la jornada terminó, hachas y espadas habían dejado los suelos de mármol cubiertos de cadáveres godos, y los isaurios eran los amos del Imperio.

León murió al cabo de tres años. Se cree que quería coronar a Zenón antes de morir, pero que el pueblo se opuso. Por tanto, asoció al trono a su nieto León, un niño de corta edad, frágil y enfermizo. Ello no era más que un subterfugio para que Zenón alcanzara el poder: cuando este se presentó a rendir homenaje a su hijo como nuevo emperador, el niño, aleccionado por Ariadna y Verina, puso la corona sobre la cabeza de su padre. 

Al cabo de solo nueve meses el niño moría y dejaba al isaurio como único emperador. Es a partir de ese momento cuando la emperatriz Verina adquiere un papel verdaderamente relevante y se da a conocer...


Continuará


27 comentarios:

  1. Todo se pega madame y la ambición no conoce límites ni castas, ni sangre.
    Verina olió el poder y este es la droga más grande que hay en el mundo. Tener la sartén por el mango. Un historia muy bien documentada y amena de leer.
    Bisous y buenas noches

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  2. Muchas gracias, madame. Espero que le siga interesando igualmente la segunda parte, que será la última.

    Buenas noches

    Bisous

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  3. Poco se sabe sobre todas estas intrigas realmente bizantinas que deja chicas al "Juego de Tronos". Gracias por informarnos, Madame. Bisous

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    1. Sí, por algo tenían fama de retorcidos. Las intrigas bizantinas son complicadas de seguir a veces.

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  4. Pormenores donde la ambición y la intriga tejen una trama que no suele aparecer en los manuales de historia.
    Vaya nombrecito el de "isaurios". Dan miedo. Suenan a reptiles sanguinarios.
    Un saludo.

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    1. Sí, parecen más bien personajes de fantasía épica :)

      Feliz domingo, monsieur

      Bisous

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  5. Desde luego, aquellos años del Imperio no tenían nada que envidiar al "Gran Sueño Americano". Miren a León: de tracio analfabeto a El Carnicero en dos patadas. ¡Y que sentido del drama en la escena del niño coronando a su padre!
    La saga promete, Madame.
    Feliz domingo

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    1. No era probable que un tracio analfabeto supiera resolver sus problemas de otro modo. En cualquier caso, allí todos acababan comportándose como tracios analfabetos. Menudos baños de sangre con tal de agarrar una corona.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  6. Uf, esto mas que una historia es una clase de Historia, con mayusculas si. La verdad es que los emperadores tenian unas vidas muy curiosas, lios lios y mas lios.
    Saludos

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    1. Todo típicamente bizantino. Estos embrollos son dignos de una novela.

      Feliz domingo, monsieur. Por cierto que ayer intenté dejar un comentario en su blog y no me fue posible: lo escribía, pero luego la ventanita de comentarios no me dejaba desplazarme hacia la parte inferior para poder dejárselo. Probaré hoy de nuevo.

      Feliz domingo

      Bisous

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  7. Tiempos oscuros aquellos en los que existen muchas lagunas históricas y que fueron el caldo de cultivo, ante el caos general, para que medraran personajes salidos de las más humildes condiciones, incluso hasta el trono imperial.
    Un beso

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    1. Sí, estaba claro que no solo no importaban los orígenes, sino tampoco la formación. Cualquier ignorante podía tener en sus manos las riendas de un Imperio.

      Feliz domingo, madame

      Bisous

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  8. No cabe duda que el origen de nuestros males a lo largo de la Historia.

    Incultura,ambición,ignoracian y sobre todo poco amor al pueblo sino a tener poder por el poder.

    Esta primera parte es de recibo espero que la segunda no sea para menos?

    Bisous madame.

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    1. La segunda viene más cargadita de intrigas, madame.

      Feliz domingo.

      Bisous

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  9. Hola Madame:
    Lo que hace estar en el momento justo a la hora adecuada. me refiero a león y su conversión en Emperador...Y después entra en el juego de las intrigas, para mantener su dinastía en el trono.

    Y la dama no se queda atrás. Espero la segunda parte. Si ya está anunciando que será llena de intrigas...Me voy a por las palomitas ;D

    Besos

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    1. Así es, monsieur. Será todo típicamente bizantino. No se le puede pedir más a la historia.

      Feliz domingo.

      Bisous

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    2. Me estoy poniendo al día en su blog, después de este periodo de ausencia. Espero el "continuará"...
      Saludos, siempre es un placer pasar por este blog.

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    3. Bienvenido de regreso, monsieur.

      Feliz domingo

      Bisous

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  10. Promete la continuación. Desde luego esta emperatriz no aparece en los libros de historia, habrá que ver en que deriva.
    Un saludo.

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    1. Pues se ganó a pulso un puesto, porque su historia es sumamente bizantina.

      Feliz día

      Bisous

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  11. Me intriga la ambición manifestada y espero que todos los lectores quedaremos satisfechos en la próxima entrega.
    Bisous.

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    1. Eso espero, monsieur, y que no resulte demasiado embrollo.

      Feliz día

      Bisous

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  12. pocos lugares me parecen tan peligrosos como la corte bizantina. qué jaleos. cómo será para que la gente prefiera poner de emperador a otro, por muy mulo que sea, antes que ser él el objetivo. el que se pone la corona, casca.
    buena semana, madame.
    bisous.

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    1. No le salió bien la jugada. Temía que lo asesinaran si intentaba coronarse él, y al final lo asesinaron igual. Tal vez, de todos modos, compró unos años de vida.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

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  13. madame todo se pega desde luego siglos despues las intrigas son las mismas con desti.tos personajes desde luego fue i.teligente,astuta y paciente la emperatriz

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    1. Ah, pero las intrigas ya no alcanzan esos tintes folletinescos tan bizantinos. Todo se ha vulgarizado, incluso las conspiraciones :)

      Buenas noches, madame

      Bisous

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  14. Pues sí, no sólo podía un analfabeto ser basileo del imperio, sino que elegía, a imagen y semejanza suya, elegía para sucederle a otro tan ignorante como él o más. Por cierto el Magnaura aquel debía ser digno de ver y hasta de escuchar.
    Beso su mano.

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"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)