martes, 26 de noviembre de 2013

Las cenas de Felipe de Orleáns

Madame de Parabère

Acerca de las cenas que organizaba Felipe de Orleáns, el que fuera regente de Francia durante la menor edad de Luis XV, han corrido ríos de tinta. A menudo se las ha descrito como orgías con las que concluía sus jornadas de arduo trabajo.

Felipe comenzaba a trabajar aún en la cama. Durante la ceremonia de su lever, recibía a algunas personas. A esto seguía una serie de audiencias que consumía buena parte de su tiempo, y después los consejeros lo mantenían ocupado hasta las dos de la tarde. Entonces, en lugar de comer, como hacía antes de encargarse del gobierno de Francia, tomaba una taza de chocolate. Al terminar, dedicaba media hora a su esposa y otra media a su madre cuando esta vivía en el Palais Royal.

Por la tarde los jefes del servicio secreto tenían una audiencia, seguida de otra con Torcy, en cuya compañía tenía la costumbre de abrir su correspondencia. Una vez por semana recibía a los ministros extranjeros y a veces presidía el consejo, y de ese modo su jornada laboral continuaba hasta las siete de la tarde.

El rey siempre aguardaba impaciente sus visitas, porque Felipe le llevaba juguetes y le contaba historias divertidas. Jean Bouvat, en su Journal de la Régence, afirma lo siguiente:

“El regente sentía un cariño verdadero por el pequeño rey, incluso por encima del que le inspiraba su propio hijo, el duque de Chartres, de quien tenía tan mala opinión que a veces le reprendía por reunir en su persona todos los defectos del resto de príncipes de la sangre: la joroba del príncipe de Conti, la voz tan áspera del duque de Borbón y la brutalidad de Monsieur de Charolais”.

Luis XV

Y d’Argenson cuenta que una vez lo oyó decir: 

—¿Cómo iba yo a preferir que reinara mi hijo en lugar de este chiquillo adorable que es mi señor natural?

Cuando terminaba su jornada, el regente tenía dos modos frecuentes de divertirse: iba a la ópera o bien al campo. Según Saint-Simon, “tan pronto como llegaba la hora de la cena, todo se cerraba a cal y canto de tal forma que fuera cual fuese el asunto que surgiera inesperadamente, era inútil intentar acceder al regente. No me refiero simplemente a asuntos privados, sino a aquellos que podrían interesar peligrosamente al Estado o a su propia persona”.

A esas cenas solo eran admitidos los amigos del regente, o, como expresó Agustín Challamel en La Regencia Galante, “asistían mezclados los amigos y amantes del regente, las amantes de sus amigos y los amigos de las amantes”. Pero los demás, incluidos los sirvientes, quedaban excluidos, así que los invitados tenían que servirse ellos mismos. Sobre lo que verdaderamente ocurría durante esas veladas, ninguno de ellos dejó un testimonio escrito. Es cierto que lo hizo ampliamente Saint-Simon, pero él nunca estuvo presente. Existe, además, una obra titulada Las Filípicas, firmada por Chancel de la Grange. Se trata de un libro cuyas salaces descripciones de esas “augustas saturnales", como el autor las llama, sirvieron de inspiración a muchos escritores posteriores. Y, además, encontramos evidencias en algunos comentarios que los contemporáneos del duque dejaron en sus memorias, aunque se trate de cosas que no vieron con sus propios ojos.

Felipe II de Orleáns, el Regente

A los invitados se unía en ocasiones un grupo de chicas de la Ópera, cómicos y otros personajes que, sin ser distinguidos por su nacimiento, aportaban una buena dosis de ingenio y diversión a la fiesta. Según Laurence, “cortesanas perdidas llegaban acompañadas de actores y libertinos de toda clase, introduciendo, con el hábito de la lengua suelta, mordaz y perversa, los refinamientos del libertinaje y los secretos del vicio”. Lo más llamativo es que una de las hijas del regente, la duquesa de Berry, también tomaba parte en estas cenas. Madame de Caylus nos dice lo siguiente:

“Desde su nacimiento tuvo especial debilidad por ella, y al crecer la convirtió en su confidente respecto a sus gustos, y le permitía ser testigo de todos sus actos. Ella lo veía cuando estaba con sus amantes: él le pedía a menudo que lo visitara cuando se encontraba con Madame d’Argenton”.

Todos entraban al Palais Royal por la pequeña puerta de la rue Richelieu. El portero los observaba en silencio, pero un día Felipe lo invitó a participar en la fiesta, algo que el hombre rechazó de plano.

—Mi señor, el servicio que os debo acaba aquí. Yo no voy con tan mala compañía, y me preocupa veros ahí.

María Luisa Isabel de Orleáns, duquesa de Berry, hija del Regente

Una de las damas más famosas que participaban en las cenas del regente era Madame de Parabère. Esta mujer, grácil y esbelta, comía y bebía como un cosaco, y, como expresa el conde de Soissons, “gracias a estas cualidades, y a otras que uno se debe callar, tenía dominado al regente”. Pero además amaba a Felipe por sí mismo, y no por cuanto pudiera obtener de él.

Tampoco era un cariño interesado el de Émilie Souris, una bailarina de la ópera. Fue una de las mujeres a las que el voluble regente amó durante más tiempo, pero ella solo aceptó un regalo suyo, según nos cuenta el duque de Richelieu en sus memorias:

“Cuando el duque de Orleáns conoció a Émilie, le regaló unos pendientes que valían 15.000 libras, pero ella los rechazó, diciéndole a su príncipe encantador que no eran para ella, pues eran demasiado bellos. Le rogó que le diera en cambio 10.000 libras para poder comprar una casa en Pantin, donde deseaba morir cuando ya no tuviera la dicha de ser amada por él, pues después de conocer la bondad de tan gran príncipe, no habría nadie digno de sucederle. El regente la besó tiernamente y le envió 25.000 libras. Sin embargo ella le devolvió 15.000, diciendo que se había equivocado, y que nunca volvería a aceptar nada suyo”.

Otro de los amores de Felipe fue Madame d’Averne, de la que se decía que tenía el cabello más hermoso del mundo, y una cintura tan fina que podía abarcarse con una liga. Al duque de Orleáns le agradaba tanto que no le importaba que todo París la viera en su compañía. Buvat escribió que “Madame d’Averne siempre está con el regente, que se pasea públicamente con ella por las Tullerías”.

Madame de Parabère

Otra de las favoritas, Madame Sabran, era muy joven, pero ya había adquirido cierta reputación. Se había liberado de la férrea tutela de su madre casándose con un caballero que poseía un buen nombre, aunque ninguna fortuna. Era muy bella, ingeniosa y lo suficientemente libertina para resultar del agrado del regente.

Entre las amantes se cuenta también Madame de Phalaris, una mujer alta y de aspecto serio, siempre cubierta de plumas y abalorios, orgullosa de su influencia en la corte. Muy diferente a ella era una actriz llamada Charlotte Desmares, que engañaba al regente con diversos actores. Esto, desde luego, no era algo que importara lo más mínimo a Felipe, que no era celoso. Charlotte tuvo una hija de Felipe, pero cuando quiso hacerle reconocer la paternidad de un segundo niño, no lo encontró nada dispuesto.

—¡No, es demasiado arlequinesco! —exclamó él.

—¿Qué queréis decir?

—Que está hecho de demasiadas piezas diferentes.

Parecía que el regente cambiaba de amante cada semana, algo que no dejaba de sorprender a su madre, la Princesa Palatina, que una vez escribió:

Mi hijo no es ni guapo ni feo, pero carece de maneras adecuadas para hacerse amar. Es incapaz de sentirse apasionado o unido por largo tiempo a una misma persona. Por otro lado, sus gestos carecen de la gentileza o seducción que atrae en el amor. Indiscreto, cuenta todo lo que le ocurre. Yo le he repetido cien veces que me sorprende que las mujeres le rodeen locamente enamoradas: deberían huir. Él ríe y me dice:

—No conocéis a las mujeres disolutas de hoy día. Decir que me acuesto con ellas es producirles placer.

La Princesa Palatina, madre del Regente

Pero Felipe no se arruinó por ninguna de ellas, ni tampoco les permitió inmiscuirse en asuntos de Estado.

Hay pinturas y grabados que representan estas famosas cenas del regente. Lancret pintó a Felipe sentado a la mesa en alegre compañía. La obra, titulada Partie de Plaisirs, colgaba sobre una chimenea en el comedor del château de Champlatreux, situado a orillas del Sena, no lejos de París. Era propiedad del duque de Orleáns, y a menudo recibía allí a sus invitados, especialmente a Madame de Parabère. El parque de ocho hectáreas estaba rodeado por un muro en el cual, en la parte trasera de la casa, había una puertecita por la que entraba Felipe cuando no quería ser visto.

La única mujer representada en el cuadro es Madame de Parabère, que ocupó el château en un tiempo. Aparece de pie tras su marido, con dos dedos de la mano izquierda formando cuernos sobre su cabeza mientras le acaricia la barbilla con la otra mano. El duque y sus invitados se ríen de ese chiste del que el esposo no es consciente.


24 comentarios:

  1. Menuda vidorra se pegaban el regente y su camarilla. Lo que no sé es si debido a su promiscuidad - picaflor suele ser una buena denominación que aquí viene al pelo - podría haber pillado alguna enfermedad de transmisión sexual.
    Me han encantado las dos contestaciones llenas de amor propio tanto del portero como la de Émilie.
    Un saludo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Con la vida que llevaba el hombre, si no había pillado nada es que era inmune. Fue un caso perdido.

      Buenas noches, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  2. Madame ha sido muy discreta. La reputación del Regente, de sus costumbres que escandalizaban hasta a los más libertinos, incluso su relación con su hija predilecta han creado toda una leyenda deliciosamente obscena alrededor del Duque de Orleans. Qué pereza si todo resultara falsos rumores. Como dicen los italianos. "Si non e vero, e ben trovato"
    Bisous, Madame

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Imposible que fueran todo falsos rumores. El personaje algo debió de hacer para ganarse tantos. Sobre la relación con su hija predilecta también han corrido cataratas de tinta, pero... eso es otra historia, tal vez para más adelante.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  3. ¡Oh! Qué "dignidad" la de Émilie Souris.
    Beso su mano.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Según se mire. Podría significar, en realidad, que su precio era más barato que el que había calculado el regente :)

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  4. De bons jours à tous

    Vale resaltar que el Regente fue obligado por Luis XIV a casarse con una de sus hijas legitimadas Françoise Marie de Borbón, habida con nuestra harpía predilecta la Montespan.
    Aunque el Regente llamaba a su mujer "Madame Lucifer", no parece que fuese tan mal avenida esta unión ya que engendraron 7 hijas y un heredero varón, de los cuales descendería el primer y único Orleans coronado rey.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Un tema que estoy deseando abordar en nuestra corte, aunque aún falta mucho. Me ha hecho gracia su alusión a Madame de Montespan. ¿Qué sería de nuestra corte sin villanos como ella, verdad? En eso la Montespan se ha ganado a pulso el primer premio, desde luego.

      A mí me resultaría difícil llevarme bien con un esposo como el regente. Tiene bastante mérito, creo yo.

      Feliz día, monsieur

      Bisous

      Eliminar
  5. No se aburría el regente, entre las intrigas palaciegas y los asuntos de Estado que le quitaban el día entero, parece que a la noche daba rienda suelta a sus placeres de todo tipo y sobre todo sexuales...a pesar de todo, nunca perdió la cordura.

    Un saludo

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Sí, el regente lo pasaba bastante bien. Es un milagro que nunca perdiera la cordura, si tenemos en cuenta sus excesos con el alcohol y demás.

      Un placer recibirlo de nuevo por aquí, monsieur.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  6. pues sí, parece que el año tiene muchos días y los años son también muchos. vaya colección de conquistas. interesadas o no. y, como otros que han comentado, espero ya una entrada especial sobre la Berry y su padre. esto es como el Sálvame, pero en Versalles.
    bisous, madame!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ay, Tolya, morbosón. Así que se pide usted a la de Berry? Veremos si podemos complacer pronto su petición.

      Feliz día, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  7. Uff, con las cualidades amatorias del Regente; que hasta a su propia madre se le hacía increible: dado que su físico no era de lo más atractivo...que tendría este buen señor que ni la Historia lo explica jeje:)

    Feliz día madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. El poder, madame, el poder. Eso suele ser suficiente en muchos casos, incluso hoy.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  8. Esto es lo que se llama tener una doble vida, de día un tipo respetable, de noche un hombre licencioso. Cualquiera en esa situación acabaría bipolar, por lo menos...

    Tampoco me sorprende tanto los excesos del Duque de Orleans, pese a que corresponde a épocas diferentes, no se puede decir que Isabel II fuese más pudorosa.

    La escena del íntegro portero es muy llamativa, aunque me sorprende que una persona de su rango pudiera hacer semejante juicio de valor sobre la conducta de este disoluto con tanto poder. Menudo ejemplo para Luis XV.

    Que pase un buen día, Madame.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Bueno, Felipe era relativamente respetable de día, teniendo en cuenta la corrupción de su gobierno y sus muchos chanchullos.
      Isabel II era promiscua, en efecto, pero no me la imagino en una de estas orgías. Digamos que lo que más llamaba la atención del regente no era el número de amantes, sino su forma peculiar de divertirse con ellas.
      Curiosamente el niño Luis XV vivía en una burbuja completamente al margen de todo esto. Fue, incluso, ñoño, completamente ñoño hasta siete años después de casarse. Solo entonces tuvo su primera amante. Pero fíjese qué carrerilla tomó después!

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar
  9. Los Orleans han tenido fama de vividores. Claro que les daba un ardite ser reyes o no, porque ellos tenían sangre real, estatuto de grandes de Francia, todos los lujos inimaginables y escasa responsabilidad, cosa que no se puede decir de sus familiares más allegados en el trono. ¿Para qué iban a querer la corona pudiendo vivir a sus anchas?
    Un beso

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Y sin embargo la querían, la querían. Ya lo creo que la querían. Y al final acabaron consiguiéndola.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  10. El hombre era una rara mezcla de su terrenal madre alemana y su más que peculiar padre. Al menos a Francia no le fue tan mal durante su Regencia. Era capaz de manter el ambito público y el privado separados , lo que no deja de ser gran mérito. Eso no ocurría desgraciadamente con Luis XV. Besitos. Claudia.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Cuando considero ciertos aspectos del regente, me cuesta hacerme a la idea de que era hijo de nuestra inefable Liselotte. Ella, que era la antítesis de lo sensual, y su esposo, que no destacaba por su inclinación a las mujeres, tuvieron ese hijo! Increíble.
      Pero Felipe era un hombre muy inteligente, fueran cuales fuesen sus defectos. Nunca tuvo una favorita al uso, ni se dejó manejar por ninguna de sus amantes ni en lo privado ni en lo público.

      Buenas noches, madame

      Bisous

      Eliminar
  11. Hola Madame:
    Creo que se ha quedado corta en relación a la disipada vida del regente, pero como bien dice, parece que había un pacto de silencio en cuanto a lo que sucedía en las fiestas tras cerrarse la puerta.

    No perdió la cabeza por las damas... Impresiona temple de acero. Una cosa el trabajo, otra la diversión...

    Besos

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Así es, cosa que no tuvo en cuenta Luis XV, a pesar de haber sido educado por él. No todos tienen el mismo temple.

      Buenas noches, monsieur.

      Bisous

      Eliminar
  12. Hace falta una entrada especial enfocando a la duquesa de Berry, sus relaciones con su padre, su glotoneria, su frenesia sexual y los repetidos embarazos clandestinos y vergonzantes a consecuencia de los cuales fallecio a los 23 años.
    AE

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La duquesa de Berry vivió poco pero intensamente, no cabe duda.

      Feliz día

      Bisous

      Eliminar

"El pasado es un prólogo" (William Shakespeare)